Se despierta el gigante dormido de Asia

Lo avanzado desde 1949 es muchísimo. Y eso preocupa al imperio estadounidense, que el 5 de enero del corriente año aprobó un documento de estrategia titulado "Mantenimiento del Liderazgo Global de EEUU: Prioridades para la Defensa del Siglo XXI". Según sus lineamientos, "las fuerzas armadas estadounidenses protagonizarán un gradual desplazamiento hacia la región de Asia y el Pacífico". No hace falta tener el linaje de Sun Tzu para darse cuenta que la superpotencia en decadencia busca contener, cercar y eventualmente agredir a China.

Guerreros de Terracota

Guerreros de Terracota

Por Emilio Marín. La Cina è vicina. República Popular China no es más el gigante dormido de Asia. – Este 1º de octubre se cumplieron 63 años desde que el Ejército Popular de Liberación tomó el poder en China. El “Gigante dormido de Asia” se despertó. Soluciones y problemas del socialismo chino.

La leyenda cuenta que Napoleón señaló a China en el mapa y expresó: “Ahí yace un gigante dormido. Déjenlo dormir. Para cuando despierte, él moverá el mundo”.

El vaticinio está en vías de cumplimiento, pero no por el acierto del francés sino por el duro trabajo económico de millones de chinos, dirigidos por una organización política, y garantizados por ese nuevo tipo de ejército.

En aquellos años heroicos, de la Larga Marcha y guerras contra los ocupantes japoneses y el Kuomintang de Chiang Kai Shek, así como en los primeros años de la construcción del socialismo, el liderazgo indiscutible lo ejerció Mao Tsé Tung. Su retrato sigue presidiendo -desde la tribuna de Tiananmen- los actos y festejos de su gente.
Desde 1978 en adelante, con la reforma y apertura de la economía, que más que cuatriplicó el producto bruto y los ingresos de los ahora 1.360 millones de chinos, la batuta de gran dirigente pasó a un socio-adversario de Mao en los ´60 y ´70, Den Xiaoping, ya fallecido.

Expulsión.

En los últimos diez años el secretario general del poderoso Partido Comunista y presidente del país ha sido Hu Jintao. El próximo 8 de noviembre, cuando delibere el XVIII Congreso Nacional partidario, Hu dejará su puesto a Xi Jinping. El relevo es reputado como un cuadro que continuará las líneas directrices de la actual conducción, de la que forma parte. Si la convención partidaria confirma esta tendencia, habrá sonado el réquiem para otros dirigentes, como Bo Xilai, separado en marzo del Buró Político del PCCh y hace poco expulsado de la organización bajo acusaciones de corrupción. En medios occidentales se presentaba a Bo como parte de la línea dura “maoísta” que se oponía a la excesiva liberalización económica y un “conservador” capaz de provocar una “revolución cultural” como la de 1966-1976.

Un despacho de la agencia oficial Xinhua, del 28 de septiembre daba cuenta de esa expulsión en términos bien políticos: “Bo aprovechó su cargo para lograr beneficios para otros a cambio de una gran cantidad de sobornos, que percibieron él o sus parientes. Su posición en el gobierno también fue empleada por su esposa para beneficiar a otros y a su familia ya que aceptó una gran suma de dinero y propiedades de otros”. Sin embargo, junto con esa crítica, el cable agregaba acusaciones difíciles de entender en otros países: “Además, Bo mantuvo relaciones sexuales impropias con muchas mujeres”.

El 1º de noviembre próximo se reunirá el Comité Central comunista y hará toques finales a los documentos y propuestas dirigenciales para el XVIII Congreso, que tendrá lugar en Beijing una semana después.

Aunque la expulsión de Bo Xilai será la comidilla de muchas agencias noticiosas, sin negar la importancia de esa lucha interna, lo que importa centralmente para Asia y el mundo es que la China actual no es más el “Gigante Dormido del Asia” aludido por el emperador francés. En los últimos diez años ha sacado de la pobreza a 150 millones de sus ciudadanos, cumpliendo uno de los Objetivos del Milenio de la ONU. En 2015, cuando se rinda examen, muchos otros países deberán hacer una autocrítica.

Su economía creció al 10 por ciento anual y aunque este año bajará al 7 por ciento, han pegado un salto impresionante.

Los logros económicos.

El punto fuerte de estos 63 años, especialmente desde los ´80 en adelante, es el avance económico. Al principio basada en la atracción de inversiones extranjeras y la exportación industrial aprovechando el tipo de cambio y los salarios menores a los de los grandes países, y desde 2009 promoviendo más su mercado interno e buscando integrar al interior profundo, el Gigante ha mostrado buenos músculos.
Su economía creció al 10 por ciento anual y aunque este año bajará al 7 por ciento, han pegado un salto impresionante; mucho más en comparación con la crisis intermitente que hace crujir las economías estadounidense, europea y japonesa desde 2007-2008.
Ya en 2011 la economía china superó a Japón como número 2 del mundo y abrió interrogantes sobre cuándo pasaría la línea de la número 1, de EEUU. Unos economistas vaticinaron que ese fenómeno será en 2015, otros en 2020 y los más escépticos arriesgaron 2030.

El gobierno admite problemas pendientes, que son varios y graves. Uno es la polarización entre chinos que tienen un buen ingreso y viven en las ciudades, y otros que aún penan y viven en zonas rurales.

Milagros.

¿Cuánto de este avance va a favorecer directamente a la población china? La pregunta es pertinente porque muchos “milagros” como los de Japón y Alemania, no favorecieron precisamente a sus trabajadores. Para los chinos sí hubo mejoras sustanciales del ingreso y las condiciones de vida. El objetivo es lograr “un nivel de vida moderadamente acomodada”, lo que trasunta los avances pero que no han puesto la vara a altura extraordinaria. Los progresos están certificados en el apoyo social que gozan el PCCh y el gobierno. Hu Jin tao, como antes Jiang Zemin y en el futuro quinquenio Xi Jinping, ha contado con el aval de muchos millones de chinos que viven mejor que antes.

Esas mejoras tienen entre otros índices uno que los argentinos envidiarán: la inflación del año en curso hasta septiembre fue inferior al 2 por ciento (1,9 por ciento para ser exactos). El gobierno la había calculado para todo el año en 4 por ciento, pero será inferior.
El gobierno admite problemas pendientes, que son varios y graves. Uno es la polarización entre chinos que tienen un buen ingreso y viven en las ciudades, y otros que aún penan y viven en zonas rurales.

El 10 de septiembre pasado el presidente Hu hizo un discurso ante el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) reconociendo que China debe armonizar esos diferentes niveles de vida. Xinhua dio un ejemplo. En la provincia de Hunan, los niños tenían que llevar sus propios pupitres a la escuela debido a las deficiencias presupuestarias. Mientras tanto, los estudiantes de las grandes ciudades se sientan en clases con aire acondicionado, aprendiendo inglés con ayuda de “PowerPoint” y ordenadores portátiles. “Desde el principio, los dos grupos de niños disfrutan de diferentes recursos, lo que les dará acceso a diferentes oportunidades en el futuro”, concluyó la agencia.

En el Cielo como en la Tierra.

Los progresos chinos han dado lugar a grandes festejos en su día nacional del 1º de octubre. Una nación de cultura varias veces milenaria pero con altísimos índices de analfabetismo y atraso al momento de la revolución, ha mudado en otra que el año pasado graduó 22 millones de profesionales universitarios.

A su vez, dialécticamente, esa nueva China tiene que resolver inconvenientes derivados de tanta graduación, porque la mayoría de los profesionales no se orienta hacia las carreras técnicas más ligadas a la producción. Y este es un desafío planteado por las autoridades chinas, que desde antaño supieron -por Mao- que la teoría debe ir de la mano y al servicio de la práctica. Aún hay muchas contradicciones en ese campo educacional.

Los trabajadores gozan hoy de mejores condiciones que en el pasado, pero en muchos casos no son nada idílicas. En septiembre pasado 2.000 empleados de la taiwanesa Foxconn, de la ciudad de Taiyuan, Shanxi, se levantaron contra las condiciones de explotación de esta multinacional. En la revuelta hubo 40 heridos; en las plantas de Foxconn desde 2010 el sistema de explotación es brutal y hubo varios casos de suicidios entre los operarios.
En estos meses de crisis mundial, que tendrán su negativa repercusión aún en tierra socialista, los procedimientos de compañías como esa de Taiwán pueden ser más antiobreros. El gobierno socialista deberá tomar más intervención en este drama laboral.

Armados.

Aún con esos límites, lo avanzado desde 1949 es muchísimo. Y eso preocupa al imperio estadounidense, que el 5 de enero del corriente año aprobó un documento de estrategia titulado “Mantenimiento del Liderazgo Global de EEUU: Prioridades para la Defensa del Siglo XXI”. Según sus lineamientos, “las fuerzas armadas estadounidenses protagonizarán un gradual desplazamiento hacia la región de Asia y el Pacífico”. No hace falta tener el linaje de Sun Tzu para darse cuenta que la superpotencia en decadencia busca contener, cercar y eventualmente agredir a China.

En esa maniobra busca aprovechar su superioridad militar, plasmada entre otros rubros en que cuenta con once portaaviones, frente al único de China, puesto en marcha hace poco. El EPL viene modernizando su armamento, como el principal tanque de batalla tipo 99, los misiles crucero desplegados en tierra, los nuevos tipos de misiles nucleares estratégicos, las aeronaves de alerta oportuna y los nuevos tipos de buques de superficie. Los chinos tienen una canción que dice: “Cuando un amigo viene, hay vino. Pero si viene un lobo, hay una escopeta para recibirlo”.
Cuando finalizaba diciembre de 2011, la agencia espacial china informó que antes de 2015 enviará una misión tripulada a la Luna. Hay que creerle porque en 2003 puso su primer astronauta en órbita y cinco años después otro “taikonauta” hizo una caminata espacial. Esos logros y la victoria en los Juegos Olímpicos de 2008 hacen también al balance de la revolución, porque no sólo de pan vive el hombre.

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