Gobierno y oposición, en onda pagadora de la deuda

Los dólares del FMI a la Argentina, de los que se entregaron efectivamente 44.000 millones, sirvieron para la fuga de capitales y para financiar “la campaña electoral más cara de la historia”, según cuestionó Alberto Fernández antes y después de las PASO de agosto del 2019.

Carrió y Máximo Kirchner, principales exponentes del acuerdo sobre la deuda.

Carrió y Máximo Kirchner, principales exponentes del acuerdo sobre la deuda.

Por Sergio Ortíz. ¿Deuda externa fraudulenta? No. Para FDT y macrismo, tudo bem tudo legal. Gobierno y oposición, en onda pagadora de la deuda. Después de las negociaciones y concesiones de rigor, diputados del gobierno y la oposición macrista votaron en alegre unidad la ley para negociar y pagar la deuda pública en dólares. De investigarla, nada. 

Argentina sigue dando sorpresas. Era difícil pronosticar que la apocalíptica Elisa Carrió votara a favor de la pomposamente llamada “ley de restauración de la sostenibilidad de la deuda pública extranjera”. El proyecto enviado por el ministro de Economía Martín Guzmán fue recibido el martes 28 en la Comisión de la Cámara Baja y con dictamen favorable pasó al plenario, que la votó masivamente al día siguiente. Ese miércoles 29 hubo tres votaciones para asuntos que tienen mucha vinculación entre sí.

Primero se avaló el Expediente 0073-S-2019, autorizando el ingreso de tropas extranjeras y la salida de efectivos propios. La luz verde fue para la entrada de 5.330 norteamericanos y un portaaviones, que sumarán como reclutas a 130 locales en el ejercicio aéreo y naval “Gringogaucho”. Y también para que se realicen los operativos Unitas, igualmente navales, que EE UU viene haciendo en la región desde poco después de la irrupción de la revolución cubana. El sentido pro-norteamericano de esas maniobras militares está a la vista. Resultaría redundante decir que no apuntan a ejercitar a nuestra marina con vistas a recuperar las Malvinas…

Esa autorización tuvo el voto favorable de 214 legisladores de diversas bancadas, y solamente 2 se opusieron, del FIT. Si Nicolás del Caño y Romina del Pla hubieran dicho “son lo mismo” no habrían faltado a la verdad.

Después de esta muestra de buena voluntad hacia Washington en un tema estratégico, los legisladores analizaron la ley enviada por Economía. Faculta la negociación y autoriza el pago de los bonos de la deuda externa en moneda extrajera, para lo cual se utilizó un decreto de Mauricio Macri del año 2017 convalidando la prórroga de la jurisdicción extranjera. Si no hubiera acuerdo los acreedores llevarían el diferendo a la justicia neoyorquina que tan mal nos trató con el juez Thomas Griesa y sus fallos a favor de los “fondos buitres” de Paul Singer.

Otra vez se comprobó la vigencia del teorema de Baglini: mientras los opositores más se acercan al gobierno, más se alejan de sus propuestas más radicalizadas. En la campaña electoral de 2017 era común escuchar a los candidatos de Unidad Ciudadana y a CFK cuestionar en duros términos el endeudamiento externo. Y en la elección de 2019 hubo críticas más duras del Frente de Todos, de Cristina y Alberto Fernández, contra el híper endeudamiento macrista.

Sin chistar

Esas críticas fueron muy fuertes contra el crédito del FMI en 2018 por 57.000 millones de dólares, que omitió los pasos administrativos y legales. Esos fondos, de los que se entregaron efectivamente 44.000 millones, sirvieron para la fuga de capitales y para financiar “la campaña electoral más cara de la historia”, según cuestionó AF antes y después de las PASO de agosto.

En ese momento, Fernández involucró a las autoridades del Fondo como corresponsables de esa deuda espuria. Las acusó que sabían que esos fondos tendrían dos destinos: fuga y financiación de la reelección de Macri.

Como diputado nacional Axel Kicillof fue uno de los más incisivos en objetar la forma y el fondo de aquel endeudamiento. A mediados de 2017, las críticas se habían mezclado con las burlas para con el bono a 100 años por 2.750 millones de dólares emitido por el ministro de Hacienda, Luis Caputo.

En un giro copernicano, o baglinesco, el gobierno peronista redactó la ley de título tan rebuscado y anudó las alianzas con la oposición derechista para votarla. Y ese fue el resultado, pues la Cámara la sancionó con 224 votos a favor, sólo dos en contra, del FIT y una abstención, en tanto 29 se ausentaron al momento de votar, entre ellos dos diputados del PCR-Frente de Todos.

Cuando el Senado la convierta en ley (lo que ya ocurrió: Nota de Contrainfo), los acreedores extranjeros tendrán despejada la duda central, si es que la conservaban: el gobierno no investigará ni auditará ni menos repudiará parte alguna de la deuda externa. E irá a negociar a Nueva York y Washington, con algunas paradas previas en Buenos Aires, por ejemplo con la misión del Fondo que vendrá el 12 de febrero. El gobierno pedirá suspender tres años el pago del capital y alguna rebaja de los intereses que sí se pagarán, más una leve reprogramación de sus vencimientos.

Si a juicio de los acreedores esos pedidos fueran muy exagerados, tendrían dos cartas muy fuertes a jugar. Una es la amenaza de lo que Fernández y Guzmán juzgan como catástrofe: la caída de Argentina en default. La otra es ir con ese diferendo ante Loretta Preska, jueza de Nueva York que en 2018 reemplazó al muerto Griesa.

Así los bonistas privados y organismos financieros internacionales acorralan y ponen en jaque al presidente argentino, quien no piensa patear ese tablero de ajedrez. Su plan es presentar un frente interno lo más unido posible, incluyendo al macrismo, radicales y Carrió, como se vio el miércoles a la hora de los discursos y en los números finales de la pizarra. Esa sumatoria fue consecuencia de negociaciones previas entre Sergio Massa, Máximo Kirchner, Wado de Pedro y otros operadores del gobierno, con los gobernadores de la oposición como Gerardo Morales, Rodolfo Suárez, el jefe de gobierno de CABA Horacio Rodríguez Larreta y los referentes opositores Mario Negri y Alfredo Cornejo, entre otros

A cada uno lo suyo

Cada parte se llevó su tajada. El gobierno peronista tuvo el voto opositor para exhibir ante el Fondo un respaldo “nacional”.

Los opositores festejaron la creación de una mesa de trabajo para que las provincias negocien con Nación el vencimiento de sus deudas, que buscan demorar hasta 2024. Y también se alegraron con la tercera votación de ese miércoles: el Consenso Federal.

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