La burguesía nacional argentina no da peras

“Creo que los militares se complicaron al meterse en el asunto de Malvinas, pero hicieron lo que querían hacer a través de Martínez de Hoz porque, más que los militares, el cerebro del golpe del '76 fue él. Se detuvo el proceso de industrialización, se ató la economía al Fondo Monetario Internacional y se definió la política exterior como "relaciones carnales", es decir, de dependencia total.

Arturo Jauretche. Retrato de Sara Facio

Arturo Jauretche. Retrato de Sara Facio

Por Alberto J. Franzoia. El trabajo de Arturo Jauretche más logrado desde el punto de vista sociológico lleva por título “El medio pelo en la sociedad argentina”, escrito y publicado por vez primera en 1966; nada menos que con tres ediciones entre noviembre y diciembre de dicho año. Si bien su objeto de estudio está constituido por ese amplio sector social que da título al texto, y cuyo denominador común, más allá de sus distintos componentes, consiste en que todos ellos comparten un falso estatus, el autor recorre un inmenso territorio histórico que comienza con los tiempos coloniales y concluye en días cercanos a los que esta obra es presentada al lector. Contrainfo.com

Uno de los momentos más reveladores para nuestro futuro nacional contenido en el Medio Pelo, es cuando Jauretche se refiere a los tres fracasos históricos de nuestra burguesía. Lo primero que se impone aclarar es que Don Arturo, a diferencia de muchísimos historiadores y sociólogos argentinos, nunca confundió los conceptos burguesía nacional y oligarquía. Por lo que cuando se refiere a los fracasos de la primera, lo hace teniendo en cuenta las posibilidades nunca realizadas de contar con una clase social no sólo capitalista como nuestra oligarquía, sino también capaz de dar impulso a un auténtico capitalismo nacional mediante la inversión de una parte significativa de sus beneficios en la expansión de las fuerzas productivas, lo cual supone el desarrollo de una fuerte y diversificada industria nativa. Es desde esa perspectiva que Jauretche emite veredicto y sin pelos en la lengua considera los tres grandes fracasos históricos de nuestra burguesía.

Fracasos de una clase que no fue, imposibilitando de esa manera el desarrollo del capitalismo nacional. Drama de tres actos hasta el momento en que Jauretche escribe su texto. Primero con la caída de Rosas, que había favorecido el desarrollo de la industria del saladero, luego con la generación del 80, cuando la unidad nacional con gran expansión de la ganadería y agricultura modernas gestó una nueva posibilidad para la inversión productiva integral, y finalmente con el impulso al desarrollo de la industria durante los dos primeros gobiernos de Perón. En sus dos primeros fracasos Jauretche se refiere a una clase terrateniente que desaprovechó la posibilidad de constituir una burguesía nacional al tomar como grupo de referencia (en sus hábitos y comportamiento de clase) a la aristocracia europea. En el tercero se trata directamente de una burguesía industrial nacida al amparo del apoyo peronista, que renuncia a consolidarse como clase rectora, pues toma como grupo de referencia a la “aristocracia local”, o para ser más precisos a la ya consolidada oligarquía.

Sin embargo la historia no termina allí, porque si bien Don Arturo no vivió para dar cuenta de ello, se podría afirmar que hay un cuarto fracaso de esa gran burguesía que nunca fue. Sostuvo Norberto Galasso durante el año en curso refiriéndose a la última dictadura cívico-militar: “Creo que los militares se complicaron al meterse en el asunto de Malvinas, pero hicieron lo que querían hacer a través de Martínez de Hoz porque, más que los militares, el cerebro del golpe del ’76 fue él. Se detuvo el proceso de industrialización, se ató la economía al Fondo Monetario Internacional y se definió la política exterior como “relaciones carnales”, es decir, de dependencia total. Además, se sofocó a la clase trabajadora con los contratos basura y todas las medidas antipopulares que se tomaron. Lograron producir las condiciones para que se forjara un grupo de empresas o consorcios que podrían haber sido una burguesía nacional en el sentido de tratar de desarrollar una economía propia, pero no fue así. Macri, Bulgheroni, Pérez Companc casi todos ellos nacen en el ’45, ’46, ’47, ’48, pero se vinculan al mercado externo como Techint, por ejemplo, que vende la mayor parte de su producción afuera, o Aluar, que también vende la mayor parte afuera. Esto dificulta el pacto social porque a estas empresas les gusta trabajar con salarios bajos y, si venden adentro, necesariamente, les guste o no, tienen que darles a los trabajadores un poder de demanda de compra para poder colocar su mercadería. Si venden afuera, como habitualmente lo hacen Bulgheroni o Pescarmona, el país queda convertido en una factoría en la que hay una clase económica dominante integrada por la Sociedad Rural, industrial en algunos aspectos de estos grandes consorcios y comunicacional en la concentración poderosa de Clarín, por ejemplo. Estos grupos no quieren el protagonismo popular ni la redistribución del ingreso. Ese es, precisamente, el quiebre que se da en 2003, por lo que han apelado y siguen apelando a todo, incluso a lo más cruel y más bajo para no perder sus privilegios que están ligados al gran capital multinacional”.

Es decir que cada vez que hubo condiciones objetivas para gestar un capitalismo nacional, la clase que lo ha impulsado en los países hoy desarrollados (la burguesía) aquí defeccionó; no llegó a constituirse como tal perdiendo el rumbo en Europa, o ya constituida se extravió en las pautas que guían a la oligarquía nativa. Como la lógica de acumulación capitalista de dicha clase está inscripta en el circuito de la comercialización y especulación con condiciones muy favorables, no esencialmente en el de la producción, hemos tenido y tenemos un empresariado que en realidad no es burgués. Por eso mucho más que una gran burguesía nacional ha terminado siendo oligarquía por su comportamiento objetivo de clase. Incluso cuando han incursionada en el sector industrial, optaron por especular un mercado nacional muy reducido pero controlado monopólicamente o como bien dice Galasso, en las últimas décadas prefieren vender en el exterior convirtiendo al país en una factoría y vinculándose en condición de socio menor al gran capital multinacional. Comportamiento que no ajeno al de su grupo de referencia: la oligarquía tradicional.

Esta clase por su renuncia a ejercer como burguesía nacional, impulsando un desarrollo sostenido y diversificado de nuestra economía, está incapacitada para constituirse en la cabeza de un frente nacional y popular, o inclusive para acompañar con decoro un proceso de necesarias transformaciones. Así lo ha demostrado con datos concretos, como permite constarlo cualquier estudio medianamente objetivo de nuestro pasado, y cualquier mirada atenta a la situación presente. Por eso, cada vez que se convoque a nuestra supuesta “burguesía nacional” para integrarse a un proceso de cambios profundos, que sirvan para dar por tierra con la Argentina oligárquica y dependiente del capital extranjero imperialista, no se hará más que pedirles peras al olmo.

La Plata, 24 de septiembre de 2014

Fuente: Redacción Popular

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