El dolor que nos aguarda

Parece que los argentinos no hemos sentido suficiente dolor. Hablamos del dolor. Hacemos panegíricos sobre los dolientes, escribimos capítulos enteros sobre los males que nos aquejan... Pero en lugar de poner el foco en lo que realmente importa, justamente para evitar que nos ataquen las bestias, pasamos nuestras horas hablando el idioma de las bestias.

"La manos de la protesta". Oswaldo Guayasamín (Quito 1919-Baltimore 1999)

«La manos de la protesta». Oswaldo Guayasamín (Quito 1919-Baltimore 1999)

Por Débora Mabaires. El dolor ya sea físico o espiritual, tiene la particularidad de volvernos más eficaces a la hora de administrar el tiempo y las ganas. Supongo que es parte del instinto de supervivencia: un animal herido, no pierde tiempo oliendo flores o mirando los pajaritos, sino que busca refugio, agua y comida para no ser atacado por otras bestias.

Parece que los argentinos no hemos sentido suficiente dolor. Hablamos del dolor. Hacemos panegíricos sobre los dolientes, escribimos capítulos enteros sobre los males que nos aquejan… Pero en lugar de poner el foco en lo que realmente importa, justamente para evitar que nos ataquen las bestias, pasamos nuestras horas hablando el idioma de las bestias, jugamos en el terreno de ellas, y resignamos nuestro bienestar para que nada las perturbe o aleje de nosotros.

En estos días, en una cuarentena extraordinaria de casi 4 meses, con sueldos de hace un año (el que aún lo tiene), con un virus potencialmente letal y un sistema de salud deteriorado luego de varios años de destrucción sistemática; con un poder económico financierista que deja afuera a la producción y el empleo; con un poder judicial corrompido hasta la médula; con un sistema delictivo basado y afianzado en organismos estatales de seguridad e inteligencia; con un Congreso berreta que calla ante las pruebas de cómo intentaron matar a un diputado nacional o ante la confesión del marido que contó cómo una diputada secuestró a un ser humano para obligarlo a mentir en una causa judicial; con un Ejecutivo que niega la existencia de presos políticos al mando de quien hace 3 años se iba a sacar fotos con Milagro Sala, la primera presa política del macrismo, y que promete pagar la deuda ilegítima y odiosa sometiendo al pueblo que hoy ya tiene un crecimiento de la pobreza y la indigencia a niveles superlativos; y teniendo tantas cosas más de qué ocuparnos porque nos va la vida y la de nuestros hijos en ello, estamos hablando de lo que dijo Fulanito, lo que le contestó Menganito y lo que opina Zutanito al respecto.

El tema principal sobre la pandemia parece ser la muerte de un anticuarentena, o si el presidente de Brasil tiene o no el virus; mientras silenciamos las inequidades que estamos vivenciando como por ejemplo: que le retengan el auto y le hagan una multa a un trabajador, mientras que la mitad de la dirigencia de Cambiemos , desde Larreta hasta Vidal, se reunieron y algunos se contagiaron, pero ninguno fue procesado por ello. Y ni hablar del partido de tenis de Frigerio. Pero no sólo del otro lado de la grieta, ayer el empresario Dragonetti dijo haber dado positivo en SARS -Cov -2 (corona virus) y había estado en una cena con varios empresarios y legisladores como Máximo Kirchner y Sergio Massa.

Hay un manejo elitista de las normas, y ni nos quejamos.

Seguimos hablando de lo que dijo el periodista tal o la conductora cual, que también están rompiendo las normas en nuestra propia cara. ¿O alguien puede decirme que armar una cena televisada es imprescindible y esencial?

Hemos visto marchas anticuarentena sin ninguna sanción a los manifestantes, de clase media, bien comidos… Y hemos sufrido procesamientos, secuestro de vehículos, apaleamientos y hasta asesinatos de trabajadores por «romper la cuarentena».

Los mismos que levantan el dedito criticando a la vecina del 4º B por salir varias veces por día de su departamento, miran entusiasmados la tele donde viejos carcamanes operadores políticos de cuarta, son entrevistados en piso por otros operadores para hablar de lo que dijo Fulano o Mengano.

Pero la rueda gira para que estemos atentos a las lucecitas de colores que montaron para nosotros, mientras somos tratados como escoria, insultados a diario, sin posibilidad de quejarnos, y si tuviéramos la mala suerte de enfermarnos, seremos aislados de nuestras familias y estaremos a disposición de los médicos que, sobrecargados y mal pagos, nos tratarán como puedan.
¿En qué momento aceptamos esto?
¿Por qué es imprescindible dejar morir absolutamente solo a un familiar, alejado durante varios días de sus seres queridos?
¿Acaso no entran los médicos y enfermeras a la habitación? ¿Por qué no podría una persona entrar con los mismos protocolos de seguridad, durante media hora al día?

¿Cómo podríamos considerarnos humanos si hemos perdido la humanidad?
¿Qué clase de militantes somos si militamos la injusticia?

¿Cómo puede ser que ante tanto dolor, propio y al de nuestros semejantes, podamos permanecer impávidos y rutinarios? ¿Cómo puede ser que no podamos centrarnos en lo esencial para nuestra supervivencia?

¿Cómo puede ser que no reaccionemos ante la crueldad evidente y la injusticia?

Privados de la socialización; con un discurso monolítico y alienante; con normas vejatorias para «cuidarnos»; sin posibilidad de resolver las más elementales cuestiones de la vida cotidiana teniendo que informar para qué, dónde, con quién en qué vehículo, a qué hora; sin poder protestar ni tomar decisiones. De a poco, nos vamos bestializando.
Y el militante mediático que está disponible las 24 horas, siembra lo que cosechará en un año.

La doctrina del shock, viene funcionando muy bien.

Lástima que, aunque ya la hemos vivido antes, no sepamos reconocerla.

Pero lo infinitamente triste es que algunos, aún reconociéndola, la justifiquen.

Texto enviado por la autora para su publicación

Tags: , , , , , , , , , , , , , ,

Compartir:

GoogleRSS

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.