Un gobierno basado en falsedades, engaños y mentiras

En su programa de televisión, el periodista Jorge Lanata muestra clara y en forma harto elocuente, que la modalidad adoptada por la presidente, es en realidad un perfecto montaje de teleteatro, verdaderos shows, en donde las personas en conversación con la presidente son seleccionadas después de un cuidadoso casting.

Cristina miente

Por Alfredo Raúl Weinstabl – Un gobierno basado en falsedades, engaños y mentiras

Hace muy pocos días escribí una nota en la cual afirmaba que parecía que en el gobierno existía una “asociación ilícita formada para decir disparates y falsedades” liderada por “nuestra” presidente. Veamos los últimos casos.

El miércoles pasado, el Jefe de Gabinete de Ministros, su cargo indica claramente su alta jerarquía y responsabilidad consecuente, Juan Manuel Abal Medina, se presentó ante en el Palacio Legislativo, ante la Cámara de Senadores para someterse a las preguntas de los Senadores (es la primera vez que concurre, pese a que la Constitución lo indica que debe ser mensualmente).

Ante una pregunta del radicalismo, el Jefe de Gabinete afirmó “que no se encomendó a la firma CVS (ex Ciccone), ni la impresión de billetes, ni la acuñación de monedas”.

Muy poco después salió a la luz y se hizo público, el contrato que la compañía de Valores Sudamericana (CVS), la ex Ciccone Calcográfica, firmó con el Estado para la impresión de billetes de 100 pesos.

¿Cómo se debe interpretar este absoluto contrasentido? Abal Medina no estaba al tanto,  o pretendió engañar al pueblo argentino mintiendo descaradamente a los Senadores.

El Jefe de Gabinete evitó cuidadosamente en tocar el tema de Ciccone y  el vicepresidente Boudou, pese a que en estos momentos todo indicaría que es uno de los escándalos de corrupción más graves e  importantes del gobierno y sobre el cual el oficialismo no emite ningúna palabra. Es como si ese problema no existiera.

Otro caso. La modalidad adoptada por la presidente, ya hace unos meses atrás, de realizar video conferencias con ciudadanos de las provincias transmitidas a todo el país por la cadena nacional de difusión, resultó novedosa y práctica, ya que pasó a ahorrar medios logísticos y tiempos para la presidencia.

En aquellos lugares en donde se inauguraban obras públicas, o simplemente para conversar con ciudadanos comunes de aquellos lugares, Cristina dialogaba espontáneamente con personas elegidas al azar, para conocer sus opiniones o impresiones.

Era notable ver el entusiasmo, la alegría, la emoción  y en oportunidades la devoción hasta las lágrimas, de los personajes en cuestión, por el hecho de poder dialogar con la más alta autoridad del país. También era visible ver como se reflejaban estas conversaciones en la cara de Cristina que se emocionaba por los comentarios de sus interlocutores. En oportunidades hubo escenas verdaderamente emotivas.

Estas personas eran todo elogio, agradecimiento y loas a la presidente y apoyo a su gobierno.

Pero es sabido que la mentira tiene patas cortas.

En su programa de televisión del día domingo pasado, el periodista Jorge Lanata muestra clara y en forma harto elocuente, que la modalidad adoptada por la presidente, es en realidad un perfecto montaje de teleteatro, verdaderos shows, en donde las personas en conversación con la presidente son seleccionadas después de un cuidadoso casting.

Y en su mayoría estos “extras” son militantes o dirigentes políticos del oficialismo, o que  tienen vínculos con este, que se hacían pasar por ciudadanos comunes para expresar su agradecimiento hacia ella o su apoyo a su gobierno.

Una verdadera farsa y un artero y miserable engaño, encabezado por la presidente de la Nación.

Es casi imposible pensar que un gobierno y mucho menos un presidente pueda apelar a esas torpes manipulaciones y engaños para tratar de de salvar su tambaleante “modelo”.  Una verdadera inmoralidad.

Y para colmo de errores y torpezas dentro de la misma “asociación ilícita de de expresar  disparates y falsedades”, frecuentemente los mismos miembros de la misma, tienen versiones y posturas diametralmente antagónicas y opuestas entre si.

Y para cerrar estos hechos de los últimos días, en oportunidad en que se conmemoraban los 25 años de la creación del principal órgano oficialista, el diario Página 12, la presidente, que concurrió al festejo, siguiendo su costumbre pronunció un discurso.

En el mismo, la  mandataria evitó ostensiblemente mencionar  a su fundador, Jorge Lanata. Como sabemos este no solo fue su creador y fundador, sino también fue su director en los primeros diez años del periódico.

Este hecho constituye un ejemplo más de cómo se construye el relato oficialista, siguiendo su particular, mendaz  y fantasiosa óptica, mencionando solo aquello que les conviene y omitiendo lo que no les es favorable. En otras palabras, una artera forma de manipular y tergiversar la realidad.

    Es un hecho similar a cuando se refirieron al Dr. Belgrano o alsanguinario genocida”, el General Roca.

   Lanata se sintió afectado por la omisión de Cristina y en una excelente carta pública dirigida a la presidente, se consideró el primer desaparecido de la gestión del cristinismo.

Afortunadamente Lanata tuvo la oportunidad de auto defenderse de la omisión, error o improperio. Por razones obvias, no lo pudieron hacer ni Belgrano ni Roca y tantos otros.

Somos nosotros, los argentinos de bien, que debemos velar por la verdad y particularmente por la verdad histórica. 

Estos tres casos expuestos y ocurridos en solo los últimos días, muestran un desprecio, una desconsideración y una absoluta falta de respeto a los ciudadanos argentinos.

Pero estos hechos son mucho más graves que las cotidianas transgresiones a la Constitución Nacional o a las leyes vigentes que efectúa el gobierno.

Constituye una forma de subestimarnos y agraviarnos personalmente, al tratarnos como lelos o estúpidos.

En uno de sus últimos discursos, Cristina expresó que este gobierno está dando vuelta la página de la Historia. Estoy totalmente de acuerdo, pero la están dándola vuelta para atrás, para el pasado. Y no solo una página, sino varias. Un inmenso retroceso. Verdaderamente penoso y lamentable.

 Dr. ALFREDO RAÚL WEINSTABL                                 

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