El peligroso mediocre

Sin dudas, para usted, Pablo Sirven, no hay límite para el odio de clase. Y yo, como ciudadano, tengo el deber de denunciar a aquellos que, como usted, atacan la decencia y los derechos de los habitantes de mi patria. Nunca más que hoy grito: “la patria es el otro”.

Pablo Sirvén en ADEPA, la entidad que dice defender la libertad de expresión es, en realidad, una agrupación de grandes empresarios de comunicación al servicio de los intereses oligárquicos de Argentina.

Pablo Sirvén en ADEPA, la entidad que dice defender la libertad de expresión es, en realidad, una agrupación de grandes empresarios de comunicación al servicio de los intereses oligárquicos de Argentina.

Por Marcos Doño. -En respuesta a la nota «La Madre de todas las batallas» de Pablo Sirvén, publicada por el diario La Nación-. Hoy voy a ser contradictorio con mi propio postulado de que «en mi muro no se insulta». Romperé con esta regla, al menos en lo conceptual. Y lo haré por mi salud espiritual y moral, a sabiendas de que no todos los epítetos deben ser excluidos del análisis político cuando de lo que se trata es de defender la dignidad y los valores que hacen a la vida de mi prójimo.

Sin dudas, para usted, Pablo Sirvén, no hay límite cuando se trata expresar el odio de clase. Y yo, como ciudadano, tengo el deber de denunciar a aquellos que, como usted, atacan la decencia y los derechos de los habitantes de mi patria. Nunca más que hoy grito: “la patria es el otro”.

Aclarado esto, a lo mío, a lo que vine, que es a decirle a usted, Pablo Sirvén, redactor del diario La Nación, que repugna como persona, que es usted un cabeza de termo, un hombrecito de conocimientos superficiales, que lo que más ha sabido hacer es surfear en la farándula, un chabacano ideológico y exponente de lo más reaccionario de la prensa corporativa. 

Y si para muestra alcanza un «botón», éste, su texto, que intenta degradar a quienes no sólo son mis compatriotas sino que, como pocos, sufren el escarnio y la explotación de los vampiros económicos del país, contiene las palabas de un bruto al que el odio lo vuelve un fascista explícito.

Pablo Sirven es perioperador del diario LA NACIÓN de Buenos Aires.

Pablo Sirven es perioperador del diario LA NACIÓN de Buenos Aires.

Y no trate de explicarse ni de mutar con el lenguaje hacia un discurso democrático porque su acotada mollera lo desnuda. Es el arquetipo del fascista mediático, que en lo oral disfraza sus inquinas con esa voz calma que me recuerda el dicho: “de aguas mansas líbreme Dios”, y en sus escritos, siempre menores, blasfema al estilo de los darwinistas sociales, quienes hablan de la naturaleza humana como si lo hiciesen de animales y cazadores.

Cierta vez leí por ahí un poema que en uno de sus versos decía: “A un hijo de puta sólo se lo debe llamar de una manera, hijo de puta.” Pero, bueno, soy consciente de que hemos alcanzado otros tiempos, y esto de utilizar la imagen negativa de una mujer para insultar, deberá ser erradicado del bagaje de calificativos Por tanto me tomaré una licencia poética y diré: “a un imbécil decadente sólo se lo debe llamar de una manera, imbécil decadente”. 

Estoy convencido que es usted a todas luces, o mejor dicho a todas sombras, como lo define el poeta: un imbécil. Acaso porque es un don nadie que forma parte de un harén de escribas, que baila para complacer a su rey patrón. Yo, en cambio, me siento libre y honrado porque camino bajo la guía moral y política de un hombre preclaro como lo fue el Libertador José de San Martín, para quien los pueblos originarios y los más empobrecidos de nuestra naciente patria, entre ellos los esclavos africanos que usted denuesta, eran sus hermanos en la lucha por la Independencia. 

¿Es así como ve usted a sus “africanizados del conurbano”, como los excluidos de nuestra tierra? Y si cree que decir «africanizado» es un insulto, le recomiendo que lea «Ébano«, del polaco Ryszard Kapuściński; a lo mejor su colonizada mente aprende algo de las causas pero sobre todo de los causantes de tanta miseria humana. Va a descubrir en sus páginas que usted es parte de ese paisaje universal de decadencia que conforman los opresores de cualquier lugar. 

Así se construye el odio de clase, el odio étnico, con una pedagogía pletórica de falacias y ofensas, que hace de las palabras armas con las que apuntar a los corazones de los ingenuos y los incautos, para que aprendan a odiar como usted, decididos a todo. 

Estoy persuadido que hemos arribado a una etapa de la comunicación masiva que necesita, por ubicua, ser revisada no sólo en lo moral y lo ético, sino en lo jurídico.

La humanidad ya tiene demasiadas pruebas de que en nombre de cierta libertad de prensa se han construido monstruos indómitos, que han servido para la destrucción del mismo sistema del que se sirvieron para arribar al poder. 

En nombre de esa libertad o de algún recurso periodístico o de estilo, no es lícito ni debería ser legal decir lo que se nos venga en gana. Sobre todo cuando lo que se dice o se escribe atenta contra la vida, la libertad y la dignidad de las personas.

Artículo enviado por el autor para su publicación.

Tags: , , , , , , , , , ,

Compartir:

GoogleRSS

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.