Presidenta, no tenga dudas

La presidente Cristina Kirchner, en su extenso discurso de apertura de sesiones ordinarias en el Congreso Nacional, visiblemente emocionada, dijo que por momentos, tiene "dudas" sobre "si vale la pena seguir adelante", tras recordar una vez más a su finado esposo.

Presidenta Cristina Fernandez de Kirchner

Por Alfredo Raúl Weinbstal * 

La presidente Cristina Kirchner, en su extenso discurso de apertura de sesiones ordinarias en el Congreso Nacional, visiblemente emocionada, dijo que por momentos, tiene “dudas” sobre “si vale la pena seguir adelante”, tras recordar una vez más a su finado esposo.

Como un simple ciudadano, sin ninguna pretensión, ni mucho menos, de arrogarme la representación de los 16 millones de argentinos que no la votaron, quisiera a través de esta nota dejar asentado algunas reflexiones referentes a las dudas que tiene la Sra. presidente.

¿Puede alguien abandonar su función sabiendo que sin la impunidad de su cargo, comenzará un largo desfile por los tribunales federales para responder a la larga lista de demandas judiciales por delitos de corrupción y otros relacionados por mal desempeño en su gestión?  Y que a consecuencia de ello, seguramente pasará largos años en una celda de una prisión federal.

En primer término creo nuevamente, y tengo pleno derecho a suponerlo en base a sus numerosos antecedentes, que la presidente volvió a teatralizar, sabiendo que con ello puede impactar en el sentimentalismo y la parte emotiva que es característica de los argentinos.

Esa frase fue simplemente un poco más, de su ya sistemática actuación teatral.

No obstante quisiera analizar esa frase presidencial.

¿Puede alguien en su sano juicio abandonar su gestión después de dos meses de haber asumido nuevamente su cargo, elegida por el 54% de los votos válidos?

¿Puede alguien abandonar voluntariamente su cargo, que le ha permitido hacer uso indiscriminado del poder para satisfacer sus increíbles fantasías, manejar el país irresponsablemente como si fuese un feudo propio e  incrementar su fortuna personal en forma verdaderamente escandalosa (durante su gestión y la de su difunto esposo).

¿Puede alguien con una personalidad narcisista y ególatra como lamentablemente tiene Cristina, renunciar y vivir sin  su séquito de aduladores, aplaudidores y lamecolas?

¿Puede alguien abandonar el gobierno, sabiendo que deja tras si un verdadero agujero negro, nunca visto en nuestra historia, dejando en su reemplazo al botarate “cantante y guitarrista de la campera” que la reemplace y condenar así al país a entrar en un verdadero y peligrosísimo estado de anarquía?

¿Puede alguien abandonar su función sabiendo que sin la impunidad de su cargo, comenzará un largo desfile por los tribunales federales para responder a la larga lista de demandas judiciales por delitos de corrupción y otros relacionados por mal desempeño en su gestión?  Y que a consecuencia de ello, seguramente pasará largos años en una celda de una prisión federal.

Y así siguiendo, habría más preguntas para formularse.

Conociendo simplemente a nuestra presidente por lo que informan los medios y por su permanente actuación en la televisión, la respuesta es categóricamente que no.

Para que quede más claro, Cristina de ninguna manera  renunciará voluntariamente a su cargo de presidente de los argentinos.

Pero como todas las cosas y hechos de esta vida, habría entre otros muchos, un enfoque también realista como el anteriormente mencionado, pero con resultado diametralmente opuesto. Es el siguiente:

–        La situación política y económica del país se va deteriorando a pasos agigantados a consecuencias de los graves y gruesos errores que se fueron sumando a lo largo de casi una década y que ahora en esta difícil coyuntura, van aflorando y explotando en manos de la presidente.

–         El gobierno es casi en su totalidad, un conjunto de incapaces e inútiles, muchos de ellos sospechados de corrupción, (entre ellos el bobalicón motoquero guitarrista de pelo largo) sin capacidad para solucionar los graves problemas que afloran por doquier, agravados por el hecho que hay varias líneas internas enfrentadas entre sí, que hacen imposible la cohesión del equipo gobernante, impidiendo el  trabajo armónico en conjunto. Más que un gabinete parece una bolsa de gatos.

–        Lo mencionado hace que el gobierno sea prácticamente inmanejable, casi una utopía. La presidente  no tiene en quien confiar, con su notorio desequilibrio psíquico, perdida en sus fantasías irreales, sin rumbo y su capacidad de gestión actualmente es casi nula.

–       Las bases que masivamente la han votado hace solo pocos meses por lo expresado en el punto anterior y por una grave sucesión de torpezas mayúsculas y absurdos errores, repentinamente han despertado a la realidad y han comenzado lenta pero continuamente retirarle el apoyo que sostiene a este contradictorio gobierno.

–       Que al acabarse los fondos a los cuales echaba mano el gobierno, su “política más eficaz”,  se interrumpió la permanente compra de voluntades y conciencias.

–       Que por lo expresado tiene necesidad de realizar lo que siempre dijo que no haría: un salvaje ajuste a las tarifas de los servicios públicos que incide fuertemente en el costo de la vida, en particular en la de los niveles más deprimidos y echar mano escandalosamente a las reservas del Banco Central.

–       La corrupción es cada vez más escandaloso lo que es agravado por la actitud de la presidente, quien en vez de despedir a los presuntos delincuentes, los apaña y protege. Casi da la impresión, de una asociación ilícita destinada a por depredar las arcas y los bienes de los argentinos.

Y así se podría seguir enumerando un inmenso listado de factores altamente negativos.

Las dos alternativas que señalé precedentemente, la de no abandonar el poder y esta última, por los factores  que acabo de enumerar,  resignar el poder, llevarán indefectiblemente a la presidente y a muchos de sus funcionarios a los juzgados para rendir cuentas y finalmente a largos años en la cárcel.

Pero hay una importante diferencia, que la presidente, si tiene solo un mínimo de responsabilidad y amor a la Patria debería considerar.

Es sabido que los pueblos son veleidosos y cambiantes y esos cambios de humor y deseos son en general, muy repentinos. En poco tiempo pueden pasar del blanco al negro, del amor al odio, del apoyo al repudio.

Es también sabido que el poder desgasta rápidamente. Que las segundas partes no son buenas…y mucho menos las terceras. Todos estos aspectos no los tuvo en cuenta Cristina. Tampoco ningún colaborador se lo hizo ver.  O se lo hicieron ver, pero ante su desmedida ambición y autismo no lo quiso ver ni oír en su verdadera dimensión…como con tantas otras cosas.

La presidente debería saber que las masas, cuando están desencantadas o frustradas, viendo como los políticos no encuentran soluciones y observan el dispendio y despilfarro de sus dineros, se vuelven agresivas y violentas. Más aún cuando son conducidos por dirigentes alterados.

Y Cristina y su gobierno están enfrentados con casi todos los sectores de la sociedad. Algunos la desprecian, otros la odian, otros la odian mucho, pero todos están malhumorados, disconformes y fuertemente disgustados.

Y ahí está el problema. Cuando los pueblos se enojan y pierden la paciencia puede ocurrir lo que dijo Perón en su oportunidad, “va a tronar el escarmiento”. Y la situación del país pareciera que se está encaminando hacia la violencia popular. La rebelión de las masas. Sabemos que la rebelión de las masas siempre es irracional y no tiene límites con su consecuente secuela destrucción, violencia y muertes.

La presidente debería saber esto. Y si lo sabe la única solución, si tiene un mínimo de responsabilidad y amor a la Patria es su dimisión ordenada a su cargo.

La Argentina durante su gestión, ya tiene un enorme número de muertos y heridos por diversas causas, muchas por falta de capacidad para prever y solucionar los problemas, otros por ineptitud manifiesta en el control de las actividades de su responsabilidad.

Cristina manifestó recientemente que “Siento que he ganado en la política, como militante de toda la vida, lo que nunca soñé. Pero al mismo tiempo en mi vida he perdido lo que nunca pensé que iba a perder. Y si pudiera cambiar todo lo que gané por todo lo que perdí, la verdad es que no lo dudaría”.

Ahora es la hora de tomar esa decisión presidente. Ahora, antes de que sea demasiado tarde.

Antes de que comience la destrucción y la violencia popular. Seguramente no se salvará de los juicios y la cárcel, pero el daño al país será infinitamente menor.


* Dr. ALFREDO RAÚL WEINSTABL [email protected]

 

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