Alimentación Humana: Causas y consecuencias para la salud

El derecho al derroche, privilegio de pocos, dice ser la libertad de todos. Dime cuánto consumes y te diré cuánto vales. Esta civilización no deja dormir a las flores, ni a las gallinas, ni a la gente. En los invernaderos, las flores están sometidas a luz continua, para que crezcan más rápido. En las fábricas de huevos, las...

Maíz y DineroAlimentación Humana: Causas y consecuencias para la salud
Concepción Cruz Rojo

Desde un punto de vista ético, debemos exigir que prevalezcan las necesidades básicas y los derechos de las comunidades frente al derecho de las empresas, de la propiedad privada en general.

El derecho al derroche, privilegio de pocos, dice ser la libertad de todos. Dime cuánto consumes y te diré cuánto vales. Esta civilización no deja dormir a las flores, ni a las gallinas, ni a la gente. En los invernaderos, las flores están sometidas a luz continua, para que crezcan más rápido. En las fábricas de huevos, las gallinas también tienen prohibida la noche. Y la gente está condenada al insomnio, por la ansiedad de comprar y la angustia de pagar. Este modo de vida no es muy bueno para la gente, pero es muy bueno para la industria farmacéutica” – (Eduardo Galeano ).
 
1. CONSUMO FRENTE AL CONSUMISMO. LA LUCHA POR UN CONSUMO ALIMENTARIO SALUDABLE PARA LOS PUEBLOS 
2. LA NUTRICIÓN EN LOS SERES HUMANOS, EL VALOR NUTRICIONAL DE LOS ALIMENTOS
3. PROBLEMAS PARA LA SALUD DE UN CONSUMO ALIMENTARIO INADECUADO
4. ALGUNOS CONDICIONANTES SOCIALES Y ECONÓMICOS DE NUESTRA ALIMENTACIÓN 
5. ORIGEN Y ACTUALIDAD (GENÉTICO-ESTRUCTURAL) DE LA SITUACIÓN DE DESIGUALDAD ECONÓMICA, SOCIAL Y ALIMENTARIA
6. ASPECTOS DE DERECHO Y ÉTICA DE LA ALIMENTACIÓN DE LOS PUEBLOS
7. ¿QUÉ PODEMOS HACER?
 
1.- CONSUMO FRENTE AL CONSUMISMO. LA LUCHA POR UN CONSUMO ALIMENTARIO SALUDABLE PARA LOS PUEBLOS
 
En los inicios de los años 60 del siglo XX la producción capitalista de los Estados Unidos promovió un fortísimo desarrollo del consumo mediante la generalización de la venta a plazos y otras formas de pago a crédito en un contexto de expansión económica y producción en masa de bienes (activada por el taylorismo y el fordismo ), revelando que era más fácil fabricar los productos que venderlos, por lo que el esfuerzo empresarial se desplazó hacia su comercialización (publicidad, marketing, venta a plazos, etc.) . Todo se transformaba en mercancías que  se podían elegir y comprar en los supermercados  que comenzaron a proliferar en esa época y en las tiendas o agencias de todo tipo de productos: electrodomésticos, coches, casas y hasta la imagen corporal o las relaciones afectivas, la idea es suscitar el deseo, elección y compra compulsiva. En la actualidad sufrimos de lleno esta sociedad del consumismo que desde entonces alienta un individualismo alienado que ha avanzado imparable en amplias capas de la población produciendo una lucha competitiva entre las personas que intentan, en esta carrera del poseer, valorarse cuanto más y más rápido, mejor. Y las causas de la alienación, que es lo que está antes, durante y después del llamado consumismo, es el paso universal del valor de uso al valor de cambio , el paso por el que la persona olvida el valor de utilización real y material de las cosas producidas por ella y por la comunidad, deja de ser consciente de sus facultades creativas y se transforma en algo (cosa) que no sólo vive para consumir, sino que a su vez es consumida para que viva el mercado. Y es en ese proceso de compra, alienada y alienante, obsesiva y compulsiva que se realiza inconscientemente cuando se anula trágicamente el valor de la persona emancipada .
 
Ni que decir tiene que esta expansión del consumismo y alienación ante el fetichismo –adoración- de la mercancía, tiene enormes implicaciones para la salud y la felicidad de las personas. Al sistema de producción capitalista le interesa que vivamos continuamente atrapados en este círculo vicioso de querer y no tener lo suficiente, llámese el último modelo de iPod o de teléfono móvil, llámese eterna juventud y delgadez, principalmente en las mujeres, o, poder y seguridad afectiva, sobre todo en los hombres (aunque la igualdad artificiosa de géneros está llegando también a estos clichés de comercialización). No es de extrañar el aumento de enfermedades directamente relacionadas con las adicciones de todo tipo; a la ludopatía y cleptomanía se le ha añadido la adicción a las nuevas tecnologías, o la anorexia nerviosa, que se salda con la muerte de mujeres muy jóvenes y que solo es la punta del iceberg de otros problemas físicos, psicológicos y afectivos de mucha mayor magnitud . Cuando nos centramos en el consumo alimentario, la importancia para nuestra salud adquiere una dimensión nueva porque se asienta en un elemento básico de nuestra propia supervivencia como seres humanos, la pervivencia de los pueblos y que a su vez tiene graves consecuencias para el medio ambiente y la naturaleza en todo el planeta. En este sentido tiene pleno significado el concepto de soberanía alimentaria que reclama el movimiento campesino a nivel mundial .
 
Qué comemos y cómo comemos, cuáles son las causas y consecuencias del comportamiento alimentario, empezando por aquellas más individuales y biológicas hasta llegar a las sociales y políticas que intervienen de forma interrelacionada, intenta ser el motivo de esta reflexión. Desde una visión marxista trataremos de analizar y prestar atención a las propiedades y consecuencias patológicas de un consumo excesivo e inadecuado de alimentos, de sus condicionantes psicológicos y sociales que ejercen una enorme presión mediática y que tiene como base una política de máximo beneficio empresarial. En el otro extremo de la contradicción, y de “nuestro mundo”, se encuentran las consecuencias patológicas de la pobreza y desnutrición de una  población cada vez mayor y que igualmente tiene como causa básica la misma política de ganancia de las empresas capitalistas anclada en la propiedad privada y la explotación de las clases trabajadoras . El sinsentido de este sistema que esquilma recursos naturales y alimentos en aras de generar plusvalía para beneficiar a un sector cada vez más reducido de la población, debe ser denunciado con todas sus consecuencias de un radical cambio social. Pero las intervenciones son necesarias en todos los contextos. Los personales: en el día a día de lo que hacemos y comemos; los profesionales: de concienciación en el entorno laboral de cada una de nosotras; y los sociales: con la imprescindible acción organizada consciente que se oponga a este estado de cosas y que llegue a todas las causas y hasta la raíz del problema. Pero vamos a empezar por el principio:
 
2.- LA NUTRICIÓN EN LOS SERES HUMANOS, EL VALOR NUTRICIONAL DE LOS ALIMENTOS
 
La nutrición estudia los procesos mediante los cuales el organismo recibe y utiliza unos compuestos, denominados nutrientes (hidratos de carbono, lípidos, proteínas, vitaminas y minerales) que se hallan formando parte de los alimentos . El proceso de la nutrición tiene como finalidad aportar la energía necesaria para poder llevar a cabo las funciones vitales, la formación y mantenimiento de las estructuras corporales (células, tejidos, órganos) y la regulación de los procesos metabólicos para que todo se desarrolle de manera armónica . Una adecuada alimentación, en cantidad y calidad, debe evitar el déficit de nutrientes, su exceso e impedir la aparición de enfermedades relacionadas con la nutrición. Por tanto, es necesario llevar a cabo una alimentación equilibrada que implica el aporte energético y de los diferentes nutrientes en la proporción adecuada.
 
HIDRATOS DE CARBONO. Los hidratos de carbono suelen dividirse en simples y complejos. Los primeros, también llamados azúcares, incluyen en una alta proporción compuestos de una o dos moléculas de sacáridos (glucosa, sacarosa, lactosa o fructosa) y los segundos, se componen de polisacáridos. Tienen una función fundamentalmente energética y por tanto esencial para la composición y funcionamiento del organismo. Debe representar el 50-60% del total de la energía de la dieta, siendo recomendable que la mayor parte sean hidratos de carbono complejos. Éstos se encuentran en gran proporción en alimentos como el pan y cereales, legumbres, patatas o pasta; en menor proporción en las frutas, verduras y hortalizas.  La fibra alimentaria que se encuentran en los cereales y derivados sobre todo las variedades integrales, pero también en las legumbres, frutas y verduras, tiene efectos beneficiosos por su capacidad de absorción de agua en el tracto intestinal lo que aumenta su tránsito y favorece los procesos  fermentativos de la flora bacteriana intestinal, aumenta la sensación de saciedad y equilibra el nivel de glucosa al evitar la secreción exagerada de insulina y, por tanto, de diabetes. También evita los efectos negativos de los agentes cancerígenos en contacto con las paredes intestinales y disminuye la absorción de colesterol y sus niveles sanguíneos.
 
LÍPIDOS. Las recomendaciones nutricionales para los aceites y grasas no deben superar el 30-35% de la energía total, de los cuales al menos un 15-20% deben ser ácidos grasos monoinsaturados, un 5% de poliinsaturados y no existen recomendaciones nutricionales para los saturados debido a su adecuada síntesis endógena. Los alimentos ricos en grasas saturadas se encuentran en la leche y derivados (mantequilla ), en la grasa de los animales terrestres, vísceras, aceite de palma y coco y los productos de heladería, pastelería y bollería. Dentro de los ácidos grasos insaturados distinguimos los monoinsaturados (que no solo contienen grasas que previenen la aterogénesis sino que tienen actividad antioxidante), abundante en el aceite de oliva, aguacate y almendras. Los ácidos grasos poliinsaturados por su parte abundan en el pescado  (más en el pescado azul como la caballa, sardina, atún, bonito y salmón) y en otros alimentos como los aceites de maíz, girasol, soja o nueces .
 
PROTEÍNAS. Los requerimientos de proteínas en niños, adolescentes, gestantes y lactantes son mayores que en la población general ya que en estas edades hay formación de estructuras corporales, mientras que en la edad adulta solo se requiere la reposición de estructuras ya existentes. Se necesita entre el 10-15% de la energía total de la dieta y hay que considerar que tanto en nuestra población como en otros países enriquecidos es realmente difícil conseguir un porcentaje menor del 15-20% por los hábitos de consumo adquiridos. Los alimentos de origen animal proporcionan gran cantidad de proteínas y contienen cantidades importantes de los aminoácidos esenciales para el ser humano como las carnes, pescados, huevos, leche y productos lácteos. Los alimentos de origen vegetal son menos ricos en proteínas y no suelen contener todos los aminoácidos esenciales aunque las legumbres son las más parecidas a los productos animales, en cuanto a proteínas se refiere, así como en calidad de la misma , y una combinación de diversos alimentos vegetales puede proporcionar todos los aminoácidos esenciales.
 
Finalmente, para conseguir una alimentación equilibrada y saludable, además de considerar el consumo energético total y el consumo proporcionado de estos tres macronutrientes, se requiere también una adecuada ingestión de micronutrientes (vitaminas y minerales) y de agua (2,5 litros diarios de líquidos). 
 
3.- PROBLEMAS PARA LA SALUD DE UN CONSUMO ALIMENTARIO INADECUADO
 
Déficit o malnutrición energética proteica.
 
Las proteínas de origen animal, como la leche, constituyen una fuente rica en proteínas de alta calidad para el adecuado desarrollo y crecimiento del niño y mantenimiento de las funciones básicas físico-psíquicas del adulto. El déficit o malnutrición energética-proteica comprende un amplio espectro de cuadros clínicos. El marasmo, habitual en niños menores de un año por un déficit de consumo lácteo y, por tanto, un déficit de la imprescindible energía. El Kwashiorkor, afecta a niños de entre 1 y 3 años, el nombre proviene de la tribu Ga de Ghana que significa “enfermedad del niño mayor cuando nace un nuevo hijo”. Esta enfermedad se produce por una deficiencia cuantitativa y cualitativa de proteínas (y otros micronutrientes), aunque el aporte energético sea suficiente. Las complicaciones de ambas enfermedades incluyen la disminución de peso y talla, pérdida de reserva grasa y proteicas que afectan a gran número de procesos digestivos y metabólicos; afectación del pelo, piel (despigmentación, ulceraciones) y mucosas; edemas (especialmente en el Kwashiorkor en el abdomen); apatía e irritabilidad; alteración de la capacidad mental; susceptibilidad a las infecciones y aumento de la morbilidad y mortalidad por enfermedades infecciosas, sobre todo por diarreas e infecciones respiratorias. Entre ambas patologías existen cuadros intermedios menos definidos, con deficiencias mayores o menores de energía, proteínas, vitaminas y minerales, que a su vez se presentan asociados a procesos infecciosos y que constituyen la mayor proporción de los cuadros de malnutrición.
 
La malnutrición energético-proteica es el problema más grave de salud pública en el mundo y la causa directa de la mayor tasa de morbilidad y mortalidad infantil, de la mortalidad general y de la menor esperanza de vida en amplias zonas de África, Asia y América. Y es que basándonos en informes de diferentes organismos internacionales se reconoce que, en el mejor de los casos, en la actualidad más de mil millones de personas en el mundo pasan hambre y están desnutridas .
 
Exceso del consumo de energía y proteínas animales.
 
El exceso de ingesta de alimentos proteicos, especialmente del grupo de las carnes y la leche y derivados, pero también de los aceites de coco y palma (habitual en productos de bollería y helados), conllevan un aporte excesivo de grasas saturadas que afectan a los vasos sanguíneos y aumenta las lipoproteínas de baja densidad que transportan el colesterol más aterogénico (LDL-c). La ateroesclerosis de las arterias coronarias y  cerebrales produce la mayoría de las enfermedades cardiovasculares en los países enriquecidos, siendo una de las principales causas de morbilidad y mortalidad en amplios sectores de la población de Europa, Australia, Japón y norte de América.
 
Pero independientemente del tipo de grasa que se consuma, el exceso de energía que se ingiere tanto en los países enriquecidos como de economías en transición e, incluso, en áreas urbanas de países empobrecidos y que puede venir acompañado de alimentos de mayor o menor calidad, está provocando un exceso de sobrepeso y obesidad en muchos países. Se estima que un tercio de la población adulta del mundo es obesa o tiene sobrepeso  y éstos también son factores de riesgo para muchas enfermedades, cardiovasculares, diabetes, enfermedades osteomusculares y algunos tipos de cánceres, como el cáncer de colón, mama o endometrio . 
 
Frutas y verduras
 
En su conjunto son alimentos ricos en fibra y determinadas vitaminas (A, E y C), pero pobres en los tres macronutrientes: carbohidratos, grasas y proteínas, lo que les hacen tener poco valor energético. En los países empobrecidos deben complementarse con el consumo de proteínas de alta calidad, grasas y carbohidratos para ingerir un adecuado aporte energético y de dichos macronutrientes. En nuestro medio suele consumirse en menor proporción de la recomendada. Es conveniente consumir 2 o 3 raciones de fruta al día, entre las que se debe incluir, al menos, un cítrico. Verduras y hortalizas serían necesarias 1 o 2 raciones al día procurando diversificar los distintos tipos y que, al menos una vez al día, se consuman crudas (evitando así las pérdidas de vitaminas por la desnaturalización que produce el cocinado).
 
La importancia del consumo de este tipo de alimentos proviene de su acción antioxidante. Los procesos de oxidación (endógena) de nuestro organismo y otras agresiones externas como el tabaco, la contaminación atmosférica, el uso de pesticidas y herbicidas , radiaciones ionizantes, etc., producen un exceso de radicales libres que dañan nuestras células y predisponen a enfermedades neurodegenerativas y al proceso de envejecimiento general: Alzheimer, Parkinson, envejecimiento prematuro, cáncer, arritmias, infarto de miocardio, cataratas, entre otras.
 
4.- ALGUNOS CONDICIONANTES SOCIALES Y ECONÓMICOS DE NUESTRA ALIMENTACIÓN
 
En los países enriquecidos se dispone de una gran oferta y accesibilidad de alimentos de todo tipo, incluidos los de alto contenido proteico, de origen animal y, por tanto, de alto contenido calórico y/o de grasas saturadas. Esto es así porque, como ya hemos comentado,  durante décadas este sistema político, social y económico promueve el consumo desaforado en general y el consumo de estos alimentos en particular. Las grandes industrias y empresas del sector agropecuario necesitan (en su búsqueda de mayores tasas de beneficios) por un lado abaratar los costes de producción de las mercancías que irán a parar a las estanterías de los grandes supermercados y, por el otro, una población cada vez mayor que las consuman. A esta situación se une los cambios sociales que se han originado en el mercado laboral y la acelerada urbanización con largas jornadas de trabajo y grandes distancias de éste a los hogares, y a la creciente incorporación de la mujer a la vida laboral que han transformado profundamente la vida familiar predisponiendo, entre otras, al consumo de comidas precocinadas, poco elaboradas o fuera de casa.
 
Esta mayor disponibilidad de alimentos de origen animal y otros de fabricación industrial es producto de un desarrollo de la industria alimentaría intensiva que abarata costes a costa de una mayor productividad de máquinas y obreros. Las grandes explotaciones pecuarias son una muestra de la producción intensiva de alimentos como los huevos, la leche y derivados lácteos, y la cría de carnes de cerdo, vaca y aves. El beneficio de estas empresas proviene de su alta productividad a expensas de una mayor explotación de sus trabajadores y de un hacinamiento de los animales. Además de las implicaciones que estas grandes explotaciones tiene para el medio ambiente, siendo una de las principales fuentes de contaminación de suelos y aguas subterráneas, la alta concentración o hacinamiento de animales requiere ser alimentada también de forma intensiva y barata, unas veces a través de los monocultivos de cereales en países empobrecidos , otras veces mediante la producción de abonos y piensos industriales compuestos de concentrados proteicos de restos y desechos de otros animales o de grasas de baja calidad . Y no solo hablamos de granjas terrestres también podemos suscribir todo lo dicho en lo que está pasando con los sistemas de pesca de arrastre y la “granjas pesqueras” en medio del mar . 
 
Además de las variadas implicaciones éticas para las personas y para los animales de estos tipos de industrias, nos encontramos con la aberrante situación actual en donde existe una creciente concentración de la riqueza en un pequeño porcentaje de la población frente a una amplia mayoría de la población empobrecida,  lo que se traduce en unas crecientes desigualdades sociales y económicas y una brecha cada vez mayor entre ricos y pobres (los cuales tienen a veces barreras insalvables para conseguir alimentación y agua) . Nos encontramos con una población hambrienta y mal nutrida que presenta una alta morbilidad y mortalidad en amplios territorios del mundo, frente a una población sobrealimentada que, paradójicamente, origina otros problemas de salud como las enfermedades cardiovasculares o el cáncer . Pero estas desigualdades no solo se producen entre unos países y otros sino que dentro de un mismo país encontramos bolsas de pobreza y subdesarrollo como está ocurriendo en muchos países enriquecidos, especialmente en los Estados Unidos de América .
 
Este sistema alimentario basado en el crecimiento irresponsable y con el objetivo único del máximo beneficio está, también, provocando problemas de salud globales que afecta a toda la población del planeta. Además de las consecuencias sociales, económicas y para la salud de la contaminación ambiental, ya comentadas, el hacinamiento de los animales y su alimentación de baja calidad provoca estrés  e infecciones que se propagan rápidamente. Tenemos reciente la nueva epidemia de gripe A que se originó por una epizootia de gripe porcina que pasó a los humanos y provocó una nueva variante de la enfermedad. Sin entrar en el criticable (por interesado) exceso de alarma que generó, en los cambios de criterios que se produjeron para considerarla “pandemia” y en los ingentes ingresos que han supuesto para las multinacionales farmacéuticas, sí tenemos que recordar sus verdaderas causas . Esta mayor propagación de infecciones de los animales en las explotaciones masificadas de animales, obliga a la administración de antibióticos (además de otros medicamentos para combatir el estrés) que promueven resistencias a dichos antibióticos en los propios animales y en lo humanos que ingieren sus carnes .
Tampoco podemos olvidar las empresas de producción intensiva de frutas y verduras, como las ubicadas en Andalucía que, a costa de una sobreexplotación de manos de obra barata, especialmente de trabajadores inmigrantes, abaratan los costes de sus productos para poderlos exportar a precios competitivos a la rica Europa (especialmente Alemania) o distribuirlo en las grandes cadenas de supermercados del estado español. Por no hablar de los problemas de toxicidad y efectos cancerígenos que produce la utilización de numerosos pesticidas y herbicidas que se encuentran ya formando parte de la cadena alimentaria a nivel mundial o de los alimentos modificados genéticamente. La irracionalidad del sistema capitalista en su búsqueda rápida de ganancias monetarias sin considerar los múltiples “efectos colaterales” que se producen se muestra en toda su crudeza cuando conocemos los datos de un reciente informe encargado por la FAO: Unos 1.300 millones de toneladas de alimentos se tiran a la basura lo que supone alrededor de un tercio de la producción mundial de alimentos de los cuales una altísima proporción ocurren en los países “democráticos” de Europa y los Estados Unidos .
 
5.- ORIGEN Y ACTUALIDAD (GENÉTICO-ESTRUCTURAL) DE LA SITUACIÓN DE DESIGUALDAD ECONÓMICA, SOCIAL Y ALIMENTARIA.
 
No es nuestra intención entrar a valorar en profundidad los muchos factores involucrados en esta dramática situación de desigualdad alimentaria que, como seguimos recalcando, es política, social y económica. Sin embargo, sí nos gustaría señalar algunos apuntes de este proceso que se está acelerando en la actualidad y que tiene orígenes antiguos. Por poco que leamos la prensa diaria de todo tipo, no solo la alternativa y de orientación transformadora, las noticias sobre la compra de tierra y expulsiones de campesinos y otros aspectos relacionados con la alimentación de los pueblos, y por tanto de sus tierras, ríos y mares, son abundantes. En Paraguay, 90 mil campesinos y campesinas son expulsados de sus tierras al año, de los cuales, solo por el monocultivo de soja, se alcanza la cifra de nueve mil familias por año . Pero mucho más cerca, en Cantabria, tres de cada cuatro pequeños productores de leche han tenido que abandonar su actividad en los últimos 12 años, debido a que las empresas del sector están concentrando la producción y el mercado, para abaratar los costes . Después de 20 años de Política Agraria Comunitaria (PAC) se ha arrasado con casi todos lo pequeños y medianos productores que alimentaba a las vacas en los prados y se ha potenciado las grandes empresas ganaderas con ayudas directamente proporcional a la producción y a los bajos precios . Frente a esta situación siguen creciendo por todas partes  las organizaciones campesinas que reclaman una verdadera soberanía alimentaria de los productores locales .
 
François Houtart pone el dedo en la llaga de lo que está pasando en la actualidad cuando explica los aspectos estructurales de la crisis alimentaria: “Se trata de la expansión, durante los últimos años, del monocultivo, resultando en la concentración de las tierras, es decir en una verdadera contra-reforma agraria. La agricultura campesina o familiar se destruye en el mundo entero bajo el pretexto de su baja productividad. De hecho los monocultivos tienen una producción que puede ir desde 500 y a veces hasta 1000% más elevada que la agricultura campesina en su estado actual. …Se eliminan bosques, se contaminan los suelos y las aguas, hasta los ríos y el mar, por el uso masivo de productos químicos. …, se preparan los desiertos del futuro. Por otra parte, los campesinos son expulsados de sus tierras y son millones los que tienen que migrar hacia las ciudades, en los barrios marginales, provocando las crisis urbanas y aumentando la presión migratoria interna, como en el Brasil, o externa, como en muchos otros países del mundo  ”. Pero no solo la imposición de monocultivos está ocasionando la dependencia alimentaria en numerosos países. También ha jugado un importante papel la bajada especulativa de precios de alimentos en los mercados internacionales ocasionando el abandono de cultivos de alimentos básicos e incrementando la deuda por el aumento desorbitado de las importaciones a los países capitalistas enriquecidos. Hasta la llegada al poder del gobierno demócrata de Correa en 2007, la situación alimentaria en Ecuador por el empobrecimiento de su población rural había seguido los mismos derroteros, siendo testigo con resultados contundentes de las políticas de agroindustrialización de inicios de los noventa, cuando la pobreza y la indigencia en el campo crecieron geométricamente. De nada había servido la denuncia de Eduardo Galeano sobre el saqueo de alimentos en países empobrecidos de América Latina: “La economía ecuatoriana depende de las ventas de plátanos, café y cacao, tres alimentos duramente sometidos al naufragio de los precios. Según datos oficiales, de cada diez ecuatorianos, siete padecen de malnutrición básica, y el país sufre uno de los índices de mortalidad más altos del mundo (Galeano E. Las venas abiertas de América Latina. Madrid: Siglo XXI; 2003)”.
 
Pero esta situación no se puede entender si no hacemos, al menos, un poco de historia, y, por no retrotraernos demasiado en el tiempo, quizás el hito más importante de la concentración urbana desordenada y caótica con la pérdida de la población rural y el campesinado ocurrió en Inglaterra durante la revolución industrial. A finales del siglo XVIII, se van introduciendo leyes de libre mercado en alimentos básicos de subsistencia como el cereal. Que, de ser considerado un derecho, pasa a considerarse una mercancía, y de ser considerado un valor de uso pasa a considerarse un valor de cambio. El acaparamiento de grano y la fluctuación de los precios no producen una regulación para el bien común del campesinado y la población de la Inglaterra de entonces, sino todo lo contrario, produce un aumento de los  cercamientos de tierra, expulsando a las comunidades rurales hacia las ciudades. Durante el siglo XVIII se van cambiando, por tanto, las prácticas que priorizaban el cereal como alimento, y pasa a existir, cada vez más, el acaparamiento del grano . Esas prácticas que eran en un comienzo ilegales nos recuerdan mucho a las que se han producido a finales del siglo XX, en Brasil con la introducción ilegal de la soja transgénica. Y de la misma forma, lo que primero se introduce ilegalmente termina siendo legal tanto ahora como entonces, la ley contra el acaparamiento será anulada, el nuevo mercado debe operar de manera “natural” siguiendo leyes “naturales” de oferta y demanda. Porque, como decían entonces, y dicen ahora, sus defensores: “la autorregulación es la mejor regulación de los mercados”. Tras la Revolución Industrial, Inglaterra pide el fin de los aranceles para los productos industrializados, mientras que internamente, se profundiza y continúa la expulsión de campesinas y campesinos, la concentración de la tierra, el empobrecimiento, el trabajo infantil y la criminalización de las protestas y resistencias . La Ley Negra, aprobada por el parlamento inglés en la primera mitad del siglo XVIII, preveía la pena capital para “crímenes”, que incluía desde el secuestro de nobles, hasta la caza y pesca en las forestas comunales (reales) . En síntesis, lo que se produjo y que se acentuó hasta nuestros días es que el valor de cambio se sobrepuso, se sobrepone, al valor de uso, y esa lógica justifica el aumento de los cultivos para exportación, aunque haya escasez de alimentos en un determinado territorio. El alimento, de un derecho, pasa a ser una mercancía de las más generadoras de beneficios para los empresarios.
 
Posteriormente, tras la segunda guerra mundial, la Revolución Verde  es otro hito  que sirve para terminar de explicar la situación actual que se vive en relación con la producción y desigualdad alimentaria de los pueblos en todo el planeta. La Revolución Verde ha supuesto una aceleración y extensión de la mercantilización alimentaria. O, dicho de otra forma, una vía de la destrucción de la soberanía alimentaria de los pueblos del hemisferio sur y partes de Asia. En Bangladesh unas 7000 variedades de arroz han desaparecido y en México 11000 variedades de maíz, por poner solo dos ejemplos de las consecuencias que la extensión del monocultivo a nivel mundial están originando. En Latinoamérica a través de la Alianza para el Progreso , llegaron miles de toneladas de harina de trigo blanca sustituyendo a la alimentación basada en el maíz y la yuca por el pan blanco. Este proceso ha generado desempleo y éxodo rural del campesinado empobrecido y sin tierras hacia los alrededores de las grandes ciudades; mientras el campo quedaba contaminado, con pérdida de la biodiversidad y en un proceso de desertización por la “invasión” del monocultivo.
 
La implantación de los cultivos transgénicos es una continuación más reciente de este proceso de aceleración y agudización de la mercantilización alimentaria que estamos sufriendo . Las  consecuencias de la utilización y difusión mundial de semillas transgénicas, que se inició en las décadas de los 80 y 90 han sido similares: concentración de los cultivos más lucrativos  como los grandes monocultivos de soja, maíz, algodón y caña de azúcar, mayor consumo de agrotóxicos, mayor mecanización y un menor uso del trabajo humano en la agricultura por la mayor mecanización y por el uso de los herbicidas que reemplazan la limpieza manual de las malas hierbas. Los pesticidas intoxican y matan a las personas, penetrando en los ecosistemas, eliminando la vida y ocasionando nuevos problemas de plagas y vectores de enfermedades debido a la destrucción de sus depredadores . Así ocurre, por ejemplo, con el algodón, que es muy dependiente de los pesticidas, viéndose que cuando se introduce en nuevas regiones, con frecuencia aumenta la incidencia de la malaria .
 
Con la comercialización de los cultivos transgénicos los problemas se acentúan. La tecnología de semillas conocida como “Terminator”  es el “producto estrella” de corporaciones como Monsanto o Syngenta (que tiene el mayor número de estas patentes), con el que, en el colmo de su cinismo, además de presionar e introducir por medios de “ayudas” sus semillas en diferentes países del mundo, provocan que las plantas obtenidas con esta semilla transgénica sea estéril y no pueda volver a utilizarse para sucesivos cultivos obligando a los agricultores locales a volver a comprarla en los siguientes años. Una gran proporción de semillas genéticamente modificadas contienen un gen de resistencia a un herbicida particular, lo que obliga al agricultor a comprar dicho herbicida. En el caso de la colza transgénica resistente al herbicida glifosato, se han producido cruces simples y dobles con las plantas a las que pretende atacar, las malas hierbas, y estos híbridos se han vuelto resistentes al herbicida.
 
También se han desarrollado semillas transgénicas para que resistan a las enfermedades y a los insectos, a través de bacterias como el bacillus thuringiensis (Bt) que produce varias toxinas que atacan el sistema digestivo de los insectos. Sus genes se incorporan a la semilla, por lo que está presente en todas las partes de la planta y la toxina se encuentra en todos sus órganos (raíces, tallos, hojas y frutos). Los insectos (pero también mariposas y aves) expuestos a estos biopesticidas terminarán creando resistencias además de promover plagas al disminuir la esperanza de vida de otros insectos predadores . Las noticias sobre nuevas resistencias son continuas a pesar del secretismo que existe en la investigación de estos productos .
 
A todos estos peligros económicos, sociales y ecológicos  se añaden los sanitarios, que aunque no estén científicamente comprobados deben ser  muy tenidos en cuenta. Los cambios inesperados en el metabolismo de organismos genéticamente manipulados puede provocar la síntesis de nuevas proteínas o nuevos compuestos eventualmente tóxicos. Otro riesgo para la salud es el agravamiento de las alergias a través de las nuevas proteínas de origen viral, bacteriano, vegetal y animal que, incluidas en los alimentos por primera vez, resultan un  potencial alergénico desconocido. Además, muchas plantas genéticamente modificadas contienen genes de resistencia a antibióticos (los llamados genes marcadores), esto generaría cepas de microorganismos resistentes a esos antibióticos, lo que podría dar lugar a problemas sanitarios . Más preocupante aún son las plantas transgénicas resistentes a virus que abre la puerta a la posibilidad de aparición de nuevos virus totalmente desconocidos (y por ello totalmente vulnerables los seres humanos a ellos) . 
  
Tanto la Revolución Verde como la implantación de los cultivos transgénicos se ha acompañado de una concentración industrial que va acaparando el mercado del sector de la alimentación: semillas, fertilizantes, agrotóxicos, medicamentos, procesamiento de comida, embalaje, etc. Esta generación de monopolios y concentración del capital hace que de las principales grandes corporaciones transnacionales  del sector: Monsanto, Dupont, Syngenta, Bayer, Basf, Cargill, Bunge ADM, las tres primeras detentan los tres primeros lugares (el 47% del total) en el negocio de las semillas patentadas y que, ni que decir tiene, incluyen las semillas transgénicas . En menos de tres décadas, un puñado de estas empresas ha creado un rápido y brutal cerco corporativo en torno al primer eslabón de la cadena alimentaria, las semillas. Y las cuatro primeras (Monsanto, Dupont, Syngenta y Bayer ) se encuentran en los primeros lugares de ventas de agroquímicos a nivel mundial . Las empresas líderes en ganancias económicas de las semillas son también líderes en ganancias por las ventas de plaguicidas y biotecnología.
 
Sin poder extendernos más en estas y otras técnicas de manipulación genética y sus consecuencias inciertas y azarosas, lo que sí es bien conocido en el ámbito científico es el poco control que este tipo de investigación biológica tiene sobre el mundo de los seres vivos, y que dada la rapidez entre investigación y aplicación práctica que se produce para su comercialización, no es nada sorprendente que se sepa mucho del control químico y tan poco sobre el control biológico. Precisamente es alarmante el uso de terrenos, y el secretismo, con el que en Andalucía y en otras áreas del Estado español  está teniendo lugar la extensión de la experimentación de este tipo de cultivos, que suponen el 42% de los ensayos experimentales al aire libre de cultivos transgénicos que se han realizado en la Unión Europea durante los últimos años.
 
En relación con la biotecnología, la nanotecnología  y la biología sintética  que afecta tanto a los recursos, de los cuales los alimentos forman una parte esencial, volvemos a encontrar que la historia se repite, ya que seguimos asistiendo a una justificación del desarrollo de la biotecnología que insiste machaconamente en intentar demostrarnos que nos salvará al mundo del hambre y la pobreza cuando, en la práctica, produce todo lo contrario, más hambre, pobreza y degradación ambiental. Y es que la biología sintética supone un nuevo asalto a la biodiversidad y a los recursos naturales y a un “más de lo mismo” del sistema capitalista: monocultivos, éxodo rural, trabajo esclavo y dependencia de los países empobrecidos. Es fácil imaginar los posibles riesgos que para los humanos y otros muchos seres vivos tiene el desarrollo de nuevas especies de microbios y plantas, que hace que algunos autores rechacen el que sean consideradas “tecnologías”, ya que por definición esta palabra lleva implícito una acepción de control y previsión de todos los posibles resultados adversos, cosa que no ocurre con la biología sintética que manipula artificialmente microorganismos, algunos de ellos patógenos para los humanos, con consecuencias claramente incontrolables e impredecibles para la salud de los seres vivos en general. 
 
La biología sintética a través de la utilización masiva de la biomasa  impactará profundamente en los usos del suelo, la biodiversidad, el ambiente y el bienestar humano. Se basa en el uso de microorganismos manipulados para diseñar nuevas rutas metabólicas y que puedan actuar sobre  los azúcares de alimentos y otras materias primas y producir biocombustibles, bioelectricidad y bioplásticos. Por tanto, la biología sintética depende de la biomasa disponible en amplias zonas del mundo, tanto de tipo alimentario (cultivos de  maíz o de caña de azúcar), como no alimentario (la celulosa de residuos agrícolas, pastos, árboles, bosques, algas, …) para producir: biocombustibles líquidos, como el etanol y el biodiesel, y otros como los hidrocarburos de nueva generación que poseen las mismas propiedades químicas que la gasolina y el combustible para aviones; bioelectricidad (ya se investiga en nanocelulosa y bacterias sintéticas que producen corriente eléctrica a partir de células vivas ) y bioplásticos, productos textiles y sustancias químicas . Por todo lo dicho es fácil de entender que las empresas transnacionales de todos los sectores implicados tengan puestas las miras, y los capitales, en esta nuevas -y mal llamadas- tecnologías, así como en la compra de superficies terrestres y marítimos del Sur global .
 
En realidad podríamos decir que la biología sintética representa el nudo gordiano o punto de interrelación de las empresas más potentes del mundo como son las petroquímicas, las papeleras, las farmacéuticas y, por supuesto las ya comentadas empresas del sector alimentario. Las alianzas se siguen produciendo entre ellas, por ejemplo Dupont y la petroquímica BP, y éstas a su vez con las empresas de la biología sintética (Monsanto, Syngenta, Amyris  Biotechnology, Synthetic Genomics o Novozymes) . Y como protagonistas necesarios y esenciales de este proceso de concentración y alianzas tenemos las universidades, los capitales de riesgo y los gobiernos que respaldan este tipo de investigaciones e inversiones millonarias. Las consecuencias son palmarias, un puñado de estas compañías aliadas (en lo que se viene en llamar agrofarmaindustria ) controla cada vez más una parte de la biomasa del planeta (cultivos, ganado, pesca, etc.) y, en definitiva, sus beneficios los obtienen a costa de acaparar más tierra y, por tanto, más agua y más aire .
 
Las consecuencias y realidad de la agrofarmaindustria es que desaloja a millones de personas de sus tierras, directamente de las tierras donde han vivido, y trabajado, durante generaciones o se les impide el acceso a la tierra, al agua o a otros recursos naturales imprescindibles para su subsistencia. África está siendo el punto de mira de las transnacionales, o gobiernos , que aprueban acuerdos con los gobiernos de esos países para el uso de millones de hectáreas en Etiopía, Ghana, Kenia, Madagascar, Mozambique, Sudán, Tanzania y Zambia , o el arrendamiento de las tierras de estos y otros países de África para producción agrícola o de biocarburantes . Desde el año 2008 se viene observando que este acaparamiento de tierras agrarias fértiles con acceso al agua, no solo en África, sino también en Asia y América Latina, son controlados por bancos inversores, gestoras de fondos privados de capital y fondos de pensiones . La especulación de los fondos de inversión y el consumo de granos para agrocombustibles produce el alza de los precios de los alimentos , suponiendo una jugosa inversión en una época de baja rentabilidad monetaria en otros sectores (deuda pública, sector inmobiliario, etc.) . Las consecuencias son dramáticas para los pueblos y comunidades de estos países, siendo recientes las imágenes que nos llegan de Colombia informándonos del desplazamiento masivo de familias campesinas, indígenas y afrocolombianos por tropas paramilitares en muchos casos ligado a intereses comerciales de las empresas agrofarmaindustriales . Esta realidad, que vuelve a provocar más pobreza, hambre y muerte en estas amplias zonas del mundo , la encontramos también bien documentada en el caso de los recursos marinos.
 
La esquilmación de los recursos alimentarios por parte del Norte político sobre el Sur también se muestra en toda su crudeza en el mar. Los países de África occidental tienen algunas de las zonas de pesca más ricas del mundo y, sin embargo, su seguridad alimentaria está amenazada. En el África subsahariana el consumo de pescado está descendiendo y en la actualidad el consumo de pescado de su población representa menos de la mitad de la media mundial. La pesca artesanal que practican las comunidades locales no puede competir con la flota industrial altamente tecnificada que opera en sus aguas . Buena parte de estos barcos provienen de la Unión Europea, cuya flota, después de esquilmar la pesca en las aguas comunitarias, ha ido ampliando su presencia en aguas internacionales y de otros países. La Unión Europea, en el marco de la Política Pesquera Comunitaria (PPC), paga 158 millones de euros a terceros países (principalmente países africanos empobrecidos) para garantizar el acceso a sus aguas territoriales y a sus recursos pesqueros . Durante años, arrastreros de todo el mundo (la forma de pesca más destructiva por arrasar los fondos marinos y por el “descarte” de numerosas especies “sin interés”), y en particular de Europa y de España, han pescado en las costas del atlántico y del pacífico del continente africano, como Senegal, Mauritania o Somalia, algunos legalmente y otros no . El caso de Somalia es el más conocido por la repercusión mediática que ha tenido los ataques de barcos “piratas” somalíes a  grandes embarcaciones industriales que  navegan por sus aguas .  Más de 800 barcos pesqueros extranjeros operan al mismo tiempo en aguas de Somalia aprovechándose de la incapacidad de ese país de vigilar y controlar sus propias aguas y zonas de pesca. Los 800 barcos arrasan anualmente con peces y mariscos, obteniendo unos beneficios estimados en 450 millones de dólares . Así, roban una fuente inestimable de proteína a una de las naciones más pobres del mundo y arruinan a los pescadores que acaban secuestrando a quienes les roban. No de otra forma puede explicarse la aparición de los “piratas” somalíes ante el expolio que ha sufrido sus costas  y las repercusiones que están teniendo sus “capturas” .
 
6.- ASPECTOS DE DERECHO Y ÉTICA DE LA ALIMENTACIÓN DE LOS PUEBLOS
 
Por todo lo dicho, desde un punto de vista ético, debemos exigir que prevalezcan las necesidades básicas y los derechos de las comunidades frente al derecho de las empresas, de la propiedad privada en general. Y reflexionar sobre quién debe decidir sobre lo que es justo o injusto, lo que es seguro o inseguro, ¿un poder establecido en la propiedad privada para el beneficio de unos pocos o un poder comunal basado en las necesidades e intereses de los pueblos? Planteada así la cuestión, nadie podría tener duda de posicionarse del lado de quien defiende el derecho a la vida, el bienestar y la salud colectiva. Si la evidencia científica hace ya mucho tiempo que ha mostrado los daños para la salud que produce el consumo del tabaco y el exceso de grasas saturadas en los alimentos procesados, por poner solo dos ejemplos bien conocidos, el derecho de la salud de la población debe prevalecer sobre el derecho a la propiedad privada y legislar para que no se cultiven, en el primer caso, o fabriquen estos tipos de alimentos, en el segundo, como única forma de garantizar su eliminación en los circuitos de distribución y comercialización. Con más motivo debemos  reivindicar que el alimento, la comida que necesitamos los seres humanos para vivir y convivir, sea considerado como un derecho –de uso- y un deber en su cuidado por las diferentes comunidades o naciones. Y, además, un buen uso y cuidado de todos los elementos que lo sustentan: la tierra, los mares, la cultura biológica y social, el aire, la Naturaleza toda, en suma. Esta es la ética que debe prevalecer para la propia supervivencia de los seres humanos en el planeta, un planeta lleno de vida pero cuya población se muere de hambre de forma provocada.
 
Incluso dentro de las Naciones Unidas surgen voces que reclaman inscribir en sus principios el derecho a la alimentación, en un mundo donde coexiste un pequeño porcentaje de la población con grandes fortunas multimillonarias y un porcentaje muy superior, más del 14%, que no tienen que comer . Si bien la alimentación es un derecho humano básico recogido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y en otros instrumentos de derecho internacional, Emmanuel Gómez nos recuerda que es uno de los derechos sistemáticamente violados . La demostración más palmaria de la ausencia real de este elemental derecho es que, como reconoce la FAO, las personas que más inseguridad alimentaria y más hambre sufren en el mundo son las que más participan en la producción de alimentos. Las mayorías de las plantas cultivadas son originarias del Sur, donde los campesinos seleccionan, mantienen y conservan la diversidad agrícola desde hace miles de años. Son los pueblos, muchos de ellos indígenas, con mayor riqueza biológica, los que alimentan a un tercio de la población mundial, campesinos que logran mantener una autonomía sobre su producción .
 
En relación con el derecho y la utilización ética de la tecnociencia en el ámbito de la alimentación, llámese biotecnología, biología sintética o nanotecnología, debe ser radicalmente rechazada mientras esté en manos y favorezca la convergencia de las corporaciones privadas y, además, entren en la maquinaria financiera (bolsa) afectando a los precios de los alimentos y productos de primera necesidad. Porque provoca hambre y miseria a nivel mundial por la competencia desleal a pequeños campesinos y productores alimentarios sometidos a las leyes comerciales internacionales. Solamente una ciencia al servicio e insertada en los pueblos y comunidades y respetuosa con la naturaleza deben conformar el ordenamiento jurídico nacional e internacional.
 
Ya hemos comentado como en los inicios del capitalismo industrial el alimento dejó de ser un derecho para representar un importante valor de cambio en los mercados (mercancía). A mediados del siglo XIX, Karl Marx analiza la extrema polarización que se producía en su época entre una riqueza que no conoce límites, en uno de los polos, y una existencia alienada, explotada y empobrecida en el otro polo, creando una contradicción que recorre todo el sistema capitalista . Sistema capitalista que en la actualidad alcanza unas cotas nunca vistas de mercantilización y especulación de los alimentos y de la naturaleza que le rodea (tras su cotización en bolsa) , pero también enfrentado a unas contradicciones irresolubles y nuevas como la crisis ecológica, el agotamiento de los recursos energéticos, la crisis alimentaria y sanitaria y la crisis de exterminio por guerra termonuclear, química y biológica.
 
Si analizamos la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano y la conciencia o ética actualmente imperante en la cultura occidental, se sigue observando la esencia individualista del ideal de justicia que exalta al individuo y lo protege de las posibles amenazas de otros seres individuales . Fue en la base a este derecho individual e individualista que  se constituyeron los Estados modernos burgueses siendo la esencia de su existencia, su razón de ser, la propiedad privada y la explotación de los trabajadores. O mejor dicho, los derechos individuales fueron la excusa y justificación de la burguesía para defender la existencia de la propiedad privada y su perpetuación como clase en el poder. Conforme la industria y la agricultura se fueron desarrollando a gran escala, ambas se combinaron para empobrecer el suelo y al trabajador. Al principio se distinguen porque la primera arruina la fuerza de trabajo del hombre, y lo agota, y la segunda agota la fuerza natural del suelo, como lo resume Marx en un impresionante pasaje final del tomo III de El Capital: “….El latifundio reduce la población agraria a un mínimo siempre decreciente…la industria a gran escala y la agricultura a gran escala explotada industrialmente tienen el mismo efecto…..se combinan, porque el sistema industrial aplicado a la agricultura también debilita a los trabajadores del campo, mientras que la industria y el comercio, por su parte, proporcionan a la agricultura los medios para agotar el suelo ”. (Páginas 949-950 del tomo III de El Capital).
 
Por tanto, la práctica de este derecho, y ética burgueses, es, no solo la explotación laboral y la producción de plusvalía sino también el derecho individual de explotar los recursos naturales que son de “mi” propiedad o están en “mi” propiedad frente al derecho colectivo de acceso, por ejemplo, al agua . En el mundo occidental esta visión del ser individual ha borrado de nuestras conciencias al ser social. Por ello, no solo debemos combatir la propiedad privada sino también nuestra conciencia individualista y egoísta que ha impregnado las sociedades enriquecidas de los estados europeos. Frente al derecho, y ética, burgueses impuestos durante décadas, debemos potenciar y construir los derechos colectivos y sociales, participativos y democráticos a través de una ética de lo comunal y de la resistencia y lucha de los pueblos . Solo este derecho puede preservar los bienes comunes como patrimonio de la humanidad, las semillas, los alimentos, el agua, el aire y otros que no pueden ser apropiados de ninguna de las formas como Marx ya nos adelantaba en otra de sus brillantes citas, ”… la propiedad privada de la tierra en manos de determinados individuos parecerá tan absurda como la propiedad privada que un hombre posea de otros hombres. Ni siquiera una sociedad o nación entera, ni el conjunto de todas las sociedades que existen simultáneamente son propietarios de la tierra. Son simplemente sus posesores, sus beneficiarios, y tienen que legarla en un estado mejorado a las generaciones que les suceden, como boni patris familias [buenos padres de familia]  .
 
La internacionalización de las relaciones de producción en la estructura económica a nivel mundial ha provocado una superestructura jurídica internacional al servicio del imperialismo capitalista recolonizador. Esta recolonización provoca profundos cambios en los ordenamientos jurídicos nacionales e internacionales como las nuevas leyes de patentes, bolsas de valores y mercados financieros , cuyos antecedentes lo tenemos en las ayudas al desarrollo de las Naciones Unidas, y están íntimamente ligados con los rescates del FMI. A nivel nacional podemos señalar las leyes que permitieron las privatizaciones y alteraron las leyes laborales en Argentina o la escandalosa Ley de Extradición votada por el Congreso colombiano . El rechazado Tratado de ALCA (Acuerdo de Libre Comercio de las Américas) fue un intento de reglamentación jurídica para la sobreexplotación de América Latina que contemplaba la reducción gradual de barreras arancelarias coincidiendo con la edición del Banco Mundial de un documento sobre alteración del poder judicial en los países latinoamericanos. La resistencia de los pueblos y de algunos gobiernos de la zona (destacando Venezuela) impidieron su materialización. Estas y otras normas jurídicas que se implantan (o se intentan implantar) a nivel nacional o internacional son instrumentos necesarios al servicio de la clase dominante, y que por lo mismo se incorporan a su aparato organizado, el Estado.
 
Como nos señala Iñaki Gil de San Vicente, cuando el sistema capitalista, e imperialista, quiere privatizar el agua, patentar semillas, medicamentos y agrotóxicos, comprar o alquilar las gigantescas reservas de la biomasa para su explotación industrial, estas exigencias no tienen únicamente un contenido económico y político, sino también una innegable carga ética, normativa y cultural. Frente a esta ética burguesa y del capital, la de la propiedad privada y la de la esclavitud más terrible de la Naturaleza por parte de un “hombre económico” que solo busca el beneficio, solo podremos oponer la ética humana, la de la propiedad colectiva y comunalista: la ética comunista .
 
7.- ¿QUÉ PODEMOS HACER?
 
Ante esta situación de injusticia y desigualdad que se genera en el tema alimentario, pero con conexiones cada vez más visibles con otras ramas de la producción a nivel mundial, ¿qué podemos hacer? Son muchos y variados los frentes en los que se podría actuar modificando actitudes y organizando las acciones desde lo más personal y profesional hasta lo social y político, y desde lo local a lo global, que se configura como una unidad de acción dialéctica, de transformación. Transformarnos individualmente, luchando contra el individualismo y el subjetivismo que anida en nosotros y participar de esta transformación en las acciones colectivas. Es esa interacción personal-subjetiva con la social-objetiva lo que debe guiar todas las  posibles líneas de acción.  
 
Creemos, por tanto, que es necesario conocer todos los contextos locales, pero también internacionales, de fortalezas y debilidades para plantearnos el qué y cómo hacer. Empezamos por el conocimiento que es una premisa básica para la acción, ya que todos los aspectos son necesarios e imprescindibles, mostrando nuestra coherencia ética con lo que pensamos y hacemos en los diferentes ámbitos. Si queremos una alimentación y consumo alimentario saludables para nosotros, nuestros familiares y para toda la sociedad debemos actuar y cambiar en esa dirección empezando por nosotras mismas. Evitar el consumo excesivo e irresponsable de alimentos producidos con  un alto coste económico, social y ecológico. Las encuestas nutricionales muestran que nuestra dieta es cada vez más cárnica y con un porcentaje muy alto de proteínas de origen animal en detrimento de legumbres, cereales, frutas y verduras. En el Estado español, el gasto en carne, pescado, huevos, leche y  derivados lácteos suponen el 50,3% del gasto per cápita en alimentación, a lo que hay que añadir el consumo de los alimentos transformados como bollería, platos preparados, gaseosas y refrescos que supondría un 12,2% más . Lo alimentos insanos, bien por su producción como por su composición, abundan en nuestro medio por lo que es realmente difícil y complicado evitar y, ni siquiera conocer, los alimentos contaminados de productos químicos, transgénicos o producidos bajo condiciones inadmisibles de explotación laboral y saqueo de los pueblos. Pese a todo, siempre se pueden tomar medidas individuales, empezando por transformar nuestro consumismo alimentario mediante un consumo responsable. Solamente el acto de comer una menor cantidad, absoluta y relativa, de los alimentos de origen animal arriba nombrados y alimentos de fabricación industrial estamos mostrando nuestro rechazo a la producción intensiva de las explotaciones agropecuarias y aviarias o a la esquilmación de los caladeros pesqueros. Además, debemos indagar el origen de los alimentos intentando consumir aquellos producidos en lugares cercanos a donde vivimos y de forma respetuosa con la clase trabajadora y la naturaleza. Si vivimos en Andalucía, por ejemplo, procuraremos que el pescado que consumimos sea de los pescadores andaluces que operan con métodos tradicionales no intensivos y destructivos  o tomaremos las frutas, verduras y hortalizas de los campesinos y pequeñas explotaciones próximas a nuestra localidad y rechazaremos los productos de los grandes invernaderos, de latifundios o de cultivos transgénicos.
 
En los grandes supermercados, por regla general,  es más difícil encontrar productos locales, cultivados y fabricados de forma natural y equilibrada en pequeñas granjas y empresas alimentarias. En las tiendas pequeñas, en las fruterías, pescaderías y carnicerías del el barrio puede ser más fácil encontrar productos donde conozcamos su procedencia y forma de elaboración, más frecuentemente en zonas cercanas al lugar o ciudad donde vivimos. Y, sobre todo, podemos informarnos e informar mejor en ese tipo de establecimientos de lo que queremos y porqué lo queremos .  Ya no solo como consumidora, sino también como persona consciente, debemos difundir y potenciar los establecimientos que vendan productos locales y ecológicos, y especialmente cooperativas de productores y consumidores, redes de semillas de variedades locales, etc. Además de apoyar experiencias agroecológicas como la distribución de ecocestas, los huertos urbanos , y los grupos de consumo ecológicos y otros grupos de autogestión del consumo o de autoconsumo .
 
Pero el consumo responsable y el apoyo activo a cooperativas y agricultores locales  no son suficientes si no se acompaña de una labor educativa y de concienciación dentro del entorno laboral y social en el que nos movemos. Seamos profesores, jardineros o sanitarios, cualquier profesión en mayor o menor medida puede intervenir y alentar una forma de vida y de producir saludables para nuestro pueblo a la vez que transformamos nuestra forma de consumir y de quien nos rodea. Un ejemplo de lo que decimos lo constituye la iniciativa “comedores universitarios ecológicos” que, para este curso académico, el Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT) de la Universidad de Sevilla ha impulsado y puesto en marcha para que en los comedores universitarios de los cinco campus se puedan disfrutar de tres productos ecológicos (arroz, legumbres y pastas) en sus menús diarios y sin aumento de precio .  Además, los diferentes colectivos sociales que se forman en torno a todos estos aspectos de la alimentación, y otros relacionados con la salud colectiva, deben tener libertad y capacidad para exigir que se cumplan las leyes que protejan la Salud Pública.
 
Las formas de lucha pueden ser muchas y muy variadas. Por ejemplo, los actos de sabotajes como el realizado en julio de 2010 en Girona por “Liberación Total” , o el que reivindicaron hace pocos meses las “Campesinas Extremeñas en Lucha” contra un campo experimental a cielo abierto de maíz transgénico en la provincia de Badajoz, este último considerado por Ecologistas en Acción como un acto de legítima defensa de la salud pública, el medio ambiente, la vida rural y los derechos básicos de las personas .  Destacamos también, la lucha de las llamadas “madres de Ituzaingó” en Argentina, donde con su “Campaña Paren de fumigar” han logrado frenar, y llevar el caso ante los tribunales en Marzo de 2011, a las multinacionales que habían implantado inmensos campos de soja transgénico cerca de zonas habitadas, y provocado, con la fumigación de agrotóxicos (endosulfan y glifosato), leucemias, enfermedades respiratorios y dermatológicos, malformaciones congénitas y otros problemas de salud . Y es que la lucha contra los cultivos transgénicos, pese a su rechazo en diferentes estados y naciones , debe continuar con más fuerza que nunca dado los graves problemas económicos, sociales y ecológicos que plantean . Debemos avanzar en declarar nuestros campos libres de transgénicos, no solo las decenas de municipios de Andalucía como Marinaleda, El Arahal o La Algaba,   sino llegar a comarcas mucho más amplias y a todo el territorio andaluz a través de iniciativas populares que prohíban en nuestra tierra estos cultivos por sus posibles efectos negativos sobre la salud humana y de todo tipo.   
 
Esta lucha por la seguridad alimentaria y, más aún, por la soberanía alimentaria de los pueblos que trabajan en el campo se expande y continua resistiendo y frenando los intentos de las transnacionales y los gobiernos por imponer el modelo agroalimentario del sistema capitalista en esta fase del imperialismo que llaman globalización . Esta expansión de las luchas por la seguridad y la soberanía alimentaría es debido a la toma de conciencia social y política de las campesinas, indígenas y gente del mundo rural que se organizan en movimientos nacionales e internacionales de campesinos y trabajadores del campo, destacando la organización Vía Campesina .
 
Todo este amplio movimiento de lucha y rebeldía termina traspasando esa línea imperceptible que separa la lucha economicista, ecologista o medioambiental de la lucha política al verse enfrentados, y atacados, ante el muro de un  sistema económico y político que nunca dejará fácilmente su poder económico, financiero, jurídico y militar. Por tanto, la lucha organizada, social, sindical y política, es básica para impedir que se vulneren derechos ya reconocidos y, por tanto, hacer cumplir  la implantación de una verdadera soberanía alimentaria. Ya hemos visto que el bien común, el derecho comunal debe prevalecer frente al derecho de la propiedad privada que en el estado actual de internacionalización del poder de las empresas y las legislaciones que las amparan está afectando a la salud global de la población. Los alimentos, comenzando por los cereales, el agua o el aire deben ser bienes comunales, de todos y deberían ser protegidos por las leyes nacionales e internacionales. Un frente de lucha será exigir que se cumplan las leyes de nuestro país o, en su defecto, que se promulguen las leyes necesarias que defiendan este derecho comunal, que verdaderamente responda a las necesidades de salud y seguridad de nuestro pueblo. Más allá de la reivindicación jurídica debemos luchar por la defensa de la soberanía alimentaria de los pueblos, y del nuestro, el de Andalucía, donde tenemos mucho que luchar y cambiar. En este sentido subscribimos la alternativa que plantea la ponencia “Soberanía Alimentaria” del Primer Congreso Nacional del SAT celebrado los días 17 y 18 de Diciembre de 2011 . Tanto por el sentido práctico que le da a la soberanía alimentaria  como por el concepto nuevo de la agricultura, la ganadería, la pesca y el entramado agroalimentario, reivindicando la devolución a los pueblos y a las naciones su capacidad de decidir, según sus propios intereses, la política agroalimentaria en cada momento. Pero para alcanzar esta soberanía hay que romper con las directrices que ha impuesto e impone la OMC (Organización Mundial del Comercio) desde donde operan las transnacionales. Tampoco cabe Soberanía Alimentaria desde la opresión que impone el FMI (Fondo Monetario Internacional) y el Banco Mundial e igualmente se necesita, al menos, un cambio radical de la PAC (Política Agraria Comunitaria) actualmente al servicio de los terratenientes del campo y de las multinacionales agroindustriales.
 
Por tanto, la lucha política y organizada es esencial en la mayoría de los países del mundo para reivindicar cambios políticos y sociales profundos que transformen esta estructura económica capitalista basada en el beneficio a través de la explotación –y producción de plusvalía- de los trabajadores y del expolio y destrucción de la naturaleza. La esquilmación y saqueo en diferentes zonas del mundo no es algo consentido o consensuado por las comunidades autóctonas, sino que se lleva a cabo por la fuerza de gobiernos locales e internacionales, por medio de mercenarios o paramilitares que protegen a las excavadoras y aserradoras que asolan las grandes selvas del planeta, mediante invasiones militares cubiertas o encubiertas o de golpes militares más o menos solapados . En algunas ocasiones la lucha contra el gobierno por pactar con otros gobiernos y sus transnacionales a costa de su pueblo tiene resultados positivos como su derrocamiento y la llegada de un nuevo gobierno que defiende el acceso real de la tierra a sus agricultores locales . En otros casos las organizaciones campesinas de diferentes países, pero con problemas muy parecidos, se  asocian en coaliciones y ligas como la Coalición de Campesinos Asiáticos y la Liga Internacional Panasiática que unen sus fuerzas contra el acaparamiento de tierras y luchan por una verdadera reforma agraria en diez países del continente asiático .
 
Proponer un nuevo modelo agroalimentario ético, sostenible, solidario y comunal en donde los alimentos sean un derecho para todas la personas y pueblos del mundo salta los límites de las estructuras capitalistas ya que es incompatible con la propiedad privada sobre los recursos naturales, las patentes privadas de semillas o la conversión en negocio de una necesidad básica de los pueblos a la alimentación sana y segura. En Andalucía, como en otros muchos lugares del mundo, y pese a sus idiosincrasias particulares, es más necesaria que nunca una auténtica revolución agraria, un cambio profundo y de raíz para conseguir este nuevo modelo agroalimentario tal y como plantea la ponencia presentada en el recientemente celebrado Congreso del SAT en Sevilla y que resumimos en tres puntos fundamentales . 1) Considerar el alimento como un derecho inalienable de los pueblos que los estados deben garantizar. 2) Expropiar a los expropiadores los bienes comunales, la tierra, el agua, las semillas y los recursos naturales arrebatados a los pueblos. 3) Relaciones horizontales de comercio sin monopolios ni oligopolios agroalimentarios y producir alimentos saludables a través de su trazabilidad comprobada . En definitiva, luchar por la salud y bienestar de los pueblos, por el consumo alimentario saludable es sacar los alimentos de los mercados capitalistas y convertirlos en patrimonio de las personas, los pueblos y la Humanidad.

 

 

Concepción Cruz Rojo:
Licenciada en Medicina y Cirugía y Master en Salud Pública en la Facultad de Medicina de la Universidad de Cádiz con calificación de Excelencia “A” en el año 1989.

Desarrollo mis primeros años de actividad profesional, como médico titular en actividades de epidemiología, gestión y coordinación de Programas de Salud. En esos mismos años realizo mi tesis doctoral en el entonces Departamento de Ciencias socio-sanitarias de la Facultad de Medicina de la Universidad de Sevilla, “Valoración nutricional en escolares de tres niveles sociales de la ciudad de Cádiz”, en el año 1992 con la calificación de Apto “CUM LAUDE”.
Desde el año 1998 pertenezco al grupo de investigación: “Análisis epidemiológico de las desigualdades en salud” del Departamento de ciencias socio-sanitarias de la Facultad de Medicina de la Universidad de Sevilla y sigo compaginando la actividad profesional como epidemióloga y la investigadora con la realización de proyectos de investigación participación en congresos y publicaciones de reconocido prestigio internacional.
En el año 2001 soy contratada como profesora asociada a tiempo parcial, impartiendo docencia en diferentes materias en la Facultad de Medicina (Factores psicológicos y sociales de la salud, Epidemiología General y Demografía Sanitaria, Medicina Preventiva, Medicina Preventiva y Salud Pública y Comunitaria, Medicina Familiar y comunitaria); la Facultad de Farmacia (Salud Pública y Sanidad Ambiental) y en la Facultad de Odontología (Epidemiología y Salud Pública y Odontología Comunitaria).
En el año 2004 me dedico exclusivamente a la docencia e investigación como profesora asociada a tiempo completo hasta mi acreditación en Agosto de 2006 como profesora Contratada Doctora.
Especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública.

 

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Una respuesta en Alimentación Humana: Causas y consecuencias para la salud

  1. vanesa yulieth 11 Julio, 2016 en 11:01 am

    pues la verdad no entiendo porque no supieron dar una informacion adecuada

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