Las dulces heridas de Cupido

Un adagio popular dice: “Hay dos cosas que no se pueden ocultar, estar enamorado o estar borracho”. Efectivamente, el amor no se puede disfrazar, mientras se encuentre en lo que, tomando un concepto de la física, se conoce como el “tiempo de vida media”, es decir, en su mejor momento. Con solo cruzar la mirada, la ansiedad se hace presente, el pulso se acelera, nuestros pensamientos se vuelven confusos, aparece un extraño calor en el pecho que trasciende el cuerpo a través de la espalda

"Alegoría de Venus, Cupido y el Tiempo", del pintor italiano Agnolo Broncino (1503-1572)

"Alegoría de Venus, Cupido y el Tiempo", del pintor italiano Agnolo Broncino (1503-1572)

Por Alexis Hidrobo P. Las flechas químicas de Cupido – De acuerdo con una de las versiones de la mitología, Cupido (eros para los griegos) es hijo de Venus (Afrodita) y de Marte (Ares). Su madre, por temor a Júpiter (Zeus), tuvo que esconderlo en los bosques y dejar que fuera amamantado por despiadadas fieras con la única misión de cuidarlo. Júpiter no deseaba al vástago vivo pues podía vaticinar todo el mal que causaría en la tierra, sus planes eran fulminarlo con su rayo al nacer. Empero, bajo la celosa mirada de Venus, Cupido logró mantenerse a salvo, y una vez adulto heredó el valor de su padre y la gracia de su madre; sin embargo, al crecer al amparo de criaturas salvajes, su personalidad se torno explosiva e incapaz de ser guiada por la razón.

Las dulces heridas de Cupido. Un adagio popular dice: “Hay dos cosas que no se pueden ocultar, estar enamorado o estar borracho”.

Como aniversario de nacimiento, Venus le regaló un arco de oro con sus flechas. Las flechas eran de dos tipos: unas tenían punta de oro, para conceder el amor, mientras que otras la tenían de plomo, para sembrar el olvido y la ingratitud en los corazones. Además, se le concedió un poder enorme, ni los hombres ni los dioses serian capaces de resistirse ante las heridas de sus flechas. Con el tiempo Júpiter perdono a Cupido y finalmente obtuvo la gracia de ser admitido entre los dioses. Así, Cupido ronda entre cielo y tierra blandiendo sus frenéticas saetas que hacen que nosotros, los pobres mortales, caigamos rendidos ante el amor de la persona elegida.

Sin dejar demasiado lejos la mitología, resulta absolutamente cierto que nuestros cuerpos se ven invadidos de sustancias químicas y extrañas sensaciones cuando nos enamoramos. Es como si efectivamente las flechas de Cupido estuvieran cargadas con los químicos del amor, que ingresan en nuestro torrente y causan emociones sin par.

Un adagio popular dice: “Hay dos cosas que no se pueden ocultar, estar enamorado o estar borracho”. Efectivamente, el amor no se puede disfrazar, mientras se encuentre en lo que, tomando un concepto de la física, se conoce como el “tiempo de vida media”, es decir, en su mejor momento. Con solo cruzar la mirada, la ansiedad se hace presente, el pulso se acelera, nuestros pensamientos se vuelven confusos, aparece un extraño calor en el pecho que trasciende el cuerpo a través de la espalda… A la mayoría nos ha sucedido al menos una vez en la vida, si hemos sido afortunados. Es esa sensación del cielo en la tierra. Se trata de ese maravilloso trastorno llamado amor. No hay duda, el amor, y específicamente el enamoramiento, es una enfermedad. Eso sí, una enfermedad maravillosa de la cual no desearíamos sanarnos.

Cupido

Cupido

Los científicos creen que los síntomas del enamoramiento son el resultado de una serie de complejas reacciones químicas, que se desarrollan en nuestro organismo, que nos llevan a la cima y nos hacen ver el mundo color de rosa.“La química del amor” es una expresión adecuada. Es la cascada de reacciones emocionales que genera electricidad (descargas neuronales) y química (hormonas o neurotransmisores). Ellas son las que hacen que una pasión amorosa descontrole nuestra vida y son las que definen buena parte de los síntomas del enamoramiento.

Según esta explicación, al conocer a la persona adecuada, léase deseada, en nuestro cerebro se produce un cóctel de hormonas y neurotransmisores que nos hacen perder la razón. Estas sustancias químicas se denominan endorfinas. Las endorfinas son compuestos químicos naturales de estructura similar a la de la morfina y otros opiáceos, que confieren una sensación agradable, y que son los responsables de regular nuestra capacidad de deseo. Otra de estas sustancias es la feniletilamina, también conocida como la hormona de la felicidad. Se trata de un compuesto orgánico de la familia de las anfetaminas, que curiosamente se encuentra presente en el chocolate, lo cual podría explicar el deseo de regalarlos al ser querido con el fin de generar una sensación de bienestar y felicidad. Cuando el cerebro se satura de feniletilamina, la respuesta es la generación de dopamina, un neurotransmisor asociado con los sentimientos de gozo al realizar ciertas actividades y de repetir un comportamiento que proporciona placer. También aumenta el nivel de norepinefrina, que produce euforia y pérdida del apetito, lo cual se une al bajo nivel de serotonina, que se asocia a la obsesión por estar enamorado. A partir de este momento, la flecha de Cupido hace efecto, el enamoramiento se hace notable e inevitablemente incontrolable.

Para mantenerse en concentraciones adecuadas, la química del amor necesita renovarse a diario; y con el desgaste del día a día no hay Cupido que valga.

No obstante, tal como lo hace una buena gripe, esa sensación no puede durar para siempre. Incluso comiendo toneladas de chocolate, llega un momento en el cual el nivel del químico cerebral no puede mantenerse estable y comienza a bajar. La sensación inicial de volar sobre las nubes empieza a alejarse y notamos tierra a la vista. Según los estudiosos la sensación de “amor ciego”, o amor romantico, dura entre 2 y 3 años como máximo. Esta teoría es ratificada mediante evolución ya que, según los científicos, el que una pareja se encuentre unida durante dos años asegura el tiempo necesario para conocerse, comprenderse, intercambiar ADN, e incluso conocer a los hijos y cuidarlos durante los primeros meses de vida. Sin embargo, dejando de lado los procesos evolucionistas, en el caso de los seres humanos, una vez se cumple el periodo de enamoramiento y si la pareja desea mantener su relación, los cerebros deben segregar otras sustancias que son responsables de una nueva sensación: la de seguridad y estabilidad.

Esta maravillosa sustancia es un neurotransmisor, también segregado en el momento de la lactancia, y que según recientes estudios se mantiene en alza durante un corto tiempo después del orgasmo; su nombre es Oxitocina, también conocida como la hormona de la confianza. Se sintetiza en el hipotálamo y es un estimulante del músculo liso uterino y de las células mioepiteliales de las glándulas mamarias. La sensibilidad de la musculatura lisa uterina a la oxitocina se incrementa progresivamente durante la gestación y rápidamente antes del parto. En el cerebro parece estar implicada en el reconocimiento al relacionarse con otras personas, y podría estar involucrada en la formación de relaciones de confianza y generosidad entre las personas. Por otro lado y según los últimos estudios, las feromonas a través del olor corporal, también tomarían parte importante en el reconocimiento y aceptación de la pareja. Sobre todo en el caso de un beso intenso, y en los juegos de seducción, el olor del ser amado se muestra importante. Es interesante conocer que las parejas eligen y perciben como un gatillante del libido al olor corporal sin perfume. Se prefiere oler detrás de las orejas, el cuello y los hombros; con menor frecuencia el pecho y cerca de las axilas.

Pese a todo lo anterior, para mantenerse en concentraciones adecuadas, la química del amor necesita renovarse a diario; y con el desgaste del día a día no hay Cupido que valga. Detalles con la pareja, un buen masaje, palabras dulces y varios besos al día son la prescripción para mantenerla en alta. ¡Con una receta así, quien no se anima!

Esta entrada es mi contribución a la X Edición del Carnaval de Química, que este mes está alojada en el interesante blog BioUnalm (http://www.biounalm.com/), de David Castro.

Fuente: Hablando de ciencia

Fuentes de consulta:

Philip Wilkinson. Mitos y Leyendas, guía ilustrada de su origen y significado. DK Ediciones. Edición especial para el Círculo de Lectores. Reino Unido. 2009.

Eduardo Punset. El viaje al amor. Editorial Destino. Barcelona. 2007.

http//www.helenfisher.com/

Hurlemann R, Patin A, Onur OA, Cohen MX, Baumgartner T, Kosfeld, M., Heinrichs, M., Zak, P., Fischbacher, U., & Fehr, E. (2005). Oxytocin increases trust in humans Nature, 435 (7042), 673-676 DOI: 10.1038/nature03701

Hurlemann R, Patin A, Onur OA, Cohen MX, Baumgartner T, Metzler S, Dziobek I, Gallinat J, Wagner M, Maier W, & Kendrick KM (2010). Oxytocin enhances amygdala-dependent, socially reinforced learning and emotional empathy in humans. The Journal of neuroscience : the official journal of the Society for Neuroscience, 30 (14), 4999-5007 PMID: 20371820

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