El bombardeo terrorista a Plaza de Mayo exige culpables, justicia y memoria

Volvamos al 16 de junio de 1955. No fue un día elegido al azar por un grupo rebelde espontáneo que esa mañana decidió matar al presidente. La autodenominada “Revolución Libertadora” estaba en gestación desde hacía tiempo, y tampoco concluyó con él. Es importante hilvanar ciertos hechos puntuales, los lugares en que sucedieron y el mensaje social implícito en cada uno de ellos.

Plaza de Mayo: uno de los más grandes ataques terroristas que sufrió el pueblo argentino.

Plaza de Mayo: uno de los más grandes ataques terroristas que sufrió el pueblo argentino.

Por Paula Viafora. El Bombardeo a Plaza de Mayo debe ser considerado un caso de lesa humanidad. «Es necesario hacer un planteo serio de Memoria, Verdad y Justicia, empezando por declararlo como un caso de lesa humanidad. Las 386 víctimas del bombardeo merecen su justo lugar tanto en la memoria colectiva como en la historia».

“Aquí estoy, sentado sobre esta piedra aparente. Sólo mi memoria sabe lo que encierra. La veo y me recuerdo, y como el agua va al agua, así yo, melancólico, vengo a encontrarme con mi imagen cubierta de polvo (…) Estoy y estuve en muchos ojos. Yo sólo soy memoria y la memoria que de mí se tenga”. Elena Garro– “Recuerdos del Porvenir”

Introducción

El bombardeo del 16 de junio de 1955, sobre la Plaza de Mayo, ejecutado por aviones de la Marina y parte de la Fuerza Aérea, que tenía como objetivo matar al entonces presidente Juan Domingo Perón, es un acontecimiento que nos sigue interpelando como sociedad y del que creo que no hemos hecho aún todas las lecturas posibles.

Considero indispensable analizarlo desde la memoria y no desde la historia, justamente porque es la memoria la que construye el relato del pasado y la que lo vincula con el presente y más aún desde la memoria social como escenario de conflicto y debate. Dejarlo simplemente como un acontecimiento histórico más, sería quitarle relevancia, vigencia, cristalizarlo en el pasado. ¿Hemos logrado transformar este hecho criminal contra la sociedad civil en una “memoria colectiva”, o es simplemente la foto sepia del diario que se publica cada aniversario, y muestra los aviones volando sobre la Casa Rosada?

Una memoria colectiva no es solo un hecho recordado por muchos, o un evento al que fueron expuestos contemporaneamente. Es la elaboración producto de ese recuerdo desde la interacción social que decide qué pasado es relevante y significativo. El grupo selecciona e interpreta la transmisión de ciertas representaciones del pasado que nunca permanece idéntico a sí mismo, sino que es constantemente reformulado. Es también una construcción que tiene que ver con la identidad colectiva, ya que le permite a un sujeto, reconocerse como “él mismo” en el tiempo.

Sin embargo no todos los grupos sociales eligen recordar lo mismo, sino que elabora aquellos hechos del pasado que mejor se adecuen a sus intereses y valores. El campo de la memoria colectiva se transforma entonces en un sitio de tensión. Es un terreno en el que las relaciones de poder tratarán de influir sobre qué y cómo debe recordarse. Es decir, las memorias pueden resultar manipuladas al punto de convertirse en una construcción sin sustento fáctico, o proponerse como políticas públicas otorgándoles un simbolismo o significado que abone una construcción del pasado que resulte más conveniente a intereses presentes.

Entonces el segundo interrogante sería, ¿cuál es la memoria colectiva construida sobre aquel acontecimiento? ¿Es acorde a la gravedad de los hechos?

El Bombardeo no fue un hecho aislado

Volvamos al 16 de junio de 1955. No fue un día elegido al azar por un grupo rebelde espontáneo que esa mañana decidió matar al presidente. La autodenominada “Revolución Libertadora” estaba en gestación desde hacía tiempo, y tampoco concluyó con él. Es importante hilvanar ciertos hechos puntuales, los lugares en que sucedieron y el mensaje social implícito en cada uno de ellos.

El Fondo Rojas, archivo personal del Almirante Isaac Rojas, da cuenta que desde el 1 de junio de ese año y aun antes, venían realizando una serie de acciones que consistían en la “provisión, distribución y preparación del armamento, munición, vehículos y combustibles de la infantería de Marina, y en otra carpeta detalla acciones referidas al 28 de septiembre de 1951. Ese día, un grupo de oficiales de Campo de Mayo, al mando del General Pedro Eugenio Aramburu, intentaron una sublevación que fue rápidamente derrotada. En el seno de las fuerzas armadas crecía día a día el odio hacia el peronismo. La relación había comenzado a deteriorarse con la Reforma Constitucional de 1949, especialmente la posibilidad de reelección presidencial. La influencia de intelectuales militares, oficiales retirados, los cargos superiores de las escuelas navales y militares de Buenos Aires, fueron determinantes para los hechos de septiembre de 1951.

Pero los militares no eran los únicos que sabían odiar. Desde 1945 la oligarquía argentina miraba con desprecio a esos trabajadores de los suburbios que habían conquistado nuevos territorios y derechos. Cuando el odio es colectivo y determina acciones políticas el peligro es inminente.

Durante esos diez años se gestaron un conjunto de estrategias violentas, que sumadas a la pérdida de ciertos privilegios, generaron bronca, odio y rencor. No iban a quedarse de brazos cruzados mirando como se consolidaba el nacionalismo popular con Perón a la cabeza como líder de masas. El bombardeo no fue el primer hecho de violencia hacia la población. Ya habían explotado bombas en un acto en la Plaza de Mayo el 15 de Abril de 1953, causando 5 muertos y 100 heridos, método que repitieron durante la concentración del 1 de Mayo con el claro objetivo de generar terror. Nada alcanzó. Para aplacar esa necesidad de revancha que apenas pudieron contener algunos años, llegó finalmente el bombardeo. Nadie podía dejar de imaginarse que él mismo iba a causar innumerables daños y víctimas. Un dia de semana al mediodía, la zona estaba altamente transitada. Más allá de matar a Perón , el bombardeo tenía un claro mensaje hacia la sociedad civil, especialmente hacia el movimiento que lo había consagrado presidente. El horror, la muerte, la desolación invadieron la Plaza de Mayo durante algunos días. Sin embargo, con el correr de las semanas, el polvo se disipó, los muertos fueron enterrados, los daños materiales comenzaron a ser reparados, y puertas adentro, las familias de los fallecidos transitaron su duelo y su dolor.

Segundo bombardeo

El golpe pre anunciado comenzó el 16 de septiembre de 1955. El 19 se produjo otro bombardeo llevado adelante por la Marina de Guerra, por aire y desde buques ubicados estratégicamente, sobre el puerto de la ciudad de Mar del Plata y sus aledaños tanques de combustible de YPF y la Escuela de Artillería. Si ante la provocación Peron no renunciaba, el ataque hubiera continuado sobre las destilerías de Ensenada y Dock Sud. Cabe preguntarse, ¿Por qué Mar del Plata?. Más allá de la conveniente situación geográfica para el ataque desde el aire y desde el mar. Localmente era un periodo de gran inestabilidad política. La ciudad que a principios de siglo recibía cada verano a las elites porteñas para descansar en sus mansiones, a partir de 1945 comenzó a cambiar su fisonomía y sus visitantes, muchas casonas se demolieron para construir hoteles sindicales y la aristocracia porteña fue desplazada por los trabajadores que llegaban en masa a hacer efectivo su derecho al ocio vehiculizado por la Fundacion Eva Peron a través del “Turismo Social«. Las causas y consecuencias de la transformación morfológica, política, económica y social de la ciudad, enfrentó a distintos grupos sociales, creando las condiciones para tanto para el bombardeo como para nuevos ataques a ciertos sectores sociales en las siguientes dos décadas .

Se lee en estos ataques una intención aleccionadora, los las bombas comenzaron a intentar borrar, a “desaparecer” aquello (tanto objetos como personas) que representara un peligro para una sociedad cuyos valores giraban en torno a la Patria, la familia y la Iglesia. Complementado por el Decreto 4161, el objetivo era silenciar, invisibilizar, dirigir la comprensión de esas soluciones como necesarias y reparadoras para la sociedad. Sin embargo, no siempre lo no dicho, lo guardado en silencio, cae en el olvido. También se tejen con fuerza, memorias subterráneas, que se gestan en tensión con la memoria oficial abonada por el Estado.

Una sociedad controlada desde su comportamiento hasta su memoria, recorrida por el terror, aseguraba un orden en las relaciones humanas. Cuando las personas son sometidas a mecanismos de “control social”, se aplica la violencia ante la ausencia de la dinámica del consenso. El sujeto que no se subordine a los patrones estipulados sera objeto de mas violencia y se tomaran medidas correctoras de esa desviación (encierro, tortura,desaparición). En función de defender la “seguridadad nacional” y encontrar fundamento legal en las prácticas antes mencionadas, se dictaron a lo largo del siglo XX una serie de leyes y decretos que avalaron la violencia institucional, comenzando por la Ley de Residencia, 1902 se pone de manifiesto una continua voluntad del Estado de silenciar y aniquilar a cierta parte de la población.

Las víctimas

Más allá de que “la víctima” fue la sociedad toda, por los argumentos ya expuestos de infundir el terror y demostrar de lo que es capaz quien quiere hacer visible su poder, hubo 386 muertos y 800 heridos, argentinos, que circunstancialmente pasaban por ahí ese mediodía, ya sea camino al trabajo o en cualquier otra situación de la vida y el azar les jugó una mala pasada. ¿Quiénes eran? ¿Cómo se llamaban? ¿ recibieron alguna explicación, alguna condolencia por parte de los responsables o del Estado o ayuda para los que quedaron con secuelas y mutilaciones?

No, nada de eso. Recién en el año 2006, 51 años después, la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, junto a una Comisión de Familiares de Víctimas elaboraron un libro que narra la historia del bombardeo y reconstruye la lista de 386 fallecidos de los cuales 84 figuran como NN. Es la única investigación llevada adelante por el Estado.

Ante un intento de lograr la reparación de las leyes 24043 y 24411 por parte del hijo de una de las víctimas, que concluyó hacia finales de los 90 con una resolución negativa, presentó un recurso de queja ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que aceptó el caso y abrió un expediente.

En 2009 el Congreso sancionó la ley 26564 , también conocida como “Ley Dovena”, ya que el entonces diputado Dante Dovena, quien tuvo la iniciativa del proyecto. La misma amplía los beneficios de las leyes anteriormente mencionadas a personas con iguales requisitos desde 1955 hasta 1983.

Si bien la sanción de la misma fue celebrada por los familiares y los sectores de Derechos Humanos, ya que implica un reconocimiento por parte del Estado del delito e implica asumir las correspondientes consecuencias, la justicia para las víctimas es otra cosa.

Los trámites de estas leyes son largos, tiene etapas procesales y de prueba, y deben enfrentar períodos de retroceso, como durante la gestión de gobierno anterior, durante el cual prácticamente los trámites no tuvieron movimiento. Mucho tiempo para quien espera una reparación tan antigua.

Conclusión

El bombardeo comenzó a visibilizar un proceso de odio que venía gestándose desde hacía bastante tiempo, según algunos autores, desde el mismo 17 de Octubre de 1945, cuando el movimiento de trabajadores irrumpió en escena y conquistó la ciudad de Buenos Aires, un territorio que le resultaba lejano al obrero de fábrica o al trabajador de frigorifico del suburbio.

Los acontecimientos posteriores a la caida de Peron como los hechos del 9 de Junio de 1956, la aplicación de Plan Conintes y el Plan Cóndor, hechos tambien poco difundido y poco reparados, solo sirvieron para perfeccionar el accionar militar y llevar adelante, durante la dictadura del 76/83 el atroz genocidio de los 30000. En el 55 los aviones arrojaron bombas. En los 70 arrojaron cuerpos de prisioneros adormecidos sobre el Río de La Plata. El mensaje era el mismo.

Volviendo a la pregunta del comienzo acerca de la memoria construida sobre el 16 de junio de 1955, la publicación de la foto sepia en el diario cada aniversario resulta claramente insuficiente.

Es necesario hacer un planteo serio de Memoria, Verdad y Justicia, empezando por declararlo como un caso de lesa humanidad.

Los trámites para las reparaciones a familiares deben concluirse cuanto antes teniendo en cuenta la edad de los reclamantes y profundizar la investigación para completar lista con la totalidad de los nombres.

Dado que no hay un sitio de Memoria al respecto, sería buena idea señalizar las esquirlas de las bombas, aún visibles en los alrededores de la plaza y allí mismo fijar un mural con los nombres de todos los fallecidos.

Las 386 víctimas del bombardeo merecen su justo lugar tanto en la memoria colectiva como en la historia.

Ilustración: Nora Patrich, Itzel Bazerque Patrich, Gato Nieva

Fuente: AgenciaPacoUrondo

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