CFK admite ajuste, Guzmán no; mientras la Corte sigue denegando justicia

Mucho hambre para mañana debido al ajuste, los pagos y el posible acuerdo con el FMI. ¿Cómo influye todo esto el 14 de noviembre? No hay adivinos, pero con un vencedor u otro, el futuro es sombrío, salvo que los grandes protagonistas de la historia hagan sentir su bronca no por la negativa en las urnas sino, además de eso, por la positiva, en las calles.

Martín Guzmán, CFK y Alberto Fernández.

Martín Guzmán, CFK y Alberto Fernández.

Por Sergio Ortíz. Sigue el ajuste, ahora más pejotista, con una Corte más clarinetista. CFK admite ajuste, Guzmán no; en la Corte se votan a sí mismos. Para casi todos y todas la causa de la derrota oficialista en las PASO radicó en el ajuste en la economía, con millones de argentinos lesionados por esos planes que mantienen los negocios de los monopolios y pagan la deuda externa fraudulenta contraída por Mauricio Macri.

Corte de los milagros

Para casi todos y todas la causa de la derrota oficialista en las PASO radicó en el ajuste en la economía, con millones de argentinos lesionados por esos planes que mantienen los negocios de los monopolios y pagan la deuda externa fraudulenta contraída por Mauricio Macri.

Pero como no sólo de pan vive el hombre, hoy comenzamos por otro tema institucional que hace a la calidad de la democracia burguesa en este caso argentino-capitalista-dependiente.

Una de las grandes promesas incumplidas de la dupla Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner, en ese plano político, fue la de una profunda reforma judicial. No sólo figuró en un lugar destacado en la campaña electoral de 2019 sino también en los discursos presidenciales de inauguración de sesiones en el Congreso, el 1 de marzo de 2020 y el siguiente.

Incluso una versión exageradamente light de esa reforma, que Cristina admitió no era una reforma en serio, fue aprobada en el Senado y pasó a Diputados. Allí fue capturada por el volátil Sergio Massa, titular de la Cámara, y colocada bajo siete llaves en algún cajón que sólo él conoce, sin dar ninguna señal de vida hasta hoy. Era light y ahora es forfait.

Por eso el Poder Judicial siguió básicamente igual, o peor en algunos sentidos, que en su etapa macrista, donde hubo mesas judiciales de persecución, mucho lawfare y fallos a medida de las necesidades de Clarín y otros monopolios. El pobrerío siguió ocupando el último palo del gallinero, recibiendo las deposiciones de los que moran más arriba…

Ese poder tiene su cresta cuasi monárquica de cinco cortesanos que moran en el Palacio, en rigor en sus domicilios por edad avanzada. Y esa Corte Suprema de Injusticia dio otra muestra de poder en estos días, cuando eligió a Horacio Rosatti como nuevo titular por tres años. Como se recordará en 2016 fue designado por un decreto de Macri como integrante del tribunal, igual que Carlos Rosenkrantz. Ante el escándalo de saltearse el camino institucional de contar con la aprobación del Senado, aquella nominación poco democrática debió retroceder. Luego, con los votos de Miguel Pichetto y otros senadores sin grietas, ambos fueron designados como la Constitución manda. Claro que fue para analizar expedientes y fallar con particulares criterios jurídicos, como cuando aprobaron el “2×1” para favorecer las libertades de genocidas presos por delitos de lesa humanidad. Sólo la movilización amplia de la sociedad obligó a dar marcha atrás con ese retroceso en derechos humanos, pero vale para ilustrar la pobre condición en esa materia de Rosatti y Rosenkrantz, más Elena Highton de Nolasco, quien sumó su voto torcido.

Esta se parece más a la que Horacio Verbitsky calificó como la “Corte de los Milagros” del tiempo menemista, por la última elección de su presidente. De cinco miembros, aprovecharon que uno de los candidatos no podía concurrir (Ricardo Lorenzetti) y otra no lo hacía por solidaridad con éste (Highton), los otros tres sesionaron en forma virtual y votaron a Rosatti. Éste se votó a sí mismo, igual que Rosenkrantz para ser vicepresidente. Fueron émulos de Julio Nazareno y aquellos cortesanos. En la forma, todo estaría en regla porque 3 son mayoría de 5, pero en el fondo, es un mamarracho. Lo peor es el resultado político: la Corte seguirá afín a las necesidades de Clarín.

El «volumen político» del recambio

El flamante Jefe de Gabinete saludó la elección de autoridades de la CSJN y les deseó éxito en sus funciones. Fue otro indicio fuerte del sentido del recambio ministerial después del fracaso electoral. Verbitsky daba como positiva esa jugada porque sumaría más “volumen político” al gobierno, pero esas incorporaciones, reubicaciones y salidas del gabinete le agregaron un color político más pejotista. Y si bien el Partido Justicialista siempre tuvo muchas tendencias internas, en forma muy definida Manzur, y en menor medida Julián Domínguez y Aníbal Fernández, le dan un sentido tradicional, casi anterior al kirchnerismo de 2003.

Manzur fue ministro de Salud hasta 2015 y cultivó aceitados vínculos con la gran burguesía de laboratorios, como el grupo Insud de Hugo Sigman y Bagó, entre otros. Mal podría esperarse que juegue a favor de una reformulación del sistema de salud para integrarlo en otro con más centro en la salud pública, como necesita el país pospandemia.

El gobernador de Tucumán en uso de licencia no es solo un retrógrado antiderechos, de pañuelo celeste, más bien toga, al cuello. Es también un peronista ubicado del centro bastante más a la derecha.

Que eso ayude a dar vuelta las elecciones el 14 de noviembre, está por verse. Este personaje y el sentido de los cambios suponen una ruptura con Néstor Kirchner, cuando abogaba por un Frente Transversal. Planteaba un nuevo peronismo con aliados de centroizquierda y haciendo concesiones recíprocas. Esa política, de “las mil flores”, con altibajos, la siguió CFK poniendo en segundo plano al PJ y fundando Unidad Ciudadana, una sigla de 2017 que desapareció. Del mismo modo, el FDT es una débil cáscara del viejo aparato justicialista que podría ganar elecciones en la medida que ponga plata en el bolsillo de la gente, pero no conformará un gobierno nacional y popular que merezca ese nombre.

El nuevo ministro de Agricultura, Domínguez, abrió su agenda a la Mesa de Enlace de los cuatro Jinetes de la Sojalipsis, a quienes verá primero (pequeños cooperativistas, pueblos originarios y trabajadores rurales, últimos, a la cola). El ministro está dispuesto a acuerdos sobre varias exigencias de los grandes propietarios del agrobusiness. Hoy reclaman sacar el cupo de exportaciones de carne, bajar retenciones a las de granos, elevar el dólar y asegurar que siga manejando el comercio por el Paraná y otras vías navegables el consorcio privado Hidrovía SA u otro similar.

Domínguez no les dirá a todo que sí. Posiblemente concuerde en la mitad o más del pliego, no así en cerrar pronto la brecha entre el dólar oficial y el blue, léase devaluación. En lo demás pueden ponerse de acuerdo.

En la carne sería otra claudicación, pues con las limitaciones a la exportación su precio siguió alto pero no escaló más. Es un producto que, como demostró el economista Horacio Rovelli, aumentó 40 puntos más que la inflación y el dólar, en lo que va del gobierno frentetodista, ahora pejotista. Si no se corrige eso, la platita que pongan en los bolsillos de la gente será aún más poquita…

Salto cualitativo hacia atrás

Si el 21 de septiembre empezó la primavera porque así lo marca el calendario, al día siguiente empezó lo que será un crudo invierno no por razones de clima. En esa jornada se pagaron 1.900 millones de dólares al Fondo Monetario Internacional, por el crédito de 45.000 millones (originariamente era de 57.000 millones pero el descalabro del macrismo llevó a cortarlo allí).

Ese pago es muy grave por varios motivos.

Primero y fundamental porque al ser una cuota del principal o capital, es la legalización definitiva de ese crédito fraudulento del que hasta ahora se venían oblando intereses. Tan poco transparente fue la negociación de 2018 entre Trump, Macri y Christine Lagarde, que el gobierno de Fernández ordenó impulsar una causa en su contra, iniciada por la Oficina Anticorrupción.

Segundo punto, es una suma descomunal para las posibilidades argentinas, donde hay necesidades sociales más urgentes ligadas a la pobreza, el desempleo, el hambre y marginalidad, la falta de viviendas, los presupuestos acotados de Salud y Educación, etc.

1900 millones de dólares son unos 340.000 millones de pesos con un dólar a 180 pesos. Se podría pagar un IFE de 20 mil pesos a 18 millones de personas que viven en la pobreza (22.7 millones conviven con esa desgracia). O bien destinar 45 mil pesos para 8 millones de jubilados y pensionados.

En vez de eso, estudian dar un bono de 6 mil pesos a los jubilados y la gran torta va al Fondo.

El tercer punto es la traición a la resolución del Senado, votada a instancias de Cristina, en mayo pasado. Oscar Parrilli llevó la voz cantante y se pidió al Ejecutivo que los 4335 millones a recibir del Fondo en concepto de DEG no se usaran para pagar deuda sino a atender a las urgencias del pueblo. Eso se votó por mayoría en la Cámara Alta. Fue sepultado con el pago efectuado por Martín Guzmán, en acuerdo de ambos Fernández, más allá de sus discrepancias al poner y sacar ministros.

Ser “pagadores seriales”, como alguna vez presumió la actual vicepresidenta, fue lamentable. En este contexto es el inicio de un camino al cementerio o al hospital para nuestro país. Este pago y el que se hará por el mismo monto el 22 de diciembre, se harán usando los DEG del Fondo. A partir de allí, los vencimientos de deuda externa para el 2022 (y otro tanto en 2023) son de 19.000 millones de dólares con el FMI, a lo que hay que sumar los intereses por la renegociación con los fondos privados como BlackRock.

Y para afrontar esos vencimientos tan discutibles ya no habrá DEG sino que se echará mano de las reservas netas, en detrimento de las necesidades de las mayorías.

Si desde el acuerdo con BlackRock en agosto de 2020 empezó el ajuste, admitido ahora por CFK y negado por Guzmán, un tremendo ajuste nos espera de aquí en más. Lo del 21 de septiembre ha sido un salto cualitativo, hacia atrás. Hacia el fondomonetarismo.

Lo quieren mitigar diciendo que se dispuso un aumento del salario mínimo del 48.5 por ciento, que otros panegiristas del gobierno llevan a 52,7 y Guzmán hasta el 55,3.

Las matemáticas del FDT no son una ciencia exacta, por razones políticas y electorales. Pero violan esos objetivos luego de las PASO, porque esos porcentajes es lo que menos importa. Lo decisivo es el número absoluto: ¿de cuánto será el salario mínimo, de impacto en los Potenciar Trabajo, AUH y demás? Será de 32.000 pesos en octubre y 33.000 en febrero del año que viene. La jubilación mínima es hoy 25.922 pesos y aumentará unos pesos. El Potenciar Trabajo, que cobra menos de un millón de personas cuando lo precisan 11 millones, es en septiembre de 14.580 pesos. Y la AUH es de 5062, elevándose unos pesitos para algunas provincias, de Zona 1, a 6581.

Este es el tétrico panorama que existía cuando se votó en las PASO. Y con leves retoques seguirá en noviembre, cuando se vote en las legislativas.

Esos pocos pesos serían algunas migajas de pan para hoy, pero mucho hambre para mañana debido al ajuste, los pagos y el posible acuerdo con el FMI. ¿Cómo influye todo esto el 14 de noviembre? No hay adivinos, pero con un vencedor u otro, el futuro es sombrío, salvo que los grandes protagonistas de la historia hagan sentir su bronca no por la negativa en las urnas sino, además de eso, por la positiva, en las calles.

Una de dos. O vamos al pie del Fondo. O nos vamos del Fondo y acordamos con la Nación Argentina y a su gran pueblo, Salud.

Texto enviado por el autor para su publicación.
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