Panorama de las elecciones presidenciales 2020 en EEUU

Bernie Sanders se define como «socialista» y propone un seguro médico para todos, educación gratuita para todos, la anulación total de la deuda estudiantil, la abolición de las cárceles privadas y la defensa del medio ambiente. Además, el domingo 23/2 en un debate elogió el programa de alfabetización lanzado por Fidel Castro y la revolución cubana. Por ese programa, casi revolucionario para EE.UU., fue denostado por Trump y sus competidores demócratas, especialmente Biden.

Trump está "obsesionado" con Bernie Sanders

Trump está «obsesionado» con Bernie Sanders

Por Sergio Ortíz. Demócratas: el progresismo de Sanders en serio riesgo. Trump gana su interna sin ningún problema. El 3 de noviembre próximo serán las elecciones presidenciales de EE.UU. Y están en marcha las primarias en el sistema bipartidista. Trump, asegurado. Sanders, acotado.

El sistema político norteamericano es escasamente democrático en el fondo de la cuestión, por los intereses económicos y políticos que defienden la mayoría de los candidatos de los grandes partidos intervinientes, republicano y demócrata. Hay muchos argumentos para esta crítica a la autoproclamada «mayor democracia del mundo»; si alguien mantiene una duda puede disiparla mirando a la actual administración Trump.

Sin embargo, esa gran verdad se disimula bajo un entretejido de palabras, propaganda y simulacros donde ese sistema parece una democracia verdadera. Por ejemplo, cuando en un año de elecciones presidenciales -son siempre el primer martes de noviembre, en este caso el 3 de ese mes- empieza el gran espectáculo de las primarias o internas de esos dos aparatos dominantes. El color rojo es para republicanos y azul para demócratas, pero esos opuestos no significan enemistad absoluta.
Incluso hay candidatos que han competido por un partido un tiempo y luego han pasado a revistar en el otro, sin mayor contrariedad. Michael Bloomberg hasta hoy intervino en la interna democrática como presidenciable, sin mayor éxito al punto que ayer decidió tirar la toalla y apoyar a otro representante del gran capital, Joe Biden, el exvicepresidente de Barack Obama. Blumberg hoy corría con los colores azules, pero antes fue tres veces alcalde de Nueva York por el partido republicano, con una gestión ligada a los negocios de Wall Street y condenatoria de pobres, latinos y afroamericanos.

Tan diferentes no son los dos jugadores top del sistema político estadounidense, que usan de símbolo al burro (demócratas) y el elefante (republicanos). ¿Qué culpa tienen esos pobres animales?
Bloomberg también ilustra otro aspecto clave: el rol del dinero en esos comicios. Por eso Fidel Castro (audaz, mordaz e inteligente, dirían en el viejo programa de TVR) llamó «plutocracia» al sistema yanqui, o sea «gobierno de los ricos».
Bloomberg, aspirante al trono demócrata, tiene una fortuna personal de 64.000 millones de dólares. Y gastó para participar sólo en las primarias del «súper martes» del 3 de marzo 559 millones de dólares. No ganó en ninguno de los estados y apenas cosechó 15 delegados en esa jornada, de allí su abandono de la carrera y su anuncio de que tributará a Biden.

En el otro banquillo del ring los aguarda el magnate Donald Trump, con una fortuna de 9.000 millones, sin el concurso de los cuales le habría sido imposible vencer en 2016 a Hillary Clinton. Ahora no gastó casi nada porque disfruta del aparato gubernamental y corre con mucha ventaja hacia el 3 de noviembre, al punto de haber ganado con amplitud el «súper martes» republicano. De los 87 delegados que se asignaron hasta ahora en esa interna, 86 fueron para Trump, uno para Weld y ninguno para De la Fuente.

La jornada clave en ambas agrupaciones fue ayer. En forma simultánea se votó en 14 estados: Alabama, Arkansas, California, Colorado, Maine, Massachusetts, Minnesota, Carolina del Norte, Oklahoma, Tennessee, Texas, Utah, Vermont, y Virginia.
Por el lado de los demócratas, los mejores resultados los obtuvo Biden, pues ganó en diez distritos: Massachusetts, Maine, Tennessee, Oklahoma, Alabama, Carolina del Norte, Minnesota, Arkansas, Virginia y Texas. Así resurgió de sus cenizas, pues venía perdidoso de las primeras tres internas: Iowa, New Hampshire y Nevada. Sólo había triunfado en Carolina del Sur.

Un duopolio

Quien venía liderando esa competencia era el senador por Vermont, Bernie Sanders. Ayer sólo ganó en cuatro: Utah, Colorado, Vermont y el más importante del país, California.
Cuando comenzaron las primarias demócratas había 27 precandidatos, símbolo de la supuesta pluralidad. Luego de las tres primeras compulsas quedaron 6 en carrera. Y tras el «súper martes» todo indica que sobrevivieron dos, Sanders y Biden. Otra vez un duopolio o monopolio de dos. El que gane en la convención nacional del sector, del 13 al 16 de julio en Milwaukee, Wisconsin, confrontará con Trump, que será proclamado del 24 al 27 de agosto en Charlotte, Carolina del Norte. Luego de eso, otra vez sólo dos en carrera hacia el comicio general del 3 de noviembre.

Si esos dos fueran Biden y Trump quedaría más claro el concepto de duopolio o monopolio de dos que implican, pues son parecidos representantes del gran capital y una potencia imperialista. El primero, vice de Obama ocho años, entre 2009 y 2017, y el segundo, magnate que de las Torres Trump se mudó al Salón Oval en enero de 2017 y podría quedarse otros cuatro años más, según algunas encuestas.
El «rara avis» es el senador Sanders. Su plataforma progresista incluye un seguro universal de salud que salvaría 68.000 vidas cada año y supondría un ahorro de 450.000 millones de dólares, como reiteró en un debate de campaña, citando un estudio de la Universidad de Yale. El candidato se define como «socialista» y propone un seguro médico para todos, educación gratuita para todos, la anulación total de la deuda estudiantil, la abolición de las cárceles privadas y la defensa del medio ambiente. Además, el domingo 23/2 en un debate elogió el programa de alfabetización lanzado por Fidel Castro y la revolución cubana. Por ese programa, casi revolucionario para EE.UU., fue denostado por Trump y sus competidores demócratas, especialmente Biden.

De 78 años, Sanders moviliza especialmente a los jóvenes, a diferencia de sus adversarios que tienen un público y electorado más conservador. Los precandidatos demócratas que se bajan, como Bloomberg, van a aportar sus votos a Biden, como una opción «moderada» y de centro-derecha. Creen que así pueden disputarle en mejores condiciones a Trump. Si impusieran como candidato al exvicepresidente, los comicios yanquis demostrarían otra vez que sólo sirven para mantener, con matices, el status quo de una superpotencia en decadencia.
El que desentona es Sanders. No es castrista sino socialdemócrata onda Dinamarca, pero concita en su contra el fuego enemigo y amigo. Si Bernie sigue en carrera y derrota a Biden, algo improbable, será lo único interesante de esa campaña pues todo lo demás es aburrido, engañoso y plutocrático. Mejor, volver a ver House of Cards.

Artículo enviado por el autor, Sergio Ortíz, para su publicación

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