El trato destrato y maltrato a los ancianos      

En alguna oportunidad, se ha visto hasta agredir de hecho y de palabras a algún adulto mayor que se le hacía difícil o no podía entender algunas directivas o requerimientos ante cierto empleado irascible de alguna repartición pública.

jóvenes hoy viejas mañana; viejas hoy, jóvenes ayer

Jóvenes hoy viejas mañana; viejas hoy, jóvenes ayer

Por Carlos Stepanian. El trato destrato y maltrtato a los ancianos. Es sabido de sobra que cuando se llega a cierta edad, algunas facultades en el ser humano comienzan a debilitarse, como las motrices, cognitivas, auditivas, visuales y demás. Entonces se les hace muy difícil cumplir con acciones o tareas que en la mocedad se realizaban casi mecánicanicamente.

El anciano, o persona mayor, solamente por su estatus, debería ser diferenciado en su tratamiento social, y recibir una atención  solícita, amable y cordial por parte de quienes lo atienden, para ayudarle, asesorarlo, acompañarlo, contenerlo, etc.

Sucede que el trato que  recibe de ciertos funcionarios, empleados, personal del servicio público de la índole que fuere, etc. dista de ser lo digna que deben ser, ninguneando y maltratando a algunos de ellos por no poder satisfacer adecuadamente la presentación de la documentación o los requerimientos solicitados. No tienen una actitud comprensiva ni un trato cortes y amable, que les permita a los gerontes, cumplimentar una gestión, trámite o actividad necesaria para cumplir con obligaciones indelegables y/o  impostergables.

En alguna oportunidad, se ha visto hasta agredir de hecho y de palabras a algún adulto mayor que se le hacía difícil o no podía entender algunas directivas o requerimientos ante cierto empleado irascible de alguna repartición pública. Y qué decir de los conductores del transporte público, que en vez de facilitar las cosas se empeñan en empeoraras, como cuando no arriman el colectivo o vehículo de pasajeros al cordón de la vereda; cuando pueden hacerlo, para el ascenso  y descenso de pasajeros exponiendo a los mismos a contratiempos o siniestros de tránsito, evitables por cierto. Y algunos pasajeros que no solo no lo tienen en cuenta, sino que no les ceden el asiento cuando es evidente que su incapacidad de movilización es muy notable.

También verificamos situaciones de violencia en hospitales, sanatorios, clínicas, etc. Donde por padecer ciertas enfermedades, deben acudir en forma permanente y que soportan el mismo tratamiento personal de desprotección y agresiones varias. Y si son migrantes de países limítrofes, el padecimiento es muy difícil de tolerar.

Un capítulo aparte merecen ciertas y determinadas instituciones o sociedades comerciales; por que no se  puede calificar de otra manera, a lugares de encierro, maltrato y hasta vejámenes a los que son sometidos, que son los hogares, asilos o los comúnmente los mal llamados geriátricos. Hay que hacer  una salvedad, existen de estas instituciones, generalmente de capitales privados, una muy buena atención, desde lo edilicio, pasando por el trato y la dispensa ofrecidas, pero tienen la característica distintiva de que son para presupuestos voluminosos. Los demás lamentablemente, son contados con los dedos de una mano, los que ofrecen un trato digno en todos los aspectos de confort, calidad de vida prestaciones y tratamiento personal, ya que son como depósito o guardería y que muchos de ellos, no poseen habilitación alguna extendidas por la autoridad  de aplicación de la zona donde está emplazado, por tanto al no estar registrados, no pueden ser controlados ni verificados en su calidad de atención. Muchos de ellos están subvencionados o patrocinados por la obra social SSPJP PAMI, al que muchos considera una “vaca lechera“ a la que se la puede esquilmar a troce y moche.

También merece un trato aparte la cuestión de los medicamentos, por parte de laboratorios, droguerías o distribuidores, aunque nobleza obliga, desde que asumió el actual gobierno nacional, el tema se solucionó en gran parte, pues ha establecido vademécum de una determinada cantidad de medicamentos, nominados por su nombre genérico, no comercial o de fantasía, expedidos gratuitamente, lo que permite a muchos usuarios acceder a ellos sin erogar ni un centavo. Pero volviendo al tema, Las empresas farmacéuticas y los laboratorios productores, al igual que  los casos de ciertos geriátricos de los que  ya hemos hablado, proceden casi de la misma forma. Intentando aprovecharse de la institución y del estado.

La tradición de los pueblos aborígenes de América y Mesoamérica había, y en algunos pueblos aún se conserva, una institución llamada “amautas” que estaba compuesta por los ancianos de las tribus, que por la sola condición de revistar en esa categoría eran merecedores de un trato especial, solo por el hecho de ser personas de edad longeva. Tenían la prerrogativa de integrar el gobierno o la asesoría de los más jóvenes. Comparemos pues la situación de nuestra civilización adelantada  tecnológicamente y nos daremos cuenta de la forma en que hemos retrocedido humana y socialmente. Hagamos votos de que paulatinamente nos concienticemos de la importancia que se les debe dar a nuestros ancianos, que luego de haber transitado una vida productiva y en el ocaso de la misma, no sea destratado ni maltratado sabiendo,  al menos, que todos de alguna forma u otra, transitaremos en su momento por esa senda y que la podamos  recorrer con comprensión, respeto, compasión  y dignidad.

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