Hugo Chávez: Un legado imprescindible

En 1992 Chávez encabezaría una rebelión armada por parte de una fracción del ejército en contra del gobierno de Pérez y su fraudulenta administración pública cumpliendo con el derecho de todo ciudadano a levantarse contra cualquier tiranía, admitido incluso por gran parte de la teoría política liberal y por las más diversas corrientes de pensamiento desde Martín Lutero hasta Locke como bien describió Fidel Castro en su célebre discurso “La historia me absolverá”.

4 de octubre: el Comandante Chávez protagonizó el acto político más importante en 200 años

4 de octubre del 2012: el Comandante Hugo Chávez protagonizó el acto político más importante en 200 años. 2 millones y medio de venezolanos escucharon sus palabras de despedida.

Por Ricardo Peterlín. Chávez: Un legado imprescindible. Este 5 de marzo se cumplen 8 años de la partida de uno de los líderes políticos más importantes de los últimos tiempos. Hugo Chávez fue un faro que iluminó el camino en medio de la larga noche neoliberal. Rememorar sus ideas, logros y batallas en un presente tan complejo como el que atravesamos, constituye el  propósito fundamental de este texto.

¿La historia ha muerto?

La posmodernidad es una trampa. Su lógica implica destruir la historia como tiempo pasado y futuro. El hombre ha muerto porque su memoria se ha borrado y el futuro es una ilusión. Desde esta perspectiva la existencia terrenal de los hombres y mujeres que habitan el mundo constituye una especie de presente eterno sin memoria y sin utopías. 

Más allá de todos los puntos negativos que tuvo la etapa moderna como auge y ascenso de la burguesía capitalista en la constitución de un mercado mundial, el hombre tenía un protagonismo indudable en la historia. La explicación religiosa de la realidad había terminado dando lugar a un nuevo ordenamiento social donde el centro de la historia  lo constituían los hombres y mujeres mediante el pensamiento racional. La “razón” como fundamento central que impulsa el llamado “desencanto del mundo” del que hablaba Weber cambia el núcleo central que ordena la realidad dando lugar al predominio del paradigma científico-técnico. Luego de transcurridas todas las experiencias revolucionarias del siglo XX, este paradigma empieza a quedar atrás dando lugar a una nueva concepción forjada desde la academia europea con gran impacto en las ciencias  sociales expresando la nueva era neoliberal

A partir del estructuralismo francés comienza a sembrarse la semilla por la cual, según Foucault, el hombre había muerto, siendo totalmente determinado por la estructura. Todas las metafísicas “post” que surgen en los años siguientes (posestructuralismo, posmarxismo, posmodernidad) van acumulando una voluminosa obra con diferentes concepciones de la realidad, pero con una conclusión indiscutible: el sujeto ha muerto. Desde esta perspectiva no se puede estudiar la “totalidad” de lo real.  Siempre la realidad aparece fragmentada, parcial, contingente. La categoría de “clase” es concebida como una pieza de museo que nada tiene para decir en el nuevo contexto neoliberal. Según Lyotard han muerto los grandes relatos que daban sentido a la realidad, todo se torna vertiginoso y “líquido”, expresión acuñada por Zygmunt Bauman

Fin de la historia, muerte de las ideologías, pensamiento débil, desaparición de los grandes relatos, este fue el clima de época que caracterizó el fin del siglo pasado. Si el sujeto ha muerto, si la realidad material es una impostura, la realidad no se puede conocer y por ende transformar. Por lo tanto la consecuencia más nociva del pensamiento postmoderno radica en la desmaterialización de la realidad y la desmovilización de la comunidad. Compartimos con Fredric Jameson la idea de que el postmodernismo es la “lógica cultural del capitalismo avanzado”, es decir la expresión en el plano intelectual y cultural de cambios concretos que se realizaron en la realidad material económica y política. Nos referimos a la derrota y caída de los “socialismos reales” (y por ende la crisis del marxismo), la crisis del paradigma Keynesiano y la nueva hegemonía del modelo neoliberal expresada en la economía “neoclásica”. A nivel geopolítico Estados Unidos asume un liderazgo incuestionable, convirtiéndose en el nuevo hegemón mundial e impulsando el libre mercado y la retirada del estado como herramienta de regulación y soberanía de los diferentes países. 

 En este contexto desolador el primer grito de resistencia proviene desde Chiapas (México), con una experiencia muy rica como fue el EZLN (Ejército zapatista de liberación nacional) encabezada por el Sub-comandante Marcos. El EZNL planteó una crítica al nuevo paradigma neoliberal, rescatando los saberes indígenas y las formas de autodeterminación comunitaria como modos de resistencia concluyendo en la expresión “otro mundo es posible”. Este mundo “donde quepan todos los mundos” como bien afirmaba este movimiento no era posible si no se luchaba por la conquista del poder político, la transformación del estado y un proceso de integración regional an tiimperialista que proteja los intereses y la soberanía de los pueblos del tercer mundo. Quien entendió la importancia de torcer la relación de fuerzas mediante la “praxis” revolucionaria de los hombres y mujeres en la creación de una contra-hegemonía frente al neoliberalismo y la postmodernidad fue Hugo Chávez. Se animó a dar un paso más. Otro mundo es posible: se llama “socialismo del siglo XXI”.

El proyecto Bolivariano

Es imposible entender el liderazgo de Hugo Chávez y su ascenso al gobierno sin remitirnos a un hecho fundamental de la historia reciente de Venezuela conocido como “el caracazo”. El caracazo fue una gran movilización popular ocurrida en la ciudad de Caracas durante el año 1989, en contra del ajuste que por entonces estaba realizando el presidente Carlos Andrés Pérez. Este gobierno títere del Fondo Monetario Internacional, con graves causas de corrupción en su contra, anuncia un paquete de medidas con terribles consecuencias para el pueblo venezolano. Conocido como el “paquetazo”, estas disposiciones de aumentos en los servicios, recortes de salario y gasto público eran moneda corriente durante la década de los noventa en Latinoamérica. Venezuela no sería la excepción, las cifras mostrarían un incremento notable de la pobreza llegando al 62%, con un agravante muy claro, este país era llamado “Venezuela Saudita” por su enorme reserva de petróleo. La ola neoliberal se expandió por todo el continente desatando diversas rebeldías y levantamientos populares. El caracazo fue duramente reprimido por el ejército y la policía al servicio del gobierno mafioso de Pérez dejando 276 muertos. Esta verdadera masacre es el comienzo de una “crisis orgánica” entre la clase dominante venezolana y las grandes mayorías populares. Desde ese momento se rompe el “contrato”, el “compromiso” entre representantes y representados, es decir comienza una crisis de hegemonía donde el grupo dominante solo se sostiene a través de la fuerza. Roto el consenso solo queda la coerción. La clase “dominante” y “dirigente” solo subsiste como “dominante”. Pero esta serie de sucesos están lejos de asegurar una transformación estructural en el país y consolidar un nuevo gobierno, para eso era necesario un liderazgo que capitalice el descontento social y lo convierta en una alternativa de poder real. Ese fue el rol fundamental que cumplió Chávez como parte de una fracción del ejército rebelde que conspiraba junto a otros sectores sociales contra el poder ignominioso del gobierno de Pérez ligado a los intereses imperialistas de los Estados Unidos

En 1992 Chávez encabezaría una rebelión armada por parte de una fracción del ejército en contra del gobierno de Pérez y su fraudulenta administración pública cumpliendo con el derecho de todo ciudadano a levantarse contra cualquier tiranía, admitido incluso por gran parte de la teoría política liberal y por las más diversas corrientes de pensamiento desde Martín Lutero hasta Locke como bien describió Fidel Castro en su célebre discurso “La historia me absolverá”. La revolución resultó frustrada, pero de ninguna manera terminó con el liderazgo de este extraño militar carismático e intransigente. Después de un largo derrotero Chávez llegaría al gobierno en 1998 jurando sobre una “moribunda constitución” según sus propias palabras. Este hecho no fue meramente simbólico, sino que constituyó uno de los pilares fundamentales que edificaron la gran obra bolivariana, ya que un año después se abriría un debate sobre la necesidad de reformar la constitución y pensar un nuevo marco normativo para el proceso que se abría dándole un contenido popular, antiimperialista y democrático. La votación arrojó un resultado contundente, el 90% de la población se pronunció a favor de la reforma y de esa manera Venezuela sentaría las bases para el nuevo proyecto de “República Bolivariana de  Venezuela”.

La reforma constitucional significó una verdadera ampliación democrática para la población. En el capítulo IV, en la sección segunda, se dedican cuatro artículos al “referendo popular” como acción de consulta y debate a nivel nacional sobre decisiones de trascendencia para el país. En el artículo 72 de dicha sección se afirma que todos los cargos y magistraturas de elección popular son “revocables” y se describen las formas para llevar a cabo una revocatoria de mandato, rasgo esencial de una democracia participativa y popular. Más adelante en el capítulo VIII se establecen los derechos de los pueblos indígenas, reconociendo como deber del estado: “demarcar y garantizar el derecho a la propiedad colectiva de sus tierras, las cuales serán inalienables, imprescriptibles, inembargables e intransferibles de acuerdo con lo establecido en esta Constitución y en la ley”.

Por último la constitución bolivariana dedica un capítulo entero al “Poder ciudadano”, incentivando a la participación popular en la toma de decisiones municipales y estaduales en todo el territorio. Esta ampliación de derechos sumado a las 14 elecciones que ganó Hugo Chávez representan una contundente legitimidad democrática por parte del gobierno, que desmonta todas las mentiras y la sistemática manipulación mediática por la cual muchos de nuestros compatriotas están “preocupados” por la “dictadura venezolana”. 

En el año 2002 existe un intento de golpe de estado hacia el gobierno de Chávez que es resistido por la mayoría del pueblo y de las fuerzas armadas, devolviéndole al pueblo a su líder luego de 48 horas de haber sido depuesto. A partir de ese momento el gobierno bolivariano “aprieta el acelerador” y comienza a desplegar una serie de medidas de fuerte impacto en la redistribución de la riqueza y la recuperación de sectores claves de la economía como la estatización de la empresa PDVSA (Petróleos de Venezuela S.A).

En el año 2005 se declara a Venezuela “territorio libre de analfabetismo”, reconocido por UNESCO. La pobreza se reduce del 51,7% en 2002 al 20,9% en 2012 según cifras de la CEPAL. En el año 2013 La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) premió a Venezuela por haber disminuido la subnutrición infantil del 13,8% al 2,4% gracias a la red pública de distribución de alimentos que el gobierno llevó adelante para los sectores más carenciados de la población. El 30 de abril de 2011 se crea la “Gran misión Vivienda Venezuela” (GMVV), a partir de ese momento hasta la fecha se crearon más de  3 millones de viviendas en el país reconociendo un derecho humano fundamental.

El proyecto bolivariano además se caracterizó por la construcción de una unidad regional con los demás gobiernos progresistas de América Latina. Se crearon múltiples organismos regionales con el fin de defender la soberanía de la región y fortalecer las potencialidades colectivas para lograr mayor autonomía y creación de riqueza en la interacción con el mercado mundial. Los organismos creados fueron el ALBA, UNASUR, BANSUR (Banco del Sur), TELESUR, CELAC, entre otros. En 2005 diversos presidentes de la región se reunieron en “La cumbre de los pueblos” realizada en nuestro país durante el año 2005 para rechazar el proyecto conocido como ALCA, impulsado por George Bush. Allí Chávez ironizó “alca, alca, al carajo”, mostrando todo su carisma e irreverencia contra los grandes poderes imperiales contra quienes dirigió otras frases muy duras como por ejemplo: “Ayer estuvo el diablo aquí” (refiriéndose a George Bush).

El proyecto Bolivariano, de integración regional, recuperación de la soberanía y transición a un nuevo socialismo democrático y participativo es una obra gigantesca que funcionó como faro y guía en tiempos muy difíciles luego de una derrota que cristalizó a sangre y fuego la hegemonía del neoliberalismo en América Latina. Hoy Venezuela se encuentra asediada por un proceso desestabilizador orquestado desde los Estados Unidos, similar a lo ocurrido cincuenta años atrás con Salvador Allende en Chile. Es preciso recuperar la memoria y no olvidar como terminaron esas trágicas experiencias que tanto dolor y sufrimiento le costaron a los pueblos de Nuestra América. Recuperar el legado de Hugo Chávez es fundamental, pero no como motivo de erudición histórica sino como ejercicio de una “praxis” concreta que nos provea de herramientas para pensar los tiempos difíciles que nos toca afrontar y conquistar de una vez y para siempre el sueño de Bolívar, el Che, y tantos otros compañeros y compañeras que dieron la vida para lograr nuestra segunda y definitiva independencia.

Ricardo Peterlin: Licenciado en Ciencias Políticas. Ayudante adjunto de la cátedra Análisis del Discurso Político durante el año 2016; asistió a la «Cumbre de las Juventudes Antiimperialistas» organizado por la vicepresidencia de Bolivia como miembro del partido Nuevo Encuentro en 2016.

Del mismo autor: Un fantasma recorre Argentina y «Goodbye Lenin» y la gran guerra cultural

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