«Para que haya menos pobres tiene que haber menos ricos»

Hoy, una ironía brutal, que parece disparada de una alianza entre Dios y el Diablo, conectan al pobre con el rico a través de la basura. Qué triste y macabro sarcasmo relacionan hoy al pobre con el rico. Hoy el pobre, de un contenedor de basura de la calle, calma su hambre engullendo los restos y deshechos de manjares que antes el rico saboreó.

Los ricos viven hasta once años más que los pobres en ciudades como Barcelona

Los ricos viven hasta once años más que los pobres en ciudades como Barcelona

Por Jorge T Colombo. El pasado domingo hablamos de los POBRES, hoy hablamos de su opuesto, los RICOS. Y como suele admitirse, la culpa de la pobreza es la riqueza. El Secretario General de Cáritas, aseguró: «Para que haya menos pobres tiene que haber menos ricos».

Algún pensador griego de la antigüedad, entendió que la acumulación por la acumulación misma es una actividad contra la naturaleza. Acumular, sin que la acumulación tenga como objetivo mejorar la vida de todos, deshumaniza. Porque como siempre nos preguntamos, ¿para qué carajo nos juntamos, nos agrupamos en tribus, aldeas, ciudades o lo que sea, si luego caemos en la trampa de convivir con los demás miembros del grupo social, mostrando nuestros costados más miserables?
A tantos años de distancia, quizás nos resulte exagerado o propio de una época superada, sostener la idea de que el comercio y la usura son, en sí mismas, actividades improductivas. Además de condenables e inservibles.

Claro, decía el griego, comprar o prestar dinero son actividades en sí mismas, improductivas. Son inservibles, porque desperdician el tiempo humano, y son condenables porque no consideran que lo que una comunidad produce es de todos, ya que lo produce el esfuerzo de todos.
Producir para acumular, sin el concurso de otros, es imposible, por eso los bienes son sociales, esencialmente.
Aristóteles usaba la palabra «crematística» para explicar la conducta del que tiene inclinaciones y habilidades especiales para atesorar bienes o dinero. Bastante más tarde, Marx habla de las indeseables consecuencias de la «maldita sed por el oro», o sea la pasión del dinero por el dinero mismo.

Veamos una parte de la novela Robinson Crusoe, del inglés Daniel Defoe, escrita a inicios del 1700. Robinson, como sabemos, es un náufrago que vivirá 28 años en una isla antes de ser rescatado. Como buen inglés con sentido práctico y colonialista, lo primero que hace es recoger todas las cosas más útiles del barco destruido: semillas, herramientas, abrigos… Sobrevive muchos años con creatividad. Un día, después de 15 años, entre todas las cosas que obtuvo del barco y que no utilizó, encuentra un cofre llenos de monedas de oro que jamás tocó. Mira el oro y su pensamiento desata la siguiente reflexión. ¡Qué sentido tiene ser dueño de lo que no se puede disfrutar! No necesitó tocar, durante 15 años, ni una moneda de oro. Vivió de las provisiones de la naturaleza. Este maravilloso pasaje de la novela, nos conecta de nuevo con el pensamiento de Aristóteles y con el de Marx. El hombre inventó el dinero, la acumulación y la idea de propiedad, pero dinero, acumulación y propiedad son imposibles en soledad. Deben existir otros seres humanos para que usemos el dinero, para que lo acumulemos y para que nuestra sensación de propietarios tenga algún sentido.

Pero también, uno de los padres teóricos de capitalismo, ADAM SMITH, escribió su más famoso libro y lo llamó LA RIQUEZA DE LAS NACIONES, poco tiempo antes de la Revolución Francesa, a fines del siglo 18. Sin considerar ahora las buenas intenciones que pudieron moverlo a escribir sobre la relación entre la economía y la sociedad, resulta interesante que el padre del capitalismo hable, desde el título mismo, de «RIQUEZA DE LAS NACIONES«. Dos o más hombres, un grupo indeterminado de hombres, constituyen la misma NACIÓN si y sólo si se reconocen como pertenecientes a la misma NACIÓN. O sea que las naciones hacen al hombre. Las naciones son construcciones a partir de creencias y convicciones comunes y de la necesidad de fidelidad y solidaridad que naturalmente surge entre ellos mismos. Quizás por eso ADAM SMITH habla de riqueza como de algo que nace, se desarrolla y permanece en el seno de una NACIÓN. No habla de individuos aislados, habla de NACIÓN como COMUNIDAD. SMITH era consciente que la creación de riqueza es el resultado de un esfuerzo conjunto, no individual. El ser humano aislado, solo, puede sobrevivir, como el náufrago Robinson, pero para eso no necesita ni dinero, ni acumular, ni título de propiedad.

La riqueza como anomalía social, o el mismo rico, conscientemente o no, agravia al pobre, lo lastima, lo maltrata, lo sojuzga, lo avasalla, lo coloniza, lo elimina, lo ofende, lo excluye, lo margina, lo insulta. La riqueza sospecha del pobre por el solo hecho de ser pobre, lo prejuzga.
Para la riqueza, ser pobre es ser sospechoso e indeseable. La riqueza considera a determinada forma de hablar o de vestir o de caminar, como atributos de la pobreza y de la delincuencia potencial. Una persona «bien entrazada» no despierta desconfianza ni sospecha, aunque bajo su aspecto exterior se halle un lavador de dinero, un evasor, o un estafador de «guantes blancos».
Amplios sectores de la sociedad en la historia del capitalismo -sobre todo los de la clase media- entendieron y aún entienden, que es propio de una conducta normal, empeñarse, durante buena parte de una vida de alrededor de escasos 80 años, en ganar más dinero para, supuestamente, «vivir mejor». También se asumió como normal, acumular algo de dinero o bienes para enfrentar posibles emergencias, de salud, por ejemplo, o también para poder concretar el sueño de algún viajecito importante. Y por supuesto, comprar una o dos propiedades con plazos de 30 o más años -un tercio o más de la vida- para zafar del yugo del alquiler y tener un cobijo en caso de tiempos difíciles.
Estas conductas son artificiales, son disposiciones culturales en todo caso y generadas por el mismo sistema. Incluso podemos considerarlas «normales». Aún cuando, por ejemplo, el budismo expresa que el afán por el dinero está basado en una errada conexión con la idea de felicidad.

Pero lo cierto es que estamos atravesando una era, como nunca antes en la sociedad liberal-capitalista, que está signada por la rapiña y la codicia casi sin límites. El mismo sistema capitalista generó su huevo de serpiente. Y a pesar de múltiples indicios y sospechas advertidas por algunos grandes pensadores solitarios, jamás los ojos de la mayoría de los humanos se acercaron lo suficiente al huevo como para advertir al trasluz de la delgada cáscara, que dentro se gestaba la forma de la serpiente de la codicia. La mayoría olvidó que la mortaja no tiene bolsillos.
La idea de un estado de bienestar se suplantó por la idea grotescamente individualista de que el buey solo bien se lame. El plan neoliberal dominante empuja hoy, a la condición humana, a la avaricia y la codicia, convertidas fraudulentamente en valores falsos a través de una educación meramente utilitaria, de un entretenimiento narcotizante y de un periodismo y una justicia que marchan al compás del soborno para que actuemos según la ley de la selva.

En una oportunidad, recientemente, a un grupo de alumnos de una universidad privada, se les formuló una pregunta para que reflexionaran y elaboraran ideas o conclusiones al respecto. La pregunta fue: «¿Atenta contra la libertad del ser humano, la propiedad privada? Tras una semana, el total de los alumnos, con variadas explicaciones, llegó a la conclusión de que la propiedad privada limita y hasta elimina la libertad del ser humano. Si la pregunta no se les hubiera formulado, los estudiantes quizás nunca se la hubieran formulado. Los estudiantes fueron invitados a PENSAR.

Hoy la riqueza se acumula en pocas personas y genera una irritante y peligrosa desigualdad.

Hoy, una ironía brutal, que parece disparada de una alianza entre Dios y el Diablo, conectan al pobre con el rico a través de la basura.
Qué triste y macabro sarcasmo relacionan hoy al pobre con el rico. Hoy el pobre, de un contenedor de basura de la calle, calma su hambre engullendo los restos y deshechos de manjares que antes el rico saboreó.

EDITORIAL del DOMINGO 14 DE ABRIL DEL 2019. «El Tiempo Me Enseñó» / FM 94.5 / Rafaela / A partir de las 10 AM. / Conducen: Gabriel Faber y Jorge Colombo. Con la participación de Mónica Foti.

Texto enviado por el autor para su publicación

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