Prótesis cerebral borbónica para España

Aunque a mí, debo reconocerlo, el golpe mediático de la sosa griega de La Zarzuela metiendo de matute en la clínica San José al presunto golferas Urdanga y a su gentil esposa y copropietaria de Aizoon para darle un besito judaico al yacente regio, me ha irritado sobremanera. No cabe la menor duda de que a esta mal llamada familia real le gusta refocilarse en la mierda…

"El rey borbón", una película de terror !

“El rey borbón”, una película de terror !

Por Amadeo Martínez Inglés. Todos (incluso Urdangarin) con el rey artrósico. Y la prótesis cerebral ¿para cuando?. Contrainfo.com

Pues sí, sí, amigos, ya que los españoles tenemos en estos momentos a nuestra divinidad robótica/borbónica en el taller de la clínica Quirón San José de Madrid al cuidado de las manos expertas del mecánico jefe, señor Villamor (este hombre todo lo que hace le sale “fenomenal”) que acaba de implantarle la enésima prótesis de cadera (esta vez la izquierda) para que el pobre pueda, si no desfilar como Millán Astray en la próxima Pascua Militar por lo menos mantenerse en pie con cierto decoro en tan tradicional acto castrense sin tener que abrazarse al Ayudante militar más cercano, sea éste indio o español… deberíamos, todos los que estamos con él (incluido el presunto superchorizo Urdanga que se ha apuntado a última hora a darle el beso de Judas protegido por la despechá griega) y que aspiramos a que más pronto que tarde recupere su plena operatividad institucional, pedirle a tan conocido y experto traumatólogo (al que, por cierto, le gustan las cámaras más que a un tonto una lata y que cada día que pasa está más contento de haberse conocido y, no digamos, de haber conocido al artrósico de La Zarzuela al que le factura suculentos honorarios con muchos ceros que acabamos pagando todos los españoles) que se deje ya de cambiarle más periféricos a su regio paciente y vaya directamente y por derecho, sin tapujos de ninguna clase, a colocarle una CPU de última generación entre la frente y la nuca; después de proceder, eso sí, a extirparle las ya escasas y poco operativas neuronas (por la edad, mayormente) que todavía puedan anidar en su trabajado cerebelo.

Porque, por supuesto, todos los ciudadanos de este país estamos de acuerdo (que lo estamos, salvo algún que otro fundamentalista republicano, que los hay) en que si este hombre/dios que nos puso hace ya bastantes años el generalísimo/dictadorísimo Franco en la Jefatura del Estado, bien porque ha abusado de su cuerpo serrano en catres mil o bien por degeneración genética, necesita que cada pocos meses el mecánico jefe del taller traumatológico de la calle Cartagena de Madrid le ponga prótesis en muchas de las partes de su castigada anatomía (de momento, nadie que se sepa, ni siquiera la teórica compañera de su lecho oficial, ha solicitado que se le coloque una en el sitio que, según el competente e informado periodista Peñafiel, debería ocupar, y no ocupa, el segundo testículo regio empezando por la izquierda) se las ponga, aunque nos cuesten (que sí nos cuestan) un ojo de la cara y la yema del otro.

Pero por qué parar ahí, en los periféricos de tan trascendental figura histórica y no ir, de una vez por todas, al centro mágico de su bienhechora humanidad, al núcleo donde se inicia el complicado proceso de su toma de decisiones como Jefe del Estado, implantándole un disco duro de, por lo menos, quinientas gigas, en la parte superior de su abotargada cabeza (el ya mencionado Villamor ha dicho a la canallesca que la rojez de la cara de su distinguido paciente se debe a los corticoides que parece ser ha ingerido a espuertas para mitigar el dolor y, por lo tanto, nada tiene que ver el Vega Sicilia en ello) que, entre otras cosas, le permitiría soltar sus consabidos tópicos institucionales en las cenas de gala (que son casi todas) sin tener que leerlos en letras bien gordas y, sobre todo, evitar las chocheces, incongruencias, pegadas, memeces, paridas, chorradas, premoniciones regias… o como queramos llamarlas, que últimamente desliza en sus viajes de trabajo y reuniones de alto nivel. Así como desterrar para siempre los olvidos culposos que comete con harta frecuencia y que afectan tanto a su vida familiar como institucional. Repasemos a vuela pluma algunas de las primeras y varios de los segundos que han hecho furor tiempo atrás, tanto en los medios españoles como extranjeros:

Olvidarse de denunciar ante la justicia, y nada menos que desde el año 2006, los presuntos delitos (estafas, apropiación indebida, fraude fiscal…) cometidos por su señor yerno, el tal Urdanga, al frente del Instituto Noos y que en estos momentos, ocho años después, por fin investiga la justicia. A este olvido, en los países medianamente democráticos y de derecho, se le suele llamar delito de encubrimiento.

Olvidarse de decirle a su santa esposa, la de Grecia no la germana que ya lo sabía, que se iba de caza a Botsuana.

Olvidarse de alertarle también de lo anterior al presidente del Gobierno, señor Rajoy, que la verdad no se entera el pobre de casi nada ni siquiera que el país que gobierna (es un decir) está a punto de irse al carajo. Por las costuras autonómicas, más bien.

Pedir perdón a sus súbditos, como lo haría Jesusín el del quinto ante sus padres si le pillaran poniéndose tibio de chuches, por sus golferías, cacerías a 30.000 euros la pieza gratis total, noches locas de trabajo (de cintura para abajo, se entiende) y demás entretenimientos extramaritales de corte borbónico histórico.

Decir en la India, ante sesudos hombres de negocio de aquél país, que serán un pelín amarillos pero nada tontos, que España es una gran nación, rica y poderosa y en trance de crecer y ponerse otra vez a la cabeza de Europa.

Decir, también en la India pero a los periodistas cortesanos que viajaron con él en el avión real, que los españoles solo saldremos de la crisis si somos capaces de ponernos un cuchillo (no especificó si de cocina o campero) en la boca.

Decir en la cumbrecita gaditana de hace solo unos días que todos los países iberoamericanos, los de acá y los de allá, estamos muy unidos, nos queremos mucho y seguro que ante la crisis que padecemos los de acá, los de allá nos ayudarán todo lo que puedan para superarla.

Soltar haciéndose el gracioso, entre muecas de dolor y con el careto hinchado como un globo (por los corticoides, ya saben) aquella super chorrada regia de que muy pronto iba a pasar por el taller (este hombre tiene un complejo de robot japonés ciertamente preocupante) para que le recompusieran, una vez más, su gastada estructura fisiológica, quitándole hueso y poniéndole titanio, que es un material mucho más duro y aguanta todo lo que le echen, aventuras “corinnáceas, incluidas.

En fin, amigos, que ya que estamos inmersos otra vez en el repetitivo circo mediático de la clínica San José de Madrid con el objetivo de recomponer una vez más la caduca estructura humana de nuestro amado y real líder (en estos momentos, una aleación humanoide al 80% de titanio), deberíamos hacer todo lo posible para que el “manitas” de Villamor le meta lo más pronto posible en su cavidad craneal la prótesis definitiva, la mágica, la moderna, la todopoderosa, un disco duro con mando a distancia que lo ponga nuevamente a cien, por lo menos para un par de años mientras los republicanos de toda España planificamos convenientemente nuestra rentrée política en este vapuleado país que se tambalea (lo de ERC sube la bilirrubina a cualquiera aunque ellos, de momento, van por libre).

Aunque a mí, debo reconocerlo, el golpe mediático de la sosa griega de La Zarzuela metiendo de matute en la clínica San José al presunto golferas Urdanga y a su gentil esposa y copropietaria de Aizoon para darle un besito judaico al yacente regio, me ha irritado sobremanera. No cabe la menor duda de que a esta mal llamada familia real le gusta refocilarse en la mierda…

Amadeo Martínez Inglés es Coronel del ejército español, investigador, historiador y periodista

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