Ayudar a África, sostiene China, es solidaridad y Política de Estado

El continente africano alberga hoy a 54 países, con una población cercana a 1.300 millones de habitantes y una superficie equivalente al 20 por ciento del mudo. Como ocurre con un país de nuestra América Latina y el Caribe, Haití, de África se dice que es “pobre”. Falso. Es rico en recursos naturales y humanos. No es pobre. Lo empobrecieron las potencias coloniales y luego imperiales.

La vicepresidenta de la Comisión de la Unión Africana (UA), Monique Nsanzabaganwa, afirmó que están en marcha nueve programas para reforzar la colaboración China-África en reducción de la pobreza, desarrollo agrícola e innovación digital.

La vicepresidenta de la Comisión de la Unión Africana (UA), Monique Nsanzabaganwa, afirmó que están en marcha nueve programas para reforzar la colaboración China-África en reducción de la pobreza, desarrollo agrícola e innovación digital.

Por Sergio Ortiz. China socialista ayuda de muchas formas a África. Continente saqueado por el colonialismo e imperialismo. La mano tendida por China hacia África no es una política aislada, de un presidente chino, que no se sabe si seguirá luego con quien lo suceda. Es una política de Estado, que ha tenido plena vigencia con las presidencias de Jiang Zemin, Hu Jintao y Xi Jinping.

Pobre África, siempre explotada

El continente africano alberga hoy a 54 países, con una población cercana a 1.300 millones de habitantes y una superficie equivalente al 20 por ciento del mudo. Como ocurre con un país de nuestra América Latina y el Caribe, Haití, de África se dice que es “pobre”. Falso. Es rico en recursos naturales y humanos. No es pobre. Lo empobrecieron las potencias coloniales y luego imperiales, del mismo modo que los franceses lo hicieron con la patria que liberó Dessalines en 1804.

A África le costó mucho más terminar con el colonialismo francés, británico, belga, alemán, estadounidense, etc. La finalización de la Segunda Guerra Mundial en 1945 creó mejores condiciones para eso. La revolución china en 1949 dio mejor base de emulación y solidaridad, lo que devino en 1955 en la Conferencia Afroasiática de Bandung, en Indonesia, con participación del canciller chino Chou Enlai. Ese año sólo había 5 países africanos independientes.

Y en la década del ‘60 se vivió a pleno la descolonización de ese continente tan explotado. Importa subrayar quiénes fueron los responsables y usufructuarios de esa explotación de los recursos africanos y la esclavitud de sus pueblos: las potencias coloniales devenidas en imperialistas. No fueron la URSS, China ni otros países socialistas. Al contrario, estos ayudaron de muchas formas. Cuba lo hizo, con misiones médicas en Argelia y ayuda militar en Angola, cuando le fue solicitada por el gobierno de Agostinho Neto, para derrotar a los racistas sudafricanos y los reaccionarios de Zaire.

China conquistó su lugar en el Consejo de Seguridad de la ONU en 1971 en buena medida gracias al apoyo de países africanos. Y esa solidaridad empezó a volver con más fuerza desde Beijing hacia las naciones africanas, en forma de trenes, préstamos, comercio de mutuo beneficio, inversiones, formación de profesionales, misiones médicas, vacunas, etc.

Esa amistad y solidaridad no es algo reciente sino que viene de Bandung en adelante y llega hasta nuestros días. A fines del año pasado el gobierno de Xi Jinping -que ya venía dotando de vacunas a África por la pandemia de COVID – anunció que China donaría otras mil millones de vacunas para ese continente. África había sido empujada al fondo de la fila: mientras las potencias capitalistas acumulaban vacunas muy por encima de la cantidad necesaria según sus habitantes, solo estaba vacunado el 7 por ciento de la población africana.

Una línea continua

La mano tendida por China hacia África no es una política aislada, de un presidente chino, que no se sabe si seguirá luego con quien lo suceda. Es una política de Estado, que ha tenido plena vigencia con las presidencias de Jiang Zemin, Hu Jintao y Xi Jinping. En noviembre próximo se realizará el XX Congreso del Partido Comunista de China y es muy posible que el actual mandatario sea votado para un tercer período. Como sea, no hay dudas que las líneas fundamentales de la modernización china y del socialismo con peculiaridades chinas seguirán adelante. Tampoco se esperan cambios a aquella política exterior en general y hacia África en particular. Seguirá adelante la Franja y Nueva Ruta de la Seda, de 2013, el plan global de China para construir obras de infraestructura que conecten varios continentes. Hay 139 países adheridos, entre los cuales 30 europeos, 37 asiáticos, 13 de América Latina y ¡la totalidad de los 54 africanos!

En el 2000 se creó el Foro para la Cooperación entre China y África (FOCAC). La primera conferencia ministerial se hizo en Beijing y se van realizando cada tres años, alternativamente en la capital china y en una de África. Ahí se trazan planes de cooperación, se revisan las metas y se plantean nuevos objetivos.

A modo de ejemplo, en la Cumbre de Beijing de 2006 de FOCAC, China se comprometió a formar 15.000 profesionales africanos en los próximos tres años, a enviar a 100 especialistas chinos en agricultura y establecer 10 centros de tecnología agrícola especial en África. El entonces presidente Hu Jintao dijo que su país construirá 30 hospitales y ofrecerá asistencia para combatir la malaria en los países africanos. También dijo que enviará 300 voluntarios para ayudar en la construcción de 100 escuelas rurales. El número de estudiantes africanos que gozan de becas del gobierno chino subirá, de los actuales 2.000 al año, a 4.000 en el 2009.

Esos objetivos fueron cumplidos en lo esencial y se renovaron en los siguientes foros. Y esa es la tremenda diferencia entre China y los Estados Unidos. China becó a estudiantes africanos, muchos de los cuales estudian en provincias chinas. En cambio Washington, el año pasado, calumniaba al país socialista diciendo que había discriminado a estudiantes africanos durante la pandemia y el confinamiento del COVID. Todo falso, como China y los países africanos se encargaron de refutar. La verdad era que los afroamericanos, latinos y de origen indígenas, todos ellos pobres o de bajos recursos, fueron discriminados en EEUU antes y especialmente durante la pandemia.

En 2018, cuando hacía 6 años que Xi presidía China, se hizo en Beijing la III Cumbre del Foro sobre Cooperación China-África. China se había mantenido como el mayor socio comercial de África durante nueve años consecutivos. Y las inversiones chinas en África habían aumentado más de 100 veces en los últimos 18 años desde la creación del FOCAC. Las obras venían de antes, como el ferrocarril de Tazara entre Tanzania y Zambia construido en los años ‘60. Después vino el ferrocarril Mombasa-Nairobi, que creó 46.000 empleos para Kenia, contribuyó 1,5% a su PBI, y redujo los costes de logística en hasta el 40%.

Una cosa más que diferencia la política china de las potencias imperiales: las obras las propone el país africano, según sus necesidades. No Beijing. Luego las dos partes arreglan la factibilidad, el financiamiento, etc. privilegiando siempre la contratación de mano de obra local. Otra de las mentiras en África, pero también en Argentina, es que los trabajadores chinos reemplazan a los locales. Esa calumnia repetían los monopolios y el burócrata Gerardo Martínez (UOCRA, ex buchón de la dictadura militar) contra las dos represas hidroeléctricas con créditos chinos en la provincia de Santa Cruz.

Hoy se necesita más ayuda del mundo

El atraso comparativo de África por culpa de la expoliación colonial e imperial aún tiene mucho impacto. El 24 de agosto pasado el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia, UNICEF, alertó que “millones de niños podrían morir de desnutrición o deshidratación en África”. Agregó que 2.8 millones de menores en varias regiones ya sufren desnutrición aguda grave, lo que significa que tienen hasta once veces más riesgo de morir por enfermedades transmitidas por el agua que los niños bien alimentados.

En la web de Naciones Unidas, el 30 de mayo pasado se publicó una nota titulada “Millones de personas en alto riesgo de morir de hambre por la sequía en el Cuerno de África”. Afirmaba que “el Grupo de Trabajo sobre Seguridad Alimentaria y Nutrición estima que 16,7 millones de personas se enfrentan actualmente a una inseguridad alimentaria aguda alta. Según la ONU, esta cifra podría ascender a 20 millones de personas para el próximo mes de septiembre. En Somalia, los análisis realizados en abril revelaron una amenaza de hambruna e indicaron que más de 80.000 personas sufrían ya hambre extrema, una señal de desastre. Además, en Kenya y Somalia, casi 2,5 millones de personas se encuentran en situación de emergencia”.

Frente a esta realidad hubo tres respuestas:

-Parole, parole, parole. Palabras hipócritas las del rey Felipe de Bélgica, que recién en junio de 2020 pidió disculpas al Congo porque el rey Leopoldo II tuvo a ese país como su feudo desde 1885 hasta 1908, y provocó 10 millones de muertos. Luego el Estado belga siguió como el dueño hasta la independencia en 1960.

-Una posición enemiga de África (y de la humanidad) es la del gobierno de EEUU, que el mismo 24 de agosto (cuando UNICEF informaba la hambruna en África), comunicó que daría 3.000 millones de dólares en armas al gobierno ucronazi de Zelenski. Se sumaban a su ayuda anterior por 10.600 millones de dólares en armas y 19 paquetes militares. Plata para guerras de la OTAN, sí hay. Para ayudar a África, no.

-La respuesta positiva es de China. El 25 de agosto, al día siguiente de los anuncios militaristas de Joe Biden, la vicepresidenta de la Comisión de la Unión Africana (UA), Monique Nsanzabaganwa, afirmó desde Adis Abeba, Etiopía, que están en marcha nueve programas para reforzar la colaboración China-África en reducción de la pobreza, desarrollo agrícola e innovación digital. Ella dijo que la cooperación China-África en reducción de la pobreza y agricultura es otra prioridad incluida en esos programas y puede ayudar a que África alcance a ser autosuficiente accediendo a sus recursos naturales. Añadió Nsanzabaganwa: “se trata de un área donde la cooperación entre África y China puede ser realmente útil, y esperamos poder desarrollarla, especialmente en estos momentos en los que el mundo enfrenta interrupciones en la distribución de alimentos y los canales logísticos”.

Este es un drama de África. El Programa Mundial de Alimentos (PMA) dijo que se requieren urgentemente 418 millones de dólares en los próximos seis meses para asistencia al Cuerno de África debido al aumento del hambre ante las consecutivas sequías. Es un desesperado llamado de SOS a todo el mundo. En Washington se harán los distraídos. Beijing va a dar una mano solidaria. O las dos.

Sergio Ortiz: Periodista y referente del Partido de la Liberación de Argentina

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