Del Frente de Todos al Frente de Algunos

El gobierno pudo presumir poco a la hora del balance de la votación del viernes 11. Apenas decir que el acuerdo con el Fondo, que aún necesita de la votación en el Senado y el visto bueno de aquella entidad, habría logrado evitar el abismo y caer en “default”. Esto es relativo porque no es el FMI quien declara a un país en default sino “los mercados” o sea el capital financiero internacional en toda su dimensión.

El "socio mayoritario" del oficialismo no le votó la principal ley de gestión que necesitó el Gobierno para resolver la crisis económica.

Sesión en Diputados. Marzo 2022: Acuerdo con el FMI. El «socio mayoritario» del oficialismo no le votó la principal ley de gestión que necesitó el Gobierno para resolver la crisis económica.

Por Sergio Ortíz. Victoria pírrica para el Frente de Todos, ahora Frente de Algunos. Diputados dio media sanción al vergonzoso acuerdo con FMI.  De Massa se pueden decir muchas cosas. Sin embargo, hay que admitir que fue de los pocos líderes oficialistas que dio la cara y empujó el proyecto frentetodista, del FMI y la embajada de USA a la que se reporta. En cambio, el ministro de Economía, Martín Guzmán, estaba en Houston prometiendo negocios a las trasnacionales petroleras.

Nadie daba la cara salvo Massa

Sergio Massa es la tercera pata del gobierno del Frente de Todos, aunque es la primera en caminar hacia la Embajada de EE UU y volver de allí con todos los encargos. Tenía cierta lógica que jugara el rol de capitán del equipo gubernamental que negociara (léase acordara) con los diputados de Juntos por el Cambio-Cambiemos para llegar a un texto unificado del proyecto de acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.

El líder del Frente Renovador tuvo que trabajar bastante. Medio en serio y medio en broma comentó que la letra de ese proyecto tuvo que ser cambiada 27 veces, antes de llegar a la coincidencia total con los líderes del PRO, UCR y CC en sus diferentes variantes. El okey del oficialista Germán Martínez, que ocupó la vacante de Máximo Kirchner, se daba por descontado porque vino desde Santa Fe con el “Sí fácil”.

Y así los massistas, albertistas y cambiemitas lograron el despacho favorable de las dos comisiones (Economía y Presupuesto). Y comenzaron su tratamiento en el plenario el jueves 10, bien que con el número justo de 129 presentes para iniciar la sesión. Algunos ex centroizquierdistas como Carlos Heller, titular de una de esas comisiones, fue un activo promotor del proyecto, al que dijo que iba a votar “tapándose la nariz”. El presidente del Banco Credicoop respiraba normalmente cuando se votó a las 3 de la mañana del día siguiente, resultando aprobado por 202 votos contra 37 negativos, que vendrían a ser positivos en nuestra valoración política, 13 abstenciones y 4 macristas ausentes, entre ellos el very repelente Fernando Iglesias.

De Massa se pueden decir muchas cosas. Sin embargo, hay que admitir que fue de los pocos líderes oficialistas que dio la cara y empujó el proyecto frentetodista, del FMI y la embajada de USA a la que se reporta. En cambio, el ministro de Economía, Martín Guzmán, estaba en Houston prometiendo negocios a las trasnacionales petroleras. Alberto Fernández monitoreaba desde la Rosada y Olivos, sin aparecer. Kirchner mantuvo su silencio hasta casi el filo de inicio de la votación y votó por el No. Cristina Fernández de Kirchner tampoco dejaba saber su opinión; el jueves del debate estaba en sus oficinas del Senado, que recibió algunas pedradas.

El gobierno defendía una causa injusta, como es este 22° acuerdo entre Argentina y el FMI. Y su victoria fue en el fondo una derrota, o sea una victoria pírrica, como ya veremos. Además del contenido negativo del acuerdo pesó la falta de liderazgo de un gobierno que venía malherido por la derrota en las PASO y las legislativas del año pasado.

Ambas cosas se realimentan. Esa clase de dirigentes trata de “sacarle el culo a la jeringa”, como se dice vulgarmente, cuando calculan que las posibilidades de derrota táctica son mayores. Y se silencian, se despegan, se encierran, se van de viaje, no tuitean. Y eso influye en la tropa propia, cuyo ánimo decae, y en los adversarios, que se sienten victoriosos y redoblan su apuesta. Eso ocurrió con Cambiemos, el ganador del viernes.

Victoria macrista, radical y Lilita.

El gobierno pudo presumir poco a la hora del balance de la votación del viernes 11. Apenas decir que el acuerdo con el Fondo, que aún necesita de la votación en el Senado y el visto bueno de aquella entidad, habría logrado evitar el abismo y caer en “default”. Esto es relativo porque no es el FMI quien declara a un país en default sino “los mercados” o sea el capital financiero internacional en toda su dimensión. Esa crisis podría haberse producido el 22 de marzo, cuando el país debe pagar 2.800 millones de dólares de un vencimiento del espantoso crédito concedido desde Washington al gobierno amigo de Mauricio Macri. Y no se cuenta con ese dinero. Suponiendo que ese crac no se produzca debido al acuerdo que está a punto de firmarse, a lo sumo esa posibilidad concreta se posterga un trimestre. Si en ese lapso la revisión fondomonetarista aplazara al gobierno argentino por no haber cumplido las metas, entonces se verificaría eso de “pan para hoy y hambre para mañana”. Haber ganado tiempo en tres meses, o seis o un año o dos, es sólo prolongar la agonía, por las condiciones de ajuste y endeudamiento del acuerdo.

La otra cosa que reivindicaba el oficialismo fue que esta negociación con el FMI pasó por el Congreso, en vez de limitarse a una firma del presidente y el ministro de Economía, como sucedió en 2018. Otra media verdad. Lo que se trató en Diputados fue un proyecto muy cambiante. Las exigencias de Cambiemos lograron -con el aval de Massa y el presidente Fernández – extirpar las partes polémicas de los dos Memorando, el Económico y Social, y el Técnico. Estos eran artículos del proyecto de ley y planteaban las metas acordadas con los representantes de Kristalina Georgieva.

Pero Cambiemos solamente dio aval al artículo primero, autorizando al gobierno a tomar un nuevo empréstito para renegociar la deuda de 2018, que se habría tomado “en apoyo presupuestario”. Una falsedad macrista total, porque está documentado por los informes del Banco Central publicados en mayo de 2020 que la mayor parte de ese crédito sirvió para fugar capitales por parte de bancos y empresarios evasores. Macri y sus abogados tomaron nota de esa claudicación presidencial pues será un arma formidable en su defensa en el remoto caso que haya un juicio en su contra por el fraudulento endeudamiento. El gobierno actual y la oposición coincidieron en que ese crédito fue usado en “apoyo presupuestario”: no en fuga de capitales, ni en favorecer a empresarios amigos, ni a fondos de inversión que querían huir, ni para la reelección del amigo de Donald Trump.

Las bancadas opositoras lideradas por Mario Negri, Cristian Ritondo y otros se presentan como los grandes vencedores de las jornadas en comisiones y plenario. Dicen: logramos votar el acuerdo que “nos salvó del default”. Pusimos 111 votos, contra sólo 77 que aportó el FdT. Fuimos el aporte más importante.

Para esa derecha reaccionaria e históricamente fondomonetarista (a diferencia de muchos del FdT, que son más recientes en esa reconversión ideológica), el logro mayor es que al extirpar del proyecto a los dos Memorandos, Cambiemos puede despegarse del plan de ajuste. La responsabilidad total caerá sobre el gobierno de los Fernández y Massa, o de los que queden “aguantando los trapos”, porque habrá más divisiones internas y movimientos centrífugos.

Son varios los que tiran piedras…

El jueves 10 a la tarde, cuando empezó el tratamiento en el Congreso, había miles de manifestantes protestando en calles adyacentes. El mérito de tamaña convocatoria pertenece a los socios del FITU, la Autoconvocatoria por la Suspensión de la Deuda, otros partidos de izquierda y movimientos sociales. ¡Hasta Cristina, en su video tras la pedrea sufrida en su despacho, la calificó de “multitudinaria convocatoria de la izquierda”.

Ese dato fue alentador porque indica que la capacidad de respuesta ante el ajuste tiene casi todos sus nervios y músculos vivos, pese a los posibilistas adheridos al gobierno que justifican todos los sapos que tragan diciendo que “la correlación de fuerzas no da”.

El día anterior, el miércoles 9, habían concentrado allí los adherentes de la CTA Autónoma, CCC, Soberanos, Unión Popular y PTP. Y al viernes 11 llamaban Patria Para Todos y otros.

Esa división a la hora de convocar al repudio al FMI tiene un costado negativo, de parcializar la protesta y en cierto modo debilitarla, pero a su vez habla de su amplitud y diversidad. Su potencialidad va a ir en aumento, a medida que el plan de ajuste, endeudamiento, mayor inflación, retraimiento de salarios y jubilaciones, subida del dólar, encarecimiento del crédito por las tasas de interés positivas y un largo etcétera, empiecen a golpear en las ya heridas mayorías populares.

Lo más importante de la jornada fue su masividad y el contenido político de izquierda, lo que demolió el relato frentetodista de que ese sector “es funcional a la derecha”. Falso. La realidad probó que ellos estaban en la calle contra el ajuste y el Fondo, en tanto los oficialistas y opositores se unían en los discursos pro FMI y, lo más importante, a la hora de sumar los 202 votos. Ahí no hubo grieta. Fueron y son endeudadores y pagadores seriales.

Una pequeña parte de los manifestantes, indignados, comenzaron a quemar basura, arrojar botellas hacia el Congreso y luego pedradas. Quiso la casualidad o no, que varios de esos proyectiles callejeros rompieran ventanas en el despacho de Cristina, quien deploró la agresión.

Esas piedras generaron mucho debate político. El gobierno nacional por medio de Aníbal Fernández justificó la represión policial y pidió enjuiciar a los manifestantes, igual que el gobierno de CABA de Rodríguez Larreta. Algunas voces oficialistas aseguraron que no eran manifestantes sino “policías encubiertos” y tenían todo calculado para agredir a la vicepresidenta.

Este cronista tiene otra opinión. Cree que lo mejor ese día era dar la batalla política y no empezar a tirar piedras, que es la política por otros medios. Conoce que los señalados no son “delincuentes”, casi terroristas o “servicios”. No lo son. Son militantes barriales del MTR-Histórico, los mismos que fueron detenidos y golpeados en Desarrollo Social cuando protestaron contra la provisión de sólo polenta que reciben sus merenderos. Entonces y ahora fueron golpeados y detenidos por la Policía, y linchados políticamente por un amplio espectro oficialista y opositor.

Son militantes del campo popular, más allá de que a veces no se coincida con algunas de sus consignas y procederes. La resistencia contra el FMI los necesita porque este nuevo crédito por 45.000 millones nos impondrá también el pago de 13.297 millones de dólares de intereses, según informe de CIFRA-CTA.

Aunque son diferentes, pasa algo parecido con Máximo Kirchner y La Cámpora. Como ellos y otros diputados del FdT (28) votaron en contra del acuerdo, aunque no estuvieron en la protesta, no los vamos a condenar para siempre por su pertenencia hasta ahora al gobierno. Saludamos su correcto documento público donde cuestionaron el acuerdo tanto por cuestiones de fondo como por la forma amistosa y secretista con que se negoció con los acreedores. Y nos gustaría reencontrarnos en la calle con La Cámpora, más allá de nuestras diferencias, para resistir el ajuste que ya existe y el aún mayor que se viene.

El que tira una piedra antes de tiempo y rompe una vidriera, merece una pequeña crítica fraternal. El que sale de un gobierno mucho tiempo después de lo aconsejable, también debe ser criticado, en mayor medida, pero dándole oportunidad de rectificar y participar de la resistencia.

En esta semana se sabrá qué hace la vicepresidenta. Es tarde. Tiene que definirse. Ella es una mujer inteligente. Sabe que una cosa son unos cristales rotos ante un fraude político. Y otra cosa, incomparablemente mayor, es romper el país con este pacto espurio con el capital financiero internacional, EE UU y sus socios internos económicos, políticos, mediáticos y judiciales.

Como ella lo puso a Alverso y pactó la coalición con Massa, tiene una gran cuota parte de responsabilidad en lo sucedido. Como mínimo, debería aprender de su hijo y empezar a desandar ese camino, haciendo autocrítica. ¿Será mucho pedirle?

Sergio Ortiz: Periodista y referente del Partido de la Liberación de Argentina

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