Libertadores de América: Augusto César Sandino

"Son traidores a la Patria: Todo nicaragüense que con miras políticas trafique con la honra de la nación, solicitando apoyo oficial de los invasores de la patria, así como el gobierno de la Casa Blanca... El que prestare ayuda a los invasores y traidores para asesinar a los patriotas nicaragüenses que están defendiendo la soberanía nacional."

Augusto César Sandino

Augusto César Sandino (1895-1934)

Augusto César Sandino nació en el 18 de mayo de 1895 en Niquinohomo, departamento de Masaya. Su madre fue una humilde campesina llamada Margarita Calderón, que se desempeñaba como doméstica y obrera agrícola; su padre fue Gregorio Sandino, un mediano propietario, productor agrícola. Su infancia transcurrió al lado de su madre; ahí conoció y sufrió toda clase de miserias y privaciones. A los once años pasó a vivir a casa de su padre. (Ofrecemos, además, el único registro fílmico hallado de Sandino.El Ortiba

«Nosotros iremos hacia el sol de la libertad o hacia la muerte; y si morimos, nuestra causa seguirá viviendo. Otros nos seguirán.»

«En uno de aquellos días manifesté a mis amigos que si en Nicaragua hubieran cien hombres que la amaran tanto como yo, nuestra nación restauraría su soberanía absoluta, puesta en peligro por el mismo imperialismo yanqui. Mis amigos me contestaron que posiblemente habría en Nicaragua ese número de hombres, o más…»

Augusto César Sandino nació en el 18 de mayo de 1895 en Niquinohomo, departamento de Masaya. Su madre fue una humilde campesina llamada Margarita Calderón, que se desempeñaba como doméstica y obrera agrícola; su padre fue Gregorio Sandino, un mediano propietario, productor agrícola. Su infancia transcurrió al lado de su madre; ahí conoció y sufrió toda clase de miserias y privaciones. A los once años pasó a vivir a casa de su padre.

«Mi mayor honra es surgir del seno de los oprimidos, que son el alma y nervio de la raza.»

(*) Manifiesto político de Sandino

En plena adolescencia Sandino fue testigo de la primera gran intervención militar del imperialismo norteamericano en Nicaragua que culminó con el asesinato del general Benjamín Zeledón.

«Era yo un muchacho de 17 años y presencié el destace de nicaragüenses en Masaya y otros lugares de la República, por las fuerzas filibusteras norteamericanas. Personalmente miré el cadáver de Benjamín Zeledón, quien fue sepultado en Catarina, pueblo vecino al mío. La muerte de Zeledón me dio la clave de nuestra situación nacional frente al filibusterismo norteamericano; por esa razón, la guerra en que hemos estado empeñados, la consideramos una continuación de aquella.»

A la edad de 20 años Sandino deja la casa de su padre para buscar la manera de hacer su vida por sí mismo, y así recorre haciendas y plantaciones trabajando como ayudante de mecánica, volviendo más tarde a Niquinohomo para dedicarse al comercio de granos. Posteriormente, Sandino sale hacia Honduras, empleándose en La Ceiba como guardalmacén del Ingenio Montecristo, propiedad de la Honduras Sugar and Distilling Company.

En el año 1923 deja Honduras y llega a Guatemala, donde se coloca en las plantaciones de la United Fruit Company en Quiriguá; ese mismo año sigue su viaje hacia México, donde comienza a trabajar en Tampico para la South Pennsylvania Oil Company. En 1925 pasa al campamento de la Huasteca Petroleum Company, en Cerro Azul, estado de Veracruz, donde permanece hasta su regreso a Nicaragua en junio de 1926.

Estando en México, Sandino se vincula con líderes sindicales, obreros, militantes socialistas, anarquistas y masones. Es ahí donde conoce las luchas sindicales, la agresión yanqui contra México por el control de los yacimientos petroleros, de la propia Revolución Mexicana y, en fin, del progreso de las luchas de la clase trabajadora.

«…en vista de los abusos de Norteamérica en Nicaragua, partí de Tampico, México, el 18 de mayo de 1926 -en donde me encontraba prestando mis servicios materiales a la compañía yanqui- para ingresar al Ejército Constitucionalista de Nicaragua, que combatía contra el régimen impuesto por los banqueros yanquis en nuestra república.»

A su regreso a Nicaragua, el país se encontraba sacudido por una guerra civil, llamada Constitucionalista, resultado de la lucha entre los liberales y conservadores por el control del poder político. En esta guerra, los conservadores, una vez más, habían solicitado la intervención yanqui para mantenerse en el poder.

Dentro de ésta guerra, Sandino aparece como una nueva fuerza que representa las aspiraciones populares contra la dominación que casi dos décadas había ejercido el imperialismo norteamericano en Nicaragua.

Acuerdo sobre los traidores de la patria

«Son traidores a la Patria: Todo nicaragüense que con miras políticas trafique con la honra de la nación, solicitando apoyo oficial de los invasores de la patria, así como el gobierno de la Casa Blanca… El que prestare ayuda a los invasores y traidores para asesinar a los patriotas nicaragüenses que están defendiendo la soberanía nacional.»

Ya en Nicaragua, se emplea en el mineral de San Albino en donde logra constituir, con algunos mineros, la primera célula sandinista con la que daría inicio a su propia batalla dentro de la Guerra Constitucionalista.

El primer combate se da en El Jícaro. La falta de experiencia de la columna sandinista, la escasez y pésima calidad de las armas harían que sufrieran una derrota, pero aquella pérdida sólo serviría para reafirmar su vocación de lucha.

Posteriormente, Sandino reagrupa a su gente y, después de dejarla bajo seguro en el cerro El Chipote, se dirige con unos pocos hombres hacia la Costa Atlántica donde estaba el grueso de las tropas liberales, viajando en pipantes sobre el Río Coco, en medio de la selva, en una travesía de muchos días y de muchas penalidades que no podía realizarse sin la ayuda de los indígenas zambos y misquitos que pueblan la zona. Soldados sandinistas durante la guerra, esos indígenas formarían una eficiente aunque primitiva marina de guerra con pipantes, llevando por el río guerrilleros, municiones y alimentos.

El 14 de mayo de 1927, el imperialismo norteamericano puso fin a la Guerra Constitucionalista, haciendo que liberales y conservadores firmaran el pacto de El Espino Negro, donde se plantea el desarme general, la creación de la Guardia nacional (GN) y la supervisión de las elecciones por parte de los marines, terminándose así con las hostilidades.

Sandino es el único de los generales que rechaza la imposición yanqui y decide continuar la lucha hasta expulsar a los marines, teniendo que enfrentarse a traidores e invasores, en una larga lucha de liberación nacional.

«Ya en el teatro de los acontecimientos me encontré con que los dirigentes políticos, conservadores y liberales son una bola de canallas, cobardes y traidores, incapaces de poder dirigir a un pueblo patriota y valeroso.»

El 1ro. De julio de 1927, Sandino lanza su primer manifiesto:

«A los nicaragüenses, a los Centroamericanos, a la Raza Indohispana. …ante la patria y ante la Historia, juro que mi espada defenderá el decoro nacional y dará la redención a los oprimidos. Acepto el reto del cobarde coloso invasor y de los traidores a la Patria. Nuestros pechos serán murallas donde se estrellen sus hordas, pues tengo la firme convicción de que cuando hallan matado al último de mis soldados, más de un batallón de los de ellos habrá mordido el polvo de mis agrestes montañas.»

El día 16 de julio de 1927, Sandino atacó la ciudad de Ocotal, en el departamento de Nueva Segovia, protegida por una guarnición de marines; con aquella batalla, que duró desde las horas del amanecer hasta la tarde, el mundo sabía que la guerra de liberación había comenzado.

«Cuando murió (Coronel Rufo Marín), era jefe de mi Estado Mayor, pero sin grado oficial, porque apenas estábamos comenzando. Murió en la primera batalla que tuvimos en el Ocotal, peleando como un león, al frente de su columna, en el asalto al cuartel de los marinos, el 16 de julio de 1927. Fue mi primer brazo derecho y gran alentador. Lo sentí inmensa y fraternalmente.»

El día 2 de septiembre de 1927, Sandino y sus hombres suscriben el documento oficial de constitución del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua.

El número de efectivos del Ejército Defensor varió, de entre 2000 a 6000 soldados que llegó a tener en la época de expansión más grande de sus operaciones, en 1930-1932. Sus columnas estaban bajo el mando cada una de un general, y cada una tenía a su cargo un área territorial de operaciones militares, organización civil y paramilitar, recolección de impuestos, lo mismo que para la organización de la producción agrícola.

En esas áreas llegaron a funcionar escuelas de primeras letras para los soldados y los campesinos. En los cuarteles de la montaña había también niños huérfanos de guerra, que se les conocía como el «Coro de Angeles». Asistían a las emboscadas, y su papel consistía en dar gritos, vivas y hacer toda clase de ruidos, dando unas veces la impresión de que el número de sandinistas era mayor, y otras, que llegaban refuerzos. Estos niños, cuando crecían, llegaban a ser soldados regulares y debían conquistar su propio fusil, como el caso del coronel Santos López.

«Nuestro ejército es el más disciplinado, abnegado y desinteresado en todo el mundo terrestre, porque tiene conciencia de su alto papel histórico.»

«Nuestro ejército, por la magnitud de su lucha, constituye una autoridad moral continental.»

Combatientes internacionalistas acudieron al llamado de la lucha antiimperialista de Nicaragua; intelectuales, estudiantes y obreros llegaban de distintos puntos de América Latina hasta Las Segovias a prestar servicio militar; los hubo de México, El Salvador, Guatemala, Costa Rica, Republica Dominicana, Venezuela, Colombia, Honduras. Algunos como soldados de línea, otros sirvieron en el Estado Mayor como secretarios de Sandino; varios allí murieron.

«El amor a mi patria lo he puesto sobre todos los amores y tú debes convencerte que para ser feliz conmigo, es menester que el sol de la libertad brille en nuestras frentes.» Carta de Sandino a Blanca Aráuz.

«Los actos de heroísmo de las mujeres que colaboraron en el ejército, no sólo son muchísimos, sino que además las mayoría requieren largas historias para explicar los sacrificios que sufrieron y los peligros que enfrentaron por amor a la patria y todas, campesinas, maestras de escuelas, enfermeras, amas de casa y aún señoritas de sociedad, rindieron servicios sin los cuales nuestra guerra no habría sido posible.»

Para hacer frente a aquellas perspectivas de una guerra larga, Sandino sabe que necesitará mucho mas recursos de los que tiene, ya que sus armas son los pocos rifles anticuados de la pasada guerra civil, o los que se recuperan a los marines en las emboscadas y combates.

Por eso decide, en enero de 1929, escribir al presidente de México, Emilio Portes Gil, pidiéndole la autorización de viajar hacia allá, llevando en mente buscar personalmente la ayuda que necesita, ya que los comités más entusiastas de apoyo a la lucha están en México.

En mayo de 1929, Sandino sale hacia Honduras en viaje a México, arribando en 28 de junio al puerto de Veracruz, donde es recibido por una miltitud. Va acompañado por sus lugartenientes que pertenecen a las brigadas internacionalistas: Farabundo Martí, Rubén Ardila Gómez, José de Paredes, Gregorio Gilbert. Allí se les juntaría también su hermano Sócrates, quien llegaba de Estados Unidos, donde había participado en los mitines sandinistas en Nueva York.

Sandino definió así el carácter de su lucha:

«Este movimiento es nacional y antimperialista. Mantenemos la bandera de libertad para Nicaragua y para toda Hispanoamérica. Por lo demás en el terreno social, este movimiento es popular…»

Durante el período de 1927 a 1932, Sandino y el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua libraron más de 500 heroicos combates.

«De esta manera sangrienta, han sido una vez más castigados los asesinos extraños y los patricidas que durante tanto tiempo han humillado la soberanía de amada Nicaragua.»

Después de haber derrotado la intervención militar norteamericana y dadas las condiciones internas e internacionales que existían, Sandino decide el 2 de febrero de 1933 firmar un Convenio de Paz con el presidente Sacasa, sin que esto significara que hubiera abandonado su programa de lucha.

«La paz se firmó para evitar el regreso de la intervención armada que apenas estaba detrás de la puerta, esperando regresar antes de un año… Ese es el secreto por el cual no salgo del Norte, para estar pendiente de todos los momentos en que se presente la oportunidad de restaurar también nuestra independencia política-económica.»

Después de firmado el convenio, Sandino viaja varias veces a Managua a entrevistarse con Sacasa para discutir las violaciones que a dicho convenio hacía la Guardia Nacional, asesinando y persiguiendo a los miembros del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua.

La noche del 21 de febrero de 1934, cuando Sandino regresaba de la casa presidencial, después de haber hablado con el presidente Sacasa, es detenido frente al cuartel del Campo de Marte por una patrulla de la Guardia Nacional. Don Gregorio Sandino y Sofonías Salvatierra son conducidos a prisión, mientras que los generales Sandino, Estrada y Umanzor son llevados al lugar de su ejecución, siendo fríamente asesinados a los pocos minutos. La orden del imperialismo y del jefe director de la GN, Anastasio Somoza García, había sido cumplida.

Aquellos que creyeron que con el asesinato de Sandino perecía una línea política, militar e ideológica, estaban equivocados; el sandinismo se hallaba arraigado en la conciencia de nuestro pueblo, buscando completar la obra iniciada por el Padre de la Revolución Popular y Antiimperialista. Es así como surge el Frente Sandinista de Liberación Nacional, FSLN, heredero y continuador del programa popular y antiimperialista del general Sandino.

Fuente: El Ortiba

(*) Manifiesto político

Por Augusto Sandino

El hombre que de su patria no exige un palmo de tierra para su sepultura, merece ser oído, y no sólo ser oído sino también creído. Soy nicaragüense y me siento orgulloso de que en mis venas circule, mas que cualquiera, la sangre india americana que por atavismo encierra el misterio de ser patriota leal y sincero; el vínculo de nacionalidad me da derecho a sumir la responsabilidad de mis actos en las cuestiones de Nicaragua y, por ende, de la América Central y de todo el Continente de nuestra habla, sin importarme que los pesimistas y los cobardes me den el título que a su calidad de eunucos más les acomode. Soy trabajador de la ciudad, artesano como se dice en este país, pero mi ideal campea en un amplio horizonte de internacionalismo, en el derecho de ser libre y de exigir justicia, aunque para alcanzar ese estado de perfección sea necesario derramar la propia y la ajena sangre. Que soy plebeyo dirán los oligarcas o sean las ocas del cenagal. No importa: mi mayor honra es surgir del seno de los oprimidos, que son el alma y el nervio de la raza, los que hemos vivido postergados y a merced de los desvergonzados sicarios que ayudaron a incubar el delito de alta traición: los conservadores de Nicaragua que hirieron el corazón libre de la Patria y que nos perseguían encarnizadamente como si no fuéramos hijos de una misma nación.

Hace diecisiete años Adolfo Díaz y Emiliano Chamorro dejaron de ser nicaragüenses, porque la ambición mató el derecho de su nacionalidad, pues ellos arrancaron del asta la bandera que nos cubría a todos los nicaragüenses. Hoy esa bandera ondea perezosa y humillada por la ingratitud e indiferencia de sus hijos que no hacen un esfuerzo sobrehumano para libertarla de las garras de la monstruosa águila de pico encorvado que se alimenta con la sangre de este pueblo, mientras en el Campo Marte de Managua flota la bandera que representa el asesinato de pueblos débiles y enemistad de nuestra raza.

¿Quiénes son los que ataron a mi patria al poste de la ignominia? Díaz y Chamorro y sus secuaces que aún quieren tener derecho a gobernar esta desventurada patria, apoyados por las bayonetas y las Springfield del invasor. ¡No! ¡Mil veces no! La revolución liberal está en pie. Hay quienes no han traicionado, quienes no claudicaron ni vendieron sus rifles para satisfacer la ambición de Moncada. Está en pie y hoy más que nunca fortalecida, porque sólo quedan en ella elementos de valor y abnegación.

Moncada el traidor faltó naturalmente a sus deberes de militar y de patriota. No eran analfabetos quienes le seguían y tampoco era él un emperador, para que nos impusiera su desenfrenada ambición. Yo emplazo ante los contemporáneos y ante la historia de ese Moncada desertor que se pasó al enemigo extranjero con todo y cartuchera. ¡Crimen imperdonable que reclama vindicta!

Los grandes dirán que soy muy pequeño para la obra que tengo emprendida; pero mi insignificancia está sobrepujada por la altivez de mi corazón de patriota, y así juro ante la Patria y ante la historia que mi espada defenderá, el decoro nacional y que será redención para los oprimidos. Acepto la invitación a la lucha y yo mismo la provoco y al reto del invasor cobarde y de los traidores de mi Patria, contesto con mi grito de combate y mi pecho y el de mis soldados formarán murallas donde se lleguen a estrellar legiones de los enemigos de Nicaragua. Podrá morir el último de mis soldados, que son los soldados de la libertad de Nicaragua, pero antes, más de un batallón de los vuestros, invasor rubio, habrán mordido el polvo de mis agrestes montañas.

No seré Magdalena que de rodillas implore el perdón de mis enemigos, que son los enemigos de Nicaragua, porque creo que nadie tiene derecho en la tierra a ser semidiós. Quiero convencer a los nicaragüenses fríos, a los centroamericanos indiferentes y a la raza indohispana, que en una estribación de la cordillera andina, hay un grupo de patriotas que sabrán luchar y morir como hombres.

Venid, gleba de morfinómanos; venid a asesinarnos en nuestra propia tierra, que yo os espero a pie firme al frente de mis patriotas soldados, sin importarme el número de vosotros; pero tened presente que cuando esto suceda, la destrucción de vuestra grandeza trepidará en el Capitolio de Washington, enrojeciendo con vuestra sangre la esfera blanca que corona vuestra famosa White House, antro donde maquináis vuestros crímenes.

Yo quiero justificar a los gobiernos de Centro América, mayormente al de Honduras, que mi actitud no debe preocuparle, creyendo que porque tengo elementos más que suficientes, invadiría su territorio en actitud bélica para derrocarlo. No. No soy un mercenario sino un patriota que no permite un ultraje a nuestra soberanía.

Deseo que, ya que la naturaleza ha dotado a nuestra patria de riquezas envidiables y nos ha puesto como el punto de reunión del mundo y que ese privilegio natural es el que ha dado lugar a que seamos codiciados hasta el extremo de querernos esclavizar, por lo mismo anhelo romper la ligadura con que nos ha atado el nefasto chamorrismo.

Nuestra joven patria, esa morena tropical, debe ser la que ostente n su cabeza el gorro frigio con el bellísimo lema que simboliza nuestra divisa «Rojo y Negro» y no la violada por aventureros morfinómanos yankees traídos por cuatro esperpentos que dicen haber nacido aquí en mi Patria.

El mundo sería un desequilibrio permitiendo que sólo los Estados Unidos de Norte América sean dueños de nuestro Canal, pues sería tanto como quedar a merced de las decisiones del Coloso del Norte -de quién tendría que ser tributario- los absorbentes de mala fe, que quieren aparecer como dueños sin que justifiquen tal pretensión.

La civilización exige que se abra el Canal de Nicaragua, pero que se haga con capital de todo el mundo y no sea exclusivamente de Norte América, pues por lo menos la mitad del valor de las construcciones deberá ser con capital de la América Latina y la otra mitad de los demás países del mundo que desean tener acciones en dicha empresa, y que los Estados Unidos de Norte América sólo pueden tener los tres millones que les dieron a los traidores Chamorro, Díaz y Cuadra Pasos; y Nicaragua, mi Patria, recibirá los impuestos que en derecho y justicia le corresponden, con lo cual tendríamos suficientes ingresos para cruzar de ferrocarriles todo nuestro territorio y educar a nuestro pueblo en el verdadero ambiente de democracia efectiva, y asimismo seamos respetados y no nos miren con el sangriento desprecio que hoy sufrimos.

Pueblo hermano: al dejar expuestos mis ardientes deseos por la defensa de la Patria, os acojo en mis filas sin distinción de color político, siempre que vuestros componentes vengan bien intencionados, pues tened presente que a todos se puede engañar con el tiempo, pero con el tiempo no se puede engañar a todos.

Mineral de San Albino, Nueva Segovia, Nicaragua, 1 de julio de 1927

Patria y Libertad

A C Sandino

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