Quién dijo “América para los americanos” y qué quiso decir

La “Proclamación de Emancipación” de Lincoln, que era propietario de esclavos y que lo hizo para complicar a los estados del sur, todos esclavistas, se produjo quince años después de la muerte de John Quincy Adams, quién había sugerido hacerlo.

La imagen ilustra el verdadero sentido de la advertencia del Presidente John Quincy Adams

La imagen ilustra el verdadero sentido de la advertencia del Presidente John Quincy Adams

Por Fernando Del Corro. Quién fue John Quincy Adams, el autor de “América para los americanos”. El 11 de julio de 1767, 253 años atrás, en Braintree, ciudad ubicada en el condado de Norfolk, en el estado de Massachusetts, por entonces colonia británica, casi nueve años antes de la declaración de la independencia de los actuales Estados Unidos de América, nació uno de los más notables políticos de ese país y de la historia contemporánea universal, quién ocupara trascendentes funciones hasta llegar a ser el sexto presidente.

John Quincy Adams no es de los más popularizados entre los mayores impulsores de la luego futura grandeza de los EUA y hasta se usa una famosa frase de su autoría, “América para los americanos”, pero en boca de otro legendario presidente de ese país con el agregado de que sacada de contexto. Por cierto eso no sucede en Braintree, una pequeña ciudad que, según el último censo contaba hace una década con 35.744 habitantes. Ciudad a la que se le da el llamado popular de Quincy, pero no por él sino por su abuelo materno Josiah Quincy. Su casa natal es actualmente el “Adams National Historical Park” y se encuentra muy cerca del Abigail Adams Cairn, por lo que desde allí, cuando sólo tenía siete años, el 17 de junio de 1775, él pudo ver la batalla de Bunker Hill, parte de la guerra de la independencia, en la que los británicos obtuvieran una pírrica victoria.

Normalmente al dicho “América para los americanos” se lo conoce como “Doctrina Monroe”, atribuyéndoselo a James Monroe, el quinto presidente estadounidense, antecesor de John Quincy Adams, de quién él fuera secretario de Estado. En esa función motorizó la compra del estado de Florida al reino de España y acuñó la referida frase como una advertencia a los europeos de que no interviniesen en los asuntos de este continente. De ninguna manera quiso decir que toda América debía ser subsumida por los estadounidenses. Eran los tiempos en que el hoy Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte tomaba el control de América Latina apelando a endeudar a los países recién independizados mientras España aún retenía territorios coloniales.

A lo largo de sus 80 años de vida (falleció en Washington el 23 de febrero de 1848) fue recorriendo diversas fuerzas políticas estadounidenses. Comenzó en el Partido Federalista y continuó participando en los partidos Demócrata-Republicano, por el que llegara a la presidencia, Nacional-Republicano, del que fuera cofundador, Anti-Masónico y Whig. En 1828 no logró la reelección al ser derrotado por Andrew Jackson, el séptimo presidente.

Cuando se habla de John Quincy Adams corresponde mencionar su nombre completo ya que fue hijo del segundo presidente de los EUA, John Adams, uno de los padres fundadores de ese país, y de su esposa Abigail Quincy, otra importante figura del Partido Federalista, la que tuvo mucho peso en las decisiones tomadas en esa primera etapa de la conformación de ese futuro gran estado de América del Norte.

Fue un impulsor de cambios sociales en favor de los sectores sociales más postergados lo que seguramente influyera en su no reelección. Siendo presidente impulsó un programa de modernización y desarrollo de la educación que obstruyera el Congreso Nacional. Luego de ser sucedido por Andrew Jackson fue electo para la Cámara de Representantes por el estado de Massachusetts, cargo que desempeñara durante diecisiete años, hasta su muerte. Allí tampoco tuvo éxito con sus propuestas de abolir la esclavitud pero previó que se podía llegar a desatar una guerra civil y que en ese caso el presidente tendría el derecho constitucional de hacerlo. Fue lo que hizo Abraham Lincoln en 1863 durante la Guerra de Secesión.

La “Proclamación de Emancipación” de Lincoln, que era propietario de esclavos y que lo hizo para complicar a los estados del sur, todos esclavistas, se produjo quince años después de la muerte de John Quincy Adams, quién había sugerido hacerlo. Cabe consignar al respecto que en 1841, siendo congresista, pero en calidad de abogado, logró evitar que una cantidad de africanos que eran trasladados como esclavos a Cuba por los españoles y que tras sublevarse tomaron el control del barco y llegaron a los EUA fueran devueltos a los esclavistas.

Mediante su intervención el Superior Tribunal de Justicia les otorgó la libertad y les dio a elegir entre quedarse en los EUA o volver a su África natal. John Quincy Adams se anotició de la Declaración de la Independencia a través de las cartas que su padre, John Adams, escribiera a su esposa Abigail como partícipe del Segundo Congreso Continental de Filadelfia. Luego, siendo aún un jovencito vivió en Francia entre 1778 y 1779 y en los Países Bajos entre 1780 y 1782, acompañando a su progenitor quién se desempeñara como embajador ante esos países, tras lo que asumiese como segundo presidente del país.

Posteriormente, ya como un joven funcionario, acompañó a otro de los congresales de la Independencia, Francis Dana, a San Petersburgo a los efectos de que el entonces Imperio de los Zares reconociese a la nueva nación americana. Luego estuvo en Finlandia, Suecia y Dinamarca y otros países lo que le permitió en 1804 escribir un libro sobre Silesia. Así fue como aprendió a hablar francés, alemán, holandés y otras lenguas europeas. En 1788 se graduó de abogado en el Harvard College donde se encuentra actualmente la “Adams House”, así designada en homenaje a ambos presidentes, padre e hijo. Entre 1787 y 1789 fue aprendiz del destacado jurista Theophilus Parsons en Newburyport, Massachusetts, tras lo cual, admitido en 1791 en el colegio de abogados, comenzó a ejercer esa profesión.

Al asumir su padre como presidente, en 1797, a pedido de George Washington, John Quincy Adams fue designado embajador en Prusia, cargo que mantuvo hasta 1801. Durante ese período fue que contrajo matrimonio en Londres con Louisa Catherine Johnson, siendo ésta la primera y única esposa de un presidente estadounidense hasta la actual eslovena Melanija Knav, más conocida como Melania Trump, cónyuge del ahora presidente Donald John Trump.

Regresó a su ciudad natal en 1801 y de inmediato se lanzó a la acción política. En 1802 intentó sin éxito ganar una banca en la Cámara de Representantes pero poco después, en ese mismo 1802, fue designado senador nacional por Massachusetts cargo que ocupó entre 1803 y 1808 cuando rompió con los federalistas sumándose a los demócratas-republicanos por lo que renunció a ese cargo. Volvió a ser embajador y en 1814 participó en Bélgica en la firma del Tratado de Gante que puso el fin formal a la guerra independentista con el Reino Unido restableciendo las relaciones entre ambos países.

Al asumir Monroe como presidente en 1817 lo designó Secretario de Estado, cargo que mantuvo durante los ocho años de mandato de aquél. Como tal en 1819 firmó el Tratado Amas-Onís, o Tratado de Transcontinentalidad con España, país que cedió una serie de territorios coloniales de América del Norte. Los españoles sólo no aceptaron entregar Texas.

Para las elecciones presidenciales del 9 de noviembre de 1824 se presentaron cuatro candidatos. El favorito era el demócrata-republicano William Harris Crawford, de Georgia, quién sufrió durante la campaña un ictus cerebral. Además de John Quincy Adams los otros dos fueron el luego presidente Andrew Jackson, de Tennessee, y el presidente de la Cámara de Representantes, Henry Clay, de Kentucky.

Otra similitud formal con Trump, más allá de las profundas diferencias de principios que los hacen muy diferentes, es que sacó menos votos que Jackson, pero en el Colegio Electoral fue John Quincy Adams el que resultó electo presidente con el voto de los representantes de Clay y Crawford, además de los suyos propios. Clay fue su Secretario de Estado y Jackson logró su revancha en 1928. Otro elemento destacable de su concepción política fue que cuando el 4 de marzo de 1825 juró como presidente lo hizo sobre un libro de leyes, rompiendo la tradición de hacerlo sobre la Biblia como lo habían hecho todos sus antecesores.

Como presidente dio un gran impulso a la economía apelando a políticas proteccionistas que fortaleciesen el desarrollo industrial. Mediante lo que se llamó el “Sistema Americano” también fortaleció la interconexión nacional vía la construcción de carreteras y canales, en tanto creó un banco nacional para la emisión de moneda y fomentar el crédito productivo, una universidad estatal y un observatorio astronómico además de practicar una gran vinculación internacional, entre muchas otras cosas a pesar de la dura oposición que en el Congreso practicaban los seguidores de Jackson. Una oposición que se agravó, sobre todo en los estados del sur, cuando en 1828 logró la aprobación de la Ley de Aranceles.

Los sectores terratenientes también se le opusieron a raíz de su negativa a avanzar sobre los territorios en manos de los pueblos originarios, en particular de los cherokees. Otro problema que tuvo fue el de mantener sin cambios la burocracia estatal en la que había muchos partidarios de Jackson. Para él los funcionarios sólo debían ser reemplazados por muestras de incompetencia y no por sus criterios políticos, a pesar de la dura oposición de los mismos. Algo que más de un siglo después, en 1945, compartió en Francia, mediante la Escuela Nacional de Administración, el general Charles André Joseph Marie de Gaulle, por entonces presidente provisional, y luego por el gobierno del Canadá. Dos ejemplos en nuestros días que, sin éxito, quiso implementar en la Argentina el ex presidente Raúl Ricardo Alfonsín.

Como antes lo había hecho su padre y luego su sucesor Jackson, cuando éste asumió no concurrió a la ceremonia. Fueron los tres presidentes de los EUA que demostraron sus distancias con su sucesor. Además de su padre y él también fueron presidentes padre e hijo, durante las últimas décadas George Herbert Walker Bush y George Walker Bush.

Durante sus años como legislador se postuló sin éxito para otros cargos hasta que el 21 de febrero de 1848 mientras se aprestaba a concurrir al Congreso sufrió un desmayo a raíz de una hemorragia cerebral. Dos días más tarde falleció en Washington, en el edificio del Capitolio. Sus últimas palabras fueron “Esto es lo último de la Tierra. Estoy feliz”. Sus restos, junto a los de su esposa y sus padres, están enterrados en el panteón familiar en una iglesia de su ciudad natal.

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