“Dime cuántos y quiénes están presos que te diré cuán justo es tu país…”

Las cárceles de Argentina están abarrotadas de hombres y mujeres pobres, mayoritariamente jóvenes y por robos o hurtos. Algunos creen quienes delinquen lo hacen porque “nacen delincuentes o disfrutan de serlo” y en las antípodas estamos quienes creemos que quien comete un delito, mayoritariamente, lo hace como forma de supervivencia ante un modelo que lo desprecia y margina.

Fernando Borroni, escritor, periodista y docente argentino.

Fernando Borroni, escritor, periodista y docente argentino.

Por Fernando Borroni. “Dime cuántos y quiénes están presos que te diré cuán justo es tu país…”. Durante este último fin de semana el Presidente de la Nación dio una conferencia de prensa en la que anunció la creación de 364 nuevas plazas en cárceles bonaerenses. Advirtió, además, de la necesidad de construir más cárceles y puso de manifiesto las condiciones dignas en las que deben vivir quienes están presos. Todas reflexiones políticas interesantes como disparadores para una reflexión colectiva, para pensar y pensarnos como sociedad.

Muy oportuno, justo y necesario lo que manifestó Alberto Fernández al asegurar que quién está preso debe estarlo en condiciones dignas, “no se puede seguir mirando impávido las condiciones de hacinamiento en que hoy están las cárceles argentinas”. Estas definiciones son, sin duda, una deuda eterna de nuestra democracia. Porque en nuestro sistema penal, nuestro sistema penitenciario está pensado para la re-inserción social y no para el confinamiento o el castigo en sí mismo, pero esto formó siempre parte de la teoría, jamás de la práctica.

Las cárceles de nuestro país están abarrotadas de hombres y mujeres pobres, mayoritariamente jóvenes y por robos o hurtos. Algunos creen quienes delinquen lo hacen porque “nacen delincuentes o disfrutan de serlo” y en las antípodas estamos quienes creemos que quien comete un delito, mayoritariamente, lo hace como forma de supervivencia ante un modelo que lo desprecia y margina.

Según el último estudio del Centro Estudios Latinoamericanos sobre Inseguridad y Violencia (CELIV) de la Universidad Tres de Febrero la mayoría de los presos condenados en Argentina pasaron la infancia en hogares pobres y violentos, se hicieron adultos con un arma en la mano, se fueron de la casa antes de los 15, son padres, tuvieron trabajos de baja calificación o no tuvieron y tienen entre 18 y 30 años. En tanto, el 72% de las personas que ingresaron a la cárcel lo hicieron por delitos patrimoniales (43%).

Por lo tanto cuando un país informa que amplía sus cárceles y anuncia que abrirá más es un país que, lo acepte o no, está en el peor de los modelos. Dentro de un modelo de libre mercado salvaje e impune las cárceles son los recipientes en donde el modelo apila lo que previamente desechó. Por lo tanto si se advierte de la necesidad de construir más recipientes es porque seguramente habrá más que desechar. Sin duda, entonces, que por esto el presidente aseguró: “No estoy contento con abrir cárceles, estoy conforme”, porque es la muestra de lo que se desea y lo que se debe ante una coyuntura determinada.

Me permito disentir con el presidente en otro fragmento de su discurso cuando manifiesta: “Quien delinque merece una pena, es el modo que tiene la sociedad para recomponer el orden que se altera ante el delito”
Por supuesto que quien delinque merece una pena, pero no es cierto que el orden social se altera con el delito, por lo tanto este orden se recompone cuando castigas al delincuente.
El orden social sano, justo y deseable se altera ante la falta de trabajo, ante la falta de oportunidades, ante la imposibilidad de acceder a la educación, o cuando pocos acumulan mucho y muchos no reúnen nada. Ahí se altera el orden deseable. Ahora si entendemos que el delito altera “el orden” y ese orden es de desigualdad y la marginalidad entonces la delincuencia es una expresión de desorden un esquema injusto que no se podrá contener si no se pone en discusión el modelo.

La sociedades se ordenan a partir de acabar con un desorden económico de concentración de la economía y en una injustísima distribución.
Es importante destacar que cuando el presidente asegura que lo que necesitamos es que quien esté soportando el castigo del encierro tenga la posibilidad de prepararse para el día que vuelva a estar libre, no es menor, ese es el sentido que hay recuperar: salir de un modelo de Estado punitivista y construir un Estado que contenga.

Porque una sociedad se mide no sólo por como viven aquellos que lo hacen en libertad y gozando de sus derechos, sino por cuantos, quiénes y cómo viven aquellos que habiéndoseles arrebatados sus derechos terminaron encerrados.

“Dime cuántos y quiénes están presos que te diré cuán justo es tu país…”

Fuente: Fernando Borroni

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