La derecha brasileña ha fracasado

La derecha agotó así el repertorio de alternativas que tiene para el país: la dictadura militar, el neoliberalismo de Fernando Henrique Cardoso y a Bolsonaro. La izquierda propuso y puso en práctica varias alternativas, en particular la de los gobiernos del PT, con crecimiento económico y distribución de ingresos, y con el fortalecimiento social y político de la democracia.

La derecha, siempre agazapada para dar el golpe neocolonialista al servicio de EEUU.

La derecha, siempre agazapada para dar el golpe neocolonialista al servicio de EEUU.

Por Emir Sader. La derecha brasileña siempre ha controlado el poder en Brasil, desde que comenzó a imponerse a los pueblos indígenas, a oprimirlos y explotar sus riquezas. Lo hizo utilizando el fenómeno más monstruoso de la historia mundial, la esclavitud que, junto con el colonialismo, constituye uno de los dos hechos fundacionales de la historia brasileña. ALAINET

Con el tiempo, esta dominación cambió de forma y adquirió un carácter nacional, pero nunca se detuvo. Más de cuatro siglos después, en 1930, la derecha brasileña fue derrotada por (Getulio) Vargas mediante una revolución, lo que hizo que esta se volviera profundamente anti-getulista. Apoyado en el liberalismo, atacó a Vargas por su autoritarismo y por la política de «comprar» la conciencia de los trabajadores con concesiones que consideraban demagógicas, como el alza de los salarios y el derecho a la sindicalización.

La derecha brasileña fue sistemáticamente derrotada por Vargas. Pese a que las fuerzas conservadoras lo llevaron al suicidio, acusado de corrupción, no lograron derrotarlo en las urnas. Cuando finalmente ganó la derecha, en 1960, fue con un aventurero, Janio Quadros, que heredó las banderas de las acusaciones basadas en la corrupción y el moralismo. Sin embargo la victorio de Quadros duró apenas unos meses y se transformó en una nueva derrota.

La mayor victoria de la derecha no fue en un contexto democrático sino con la dictadura, que logró destruir a la democracia y a gran parte de la izquierda, a través de la represión más sistemática que haya conocido el Brasil. Además, esta diseñó una alternativa para el capitalismo latinoamericano en crisis: el crecimiento económico con un estado dictatorial. Fue la mayor propuesta de la derecha brasileña para el continente.

Fue una victoria basada en la superexplotación de los trabajadores y la destrucción de la democracia. Si se agotó fue porque las huelgas protagonizadas por Lula da Silva rompieron con el congelamiento salarial -pilar del «milagro económico»- y el régimen no pudo resistirlo. La derecha triunfó en la transición a la democracia, impidiendo la elección presidencial directa y limitando la transición a un proceso de restauración de la democracia liberal, sin otras formas de democratización -del acceso a la tierra, de la información, de las estructuras económicas monopolistas, del sistema educativo- entre otros.

La derecha volvió a tener una victoria pírrica en 1989, con el triunfo electoral de Fernando Collor de Mello -otro aventurero como Jânio Quadros– sobre la candidatura de Lula. Su gobierno, derrotado luego por la corrupción, fue rescatado por Fernando Henrique Cardoso como “la última victoria democrática de la derecha”. Tuvo una vida corta, conforme el neoliberalismo se ha revelado como un modelo concentrador de la riqueza e incapaz de recuperar el crecimiento de la economía.

Desde entonces, la derecha ha acumulado una impresionante secuencia de derrotas, hasta ahora sin precedentes en la historia brasileña, en manos de Lula y el Partido de los Trabajadores (PT). Y sólo volvió a triunfar con la ruptura de la democracia en el año 2016, cuyo golpe llevó a la elección de Jair Bolsonaro. Con él, la derecha presentó lo que tenía para ofrecer al Brasil, frente al riesgo que consideraba el regreso al poder del PT.

La derecha agotó así el repertorio de alternativas que tiene para el país: la dictadura militar, el neoliberalismo de Fernando Henrique Cardoso y a Bolsonaro. La izquierda propuso y puso en práctica varias alternativas, en particular la de los gobiernos del PT, con crecimiento económico y distribución de ingresos, y con el fortalecimiento social y político de la democracia.

En 2022 la derecha y la izquierda presentarán las alternativas disponibles para que el pueblo brasileño elija entre los futuros posibles del Brasil. Será una elección entre la democracia y el autoritarismo, entre el crecimiento económico y la especulación financiera, entre la distribución del ingreso y la concentración del ingreso. Será entre Lula y Bolsonaro.

Fuente: ALAINET

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