¿Premio Nobel de la Paz o Premio Nobel de la Guerra?

Barack Obama (un criminal, que duda cabe), culpable una y otra vez de múltiples crímenes de guerra, planea más muerte, destrucción, conquista, colonización, control de recursos, explotación y dominación. Siria es el objetivo número uno; luego, Irán; después, otros países. Sigue la pauta tradicional de Washington de declarar la guerra a la humanidad. El programa nuclear pacífico de Irán es el pretexto para una guerra a partir de noviembre. La matanza de Houla en Siria la acerca más a Assad.

Obama nobel de la "paz"

Obama nobel de la "paz"

Por Stephen Lendman. La guerra se acerca, cuente con ella. Obama planea la guerra contra Siria

Barack Obama es un criminal, que duda cabe. El Comité Nobel Noruego del Parlamento Noruego sin dudas sabía quién era Obama. Pero ante las contundentes evidencias de que el premiado no ha honrado tal distinción, y ante los agravios que la humanidad ha sufrido por su conducta criminal, el Comité noruego debería condenar públicamente a Barack Obama. 

Obama, culpable una y otra vez de múltiples crímenes de guerra, planea más muerte, destrucción, conquista, colonización, control de recursos, explotación y dominación.
Siria es el objetivo número uno; luego, Irán; después, otros países. Sigue la pauta tradicional de Washington de declarar la guerra a la humanidad.

El programa nuclear pacífico de Irán es el pretexto para una guerra a partir de noviembre. La matanza de Houla en Siria la acerca más a Assad.

Desde principios del año pasado han muerto miles de civiles y miembros de cuerpos de seguridad sirios. El recuento diario de muertos asciende. Los insurgentes reclutados por Occidente tienen la mayor parte de la responsabilidad. De los delitos de aquellos se culpa injustamente a Assad.

Houla representa hasta la fecha el incidente más numeroso. Se ha hablado de, al menos, 109 muertos. La mayoría fueron muertos desde muy cerca.

Según Rupert Colville, portavoz de la oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU (OACDH), más del 80 por ciento «fueron ejecutados de forma sumarísima en dos incidentes diferentes».

«Lo que está muy claro es que fue un suceso absolutamente abominable que se produjo en Houla y, al menos, una parte importante de él fueron ejecuciones sumarísimas de civiles, incluidos mujeres y niños.»

El año pasado se fijaron como blanco a Gadafi. Este año promueven la guerra contra Irán y contra Siria. La propaganda desvergonzada promueve a qué se deben oponer.

Familias enteras «fueron disparadas (a sangre fría) en sus hogares» o asesinadas por otros métodos.

Los asesinos de los escuadrones de la muerte reclutados por Occidente, y no Assad, son quienes tienen toda la responsabilidad. Las acusaciones falsas han culpado a los alauitas favorables a Assad.

Las afirmaciones según las cuales los tanques y la artillería «han machacado» Houla eran exageraciones. Los cadáveres encontraos estaban intactos. Las heridas de bala, de arma blanca u otro tipo reflejan la corta distancia desde la que se cometieron los asesinatos. Los insurgentes iban casa por casa. Las víctimas no tenían dónde esconderse.

Sin embargo, Washington, Gran Bretaña, Francia y otros socios deshonestos han reaccionado como se esperaba.

Judith Miller, antigua colaboradora de The New York Times, ya no está en estado de gracia. Fue la cómplice directa de la promoción de la guerra contra Iraq.

Se expulsó a los embajadores. Siria no tiene embajador en Washington desde el año pasado. A su responsable de negocios se le dio un plazo de 72 horas para abandonar el país. Una declaración de la Casa Blanca que condenaba a Assad por los delitos de asesinato de la banda armada a la que trataba de poner freno decía:

«Estos actos son un testimonio repugnante que da prueba de un gobierno ilegítimo que responde a las protestas políticas pacíficas con una brutalidad inhumana e inefable.»

Desde que estallara la violencia el año pasado, Washington ha orquestado los acontecimientos sobre el terreno. Los altos cargos de Obama son quienes tienen toda la responsabilidad de los asesinatos masivos, la destrucción, el caos y la inestabilidad.

Estados Unidos está directa o indirectamente implicado prácticamente en todos los conflictos regionales. Es el primer violador del mundo de los derechos humanos. La guerra sostenida y prolongada se ha fijado como blanco a Assad. Tal vez se esté utilizando a Houla como disparadero para declararla.

Los reportajes de los medios de comunicación incendiarios y sinvergüenzas aumentan las probabilidades de guerra. No sería la primera vez.

Judith Miller, antigua colaboradora de The New York Times, ya no está en estado de gracia. Fue la cómplice directa de la promoción de la guerra contra Iraq. Sus artículos diarios de portada se interpretaban como comunicados de prensa del Pentágono. Sacrificó el periodismo por la propaganda belicista. Los jefes de redacción de The New York Times se lo permitieron. Judith ya no está, pero ellos siguen en su puesto.

El año pasado se fijaron como blanco a Gadafi. Este año promueven la guerra contra Irán y contra Siria. La propaganda desvergonzada promueve a qué se deben oponer.

Los corresponsales, colaboradores de opinión y redactores editoriales de The New York Times conforman un Arca de Noé virtual de artistas del chanchullo. La ética periodística no se tolera. Se exige sumisión ciega a la riqueza y el poder. Así es mentir para ganarse la vida.

El 30 de mayo varios artículos publicados y un editorial incendiario se fijaron como blanco a Assad.

Uno titulada  «Los países occidentales expulsan a diplomáticos en protesta por las matanzas» decía:

El martes, Washington «se unió a 10 países…». Expulsaron a los diplomáticos sirios. Los dedos apuntaban en la dirección equivocada. La retórica calenturienta sustituía a la verdad. Se escuchaban con toda claridad los tambores de guerra.

El periodismo está al servicio de la información precisa, sin programa político. No se debería tolerar el partidismo. Tomar partido se aparta tremendamente de dar buena información. Lo vemos con demasiada frecuencia en las páginas de The New York Times.

Calificar a Houla de «un fenómeno raro que aumenta bruscamente de frecuencia» se acerca peligrosamente a promover la guerra. Culpar a Assad de las matanzas de los insurgentes la acerca aún más.

No hay publicación que tenga mayor influencia planetaria que The New York Times. Las autoridades del gobierno siguen sus artículos, comentarios y editoriales. Los programas que defiende influyen en las políticas del gobierno. Promover la guerra no significa más que hacerla más probable.

Los planes de guerra estaban preparados desde hace meses. También están listos para Irán. Los socios fundamentales de la OTAN y los aliados de la región los apoyan.

The New York Times dista mucho de ser lo que era el 13 de junio de 1971. Se convirtió en el primer periódico que empezó a publicar documentos secretos del Pentágono. Su director en aquella época, Arthur Ochs Sulzberger, decía: «lo que se ha revelado había que revelarlo […] la gente tenía derecho a saber».

En un artículo de 1996, The New York Times decía:

Los documentos del Pentágono «demostraban, entre otras cosas, que el gobierno de Johnson había mentido sistemáticamente no solo a la opinión pública, sino también al Congreso, acerca de un tema de trascendental interés y relevancia nacional».

¿Importaban menos las mentiras en las informaciones sobre las inexistentes armas de destrucción masiva de Iraq? ¿Eran aceptables las mentiras sobre Gadafi? ¿Era buen periodismo tergiversar la información sobre Afganistán?

¿Es que los principios rectores de la ley son irrelevantes? ¿Es que las noticias asépticas sin ápice de verdad y la claridad absoluta son propias de las páginas de The New York Times? Las preguntas obvias encuentran respuesta.

Otro titular decía «Romney hace un llamamiento a la acción respecto a Siria, pero su partido está dividido». Luego, proseguía:

«Él y otros halcones del Congreso quieren guerra contra Siria. John McCain, Joe Lieberman y Lindsey Graham son particularmente beligerantes. Apoyan abiertamente el ataque aéreo. Romney anda más lejos de esa retórica, pero no del calendario para derrocar a Assad. La mayoría de los demás miembros del congreso lo apoyan. Obama, también. Romney quiere que la acción se acelere.

El general Martin Dempsey, presidente del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, declaró:

«Por supuesto, la opción militar siempre está ahí […] Puede llegar el momento en que se aplique a Siria debido a las atrocidades.»

Añadió que la matanza del viernes aumentó las probabilidades de la intervención.

Los planes de guerra estaban preparados desde hace meses. También están listos para Irán. Los socios fundamentales de la OTAN y los aliados de la región los apoyan. También el Ejército Libre de Siria, con base en Turquía, y el Consejo Nacional Sirio.

Otro artículo de The New York Times destacaba que «el Ministro de Defensa de Israel reclama más acciones contra Assad  y concretaba:

[La matanza de Houla «obliga al mundo a emprender la acción; no solo conversaciones, sino acción», dijo. Se detuvo justo antes de instar a que se declarara la guerra, pero imagínense lo que dirá en privado.

El Vice Primer Ministro Shaul Mofaz ha declarado:

«Occidente debe intervenir, directa o indirectamente». Añadió que Israel debe implicarse. Este tipo de comentarios hace pensar que la guerra se acerca. Cuando la retórica se acalora tanto, enseguida se suelen empezar a dejar caer bombas. En este momento, parece casi seguro. Habrá que ver si Rusia y China pueden impedirlo.

El 30 de mayo, un editorial de The New York Times titulaba «La matanza de Houla» y decía:

Expulsar a los diplomáticos sirios se aproxima bastante a otras medidas más duras que son necesarias. Rusia sigue siendo un «control en el camino». Los dedos señalaban exclusivamente a Assad. Houla «solo ha sido la última prueba de que jamás se propuso» buscar la paz.

El editorial apuntaba que «los shabiha, o matones pro gubernamentales» llevaron a cabo «al menos parte de los asesinatos disparando a las personas —incluso a familias enteras— desde muy cerca».

La pregunta más obvia quedaba sin responder: ¿Cui bono? [«¿Quién se beneficia de todo esto?»]. Sin duda, Assad no.

Al igual que otros editoriales hostiles anteriores, este se quedaba al borde de instar a la declaración de guerra. Con toda esta retórica de la bravuconería, solo es una cuestión de tiempo. Los llamamientos generalizados se vuelven más sonoros.

El 29 de mayo, un editorial de The Washington Post Post titulado «Momento de que Estados Unidos asuma el liderazgo en Siria» señalaba:

El recuento de cuerpos aumenta. Hay un «alto el fuego ilusorio». Houla no fue la única. Solo es «un caso mejor documentado que [otros] delitos [de Assad] [….] en ciudades y pueblos de toda Siria».

Un ataque de bandera falsa del que se culpara a Siria podría garantizar la guerra. No sería la primera vez que Estados Unidos manipulara los hechos para librar una guerra…

«El gobierno de Obama también persiste en declinar ejercer el liderazgo estadounidense que requeriría detener las matanzas. Lleva los dos últimos meses escondido detrás del señor Annan. Ahora […] su plan se ha vuelto un engorro…»

«La realidad es que en Siria continuarán las matanzas, y que en todo Oriente Próximo se incrementarán las amenazas para intereses vitales estadounidenses…»

The Washington Post también se quedaba a las puertas de reclamar guerra. La cuestión es durante cuánto tiempo. Los comentarios violentos y la retórica política hacen pensar lo que los defensores de la paz más temen.

Un artículo de Haaretz  de la línea dura aumenta la tensión. Titulaba «Sobre Siria: el mundo sigue charlando» y decía:

«La amenaza siria no se cierne solo sobre las ciudades y pueblos sirios; también está calentando los motores de los aviones de combate de Israel» para atacar Irán.

Trufado de información tergiversada, simulaba preocupación por la seguridad y la estabilidad de la región. Cuando los comentaristas y las autoridades políticas irresponsables promueven guerras se aducen razones espúreas.

El engaño reemplaza a la verdad y a la razón. Luego, se suelen tomar medidas pésimas. Solo ganan los intereses imperiales. Pierde la gente de ambos bandos. Un conflicto engendra otros.

Los disturbios y la violencia incesantes persisten. Defenderlos es carecer de escrúpulos. El sonido de los gritos de guerra aumenta de volumen.

Un ataque de bandera falsa del que se culpara a Siria podría garantizar la guerra. No sería la primera vez que Estados Unidos manipulara los hechos para librar una guerra… y no será la última. Lo más probable es que parece que ya viene.

Un último comentario

Durante meses, Julian Assange, fundador de WikiLeaks, ha permanecido bajo arresto domiciliario en Londres. Suecia quiere extraditarlo aduciendo acusaciones falsas. Entre ellas se incluyen las amenazas, los abusos deshonestos y la violación.

Se dice que es por haber mantenido relaciones sexuales sin preservativo. ¿Desde cuándo es ilegal mantener relaciones sexuales mutuamente consentidas sin preservativo? Cayó en una trampa apetecible que le pusieron.

La cuestión no tiene que ver con el sexo. Washington quiere que le extraditen para juzgarlo por denunciar ilegalidades. Los altos cargos de Obama lo quieren lejos y callado. Suecia es una estación de paso.

El 31 de mayo, el Tribunal Supremo del Reino Unido ordenó la extradición de Assange a Estocolmo. La sentencia rechazaba, por cinco votos contra dos, su argumento de que la orden de detención europea no era válida.

Sus abogados tienen dos semanas para presentar alegaciones. Antes, dos tribunales de rango inferior decretaron la extradición. Washington presionó y consiguió lo que quería. En Estados Unidos aguarda a Assange un juicio sumarísimo. Tal vez al estilo de los de Guantánamo o del de Bradley Manning.

No le espera un trato con guante de seda. Las afirmaciones de que puso en peligro vidas son falsas. La cuestión es acallar a quienes denuncian ilegalidades. Assange y Manning son los más famosos.

Tal vez Assange apele al Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Hacerlo podría retrasar varios meses la extradición.

Per Samuelson, uno de sus abogados, afirmó que aún no está decidido si va a recurrir. Al mismo tiempo, cree que en Suecia lo absolverán. Poco importará que sea verdadero o falso si las autoridades de aquel país decretan su extradición a Estados Unidos.

En este momento parece probable, pero podemos estar a varios meses de una resolución.

Stephen Lendman vive en Chicago. Su último libro se titula How Wall Street Fleeces America: Privatized Banking, Government Collusion and Class War [«Cómo Wall Street despluma a Estados Unidos: Banca privatizada, connivencia gubernamental y guerra de clases»]. Se puede acceder a su blog en sjlendman.blogspot.com y se pueden escuchar debates afilados con invitados distinguidos en Progressive Radio News Hour [«Noticias de radio progresistas» de la Progressive Radio Network a las diez de la mañana (hora del centro de Estados Unidos) y los sábados y domingos a mediodía. Todos los programas se archivan para facilitar la escucha (clic aquí para conectar).

Fuente: OpEdNews.com. Traducido para Rebelión por Ricardo García Pérez.

Tags: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Compartir:

GoogleRSS

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *