Poco margen ya para el cuento de la buena pipa en Argentina

Hay que pensar por el lado de recuperar ingresos vía impuestos importantes a las grandes fortunas, nacionalizar rubros importantes de la economía, terminar con los curros de la “Patria Financiera” y frenar el flujo de pagos previstos para BlackRock y demás usureros internacionales.

Alberto Fernández habla ante un grupo de ricos empresarios argentinos

Alberto Fernández habla ante un grupo de millonarios empresarios argentinos.

Por Sergio Ortíz. No queremos el cuento de la buena pipa. La gravedad de la pandemia y la crisis económica preexistente, elevada a la enésima potencia, reclama medidas urgentes. Que afecten a los monopolios, banqueros y acreedores internacionales. No más cuento de la buena pipa.

Algunas cifras sobre el COVID-19 fueron criticadas; las explicaciones de descargo fue que se cargaban algunos números más tarde o más temprano. Como fuere, ayer aquí se contabilizaban 153.520 contagios y 2.847 muertos, con lo que la discusión es estéril. Queda a la vista que es una durísima emergencia, en particular en el congestionado AMBA.

También había dudas sobre las camas de terapia intensiva ocupadas. Los números oficiales de esas UTI ocupadas en el AMBA eran el 65 por ciento. Con datos de algunos hospitales, programas de C5N como el de Tomás Méndez, citaron porcentajes del 90 por ciento.

Si así fuera querría decir que, sin haber llegado a lo más elevado de la pandemia, estaría a punto de colmarse ese rubro clave sanitario. Algunos entendidos, quitando dramatismo, aclararon que en ese punto los hospitales podrían reconvertir algunas instalaciones y aumentar las camas UTI.

En esa situación dramática, no tiene sentido la propaganda albertista de que sus números son mejores que los de Brasil o el país vasco. Lo son. Ese no es el punto ahora. Casi todos saben la clase de imbécil neofascista que es Bolsonaro, pero necesitan saber qué medidas se van a tomar en Argentina, para hacer frente a la actualidad y a lo que viene, que es peor.

Con el riesgo de incurrir en simplismo, internacionalmente se ven dos grandes modelos contrapuestos de enfrentar al coronavirus. Uno es el chino y otro el estadounidense, más su matiz europeo.

El primero fue victorioso, en base a rápidas medidas estatales, cuarentenas estrictas, gran disciplina social, medicina pública, rol civil de las Fuerzas Armadas y uso intensivo de la tecnología.

El segundo viene perdiendo feo, luego de erráticas políticas gubernamentales a instancias de grupos económicos privados, con negación del fenómeno, indisciplina y, desigualdades sociales, personal de salud mal pago, represiones policiales y pésimo ejemplo de sus autoridades.

En China hubo cuarentena estricta mientras fue necesaria y sólo pasado el mayor peligro se levantó. En los otros países se hizo poco, regular o mal, acentuando y luego flexibilizando cuando no correspondía.

La paradoja argentina es que al principio su apego a la cuarentena fue casi “china”, pero luego se corrió hacia el modelo norteamericano y europeo, relajando el control cuándo y dónde no debía hacerlo. El resultado es un AMBA incendiado o zona roja; Jujuy y Chaco ídem. Córdoba también se le parece.

Los culpables de esos desaguisados, que se pagan con muertes y saldos negativos económicos no son sólo algunos gobernadores y en parte el presidente. También, los económicos concentrados y medios de incomunicación que tanto presionaron para que sus negocios volvieran a full, cuanto antes y como antes.

Se van para atrás

No es Gasalla en su sketch de la empleada pública diciendo a la fila “se van para atrás”. Son los organismos regionales e internacionales los que estiman que la economía argentina registrará este año feos resultados.

El FMI estimó el 23 de junio que el PBI del país caerá 9,9 por ciento, al actualizar su Panorama Económico Mundial. Al mes siguiente el pronóstico de la CEPAL fue aún más negativo porque calculó esa pérdida en 10,5. Otros economistas han estimado que llegaría al 12. Cada mes tiende a empeorar, como se verificó en las estadísticas del FMI que en abril pasado, el dar a conocer su Panorama, había dicho que el Producto Bruto caería “sólo” el 5,7 por ciento. Dos meses más tarde casi duplicó aquel pronóstico…

Dentro del universo de quienes sufren los embates de esta crisis están en lugar destacado quienes pierden sus empleos. ¿Cuántos son en lo que va del año? Hay varias cifras, diferentes pero coincidentes en la gravedad del problema. Un medio publicó que se habían perdido 170.000 empleos, otra fuente corrigió al alza hablando de 250.000 puestos. Ahora la consultora fundada por Roberto Lavagna, Ecolatina, arriesgó que 400.000 empleos registrados se perdieron en estos meses. Un zócalo del programa “Brotes Verdes” de Alejandro Bercovich afirmaba esta semana que era un millón.

Ecolatina hacía hincapié en el 1.5 millón de trabajadores precarizados que no habían podido trabajar en la pandemia y otro millón de monotributistas en similar condición. Otra cifra a tener en cuenta son las 18.000 Pymes que cerraron en abril pasado, dato que Alberto Fernández citó en una reunión con pequeños empresarios.

El INDEC de Marco Lavagna no ha dado estadísticas de desempleo, pero Ecolatina, íntimamente vinculada a él, arriesgó que anda por el 15 por ciento.

Frente a tanto daño el dato positivo es que el gobierno nacional ha ratificado que pagará la cuota 3 del Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) y la cuota 4 del ATP como salario complementario para trabajadores de empresas privadas afectadas por la crisis.

El problema es que esa ayuda es insuficiente, cuando la canasta básica para no ser pobre ronda los 45.000 pesos para una familia tipo.

Para tener una idea de esos límites en las políticas oficiales está el anuncio de pagos a los docentes, acordados (léase informados) a cinco gremios: cuatro cuotas mensuales de 1.210 pesos, total 4.840 pesos. Demasiado gusto a poco para los docentes que con el teletrabajo lidian con sus alumnos y sus familias, no sólo con problemas académicos sino sociales, mucho más que los que atendían en el aula. 4.840 pesos es mejor que nada, pero muy parecido a nada, con una inflación del semestre de 13,6 por ciento.

Cuento de la buena pipa

Aquellos padecimientos no pueden ser solucionados echando mano a la emisión monetaria. Tampoco se puede apostar a créditos internacionales cuando el país está incurso en un nuevo default por culpa del excesivo e irregular endeudamiento durante el macrismo. Aún cuando el actual gobierno llegara a firmar un acuerdo de renegociación con los tres grandes grupos de bonistas, el nivel de concesiones y sacrificios extraordinarios que implicará ese pacto, con nuevos pagos de la deuda externa, será casi imposible que consiga más créditos.

Hay que pensar por el lado de recuperar ingresos vía impuestos importantes a las grandes fortunas, nacionalizar rubros importantes de la economía, terminar con los curros de la “Patria Financiera” y frenar el flujo de pagos previstos para BlackRock y demás usureros internacionales.

“Vamos por parte dijo Gonzos (Máximo Kirchner, Carlos Heller y Hugo Yasky) siguen negociando al interior de su fuerza y con la oposición el tenor del impuesto a las grandes fortunas. El cuento fue que ya entraba para su tratamiento en Diputados. Tenía el apoyo expreso del presidente. Según Horacio Verbitsky ingresaba el 14 julio, luego de varias demoras. Hoy es 26 de julio y aún no hay fecha de ingreso. Si Evita viviera cómo los habría puteado por pusilánimes.

Como si fuera una provocación, Forbes Argentina publicó la lista de los 50 multimillonarios de acá, que en conjunto tienen 46.440 millones de dólares. Bulgheroni, Galperín, Rocca, Eurnekian, Pérez Companc y otros, con su sola presencia y capitales, más la influencia de Clarín y medios amigos, vienen inhibiendo el proyecto oficial de rozar suavemente esas fortunas.

No queremos escuchar otra vez el cuento de la buena pipa. Mejor que les cobren de una buena vez el impuesto a esos ricachones, que reportaría 3.500 millones de dólares. No sería mucho: apenas cubriría el déficit fiscal de abril de este año, según Horacio Rovelli.

Otro segmento donde hay que meter baza es el bancario. Ese economista recordó que en 2019 diez bancos privados ganaron 8.000 millones de dólares: Galicia, Macro, Patagonia, Santander Rio, BBVA, HSBC, ICBC, Citibank, Credicoop y Supervielle.

Y ahora siguen ganando, después de esas grandes bicicleteadas. Una de las claves son las Leliq, cuyo stock supera los 1,2 billones de pesos y les da un rendimiento de 38 por ciento anual. A mayo el BCRA les había pagado 203.000 millones de pesos y faltan dos cuatrimestres más.

Sin embargo no se otea en el horizonte ninguna medida importante del presidente para afectar a la llamada “Patria Financiera”. Ésta ha logrado que siga vigente la ley de Entidades Financieras de la dictadura militar, dictada en 1977 a instancias de Adolfo Diz y José A. Martínez de Hoz.

¿Será mucho pedirle la estatización de los bancos y la creación de un banco estatal para el comercio exterior basado en el Nación? ¿O al menos la nacionalización de los depósitos bancarios, que es dinero de los clientes?

Si el presidente AF no piensa tomar medidas de fondo, entonces sería mejor que no siga con sus relatos de “recuperar y expropiar Vicentín”, de “no sacrificar a los argentinos por la deuda”, de “privilegiar a las Pymes y la producción”, etc.

En su claudicación con el monopólico G-6 es como si nos preguntara: “¿Querés que te cuente el cuento de la buena pipa?”. Explicación para los más jóvenes: cuando uno decía que sí o que no, el cuentista respondía: “Yo no digo que sí o que no, digo que si quieres que te cuente el cuento de la buena pipa”. Y seguía hasta agotarse nuestra paciencia.

Sergio Ortiz
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twitter: @Sergioortizpl

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