Peronkirchnerismo o bonapartismo con pollera

Con este método, pensar el cristinismo y sus rasgos bonapartistas, reforzados en este último período, creemos que ayuda a observar su dinámica para no caer en el impresionismo de sólo ver la foto de la coyuntura en la que, evidentemente, existe una fortaleza política del gobierno. Más allá de que CFK le dio a la medida la forma de proyecto de ley (Reestatización parcial de YPF) que fue al Congreso, donde tiene amplia mayoría, la movida tiene un marcado carácter bonapartista.

Evita, Perón, Kirchner, Cristina

Evita, Perón, Kirchner, Cristina

Por Fernando Rosso. Peronkirchnerismo o bonapartismo con pollera. Cristinismo, Restauración y Bonapartismo (o el sueño dogmático de “suprimir” la lucha de clases)

Usos y abusos del concepto de bonapartismo

Cuando hablamos de bonapartismo, sin aditamentos, no pensamos en analogías históricas sino en una definición sociológica”.

La cuestión del bonapartismo fue largamente discutida en el marxismo. Muchos cuestionaron un presunto “abuso” por parte de los marxistas, en la utilización de este término para explicar fenónemos políticos muy diferentes. Trotsky respondía a estas acusaciones diciendo que, en todo caso, el mismo “abuso” se hace con conceptos como “democracia”, “liberalismo”, “dictadura” o incluso y más aún, con otras generalidades como “estado” o “sociedad”. Entonces, como siempre, la cuestión es definir las “múltiples determinaciones” que hacen al fenómeno concreto. Se pueden caracterizar como bonapartistas (o con rasgos bonapartistas) a regímenes o gobiernos que expresan una dinámica política determinada, que cumplen con ciertas regularidades (o leyes) que caracterizan su práctica política en un momento particular, siempre que especifique la base social y la relación de fuerzas entre las clases.

Gramsci planteaba que el concepto de “cesarismo” (o bonapartismo) en la ciencia política moderna, es una fórmula “polémico-ideológica y no un cánon de interpretación histórica”, y creemos que Trotsky daba una definición en el mismo sentido cuando explicaba que “El término bonapartismo confunde a los pensadores ingenuos (a lo Chernov) porque evoca la imagen del modelo histórico de Napoleón, así como el término cesarismo evoca la imagen de Julio César. De hecho, ambos términos se desprendieron hace mucho de las figuras históricas que les dieron origen. Cuando hablamos de bonapartismo, sin aditamentos, no pensamos en analogías históricas sino en una definición sociológica”.
Bonapartismo como “fórmula polémico-ideológica” o como “definición sociológica”, dan ciertas claves para huir del esquematismo mecánico y ponerle límites a las comparaciones históricas y a su vez obtener de ellas la mayor utilidad teórico-política.

Bonapartismo y lucha de clases

Con este método, pensar el cristinismo y sus rasgos bonapartistas, reforzados en este último período, creemos que ayuda a observar su dinámica para no caer en el impresionismo de sólo ver la foto de la coyuntura en la que, evidentemente, existe una fortaleza política del gobierno.
Más allá de que CFK le dio a la medida la forma de proyecto de ley (Reestatización parcial de YPF) que fue al Congreso, donde tiene amplia mayoría, la movida tiene un marcado carácter bonapartista.
Un giro en el sentido de la flecha, distinto y hasta opuesto al que signaba la etapa inmediatamente anterior.
Este carácter está dado por la intención de colocar al Estado y a la propia figura de CFK, por arriba de las contradicciones y de las clases, afectando parcialmente los intereses de una empresa y haciendo intervenir al estado para arbitrar y pretender evitar la “inviabilidad” que la cuestión energética le planteaba al conjunto de la economía nacional. Pero además, utiliza la medida para hacer demagogia sobre los sectores populares levantando banderas como la “soberanía” o el “nacionalismo” en la cuestión petrolera, caras a las aspiraciones nacionales de un país arrasado por años de saqueo.
El punto es definir cuales fueron los determinantes que llevaron a tomar esta medida y cuales son las contradicciones y la relación de fuerza de clases sobre las que se realiza la “bonaparteada”.
Dice Trotsky “Este tipo de situación (del posible surgimiento del bonapartismo NdR) se crea cuando las contradicciones de clase se vuelven particularmente agudas; el objetivo del bonapartismo es prevenir las explosiones”. (Otra vez sobre la cuestión del bonapartismo. Marzo de 1935 – Las negritas son nuestras)

George Novack afirma: “El papel del régimen bonapartista en la época del imperialismo y de la decadencia del capitalismo no es diferente del jugado en el período de su ascenso. Interviene para descabezar un estado potencial de guerra civil en una nación dividida, refiriendo todas las cuestiones en disputa a un supremo árbitro investido de exorbitantes poderes. El amo del destino trata de usar su autoridad para reducir las tensiones sociales y estabilizar las relaciones de clase en beneficio de los propietarios amenazados” (las negritas son nuestras). Luego, en una definición muy pertinente a nuestra bonaparte criolla, explica que “aunque el «hombre a caballo» usurpe la autoridad por la fuerza extraparlamentaria o bajo una cobertura legal, la ejerce por decreto. Su régimen no necesita desmantelar o descartar completamente las instituciones o partidos parlamentarios en seguida; lo que hace es volverlos impotentes. A lo mejor, les permite sobrevivir garantizando que jueguen meramente papeles supernumerarios y decorativos.(Las negritas son nuestras y el teléfono es para los radicales, FAP, etc.) “Democracia y Revolución. De los griegos a nuestros días”. George Novack

El ciclo kirchnerista y su etapa superior (bonapartista)

Si estos son los fundamentos generales de todo bonapartismo, queda por definir cuál es el género próximo y cuales las diferencias específicas que hacen a la peculiaridad del bonapartismo cristinista.

CFK toma la medida de expropiación de las acciones de YPF ante la evidente crisis que la “irracionalidad” del saqueo de Repsol, le planteaba al conjunto de la economía como expresión extrema de un “modelo” común a todas las empresas petroleras.

Contrariamente a los que ven en la medida una negación de las tendencias al agotamiento del ciclo kirchnerista, tanto en lo económico, como en lo político (después de todo “la política es economía concentrada”), nuestra impresión es que el necesario giro que se vio obligado a dar el gobierno confirma esas tendencias. El “potencial estado de guerra civil”, debe entenderse, en la situación argentina, como la tendencia a mayores enfrentamientos de clase que el agotamiento del “modelo” ponía a la orden del día. Como afirmamos en el post anterior “Lo que se estaba volviendo “inviable” (concepto utilizado por CFK en su discurso) no era sólo la economía o las consecuencias del modelo de YPF-Repsol para la economía (modelo alentado por el kirchnerismo, “esquenización” incluida, hasta ayer nomás), sino la política y la propia continuidad del kirchnerismo que comenzaba también a sufrir las consecuencias de la batalla por la sucesión, que el “caso Boudou”, había sacado a la luz”
Efectivamente, CFK toma la medida de expropiación de las acciones de YPF ante la evidente crisis que la “irracionalidad” del saqueo de Repsol, le planteaba al conjunto de la economía como expresión extrema de un “modelo” común a todas las empresas petroleras; y además, por las propias crisis políticas que la no posibilidad de reelección le planteaba para su propia continuidad política en el poder.

A esto hay que agregar la crisis de hegemonía del imperialismo norteamericano y de los imperialismos en general, y en particular del español; que sumado a la crisis mundial, vienen provocando un desplazamiento en la geopolítica internacional, que le dan cierta capacidad de maniobra y “autonomía” relativa en la competencia global a países como China o Brasil. Algo de esto jugó en la decisión del gobierno norteamericano de dar un aval implícito a la medida de expropiación (para evitar el avance chino y/o mantener sus buenas relaciones con Argentina para contrapesar a Brasil).
Plantear que la decisión confirma las tendencias al agotamiento del ciclo, no niega que en lo inmediato el gobierno esté fuerte (y por lo tanto esa fortaleza política no sea una contratendencia en sí misma). Trotsky afirma justamente que una de las características del bonapartismo es que “el aparato burocrático adquiera en su condición de árbitro y salvador de la nación, una independencia y una fuerza excepcionales”.

Peronkirchnerismo

Peronkirchnerismo

Su carácter preventivo en la Argentina está basado (como todo bonapartismo), en una situación de cierto “empate” en la relación fuerzas entre las clases. El neoliberalismo (y antes la dictadura) significaron duras derrota para la clase obrera. Estas jugaron su rol, junto al factor de contención de la burocracia sindical, para su no intervención cualitativa en la crisis del 2001. Con la devaluación, la clase trabajadora cargó sobre sus espaldas el “éxito” del “milagro” económico de los años kirchneristas. Sin embargo, esa misma clase obrera se recuperó objetiva y subjetivamente logrando así nuevas conquistas, mientras la burguesía también hacía sus negocios sobre la base de la devaluación, combinada con los altos precios de la conmodities que favorecieron al esquema K.

El programa de la “sintonía fina”, que CFK quiso volver a enmascarar en Vélez, fue el reconocimiento del fin de esa etapa. Y justamente la emergencia de rasgos marcadamente bonapartistas confirma que se iba (y se va) a choques más abiertos entre las clases. La ruptura con Moyano y el intento de formar una CGT aún más oficialista, así como el ataque a los piquetes y a la protesta social para controlar la calle (designación de Berni), fueron pasos de signo contrario, pero con el mismo objetivo “arbitral” de poner en caja al movimiento obrero y popular.
Sin estos fundamentos no podría explicarse la última bonaparteada, excepto que se crea en un sincero giro “nacionalista” de la camarilla cristinista.

Fuerza y debilidad del bonapartismo

Pero, como certeramente explica Novack “El talón de Aquiles del bonapartismo reside en su falta de una amplia base de masas. Puesto que no representa una fuerza social decisiva, se mantiene en un equilibrio precario y es altamente vulnerable a los choques de los contratiempos internos o exteriores. Sólo da solución a medias a la crisis del orden burgués porque no lleva hasta su final la guerra civil del gran capital contra los trabajadores ni la demolición de la democracia. Puede venirse abajo cuando los antagonismos de clase que anula temporal, pero no totalmente, vuelven de nuevo a resplandecer”

Y este “resplandecer” estará más temprano que tarde a la orden del día, en la realidad nacional. Justamente porque la “bonaparteada” es además opacamente limitada (ni se acerca al “cardenismo” o al primer peronismo). Los problemas estructurales, incluso la grave crisis energética, siguen planteados; es decir, Once o un nuevo temporal están “a la vuelta de la esquina”. Las batallas subterráneas en las fábricas o empresas donde el movimiento obrero reclama salarios y las patronales productividad, siguen su curso y plantean dos programas de salida opuestos a la encerrona del “modelo”.

Frente a lo anterior, la ausencia del “movimiento obrero organizado” -eufemismo para denominar a la burocracia sindical- en Vélez, festejada por el “cristinismo puro” como la confirmación de la propia fortaleza, en realidad desnuda una debilidad. ¿O alguien piensa que La Cámpora, ahora más numerosa, en parte por su conquistas en el poder estatal, cumplirá el rol de contención del movimiento obrero, cuando del “humo” de la semi-estatización se pase nuevamente a la agenda cotidiana de la lucha de clases?

Sin caer en el derrumbismo permanente que confunde las perspectivas generales con el aquí y ahora, efectivamente, cuando los kirchneristas pretenden haber suprimido las tendencias a la agudización de la lucha de clases con la magia de la medida “arbitral”, no hacen más que confesar la realidad de su emergencia inminente.
Si la “supresión de la lucha de clases” se desnudó como una ilusión bajo bonapartismos “serios” como Perón o Cárdenas (y como prueba está toda la historia del siglo XX), en la presente realidad mundial, con el retorno del proletariado a la escena e incluso de la revolución; estas intenciones de los cristinistas adoptan la forma de fantasías caricaturescas.

Entender las tendencias generales y el sustrato material de las relaciones de fuerza de clases sobre las que maniobra el gobierno, no tiene el objetivo de negar la fuerza inmediata del gobierno y el clima de soberanía que inunda la vida espiritual de la Nación, sino plantear la necesidad de redoblar las tareas preparatorias para los momentos decisivos, que la “bonaparteada” tan sólo anuncia.

Fuente: El violento oficio

 

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