Rosa Parks. La libertad no se concede, se toma

El conductor del ómnibus gritó, “¿No te vas a levantar?”. “No”, respondió ella. “Bueno, voy a hacer que te arresten”, declaró él. “Puedes hacerlo”, fue la tranquila respuesta de Rosa Parks. Un oficial de policía llegó al lugar. Cuando le preguntó por qué no se levantaba, ella respondió con una pregunta, a su vez, “¿Por qué todos ustedes están empujándonos por todos lados?”

Rosa Parks, la afroamericana que protagonizó un acto de desobediencia civil que desencadenó el fin de las leyes de segregación racial en EEUU

Rosa Parks, la afroamericana que protagonizó un acto de desobediencia civil que desencadenó el fin de las leyes de segregación racial en EEUU

La libertad no se concede, se toma. Rosa Parks, la mujer negra que en 1955 marcó el inicio del movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos, falleció a los 92 años en su casa en Detroit, Michigan el 25 de Octubre del 2005. Contrainfo.com

Hay momentos en los que una simple palabra cambia la historia… en los que un día ordinario adquiere significado eterno… y hay luchas en las que una persona solitaria se convierte en el líder que transforma el mundo. Cuando Rosa Parks se rehusó a obedecer la orden del conductor del ómnibus, de cederle el asiento a un pasajero blanco, y dijo la simple palabra, “No”, la campana del cambio repicó en la historia de los afroamericanos.

Los blancos adelante y los negros atrás… si no había asientos suficientes para los blancos, los afroamericanos tenían que levantarse y cederles los suyos.

Yo me encontré por primera vez con Rosa Parks en el campus de la Universidad Soka de los Estados Unidos (SUA) en California, el 30 de enero de 1993. Quedé inmediatamente conmovido por su calidez y maternal personalidad. “Esta debe ser la amabilidad que encanta a todos”, pensé. Ella tenía una sonrisa genuina en sus labios todo el tiempo; era humilde, y sin embargo, se podía ver que era una persona de convicción inflexible.

En una encuesta publicada en los Estados Unidos en 1973, en la que se solicitó a los historiadores y estudiosos que nominen a quienes consideraban ellos como las mujeres estadounidenses más influyentes del siglo XX, Rosa Parks, fue considerada como la número tres. La lista fue encabezada por la primera dama y activista social, Eleanor Roosevelt. Sin embargo, a pesar de su fama, Rosa Parks siempre se mantiene en medio de las personas comunes.

Rosa Parks es una leyenda viviente, ampliamente conocida como “la madre del movimiento por los Derechos Civiles”. Su historia es narrada en los textos de escuela de todos los Estados Unidos y en muchas otras naciones de todo el mundo. En verdad, casi nadie ignora quién es ella y qué es lo que hizo. Pero su increíble historia demanda que se la narre otra vez.
El 1 de diciembre de 1955, en Montgomery, Alabama, Rosa Parks entonces de 42 años, estaba retornando a su casa desde su trabajo en la sección de corte y confección de una tienda por departamentos.

Rosa Parks arrestada por la Policía, fichada y encarcelada. Su delito fue no haberle cedido su asiento del autobús en el que viajaba, a un hombre blanco que se lo exigía. También el activista Martin Luther King Jr fue encarcelado en el marco de su lucha por los derechos de las minorías.

Rosa Parks arrestada por la Policía, fichada y encarcelada. Su delito fue no haberle cedido su asiento del autobús en el que viajaba, a un hombre blanco que se lo exigía. También el activista Martin Luther King Jr fue encarcelado en el marco de su lucha por los derechos de las minorías.

Al abordar el ómnibus ella notó que el conductor era el mismo desagradable hombre que la había forzado a bajar del ómnibus en una ocasión previa, unos 12 años antes. Esa vez el fondo del ómnibus había estado lleno, de modo que ella se había subido por la parte delantera –y por esa razón, el conductor la había sacada del vehículo.

Los blancos adelante y los negros atrás… si no había asientos suficientes para los blancos, los afroamericanos tenían que levantarse y cederles los suyos. En esa época se practicaba muy abiertamente todo tipo de discriminación, diseñadas para hacer que los afroamericanos se sientan inferiores y para ‘mantenerlos en su lugar’. Este conductor de ómnibus no había cambiado en 12 años, “Lo mejor que podrían hacer ustedes sería levantarse y dejarme esos asientos”, amenazaba ahora él. Otros se levantaron, pero ella permaneció inmóvil.
“Yo no veía cómo el pararme podía ser ‘mejor’ para mí, observa Rosa Parks en su autobiografía. “Mientras más cedíamos y obedecíamos, peor nos trataban”.

La trágica historia de sangre y lágrimas de miles de sus amigos afroamericanos estaba detrás de la determinación de esta solitaria mujer que rehusaba moverse. Sus ancestros habían sido traídos a los Estados Unidos en barcos de esclavos, los habían tratado como ganado, y habían muerto por millares luego de grandes sufrimientos. Las madres eran azotadas ante los ojos de sus hijos, y los padres observaban, sin esperanza y con desesperación, cómo sus hijos les eran arrebatados para luego venderlos. Aún después de que fuera abolida la esclavitud, los afroamericanos fueron explotados, linchados y muertos, casi como deporte.

“Yo he experimentado muchos eventos tristes. Muchos, muchos”, me dijo Rosa Parks. “Un joven afroamericano fue arrestado bajo el cargo de violar a una mujer blanca. Él era completamente inocente, pero fue arrestado a la edad de 17 años… y fue finalmente ejecutado a los 21”
Rosa Parks había estado trabajando con su esposo Raymond, y otros para tratar de salvar a esas víctimas, pero se encontraron frente a una pared de opresión racial. Era absolutamente evidente que las autoridades civiles, las leyes, los medios de comunicación y el pueblo estadounidense en general, todos, pisoteaban los inalienables derechos de seres humanos de sus semejantes, como si esto fuese perfectamente normal y aceptable.
Rosa Parks ya había tenido suficiente intimidación. Como dijo ella, mientras más soportaba, más ásperamente era tratada.

Rosa Parks, en el autobús de Montgomery, Alabama. Desde allí empezó su abierto desafío a los EEUU blancos

Rosa Parks, en el autobús de Montgomery, Alabama. Desde allí empezó su abierto desafío a los EEUU blancos

El conductor del ómnibus gritó, “¿No te vas a levantar?”.
“No”, respondió ella.
“Bueno, voy a hacer que te arresten”, declaró él.
“Puedes hacerlo”, fue la tranquila respuesta de Rosa Parks.
Un oficial de policía llegó al lugar. Cuando le preguntó por qué no se levantaba, ella respondió con una pregunta, a su vez, “¿Por qué todos ustedes están empujándonos por todos lados?”

Este incidente puso de relieve una explosión de ira entre la población afroamericana de Montgomery, sin duda, en parte por la cálida consideración que se le tenía a Rosa Parks, debido a que ella había sido respetada desde mucho tiempo atrás como una mujer cálida, alegre e inteligente. Se organizó un boicot al servicio de ómnibus, conducido por el joven activista por los derechos humanos Martin Luther King. Treinta mil afroamericanos que previamente habían sido clientes de los ómnibus actuaron en solidaridad. En lugar de viajar en ómnibus, caminaban o se reunían para viajar en auto. Un afroamericano propietario de una empresa de taxis también ayudó a los viajeros bajando sus tarifas hasta hacerlas comparativas con las de los ómnibus.

La retribución fue severa. Rosa Parks fue acosada con amenazantes llamadas telefónicas. Los diarios imprimían falsos rumores, y en la casa del doctor King fue colocada una bomba. Pero la solidaridad de la gente siguió inconmovible, y su movimiento no violento espoleó la conciencia de los Estados Unidos y el mundo.

Un año después, la Corte Suprema declaró inconstitucional la segregación en los ómnibus. Desde ese momento, el movimiento por los derechos civiles cobró un tremendo ímpetu, levantando una oleada hacia la igualdad de derechos para los afroamericanos.

Una idea cuyo tiempo ha llegado es incontenible. El coraje de esta solitaria mujer fue como una chispa que encendió un campo seco.

El doctor Martin Luther King declaró:
Ella estaba anclada a ese asiento por las indignidades acumuladas de días pasados y la ilimitada aspiración de generaciones todavía no nacidas. Ella fue una víctima tanto de las fuerzas de la historia como de las fuerzas del destino. Ella había sido capturada por el Zeitgeist –el espíritu del tiempo.

Yo he oído que, antes de mi reunión con Rosa Parks, muchas de las personas que la rodean estaban muy cautelosas con los japoneses debido a las observaciones racistas manifestadas por algunos de nuestros políticos. Uno puede imaginar que toda suerte de movimientos pueden tratar de explotar su nombre por sus causas, de manera que ella tiene que ser muy cuidadosa. Estas preocupaciones se evaporaron completamente durante su visita al campus de la SUA.

“Una idea cuyo tiempo ha llegado es incontenible”

Ella llegó en medio de las notas de “We Shall Overcome” cantadas por un coro de bienvenida. En el momento en que nos encontramos, sentí una chispa de reconocimiento que nos atravesaba porque yo, también, había pasado mi vida trabajando por una causa. Sin palabras, la determinación de Rosa Parks, sus lágrimas y sus esperanzas, reverberaron en mi propio corazón. Ella, también, dijo que sintió que se reunía con un viejo amigo.

En esa ocasión, yo invité a Rosa Parks a visitar el Japón, y ella acepto con gusto, viajando en mayo de 1994. Esto sorprendió a muchos que la conocían, porque ella nunca antes había viajado más allá de los vecinos inmediatos de los Estados Unidos.

Durante su visita al campus de la Universidad Soka en el Japón, ella sollozaba mientras escuchaba el coro de los estudiantes. Ella explicó que le recordaba a una joven japonesa, sobreviviente de la bomba atómica que estalló en Hiroshima, a quien ella había conocido en los Estados Unidos. “Esa joven gustaba de los cantos corales, también”, recordó ella. Escuchando el cantar de estas jóvenes, ella no pudo contener sus lágrimas. Así es su amabilidad y sensibilidad, porque ella siempre abraza los sentimientos de los demás.

Rosa Parks relató que fue su madre quien la crió para que sea fuerte: “Mi madre me enseñó el autorrespeto. Ella siempre insistía, ‘No hay ley que diga que la gente tiene que sufrir’”.
Ahora, a pesar de sus 80 años de edad, Rosa Parks se mantiene como una incansable defensora de los derechos civiles, y trabaja para asegurar la igualdad de todas las personas. Oro porque se mantenga bien y fuerte por siempre.

Es llamativo cómo grandes revoluciones pueden comenzar con gestos aparentemente minúsculos y sin importancia. Nunca mejor dicho que en este caso.

Las hazañas de Montgomery

No recuerdo cuándo ni dónde leí por primera vez eso de que “las democracias no producen epopeyas”, pero desde entonces lo he meditado muchas veces. Y mi mejor conclusión es simplemente retrucar “… ¡cuando funcionan!”.

Tal cosa no ocurría por cierto en el Sur de los Estados Unidos tan sólo cuarenta años atrás. El estigma del prejuicio y la discriminación racial se hallaba grabado en el cuerpo de la sociedad con la violencia indeleble del hierro candente. En la ciudad de Montgomery, Alabama, una de las tantas paradigmáticas comunidades donde la tradición marcaba el paso, existían leyes segregacionistas aprobadas. Los negros no sólo eran relegados económica y laboralmente, sometidos a una condición de inferioridad permanente, reprimidos por las autoridades y marginados de derechos fundamentales como el voto o la libre expresión, sino que debían sufrir la humillación cotidiana de no poder compartir con los blancos los mismos lugares públicos: escuelas, restaurantes, salas de espera; incluso los baños y bebederos lucían ominosos letreros de “blancos solamente” o “negros no”. Era imposible que ciudadanos de las dos razas compartieran un taxi, puesto que los conductores blancos sólo servían a pasajeros blancos, y los negros tenían un sistema especial para ellos. Los autobuses, por ejemplo, estaban divididos con una línea, pero si el sector blanco se completaba, los pasajeros de color debían levantarse para acomodar a los que ascendían.

Es llamativo cómo grandes revoluciones pueden comenzar con gestos aparentemente minúsculos y sin importancia. Nunca mejor dicho que en este caso. El 1º de diciembre de 1955, Rosa Parks, una modesta y tranquila costurera, subió al autobús en la Avenida Cleveland camino a casa luego de una larga jornada de trabajo. Tomó asiento detrás del departamento reservado a los blancos, y a medida que recorría las calles observaba cómo el vehículo se llenaba lentamente; al poco tiempo, el chofer se acercó a ella y le ordenó, junto a otros tres negros, que dejaran sus lugares a los pasajeros blancos que acababan de ingresar. No había otros asientos libres, así que tendría que ceder su sitio a un varón blanco y proseguir de pie el resto del trayecto. En una reacción sin precedentes para la comunidad de Montgomery, la señora Parks, serena pero firmemente, se negó.

El resultado inmediato fue su detención. La noticia circuló como reguero de pólvora por la ciudad, y la imagen de la policía arrestando a una mujer de porte humilde y equilibrado, de la que no podía imaginarse ni sombra de provocación, causó su impacto. Pronto los líderes negros se pusieron en campaña, y la circunstancia hizo surgir en la escena al joven pastor de una iglesia bautista local, quien, desconocido hasta ese momento, sería luego admirado en todo el mundo como uno de los máximos paladines de los derechos civiles del siglo XX: el Reverendo Martin Luther King Jr.

El clérigo no sólo traía consigo el carisma y la voluntad inquebrantable, sino también un método de lucha: la resistencia pacífica concebida por el Mahatma Gandhi para expulsar al Imperio Británico de la India. Determinaron llevar a cabo un boicot a los autobuses. Clandestinamente diseminaron un panfleto instando a la comunidad negra a abstenerse de usar el servicio a partir de la mañana del 5 de diciembre. Y el efecto fue fulminante. Puesto que dos tercios de los usuarios eran de color, los autobuses viajaban vacíos como fantasmas; la gente caminaba hasta sus lugares de trabajo, a veces recorriendo ocho o nueve kilómetros, o se organizaba colectivamente en taxis y autos particulares. Todo se realizó en silencio, sin incidentes y con la cabeza alta. Cuando se les preguntaba cómo se sentían, algunos negros contestaban: “Mis pies, cansados; mi alma: ¡liberada!”. La protesta atrajo la atención de todo el país, pero lo que comenzó siendo una acción casi espontánea acabó en un movimiento prolongado que puso a prueba la madurez de toda una colectividad. Los blancos no relegarían fácilmente sus privilegios; habría arduas negociaciones, procesos legales, amenazas telefónicas y personales, arbitrariedades y represión manifiesta, y la aparición siempre cobarde e intimidatoria del ominoso Ku Klux Klan. El propio Martin Luther King fue encarcelado, su casa bombardeada y su reputación jaqueada con calumnias. Sin embargo, no cejó, y la comunidad negra tampoco. Fueron once meses de paciencia y orgullo tenaz, hasta que la resistencia dio sus frutos: el 13 de noviembre de 1956 la Suprema Corte de la Nación declaró inconstitucionales las leyes referentes a la segregación de los autobuses en Alabama.

Lejos de festejar una victoria, el reverendo King proclamó una toma de conciencia general para evitar todo tipo de euforia y mantener las normas de cordialidad y no violencia durante el proceso de integración de los vehículos públicos. El triunfo estaba asegurado, pero la lucha por liberar al país del racismo y la opresión apenas comenzaba.

El epílogo de la gesta de Montgomery aún pone lágrimas en los ojos de algunos viejos. Vencido moral y legalmente, el Ku Klux Klan reinició las hostilidades mediante una política sistemática de amenazas. Cuarenta coches repletos de encapuchados con sus distintivos atavíos se propusieron recorrer las avenidas del barrio negro. Esperaban que, como siempre, el miedo metiera a las víctimas en sus casas. No hubo tal cosa. Hallaron al pueblo volcado en las calles, cientos de miradas calmas pero resueltas que los enfrentaban en cada acera y cada esquina; hombres, mujeres y niños confiados en el nuevo respeto a sí mismos que habían ganado a pulso… Sin saber cómo reaccionar ante la sorpresa, la caravana del terror dio la vuelta y se marchó por donde vino.

Fuente: Avizora / Atajo

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