Felipe Vallese, primer desaparecido político peronista

El 23 de agosto de 1962, siendo aproximadamente las 23:00, Felipe sale de su casa. En Morelos y Canalejas (hoy Felipe Vallese) se despide de su hermano mayor, Ítalo. Se dirige por Canalejas hacia la calle Caracas. Al llegar a la altura de Canalejas al 1776, es interceptado por varios hombres. Se aferra a un árbol, tratando de aferrarse a la vida, como presintiendo que esta vez puede ser la última.

Carnet de la Unión Obrera Metalúrgica.

Carnet de la Unión Obrera Metalúrgica.

Por Roberto Bardini. Felipe Vallese, primer desaparecido político peronista, Bajo el título Como en Chicago, el diario El Mundo publicó el 25 de agosto de 1962 lo que sigue: Rarísimo suceso en Flores Norte, que la policía dice ignorar. Frente al 1776 de Canalejas, a las 23:30 del jueves, un hombre fue secuestrado. Desde hacía varios días, había autos «sospechosos» en las inmediaciones. Una estanciera gris frente a aquel número; un Chevrolet verde en Canalejas y Donato Álvarez. Y un Fiat 1100 color claro, en Trelles y Canalejas. Dentro de ellos, varios hombres. Y otros, en las inmediaciones de los coches. A la hora citada, el automóvil de Donato Álvarez hizo guiños con los focos, señalando el avance del «hombre». Le respondieron, y todos convergieron sobre él. Se le echaron encima y lo golpearon. Y pese a que se aferró con manos y uñas al árbol que está frente al número señalado, lo llevaron a la estanciera gris, que partió velozmente con las puertas abiertas…

La información dice que varios vecinos, alarmados por los gritos, se acercaron al lugar. Un hombre armado con una pistola 45 los amenazó: Esto no es para ustedes. Píquenselas si no quieren ligarla . Se tuvieron que ir, pero avisaron a la policía. Al día siguiente, el reportero de El Mundo preguntó en la comisaría 50. Es la primera noticia que tenemos, le dijeron.

El secuestrado se llamaba Felipe Vallese, tenía 22 anos y trabajaba como obrero metalúrgico. Era peronista. Es el primer desaparecido político de Argentina.

Alumno, obrero y militante

Felipe nació el 14 de abril de 1940 en el barrio de Flores. Su padre, Luis Vallese, un inmigrante italiano, era dueño de una verdulería y había sido afiliado al MPE (Movimiento Peronista de los Extranjeros). El joven vivió una infancia dolorosa. Cuando aún era pequeño, su madre fue internada en una institución para enfermos mentales. El padre no se pudo hacer cargo de su educación y lo internó desde los nueve hasta los 13 años en una especie de orfanato en Mercedes, provincia de Corrientes. De regreso a Buenos Aires, Felipe y su hermano Ítalo ayudan a don Luis en el negocio. En un momento difícil de la situación económica familiar, el muchacho regresa a Corrientes y trabaja en las cosechas de algodón y lino.

En 1957, Felipe asiste a una escuela secundaria nocturna y se gana la vida como operador de máquinas en TEA (Transfilación y Esmaltación de Alambres) Al año siguiente, lo eligen delegado sindical. Tiene 18 años. En febrero del año 1958 desobedece, como varios otros compañeros, la orden de Perón de elegir a Arturo Frondizi para presidente y vota en blanco. Ese año participa de las movilizaciones estudiantiles en favor de la enseñanza laica y termina expulsado del colegio. También ese año va preso a la cárcel de Caseros, por organizar un paro. Vuelve a ser arrestado en enero 1959, por respaldar la huelga del frigorífico Lisandro de la Torre, en el barrio de Mataderos. Lo envían a un buque-cárcel de la marina junto con dirigentes más veteranos, como Sebastián Borro y Armando Cabo.

En abril de 1959, representantes de diversas agrupaciones juveniles peronistas realizan una asamblea general en el Sindicato de Empleados de Farmacia, cedido por Jorge Di Pascuale, el joven conductor del gremio, de 27 años. Del encuentro surge la Mesa Ejecutiva de la Juventud Peronista, integrada por Gustavo Rearte, Héctor Spina, Tito Bevilacqua, Tuli Ferrari y Felipe Vallese.

Cambio de guardia

A mediados de marzo de 1962, la Resistencia Peronista realiza atentados contra objetivos económicos en el interior del país, entre ellos el incendio de tanques de petróleo de la Shell en Córdoba. El gobierno de Arturo Frondizi aplica con intensidad el Plan de Conmoción Interna del Estado (Conintes). Más de 3 mil 500 personas son detenidas; en su mayoría, peronistas que han contribuido con sus votos al triunfo del presidente que ahora los persigue y encarcela.

Un solo abogado presenta dos mil quinientos habeas corpus: su nombre es Fernando Torres y está vinculado desde 1954 a la Unión Obrera Metalúrgica. Entre los jóvenes militantes apresados y condenados a prisión, se encuentran Dardo Cabo, Carlos Alberto Burgos, Gustavo Rearte, Tuli Ferrari, Héctor Spina, Jorge Rulli, Envar el Kadri y Felipe Vallese. Casi todos ellos, con el paso de los anos, se convertirán en figuras históricas de la Juventud Peronista, asociados a su etapa más combativa.

El constante uso de picanas eléctricas eleva el consumo de electricidad en las comisarías y los cuarteles. El diputado socialista Alfredo Palacios, a pesar de haber sido opositor a Perón, denuncia en el Congreso: Hoy también se tortura en el estado de derecho .

El 27 de marzo de 1962 los militares destituyen a Frondizi y lo mandan preso a la isla de Martín García. Dos días después colocan en la Casa Rosada al presidente del Senado, José María Guido, un oscuro legislador por Río Negro.

En la mira

Ítalo Vallese, hermano de Felipe, relata que el muchacho y otros militantes juveniles que se reunían en el Sindicato del Calzado, en la calle Yatay, eran vigilados por la Secretaría de Informaciones del Estado (SIDE), poco conocida en aquellos años. Más se conocía a la Coordinación Federal, organismo político represor de la Policía Federal, que aplicaba como método de tortura contra los militantes peronistas la conocida «parrilla», que consistía en acostar a los companeros en los elásticos de hierro de las camas de aquellos años, mojarlos y aplicarles la picana eléctrica.

El hermano hace la siguiente narración: El 23 de agosto de 1962, siendo aproximadamente las 23:00, Felipe sale de su casa. En Morelos y Canalejas (hoy Felipe Vallese) se despide de su hermano mayor, Ítalo. Se dirige por Canalejas hacia la calle Caracas. Al llegar a la altura de Canalejas al 1776, es interceptado por varios hombres. Se aferra a un árbol, tratando de aferrarse a la vida, como presintiendo que esta vez puede ser la última, como ya se lo habían advertido en otras oportunidades y pide ayuda. Para que se suelte, lo golpean. Logran reducirlo y lo introducen en una estanciera. Simultáneamente, en Plaza Irlanda, a pocas cuadras, otro grupo levanta a su hermano. Son trasladados a la comisaría primera de San Martín (provincia de Buenos Aires) y en días posteriores van siendo detenidos otros compañeros, compañeras y amigos de Felipe. En esta seccional son torturados y vejados. El 3 de septiembre recién se los «blanquea», bajo los cargos que Felipe poseía panfletos, libros y propaganda peronista. El caso toma estado público por la desaparición de estas personas. Dos jueces toman el caso, declaran falsas las acusaciones y después de tres meses de estar detenidos, torturados y humillados, son dejados en libertad. Pero Felipe Vallese no está entre ellos. Las informaciones que han podido anudarse permiten señalar que fue trasladado a un destacamento de José Ingenieros y luego a la comisaría de Villa Lynch. Es allí donde se pierde su existencia y se lo considera desaparecido. Se supone que murió en una de las sesiones de tortura .

Me han reventado

«Un hombre es torturado; sucumbe, o lo rematan, o se suicida; se escamotea su cadáver: no hay cadáver, por consiguiente no hay crimen. A veces un padre, una esposa, pregunta; se le responde: desaparecido, y el silencio vuelve a cerrarse.»

La frase pertenece a la escritora francesa Simone de Beauvoir y aparece al comienzo del libro Felipe Vallese – Proceso al sistema (*), patrocinado por la Unión Obrera Metalúrgica y publicado en agosto de 1965. Los autores fueron los abogados Rodolfo Ortega Peña y Eduardo Luis Duhalde, quienes contaron con la colaboración de Fernando Torres, asesor legal de la UOM.

El libro explica que el 7 de julio de 1962, poco más de un mes antes del secuestro, dos sargentos de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, fueron muertos en un tiroteo en un taller de baterías para coches. La policía señala como autor de las muertes a Alberto Rearte, de la Juventud Peronista. Lo buscan, y como saben que Vallese es su amigo también se dirigen a él.

Felipe está allí, en la primera de San Martín, en la que ha sido introducido por los fondos. Se queja de que «lo han reventado». Mercedes [Cerviño, otra detenida] le grita que siga hablando. Pero poco después, ante el silencio, comprende que Felipe se ha desmayado. Al rato, la policía se lo lleva del calabozo, al que ya no vuelve.

Tres precursores de los años de plomo

El principal sospechoso de la muerte de Vallese es el oficial sub-inspector Juan Fiorillo, jefe de la Brigada de Servicios Externos de la Unidad Regional San Martín, que entonces tenía 31 anos. Él dirige el secuestro y las sesiones de tortura. Fiorillo tiene un hermano, oficial de Gendarmería, quien hace circular la versión de que Felipe es comunista y se ha fugado a Cuba . Uno y otro tendrán varios discípulos en las décadas del 70 y el 80.

El policía reaparece en 1974 como integrante de la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A). Después del golpe militar del 24 de marzo de 1976, es lugarteniente del general Ramón Camps, jefe de la Policía de Buenos Aires. No pierde la costumbre: dirige el Comando de Operaciones Tácticas (COT) y tiene una oficina en la comisaría quinta, de La Plata, por donde pasan cientos de detenidos políticos. Con el apodo de Tano y Saracho es corresponsable del campo de concentración clandestino Omega, en la Capital Federal.

Fiorillo se retiró voluntariamente el 2 de diciembre de 1983 con el grado de comisario mayor, luego de ser jefe del Estado Mayor de la Policía. Era dueño de la agencia de vigilancia privada JF, en Vicente López, que fue clausurada en 2002 por el Ministerio de Seguridad de Buenos Aires.

Mientras la familia y los amigos buscan a Felipe, el Ministerio del Interior informa a los medios de comunicación que el sumario administrativo arribó a la conclusión de que Vallese no estuvo nunca detenido en San Martín ni en ninguna otra dependencia subordinada a la jefatura de La Plata. El subsecretario del Interior es un abogado católico de 30 anos, que mucho tiempo después publicará varios libros, entre ellos Los pensadores de la libertad (1986) y Bajo el imperio de las ideas morales (1987). Se llama Mariano Grondona.

Fuente: © Roberto Bardini | Bambú Press

(*) Felipe Vallese. Un libro de Rodolfo Ortega Peña y Eduardo Luis Duhalde

[Introducción]

El 23 de agosto de 1962 con el secuestro de Felipe Vallese a manos de la policía comienza el punto crítico de esta historia, el desencadenante dramático con su elemento simbólico: Felipe asido al árbol de la calle Canalejas, intentando inútilmente aferrarse a la libertad y a la vida, hasta que sus captores logran violentamente arrancarlo. Se pone en marcha entonces el círculo del horror: golpes-interrogatorio-torturas-indignación ante su silencio-golpes-interrogatorio-torturas, y así reiteradamente hasta cerrar el círculo, hasta que definitivamente terminan con la vida de Felipe, destrozado con puntillosa saña.

Un brutal hecho político y un nombre que queda como marca imborrable.

¿Cómo se llegó a aquel 23 de agosto? ¿Qué ocurrió después?

El libro que hoy se reedita conjuntamente con este trabajo fue escrito por Rodolfo Ortega Peña y por mí en 1965, al cumplirse tres años del secuestro, como parte de la batalla contra la impunidad de los autores del crimen. Texto que con el paso del tiempo se ha convertido en indispensable para conocer los detalles de las actuaciones judiciales impulsadas a fuerza de protestas, denuncias y movilizaciones, ya que a 37 años de su primera edición sigue siendo el único ensayo específico sobre el tema. 1.

Magra producción reflexiva para la gravedad del hecho por parte de una sociedad que entendió muy tarde, con mucha sangre y dolor, lo que Eduardo Pavlosvky 2 resume de este modo: -El olvido forma parte necesaria de una de las condiciones para la producción de un tipo de subjetividad que fabrica complicidad permisiva y que permite la construcción de nuevas máquinas de guerra, a veces desembozadamente represivas, y otras, formando parte de una maquinaria cada vez más sutil de control social. Recordar, en cambio, es ejercer estrategias de acción para la denuncia y desarme de esas mismas maquinarias. No es un problema de psicología social. Es un problema de tácticas y estrategias de acción política. Porque no se trata sólo de recordar el pasado. Se trata de denunciar el futuro represivo que se avecina con sus nuevas máquinas en gestación.3

La historia del secuestro, crimen y desaparición de Vallese, está narrada en esa pequeña obra de dos jóvenes abogados. Lo que no está en ella aunque sí, ínsita, es la historia del contexto político resistente de esos siete años transcurridos desde la caída del gobierno popular de Juan Perón, hasta el secuestro de Felipe. Tampoco está narrado cómo se fue generando en esos años y al calor de la lucha una nueva generación de la juventud peronista de la que Felipe Vallese fue mártir y símbolo, que se iría reproduciendo por millares hasta que la dictadura genocida del 76 llegara para aniquilarla.

Igualmente por su contemporaneidad, en el libro no hay registro suficiente de la forma en que se llevó adelante la investigación del caso, del papel cumplido por el periodista Pedro L. Barraza y sobre la repercusión de nuestro ensayo, ni cómo continuó con posterioridad la causa judicial hasta la condena parcial de los autores.

Está sí el envés de la historia narrada con su dramaticidad constitutiva y perversa: la de la represión política del 55 en adelante y la específica relacionada con Vallese, incluidos los asesinatos de Barraza y Ortega Peña y los atentados contra quien esto escribe, hasta llegar a los campos de exterminio (Omega y el Banco) de Suárez Mason y Camps, que puede reconstruirse teniendo como hilo conductor la propia biografía de un frío criminal: el comisario mayor de la Bonaerense Juan Fiorillo, partícipe en todos ellos.

Conocimientos contrapuestos: el de la represión y el crimen por un lado, y el de la resistencia y lucha por los derechos fundamentales, por el otro. Contradanza dramática de la memoria y el olvido reglado como saberes en pugna.

Pero hay más: hoy es posible abordar con más detalles la breve pero intensa vida militante de Vallese; el paso del tiempo ya no pone en riesgo a sus compañeros y también analizar el discurso político que acompañó la denuncia del secuestro, y las polémicas en torno al papel de la dirigencia sindical.

Éste es el propósito del presente trabajo: dar respuestas tentativas a los interrogantes señalados, al amparo del privilegio que me otorga haber sobrevivido a esta historia represiva, y con la carga de responsabilidad que me cabe en ese largo camino recorrido por la militancia.

Eduardo Luis Duhalde

Notas
1 Durante el año 2001 intenté localizar la causa judicial «Fiorillo, Juan y otros s/privación ilegítima de la libertad», es decir, las actuaciones del «caso Vallese», que deberían encontrarse archivadas en los tribunales de La Plata, sin que el expediente pudiera ser hallado. Las dos hipótesis más probables del !extravío» son: 1. que el propio Fiorillo las haya hecho desaparecer cuando fue lugarteniente de Camps durante la dictadura genocida; 2. que dicho expediente se haya agregado a algún otro cuando en 1984 se iniciaron las investigaciones sobre la actividad criminal de Fiorillo, paralizadas luego por la aplicación de la leyes de Obediencia Debida y de Punto Final. Lo cierto es que será muy difícil que futuros investigadores puedan consultar aquellos documentos, que en buena parte están en el libro que hoy se reedita.

2 Pavlovsky, Eduardo, Micropolítica de la Resistencia, Denuncia de una represión futura, EUDEBA, Buenos Aires, 1999. pág. 55

3 Este trabajo se refiere a una época que, desde distintos abordajes he encarado en una serie de publicaciones cuyos conceptos aquí se resumen. Entre ellos: El retorno de Perón y las luchas de la Resistencia Peronista, ediciones Historia Viva, Bs. As. 1995. Peronismo y Revolución (el debate ideológico en los 60: una experiencia), revista Confines N° 6, UBA, Bs. As. 1999. Estudio Preliminar a la Historia documental de las FAP y el PB, Ed. La Campana, Bs. As., 2002.

Fuente: Nomeolvides

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