Ramón Carrillo frente a la calumnia y los miserables

Hay que ser un verdadero miserable para asociar a ese eminente médico que fue Carrillo, con los nazis, o con supuestas experiencias médicas para curar la homosexualidad, protegiendo a médicos alemanes que pretendían hacerlo. Y además de ser miserable, mentir descaradamente, para confundir y sugerir un "costado oscuro" del más grande sanitarista que tuvo el país, que llevó a cabo durante los 8 años de su gestión una política sanitaria, que ni antes ni después nadie pudo igualar.

Dr. Ramón Carrillo

Dr. Ramón Carrillo

Por Alejandro Olmos Gaona. La calumnia y las actitudes miserables. Se hizo público recientemente un comunicado firmado por Shimon Samuels y Ariel Gelblung, Directores de Relaciones Internacionales y para América Latina del Centro Wiesenthal, cuestionando la posible decisión del Banco Central de emitir billetes con la imagen del Dr. Ramón Carrillo, por sus supuestas simpatías con el nazismo.

Se agregó un Twitter de Mark Kent, embajador de Gran Bretaña que tuvo la osadía de decir: «El nazismo fue el mayor mal del siglo XX. Condujo al Holocausto. La muerte de millones de inocentes. No debemos conmemorar a nadie que participó en este terrible episodio», sugiriendo no solo las simpatías de Carrillo con el genocida régimen nazi, sino con el auxilio a funcionarios del mismo. Como no podía ser de otra manera, se sumó la embajadora de Israel en la Argentina. A tales expresiones, se unieron la de algunos plumiferos de poca monta, prestos a rasgarse las vestiduras ante ciertos homenajes, donde  siempre ven la sombra del nazismo. Es raro que las supuestas simpatías de Carrillo con el nazismo no le impidieran ser invitado por los EE.UU. y dictar cátedra en la Universidad de Harvard, y ser homenajeado en 1954 por el Ministro de Salud Pública del Estado de Israel, quien le entregara una placa de recuerdo

Hay que ser un verdadero miserable para asociar a ese eminente médico que fue Carrillo, con los nazis, o con supuestas experiencias médicas para curar la homosexualidad, protegiendo a médicos alemanes que pretendían hacerlo. Y además de ser miserable, mentir descaradamente, para confundir y sugerir un «costado oscuro» del más grande sanitarista que tuvo el país, que llevó a cabo durante los 8 años de su gestión una política sanitaria, que ni antes ni después nadie pudo igualar.

Antes de mostrar el origen de tales imputaciones, es importante  mostrar quien fue Carrillo, que hizo y cuanto le debe la medicina argentina.

Nació el 7 de marzo de 1906 en Santiago del Estero, fue el primero de los 11 hijos que tuvieron María Salomé Gómez Carrillo y Ramón Carrillo descendientes de viejas familias fundadoras de distintas ciudades del país. Su padre fue profesor, periodista y político.

Ingresó al Colegio Nacional a los 12 años, y a los 16 años presentó un trabajo histórico sobre el caudillo “Juan Felipe Ibarra: su vida y su tiempo” que fue premiado en su provincia. Otro aporte fue su “Glosa de los servidores humildes”, mostrando un temprano interés por proteger a los ancianos..

En 1923 se recibió de bachiller con medalla de oro y al año siguiente ingresó en la Facultad de Medicina de la UBA, donde obtuvo el título de médico a la edad de 22 años.

Sus notables calificaciones le permitieron ganar en 1930 la Beca de la Universidad de Buenos Aires que le permitió perfeccionarse en Holanda, Francia y Alemania. En Amsterdam, bajo la dirección de Brouwer, el primer neurólogo de Europa; de Oljenick, discípulo de Cushing y de Ariens Kappers, estudiando neuropatología en Berlin con Carl Vogt.

Regresó al país en 1933 y por pedido de los Dres. Balado y Arce se le encargó la organización del Laboratorio de Neuropatología del Instituto de Clínica Quirúrgica.

En todos esos años se dedicó al intenso estudio de la neurología, pero también iba reflexionando sobre el lamentable estado sanitario que podía observarse en el país, donde solo sobresalía el célebre Hospital de Clínicas.

En sus pocos momentos libres frecuentó la bohemia de Buenos Aires, relacionándose con los hermanos Discépolo y con Homero Manzi, mientras leía a Pedroni, Banchs, Quiroga y Lugones, entre otros, que lo alejaban por momentos del intenso trabajo profesional que desarrollaba.

En 1937 recibió el Premio Nacional de Ciencias y dos años después se hizo cargo del servicio de Neurología y Neurocirugía del Hospital Militar. Esta función le permitió conocer a fondo la realidad sanitaria del país, ya que por esos años muchos jóvenes eran rechazados del Servicio Militar por no tener la aptitud física para encarar las actividades militares, en la mayoría de los casos esas enfermedades estaban relacionadas con la pobreza, muy particularmente en aquellos que provenían del Interior.

La insuficiencia de camas, la deficiente situación de los hospitales públicos, donde el Estado no estaba presente, dependiendo de lo que hicieran instituciones de caridad, lo llevaron a pensar que era necesario no depender de esas voluntades caritativas, sino de una política en materia de salud pública.

En 1941 fue designado profesor adjunto de la Cátedra de Neurocirugía, y al año siguiente al morir su maestro Manuel Balado, titular de la Cátedra, se presentó al concurso para reemplazarlo logrando el nombramiento a los 35 años. Sus preocupaciones quedaron explicitadas, al hacerse cargo de la cátedra, diciendo a sus alumnos “…los más nobles sentimientos se pervierten en el vaso impuro del corazón humano si un ideal altruista y de trabajo no lo embalsama, purificándolo del mal de las codicias y de la convicción materialista de que la vida es botín legítimo del más fuerte». Formó allí un grupo de talentosos discípulos, entre ellos Germán Dickmann, Raúl Matera, D. E. Nijensohn, Raúl Carrea, Fernando Knesevich, Lorenzo Amezúa, Jorge Cohen, Jacobo y León Zimman, Rogelio Driollet Laspiur, Juan C. Christensen y Alberto D. Kaplan.

Al asumir Perón el gobierno en 1946, creó la Secretaría de Salud Pública, designando a Carrillo al frente de la misma. Con posterioridad, en 1949, se transformaría en Ministerio.

Al asumir la Secretaría el panorama de la salud pública argentina era desolador. Excepto los grandes maestros de la medicina que hacían lo que podían en los hospitales, no existía una política sanitaria, a lo que se sumaban las deficiencias ya apuntadas y la falta de insumos. Como no toleraba el amiguismo, ni era complaciente con sus familiares, prohibió que sus dos hermanos médicos, ocuparan alguna función durante su ministerio.

Fue entonces que desarrolló su “Plan Analítico de Salud Pública”, invalorable documento de más de 4000 páginas donde se contemplaban hasta los más mínimos detalles, no solo de lo que debía ser la salud pública sino incluyendo las funciones de todos los actores intervinientes en el funcionamiento de una política sanitaria integral.

Sería muy extenso en este esbozo de su biografía, contar todo lo que hizo, lo que escribió, sus constantes preocupaciones. Los datos de su gestión son concluyentes: aumentó el número de camas existentes en el país, que pasó de 66.300 en 1946 a 132.000 en 1954; erradicó epidemias como el tifus y la brucelosis; redujo la mortalidad infantil del 90 por mil a 56 por mil; la sífilis y otras enfermedades venéreas desaparecieron en su totalidad; erradicó el paludismo y disminuyó el índice de mortalidad por tuberculosis de 130 por 100.000 a 36 por 100.00, y también el mal de chagas en una proporción enorme. Diseñó centros de salud, ocupándose hasta del diseño arquitectónico de los mismos, para que fueran confortables, como 4 grandes policlínicos de primer nivel. Hizo construir 234 centros asistenciales, 60 institutos de especialización, 50 centros materno infantiles, y 23 laboratorios y centros de diagnóstico. Creó la primera fábrica de medicamentos del Estado, para que los hubiera a muy bajo precio. Esos institutos  eran fundamentales, porque hasta llegar él, todo era difícil, los gobiernos no se ocupaban de la investigación

Desde la gestión de Carrillo se comenzaron a cumplir normas sanitarias incorporadas en la sociedad argentina como las campañas masivas de vacunación (antivariólica y antidiftérica) y la obligatoriedad del certificado para la escuela y para realizar trámites. Se implementaron campañas masivas a nivel nacional contra la fiebre amarilla, las enfermedades venéreas y otros flagelos.

Carrillo combatió y triunfó contra el paludismo con núcleos de agentes sanitarios que recorrían rancho por rancho y casa por casa, la salud llegaba a los rincones más remotos de la Argentina.

Algunas de las frases de sus numerosos escritos muestran cual era su concepción de la salud pública: «Mientras los médicos sigamos viendo enfermedades y olvidemos al enfermo como una unidad biológica, psicológica y social, seremos simples zapateros remendones de la personalidad humana.» «Debemos pensar que el enfermo es un hombre que es también un padre de familia, un individuo que trabaja y que sufre; y que todas esas circunstancias influyen, a veces, mucho más que una determinada cantidad de glucosa en la sangre. Así humanizaremos la medicina». «La medicina moderna tiende a ocuparse de la salud y de los sanos y el objetivo principal es ya no curar al enfermo sino evitar estar enfermo». «La medicina no sólo debe curar enfermos sino enseñar al pueblo a vivir, a vivir en salud y tratar que la vida se prolongue y sea digna de ser vivida». «Actualmente no puede haber medicina sin medicina social y ésta no puede existir sin una política social del Estado. ¿De qué sirve a la medicina resolver científicamente los problemas de un individuo enfermo, si simultáneamente se producen centenares de casos similares por falta de alimentos, por viviendas antihigiénicas –que a veces son cuevas – o por salarios insuficientes que no permiten subvenir debidamente las necesidades? Los problemas de la medicina, como rama del Estado, no podrán ser resueltos si la política sanitaria no está respaldada por una política social”.

Debido a reiterados problemas con varios ministros del gabinete de Perón, a un enfrentamiento con el Vicepresidente, almirante Tesaire, debido fundamentalmente a discrepancias que tenía con ellos por sus profundas convicciones católicas y algunos aspectos de su gestión Carrillo presentó su renuncia el 16 de junio de 1954, yéndose con su esposa y sus cuatro hijos a tratarse de algunos problemas de salud a los Estados Unidos aprovechando para dar una serie de conferencias en la Universidad de Harvard.

Desde allí se enteró de que el ministro de Salud del gobierno revolucionario, coronel Ernesto Alfredo Rottger, había ordenado entrar a su casa que fue saqueada, apropiándose de cuadros, condecoraciones, medallas, y todo objeto de valor que se encontró Además se confiscaron sus escasos bienes, que fueron interdictos. Le costó creer la destrucción de cientos de pulmotores que habían sido adquiridos para combatir la poliomielitis, y que se detuvo de inmediato la construcción de ese monumental hospital que había ideado, y que después se lo llamó el Elefante Blanco, que sería el más grande de Latinoamérica.

Aunque se puso a disposición del gobierno, para que lo investigaran no consiguió ninguna respuesta, y tuvo que soportar humillaciones, difamaciones, que se lo llamara “ladrón de nafta” y fuera exhibido por las nuevas autoridades como uno de los tantos ejemplos de corrupción.

Dada su precariedad económica y la imposibilidad de sostenerse en los EE.UU., consiguió trabajo en una empresa minera en Belem do Para (Brasil). Sus últimos meses fueron activos porque a pesar de su enfermedad trabajó en el Hospital Aeronáutico del lugar, y en de la Misericordia. Debió soportar el vejamen de saber que las autoridades, habían pedido a Brasil, que no se le prestara ayuda médica por ser un prófugo de la justicia.

Al analizar exámenes que le habían hecho, supo que le quedaban pocos meses de vida, y a pesar de ello siguió trabajando hasta que tuvo un derrame cerebral, que fue el prolegómeno de su muerte. No pudo contar con la ayuda de uno de sus discípulos que se negó a viajar para operarlo y tratar de salvarle la vida.

Los fundamentos de la acusación de sus simpatía con el nazismo

Hace algunos  años se echó a correr la versión de las supuestas simpatías de Carrillo con el nazismo  y pareciera que todo surgió del documental “El triángulo Rosa y la cura nazi para la homosexualidad”, de los cineastas Ignacio Steinberg y Esteban Jasper (2014), donde cuentan la vida y andanzas del médico danés Carl Vaernet, un fervoroso nazi, que fuera integrante de la SS y médico del campo de concentración de Buchewald. Según lo investigado por ellos, realizó experimentaciones con homosexuales, para ver si podía curarlos, entendiendo que se trataba de una enfermedad. Sus delirios científicos le permitieron, bajo la supervisión de la Gestapo, utilizar a los confinados en tratamientos hormonales que confirmaran sus teorías.

Al terminar la guerra, y después de una breve detención fue liberado por los aliados y viajó a Suecia donde obtuvo un salvoconducto. Se embarcó para la Argentina, llegando a Buenos Aires en 1947. Se cambió el nombre, siendo contratado por la entonces Secretaría de Salud Pública, y abrió un consultorio médico en el barrio norte, donde ejerció la profesión hasta su muerte. Esa contratación por unos pocos años, es la única prueba que se exhibiera hace unos días de manera obsesiva para demostrar el nazismo de Carrillo, debido a que ese médico cuya extradición nunca fue requerida y que operaba con nombre supuesto, estaba contratado en esa Secretaría de Estado. También habría que sumar un viejo antecedente de admiración hacia Hitler, por haber estado en Berlín unos pocos meses estudiando, debido a una beca otorgada por la Universidad de Buenos Aires. Aunque también estuvo en Holanda y Suiza entre los años 1932 y 1933. El solo hecho de haber estado en Alemania , cuando nadie imaginaba ni remotamente lo que sería el nazismo, es otra prueba que se exhibe  de su adscripción a las ideas del Tercer Reich.

¿Puede acaso suponerse que un funcionario de ese rango podía estar al tanto de los detalles sobre la  contratación de un médico, y en tal supuesto y con toda la documentación en regla que presentaba Vaernet, tenía Carrillo la obligación de saber quién era, máxime cuando no había ningún requerimiento por parte de las autoridades de ningún país de Europa? Con esos razonamientos falaces se podría llegar a cualquier parte, y me parece insostenible que después de años, y con la persecución tenaz que sufrió Carrillo, nadie haya sido capaz de enrostrarle esos calificativos, que ahora salen a la luz.

Durante su obligado exilio en Brasil, donde las autoridades argentinas, habían pedido su extradición, se lo investigo exhaustivamente. Se secuestraron sus papeles de trabajos, documentos, y todo lo que encontraron en el  Ministerio de Salud Pública. Buscaban obsesivamente algo que pudiera incriminarlo sobre posibles ilícitos económicos, actividades ilegales, y no encontraron nada, ni el más mínimo elemento que pudiera afectar su impecable trayectoria como funcionario. Si alguna idea afín al nazismo, si alguna contratación irregular hubieran podido exhibir, la hubieran divulgado con ese afán de  mostrar las ideas dictatoriales y la corrupción del gobierno derrocado. Fue inútil y debido a ello la Comisión Nacional Investigadora presidida por el Almirante Mc Lean, y finalmente por el Dr. Julio Martinez Vivot, después de interrogar a más de 700 personas, revisar papeles, y no poder encontrar nada se expidieron el  16 de febrero de 1957, la comisión elevando sus conclusiones al gobierno de Aramburu, mostrando que todas las contrataciones habían sido hecho legalmente, pero como al no poder probar nada, tenían  algo que decir finalizaron afirmando había que mostrar “sus lacras para los que creyeron y aún creen en ellos observando la verdadera piel de estos falsos corderos. Especialmente para que las generaciones futuras no se dejen impresionar por cantos de sirenas y recuerden una época nefasta y oprobiosa por la que el país ha pasado y que nunca ha de volver a repetirse, Dios mediante”.

Ramón Carrillo murió el 20 de diciembre de 1956, y no autorizaron a sus familiares a trasladar sus restos a Santiago del Estero donde había nacido. Recién en 1965, se le devolvieron a sus hijos sus dos únicas propiedades. Una de ellas, la quinta de Adrogué  que tenía una hipoteca por el 80% de su valor.

Finalmente en 1972, durante la presidencia de Lanusse, se pudieron trasladar sus restos desde Brasil, a su provincia de Santiago del Estero, donde finalmente descansa en paz.

Buenos Aires, mayo 19 de 2020

Artículo autorizado por el autor para su publicación.

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Una respuesta en Ramón Carrillo frente a la calumnia y los miserables

  1. BERNARDO 22 mayo, 2020 en 5:51 pm

    NO IMPORTA SI FUE UN HEROE O NO, NO IMPORTA LO QUE HIZO,
    LO IMPORTANTE ES DENOSTARLO PARA QUE NO REINVICARLO

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