Mariano Ferreyra, el cinismo de Cristina y la mafia sindical

Hoy escuchamos a CFK decir que "Los que llevamos (el aporte) a la jueza de la causa para que pudiera comenzar el hilo de la investigación fuimos nosotros, fue Néstor Kirchner". La reivindicación tiene su cuota de cinismo, producto al que nos hemos acostumbrado a recibir en gran escala en estos años. ¿Es que podía ser de otra manera? ¿Cristina está diciendo que ellos podrían haber encubierto a los asesinos y decidieron no hacerlo? El gobierno eligió la opción menos costosa desde el punto de vista político.

Justicia por Mariano Ferreyra

Por Eduardo Castilla. Mariano Ferreyra, el cinismo de Cristina y la burocracia sindical

Si el tiro que mató a Mariano pasó muy cerca del corazón de Néstor Kirchner, el dedo que apretó el gatillo bien podría estar muy cerca de las manos de Cristina Kirchner.

El lunes empezó el juicio a José Pedraza y muchos de los implicados en el asesinato de Mariano Ferreyra. En todo el país la izquierda y un amplio abanico de organizaciones políticas y sociales se movilizó exigiendo la cárcel a todos los responsables materiales e intelectuales.

Como no puede ser de otra manera, el juicio concita la atención todo el mundo. Se trata de un proceso donde se pone el ojo sobre una de las instituciones más odiadas de este régimen político: la podrida burocracia sindical. Para millones, Pedraza es la cara de una casta que se enriquece a costa de la corrupción y la traición a los intereses de los trabajadores. Precisamente esa es la base que permite al kirchnerismo montarse sobre la legítima demanda de justicia para sostener la credibilidad de los aspectos progresistas de su (doble) discurso.

Para millones, Pedraza es la cara de una casta que se enriquece a costa de la corrupción y la traición a los intereses de los trabajadores. 

En el medio de las internas que golpean sobre su hegemonía política al interior del bloque dominante, estas operaciones políticas se convierten en una línea de defensa frente a ese desgaste. Hoy escuchamos a CFK decir que “Los que llevamos (el aporte) a la jueza de la causa para que pudiera comenzar el hilo de la investigación fuimos nosotros, fue Néstor Kirchner”. La reivindicación tiene su cuota de cinismo, producto al que nos hemos acostumbrado a recibir en gran escala en estos años. ¿Es que podía ser de otra manera? ¿Cristina está diciendo que ellos podrían haber encubierto a los asesinos y decidieron no hacerlo? El gobierno eligió la opción menos costosa desde el punto de vista político.

Frente un brutal y aberrante crimen, no podía reaccionar de otra forma a riesgo de romper lanzas con sectores progresistas de las clases medias y del movimiento obrero. La alianza estratégica del kirchnerismo con la burocracia sindical tenía (y tiene) un límite que era imposible traspasar. Pero precisamente porque se trató de una salida coyuntural para evitar una crisis mayor, es que no se le puede pedir “peras al olmo”. El juicio a Pedraza es la contracara de una política que garantiza la continuidad del conjunto de la burocracia sindical. Se podrá debatir si es una elección abierta o la resignación ante los límites del poder propio de la camarilla kirchnerista, pero los hechos están a la vista.

La policía del movimiento obrero

Hace poco más de 70 años, León Trotsky señalaba que “El capitalismo monopolista cada vez tiene menos interés en transigir con la independencia de los sindicatos. Exige que la burocracia reformista y la aristocracia obrera, que picotean las migajas que caen de su mesa, se transformen en su policía política a los ojos de la clase obrera”. La burocracia sindical argentina cumple ese papel de policía política desde hace casi 70 años. Su estatización bajo el primer peronismo tuvo el objetivo de jerarquizar el control del movimiento obrero.

Cristian Favale, el presunto asesino material de M Ferreyra posa con el Vicepresidente de Argentina Amado Boudou

Cristian Favale, el presunto asesino material de M Ferreyra posa con el Vicepresidente de Argentina Amado Boudou

Por aquellos años Juan Perón, al cual Milcíades Peña cita, decía “Los señores que temen tanto al sindicalismo y a la formación de grandes agrupaciones obreras bien organizadas dirigidas y unidas, pueden desechar sus temores desde ya. Nada hay que temer de las organizaciones. Debe temerse de las masas desorganizadas. Estas son peligrosas (…) Sin temor a equivocarnos, podemos decir que hoy, desde Jujuy hasta Tierra del Fuego, y desde Buenos Aires a Mendoza, se puede orientar, dirigir y conducir a las grandes masas de trabajadores argentinos, y cada día que pasa lo iremos haciendo en forma más perfecta, porque diariamente se va reforzando la disciplina sindical. Sin disciplina sindical, las masas son imposibles de manejar” El kirchnerismo es, en ese sentido, una cabal continuidad del peronismo. La alianza con Moyano en todos estos años fue parte central del mecanismo de control de las calles y de freno del movimiento obrero y el conjunto de los sectores “peligrosos”. La burocracia sindical combinó, en estos años, contención y uso de patotas. El asesinato de Mariano Ferreyra fue ejemplo de esto último, sin ser el único.

De esta forma colaboró en preservar las ganancias extraordinarias de la clase capitalista, aceptando los límites en las paritarias, firmando convenios a la baja y aumentando la productividad, aceptando la inclusión de cláusulas de polivalencia en casi la mitad de los acuerdos firmados. Precisamente por eso, quienes hoy se rasgan las vestiduras por lo poco que cambió la representación sindical en estos años, no “comprenden” (es decir, no quieren comprender o son parte del cinismo oficial) el papel de control que jugó hacia las masas y como la preservación de la vieja casta sindical fue necesaria para ese propósito. La política de “renovar y democratizar” el sindicalismo es utópica porque el kirchnerismo (y el régimen político en su conjunto) no pueden prescindir de este mecanismo de control de la clase trabajadora.

Más aún, en un momento en que empieza a golpear mucho más abiertamente la crisis internacional. El rol estratégico de la burocracia sindical en la historia nacional tiene su antecedente más cercano en las jornadas revolucionarias de diciembre del 2001, cuando fue el freno para la entrada en la escena del movimiento obrero para enfrentar a De la Rúa. Si marchamos aún más atrás en el tiempo, veremos ese mismo papel atando a la clase obrera al Pacto Social bajo el gobierno de Perón, mientas integraba la Triple A para reventar a la extendida vanguardia antiburocrática existente entre los trabajadores y la juventud.

Demagogia y “poder real”

José Pedraza, el presunto instigador del crimen de Mariano Ferreyra posa con  la presidente de argentina, Cristina F de Kirchner

José Pedraza, el presunto instigador del crimen de Mariano Ferreyra posa con la presidente de argentina, Cristina F de Kirchner

Precisamente por todo esto, es imposible que el gobierno avance en romper lanzas con el conjunto de la burocracia sindical. Si el tiro que mató a Mariano pasó muy cerca del corazón de Néstor, el dedo que apretó el gatillo bien podría estar muy cerca de las manos de Cristina. Si Pedraza no estuviera preso, no habría ningún problema en que se sentara en la misma mesa de burócratas aliados a CFK. No habrá “renovación sindical” por el sencillo motivo de que, detrás de los discursos floridos, está la fuerza material de esa burocracia, uno de los poderes reales en los cuales se apoya la dominación capitalista.

Si la “disciplina sindical” no se pudo extender más en estos años, fue producto de las transformaciones del movimiento obrero argentino post dictadura y bajo el menemismo. En primer lugar, con la enorme división al interior de sus filas. Según señala este estudio “ persiste una importante cantidad de trabajadores asalariados no registrados, que pasaron del 48,9% en el cuarto trimestre de 2004 al 34,2% en el mismo período de 2011, situación que plantea un límite a la cobertura de los acuerdos y convenios colectivos de trabajo” . Esta fue una de las grandes “conquistas” de la burguesía en los 90, que se ampliaron bajo la década del período de pos-convertibilidad, siendo la raíz de las ganancias extraordinarias de la clase capitalista. Como se explica en esta entrevista, la clave del ataque que mató a Mariano estuvo en garantizar el fenomenal negocio de las tercerizaciones, extendido en el conjunto del movimiento obrero.

Precisamente porque esa es una de claves de las altas ganancias capitalistas de la última década, es que el juicio contra Pedraza debe ser el límite. El viejo aliado, representante de un modelo sindical “ejemplar” al decir de CFK, es la cabeza que debe ser sacrificada para dejar todo igual. De ahí que la justa pelea por la cárcel a Pedraza y todos los responsables materiales e intelectuales del crimen, tiene que ser parte de una estrategia para vencer al conjunto de la clase capitalista, luchando para revertir las derrotas que ésta impuso, por unir al conjunto de la clase trabajadora. En este camino, una dimensión central de esa tarea es la de echar a la burocracia de los sindicatos y transformarlos en organizaciones democráticas de lucha que organicen al conjunto de los trabajadores.

Fuente: Apuntes de Frontera

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