«Joker» (Guasón) o la violencia, ya insoportable, que nos está destruyendo

La Joker de Todd Phillips califica dentro del cine que perturba. De profundos desajustes mentales y lecturas psicoanalíticas, es una película incómoda, asfixiante y que coquetea con la incomprensión y la violencia perturbadora de su protagonista.

El Joker y la violencia en EE.UU

El Joker y la violencia en EE.UU

Por Michael Moore: «El miedo alrededor de Joker es una distracción para no ver la verdadera violencia que nos está desgarrando». Al tiempo que Joker se establece como uno de los grandes estrenos del año, también se sitúa al centro de las controversias. Algunos han dicho que es problemática y que romantiza la violencia, pero otros aseguran que es una película necesaria. El documentalista Michael Moore, autor de Bowling for Columbine y Fahrenheit 9/11 elogió el mensaje del filme. «¿Cuánto tiempo ha pasado desde que vimos una película que aspirara al nivel de Kubrick?», escribió en un posteo que reproducimos a continuación.

Joker, «Guasón» en Hispanoamérica es una película sobre la violencia, basada en el personaje de DC Comics Joker. La dirigió Todd Phillips a partir de un guion que escribió con Scott Silver. Protagonizada por Joaquin Phoenix como Joker, junto con Robert De Niro, Zazie Beetz, Bill Camp, Frances Conroy, Brett Cullen, Glenn Fleshler, Douglas Hodge, Marc Maron, Josh Pais y Shea Whigham. El Joker, un comediante fallido; se hunde en la locura y se convierte paulatina e inconcientemente
en la cabeza de un levantamiento criminal en masa.

Director de Joker: “No puedes culpar al cine por un mundo que está tan jodido que cualquier cosa lo puede destruir”. Es un estreno que difícilmente pasará desapercibido. El desquicio y violencia encarnado por Joaquín Phoenix incomoda al nivel de cuestionarse los aciertos y errores de la sociedad actual. Calificada como excesivamente agresiva, la nueva encarnación del villano de Batman ha dado -y sigue dando- que hablar.

Es un estreno que difícilmente pasará desapercibido. El desquicio y violencia encarnado por Joaquín Phoenix incomoda al nivel de cuestionarse los aciertos y errores de la sociedad actual. Calificada como excesivamente agresiva, la nueva encarnación del villano de Batman ha dado -y sigue dando- que hablar.

La noche del miércoles fui al Festival de cine de Nueva York y fui testigo de una obra maestra cinemática, la película que el mes pasado ganó el gran premio a la mejor película del Festival internacional de Venecia. Se llama Joker, y todos los estadounidenses hemos oído hablar de esta película de la que debemos temer y mantenernos alejados. Nos han dicho que es violenta, enferma y moralmente corrupta, una incitación y celebración del asesinato. Nos han dicho que la policía estará afuera de cada función en caso de que haya “problemas”. Nuestro país está en una situación de desesperanza, nuestra Constitución está hecha pedazos y un maníaco imprudente en Queens tiene acceso a códigos nucleares, pero por alguna razón, deberíamos estar asustados de esta película.

Yo sugeriría lo opuesto: el mayor daño a la sociedad podría ocurrir si NO vas a ver esta película, porque la historia que cuenta y los problemas que plantea son tan profundos, tan necesarios, que si quitas la mirada de esta genialidad de pieza artística, te perderás el regalo del reflejo que nos está ofreciendo. Sí, hay un payaso perturbado en ese espejo, pero no está solo, nosotros también estamos ahí.

Joker no es una película de superhéroes, supervillanos ni de cómics. Está situada en algún punto entre los años 70 y 80 en la ciudad de Gotham, y los cineastas no intentan disfrazar la ciudad por otra cosa que lo que es: la ciudad de Nueva York, el cuartel central de todo lo malo, la de los ricos que nos gobiernan, de las corporaciones a las que servimos, y de los medios que nos alimentan con las noticias sin profundidad que ellos creen que tenemos que absorber.

Esta semana que pasó, la semana en que el presidente gobernante se acusó a sí mismo y -al más verdadero estilo de Joker- se burló de la incapacidad de Mueller y los demócratas de detenerlo, dándoles todo el material que necesitaban. Pero incluso así, diez días después de alardear de su culpabilidad, seguía sentado en la oficina oval, con sus códigos nucleares manchados por la grasa de un KFC (Kentucky Fried Chicken), así que dio la orden de echar a andar el helicóptero. El sonido de las aspas acelerando sólo significaba un alerta para que los periodistas corrieran a la “conferencia de prensa” diaria. Trump salía hacia la cacofonía ensordecedora de la aeronave y de manera pública y criminal, le pedía a la República Popular de China que interfiera en las elecciones de 2020 mandándole información sucia acerca de los Biden. Él y la alfombra mágica que tiene por cabello se alejaron y excepto por el ciudadano que reclamaba “¿Puedes creerlo?”, no pasó nada más.

Joker, la risa triste
La Joker de Todd Phillips califica dentro del cine que perturba. De profundos desajustes mentales y lecturas psicoanalíticas, es una película incómoda, asfixiante y que coquetea con la incomprensión y la violencia perturbadora de su protagonista.

Mientras este fin de semana se estrena Joker, (en los días que llega a trabajar) Trump Jr. sigue sentándose en la oficina oval, soñando sobre sus nueva conquistas y su corrupción. Pero esta película no es sobre Trump, es sobre el Estados Unidos que nos dio a Trump, el país que no siente la necesidad de ayudar a los marginados y a los desprotegidos. El Estados Unidos en que los inmundamente ricos se vuelven más ricos e inmundos.

En esta historia hay una pregunta desconcertante: ¿Qué pasa si un día los desposeídos deciden pelear de vuelta? (Y no me refiero a aparecer con un portapapeles ofreciéndole a la gente registrarse para votar). La gente se preocupa de que esta película sea demasiado violenta para ellos. ¿En serio? ¿Considerando todo por lo que estamos pasando en la vida real? Permites que tu colegio lleve a cabo simulacros de tiroteos con tus niños, dañándolos emocionalmente de manera permanente, mostrándole a los pequeños que esa es la vida que hemos creado para ellos.

Joker deja en claro que realmente no queremos llegar al fondo del asunto o intentar entender por qué hay gente inocente que -cuando ya no puede soportar más- se convierte en Jokers. Nadie quiere preguntar por qué dos jóvenes inteligentes se saltaron su clase de filosofía francesa avanzada en la secundaria de Columbine para asesinar a 12 estudiantes y un profesor. ¿Quién tendría el atrevimiento de preguntar por qué el hijo del vicepresidente de General Electric entraría a la primaria de Sandy Hook en Newton, Connecticut, para hacer explotar los pequeños cuerpos de 20 niños de primer grado? ¿O por qué el 53% de las mujeres blancas votaron por un candidato presidencial que ha revelado en público su talento como un depredador sexual?

El miedo y los gritos alrededor de Joker son una artimaña, una distracción para que no miremos a la violencia real que está desgarrando a nuestros compañeros humanos. Los 30 millones de estadounidenses que no tienen seguro de salud es un acto de violencia. Millones de mujeres abusadas y niños viviendo en el miedo es un acto de violencia. Amontonar a 59 estudiantes como sardinas sin ningún tipo de valor en las salas de clases de Detroit es un acto de violencia.

Mientras los medios de comunicación esperan atentos al próximo tiroteo, a ti, a tus vecinos y a tus colegas, ya les han disparado numerosas veces, con tiros directos a cada uno de sus corazones, esperanzas y sueños. Tu jubilación ya se acabó hace tiempo. Estás endeudado por los próximos treinta años porque cometiste el crimen de educarte. Has llegado a pensar en no tener hijos porque no tienes suficiente corazón como para traerlos a un planeta que está muriendo y en el que 20 años después de nacer tendrán una sentencia de muerte. ¿La violencia en Joker? ¡Alto, deténganse! La mayoría de la violencia en la película es la que se comete contra el mismo Joker, una persona que necesita ayuda, alguien que trata de sobrevivir en una sociedad codiciosa. Su crimen es que no logra conseguir ayuda. Su crimen es que es el centro de un chiste en que los ricos y famosos se ríen de él.

El rey de la autocompasión (payasadas)
Guasón parece una gran apuesta, un filme jugado, osado, oscuro, arrebatador, pero es una franquicia ultra apoyada por Warner Bros (lindo el logo viejo pero no todo gesto retro vale en sí mismo) que dice correr riesgos pero que corre pocos.

Cuando el Joker ya no lo puede soportar sí te sentirás terrible, pero no por la -poquísima- sangre que se ve en pantalla, sino porque tú estabas alentándolo y -si eres honesto cuando eso pasa- le agradecerás a la película por conectarte con un nuevo deseo de no correr a la salida de emergencia más cercana para salvar tu propio trasero, y en vez de eso, ponerte de pie, pelear y centrar tu atención en el poder no violento que tienes en tus manos todos los días.

Gracias Joaquin Phoenix, Todd Phillips, Warner Bros. y a todos los que hicieron esta importante película en este tiempo importante. Me encantaron los múltiples homenajes a Taxi Driver, Network, Contacto y Tarde de Perros. ¿Cuánto ha pasado desde que vimos que una película aspirara al nivel de Stanley Kubrick? Anda a ver esta película, lleva a tus hijos adolescentes. Saca tus propias conclusiones.

Fuente: LaTercera

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