Creative Commons cumplió diez años

Cuando Lawrence Lessig, Hal Abelson y Eric Eldred, entre otros, lanzaron las licencias Creative Commons existían pocas opciones al “todos los derechos reservados” del copyright. Apenas, el dominio público, que libera todos los derechos de una obra. Existía el copyleft, basado en las cuatro libertades del software libre de Richard Stallman. Aplicar las libertades del software libre a una obra cultural permite a cualquier usuario usarla, modificarla, distribuirla y mejorarla haciendo públicos los cambios.

Creative Commons - La creación se defiende compartiédola

Diez años de Creative Commons. La cultura libre está de enhorabuena. Las licencias Creative Commons acaban de cumplir diez años. Desde el pasado día 7 hasta mañana (día elegido para el aniversario), el mundo está conmemorando con múltiples actos, campañas, eventos y encuentros esta primera década de Creative Commons, las licencias que crearon una alternativa más visible al estricto ‘todos los derechos reservados’ del copyright.  Contrainfo.com

La información oficial del cumpleaños está recopilada en la web 10.creativecommons.org. En Europa se ha lanzado una mixtape con música libre remezclada. En México, Wikimedia ha lanzado un editatón (un maratón de edición) para mejorar artículos de la Wikipedia relacionados con Creative Commons. Y el etcétera de conmemoraciones es larguísimo.

La mayoría de licencias Creative Commons permiten la libre copia del contenido. El hecho de que el contenido pueda ser copiado y divulgado fuerza la transparencia.

El mundo que lucha contra el copyright está de fiesta. Y están corriendo ríos de tinta. Curiosamente, algunas personas del mundo libre han escrito artículos tan críticos como este Diez años de Creative Commons: ¿algo que celebrar? (David García Aristegui) en LaMarea.com. El texto crítica cómo el mercado saca tajada de estas licencias a costa de de los creadores y de instaurar una nueva era del “todo gratis”. Sin embargo, medios más conservadores como El Confidencial empiezan a elogiar unos tipos de licencias que hasta hace muy poco eran invisibles, porque son una alternativa de mercado. ¿Qué está pasando? ¿Creative Commons salvará a los creadores del copyright talibán o será su perdición? ¿En qué quedamos?

Creative Commons (CC) (puede traducirse como “(Bienes o productos) Comunes Creativos”). Se trata de una organización sin propósito de lucro; su central está ubicada en la ciudad de Mountain View, en California, Estados Unidos. Permite usar y compartir tanto la creatividad como el conocimiento a través de una serie de instrumentos jurídicos de carácter gratuito.

Los lectores habituales de este blog saben perfectamente qué es Creative Commons. Pero probablemente haya alguno que no haya escuchado hablar de este tipo de licencias. Por eso, voy a intentar argumentar de una manera sencilla por qué creo que las licencias Creative Commons han beneficiado a la humanidad. Intentaré que lo entienda el más analógico de los lectores. Claro que hay críticas a Creative Commons. El mercado puede aprovecharse de ellas para bajar el coste de producción o el valor de ciertas obras. Están basadas en el copyright, como el copyleft (pero es una forma de hackearlo). El copyleft es una licencia (y movimiento) más amplio: apenas 3 de las 6 licencias Creative Commons (España) son copyleft. Prevalece el reconocimiento de la autoría individual frente al carácter colectivo de la obra del dominio público. Otro tipo de licencias, como el copy far left (así sería la más abierta de Creative Commons, que permite la explotación comercial de la obra ajena), reivindican la posesión de los medios de producción por parte del creador.

Sin embargo, me parece que el beneficio de la existencia de Creative Commons ha sido muy grande. Las licencias Creative Commons son buenas para la humanidad. Han cambiado muchas cosas. Han abierto una puerta. Son buenas para la humanidad porque…

Porque crearon una alternativa de mercado. Cuando Lawrence Lessig, Hal Abelson y Eric Eldred, entre otros, lanzaron las licencias Creative Commons existían pocas opciones al “todos los derechos reservados” del copyright. Apenas, el dominio público, que libera todos los derechos de una obra. Existía el copyleft, basado en las cuatro libertades del software libre de Richard Stallman. Aplicar las libertades del software libre a una obra cultural permite a cualquier usuario usarla, modificarla, distribuirla y mejorarla haciendo públicos los cambios. Sin embargo, no había un camino intermedio que permitiese al creador escoger el grado de libertad de su obra. Con Creative Commons, el autor puede elegir el “algunos derechos reservados” y regalar la obra a particulares y cobrar si existe un uso comercial por un tercero. Puede liberar totalmente la obra hasta el “ningún derecho reservado”. O puede cerrarla hasta el ”todos los derechos reservados”.

Creative Commons

Creative Commons

Porque incentivan la transparencia. La mayoría de licencias Creative Commons permiten la libre copia del contenido. El hecho de que el contenido pueda ser copiado y divulgado fuerza la transparencia. Interesante: algunos Gobiernos o instituciones están usando licencias abiertas. La Casa Blanca, el Parlamento de Italia, el Parlamento de Australia, el portal de Datos Abiertos de Brasil o el Institut D’Estadística Catalunya usan licencias Creative Commons. La lista es gigante y crece cada día.

Porque crean una nueva ética de la atribución. La ética hacker de la que hablaba Pekka Himanen en su ya mítico libro es diferente. Está basada, entre otras cosas, en lo colectivo, en la atribución, en lo compartido, en la colaboración. Usar licencias abiertas, abrir el código de una obra, querer que circule al margen del valor de mercado, abre una puerta inédita en el mundo del copyright. Llevo muchos años publicando textos con licencias abiertas. Y nunca me he encontrado a nadie ‘robándome el trabajo’. Citan la fuente, respetan mi trabajo. Las licencias Creative Commons obligan la atribución (reconocimiento de la fuente).

Porque son buenas para el periodismo. El texto Diez años de Creative Commons: ¿algo que celebrar? de David García Aristegui afirma que las licencias Creative Commons son malas para el periodismo. No puedo estar más en desacuerdo. Son buenas. Muy buenas.

Porque incentivan la divulgación del conocimiento. La cultura es más que mercado. El conocimiento, el acceso al mismo, debería estar por encima del valor de mercado. Las licencias Creative Commons están incentivando la circulación del conocimiento. La lista de universidades y centros de educación que están disponibilizando recursos con Creative Commons no para de crecer. El Harvard Open Access Project de la universidad de Harvard es un buen ejemplo. Mientras el Gobierno de España intenta convertir la Universidad pública en un rincón para ricos subiendo tasas, la universidad de las élites del mundo es gratis. Y en parte gracias a las licencias abiertas.

Porque son buenas para el periodismo. El texto Diez años de Creative Commons: ¿algo que celebrar? de David García Aristegui afirma que las licencias Creative Commons son malas para el periodismo. No puedo estar más en desacuerdo. Son buenas. Muy buenas. El caso de 20 Minutos, pionero en el uso de Creative Commons, es un buen ejemplo de reputación ganada, de atribución cruzada y de transparencia. Todas las publicaciones del grupo Nature usan Creative Commons. También lo hacen Al Jazeera, ProPública o el site de crowd funding periodístico Spot.us. En fotografía existen muchos casos de éxito, como el del fotógrafo Jonathan Worth, que gracias a Creative Commons consiguió llegar al mercado. El hecho de que Flickr permita ya subir una foto y usar licencia Creative Commons está causando una pequeña revolución en el mundo del fotoperiodismo. Y yo creo que es muy buena. El caso del Fotomovimiento.org (del movimiento 15M español) o de Fora do Eixo en Brasil (que ya han conseguido portadas en Folha de São Paulo), es un buen ejemplo.

Porque legitiman la remezcla. Algunos tipos de licencias Creative Common son copyleft y permiten las obras derivadas. Modificar la obra no sólo es legítimo, sino que puede enriquecer la misma. En la música, han nacido comunidades de obras libres como Jamendo, donde cualquier pueda remezclar. En la literatura han surgido proyectos como Remix my lit, que incentivan la remezcla de textos. Algunos escritores, como el popular Cory Doctorow, usan licencias Creative Commons. Yo habilité una sala de remezclas para mi obra #24H que con copyright habría sido imposible. Del Ramayana a Picasso, del mester de juglaría a proyecto 15M.cc, la remezcla es un bien inconmensurable para la humanidad.

Porque construyen sociedad, valores compartidos, solidaridad. El caso de España es bastante peculiar. La sociedad española es una de las que más está empujando el carro de la cultura libre, el copyleft, la remezcla, lo abierto, lo compartido. De hecho, hasta el año 2011 España figuraba en lo más alto de todos los rankings en cuanto a obras licenciadas con Creative Commons. En CC Monitor (que no está actualizado), España aparece en segundo lugar, casi igualado con Estados Unidos en número de obras. Aunque no existe un registro exhaustivo al respecto y el número puede ser muy superior, España tiene según CC Monitor 9.224.224 obras licenciadas con Creative Commons. Casi 4 veces más que Alemania. Siete veces más que el Reino Unido. En España no sólo existe cultura con Creative Commons. Existe arquitectura. Semillas copyleft. Muchos abogados, como Javier de la Cueva o David Bravo, cuelgan todo su trabajo con licencias abiertas. Y un número creciente de medios (será el siguiente post de este blog). Sin embargo, el Gobierno español es uno de los más retrasados en aplicación de licencias abiertas en sus sites y uno de los más retrógrados en la aplicación de leyes digitales, como la Ley Sinde-Wert. La aprobación del Canon Digital, que había sido declarado ilegal por la Unión Europea, justo cuando arrancaron las conmemoraciones de los diez años de Creative Commons, es muy sintomática. El divorcio poder-sociedad sigue creciendo. Y Creative Commons ayuda, en definitiva, a la creación de la República del 99%.

Por David García Aristegui. Diez años de Creative Commons: ¿algo que celebrar?

Hasta en RTVE ya se habla con normalidad de temas que eran conocidos casi en exclusiva por hackers y forofos de la cultura libre, como son las licencias Creative Commons – CC: “tal día como ese en 2002 se publicaron las primeras versiones de estas licencias que tienen como objetivo principal dotar a los autores de una herramienta que les permita decidir la manera en la que su obra va a circular por Internet que se aleje de la de «todos los derechos reservados» y que se adapte a la nueva realidad que supone vivir en un mundo en el que la tecnología permite hacer copias digitales de casi cualquier obra”.

Las CC son el intento de aplicación de la filosofía del copyleft -permitir la libre distribución de copias y versiones modificadas de una obra u otro trabajo- a los productos culturales. El quid de la cuestión es que está filosofía funciona muy bien en el ámbito donde surge, los programas informáticos, pero no acaba de cuajar a nivel profesional en periodismo, música, literatura… Las CC han abierto debates que, a día de hoy, no se han conseguido resolver: si tiene todo el sentido que un programa informático pueda ser analizado, modificado y distribuido incluso comercialmente por Internet, no está nada claro que eso sea aplicable a fotos, canciones o libros. De un programa informático no se puede hacer una parodia: funciona o no funciona, se instala o no se instala. Pero no sucede lo mismo con los llamados productos culturales: las personas que crean suelen tener muchos -y razonables- reparos en ver sus textos, canciones o fotos fragmentadas y/o descontextualizadas. O bien que simplemente no les paguen por su uso -hablaremos de esto más adelante-, modificándolas o no.

Si analizamos con cierta perspectiva lo que ha supuesto en la práctica el uso de las CC en España, el balance no es demasiado positivo. En los medios de comunicación se comenzó a oír hablar de la filosofía del copyleft y de las licencias CC como herramientas para que asociaciones culturales y/o bares de copas no pagaran a la SGAE (Ladinamo, Birdland, Disco Bar Metrópoli, Buena Vistilla Social Club etc.). Las licencias CC se presentaban como una herramienta para la filosofía de internet de “todo gratis” (menos el ADSL), cuando en realidad se diseñaron para que los creadores pudieran tener más control sobre cómo distribuir su obra, e intentar compensar los habituales excesos de la industria y las entidades de gestión a la hora de cobrar por los derechos de autor.

Y ya en pleno 2012 nos entramos cómo nos explotan en la cara las contradicciones de las CC. En informática el mantra es “regala tus programas y vive del soporte”. Pero… ¿esto cómo es de aplicable en ámbitos como el periodismo? Hoy por hoy, las licencias CC son un factor más en la precarización absoluta que se da en el mundo del periodismo. Un ejemplo concreto: recientemente la periodista de El País María Hervás preguntaba al quincenal Diagonal como citar una foto de su periódico. Un trabajador de ese medio le aclaró como hacerlo, añadiendo “podéis pagársela al fotero”. Lo sangrante del caso es que Diagonal utiliza un tipo de licencia que permite que El País o cualquier otro medio, citando adecuadamente, pueda utilizar todos sus contenidos de manera gratuita, incluso remezclándolos y modificándolos. Imaginamos que los periodistas freelance no deben de estar muy contentos con los medios que utilizan licencias como Diagonal.

El intento de superación del «todos los derechos reservados» está suponiendo en la práctica el facilitar la apropiación del trabajo ajeno sin remunerar, y sin distinguir entre El País, un partido neonazi o un blogger fan de tu trabajo. Después de diez años de CC… ¿hay algo que celebrar?

(David García Aristegui – Cultura libre)

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