Famatina: pueblada y corazón del modelo

La pueblada de Famatina tiene fundamentos históricos e instala el debate sobre el futuro para los argentinos. No solamente está en juego el agua y los recursos naturales del cerro, sino también el corazón del actual modelo productivo. La megaminería es una máscara de actual sistema que extranjeriza y concentra riquezas, exprime los recursos naturales y causas consecuencias a veces letales contra trabajadores y poblaciones cercanas. Esa matriz no solamente se encuentra en las provincias de La Rioja, Catamarca y San Juan, sino también en la provincia de Santa Fe con el sojalismo desbocado; en Misiones con la devastación forestal y en el Mar Argentino con de la depredación ictícola. Distintas caretas que encubren el verdadero rostro de una nueva dependencia de los intereses multinacionales.

 

Cerro Famatina
Por Carlos del Frade.
 
La pueblada de Famatina tiene fundamentos históricos e instala el debate sobre el futuro para los argentinos. No solamente está en juego el agua y los recursos naturales del cerro, sino también el corazón del actual modelo productivo. La megaminería es una máscara de actual sistema que extranjeriza y concentra riquezas, exprime los recursos naturales y causas consecuencias a veces letales contra trabajadores y poblaciones cercanas. Esa matriz no solamente se encuentra en las provincias de La Rioja, Catamarca y San Juan, sino también en la provincia de Santa Fe con el sojalismo desbocado; en Misiones con la devastación forestal y en el Mar Argentino con de la depredación ictícola. Distintas caretas que encubren el verdadero rostro de una nueva dependencia de los intereses multinacionales. De allí que la resistencia del pueblo riojano apunta, entonces, al debate profundo sobre qué país se construye sobre la prioridad que tienen los grandes actores económicos extranjeros por encima de las necesidades internas. Los fantasmas de Rivadavia y Facundo, los de Angelelli y los Herodes, pueden verse en el relato de los tigres del Famatina. He aquí algunas crónicas de esta postal de la historia de la dignidad argentina.
 
La venganza de Rivadavia
 
"La organización de la riqueza y su explotación tienen por fin el bienestar del pueblo, dentro de un orden económico conforme a los principios de la justicia social…Los minerales, las caídas de agua, los yacimientos de petróleo, de carbón y de gas, y las demás fuentes naturales de energía, con excepción de los vegetales, son propiedades imprescriptibles e inalienables de la Nación, con la correspondiente participación en su producto, que se convendrá con las provincias", decía el artículo 40 de la fenomenal Constitución peronista del año 1949. Más de sesenta años después, los negocios de la megaminería multinacional no solamente vuelven una melancólica postal estas afirmaciones, si no también demuestran el retorno de la lógica de la dependencia cuyo principal exponente fue, en el siglo diecinueve, Bernardino Rivadavia.
 
"Las minas de Famatina, situadas en la provincia de La Rioja, habían sido motivo de codicia y explotación desde los tiempos de coloniales de Felipe II, especialmente a través de los jesuitas. Existen en los archivos de Córdoba, provincia de la cual dependía La Rioja, abundante constancias de tales trabajos", comienzan diciendo Rodolfo Ortega Peña y Eduardo Luis Duhalde –actual secretario de Derechos Humanos de la Nación- en su libro "Facundo y la montonera", publicado por Editorial Plus Ultra a fines de los años sesenta del siglo pasado.
"Producida la revolución de mayo, el laboreo de las minas, que estaba a cargo de Diego Barrenechea, inteligente ex funcionario de la Ceca Imperial de Potosí, continúa activamente hasta que es detenido por intereses extraños. En las minas de Famatina se explotaba esencialmente oro y plata. Los trabajos metódicos se habían iniciado hacia 1804. En 1810 la junta gubernativa se fija en ellos y expide un reglamento por el cual las pastas obtenidas debían remitirse a Potosí, de donde regresaban acuñadas. Por cada marco, el precio sufría una rebaja de cuatro reales. Pero es probable que la reglamentación sólo se aplicara en la parte gravosa para los mineros, como señala Ricardo Caillet Bois", siguen diciendo los autores citados.
"Recordemos que Mariano Moreno, en el famoso y controvertido "Plan Secreto de Operaciones", había aconsejado la explotación por el estado de las riquezas mineras. En 1812, el triunvirato, por inspiración de Bernardino Rivadavia, dicta un decreto de concesión de privilegios a los particulares y compañías que beneficien el oro. En 1813, la Asamblea General Constituyente expide una ley, en forma de reglamento, para suplir la falta de mita en el mineral de Potosí, tendiente además a fomentar los otros yacimientos. Con ella se rebajó a treinta pesos el valor establecido para el quintal de azogue –metal blanco y brillante como plata, más pesado que el plomo y líquido a temperatura ordinaria- que era utilizado en el laboreo. Pero señalemos que en esa Asamblea se proyecta, por primera vez, la explotación de las minas por capital extranjero", dicen Ortega Peña y Duhalde.
Aquel reglamento del 7 de mayo de 1813 dio origen al día de la minería nacional, según el actual calendario.
Uno de los primeros impulsores de la explotación de los recursos mineros del Famatina es Manuel Belgrano pero el 29 de abril de 1818, desde Buenos Aires, se ordena suspender toda obra en ese sentido.
El 28 de noviembre de 1823, el Ministro de Gobierno de Buenos Aires, Bernardino Rivadavia, en la administración de Martín Rodríguez, se autodesigna representante ante las compañías mineras inglesas.
"Queda autorizado el ministro secretario de relaciones exteriores y gobierno, para promover la formación de una sociedad en Inglaterra destinada a explotar las minas de oro y plata que existan en el territorio de las provincias Unidas", dice aquel decreto.
Por aquellos días, la propaganda inglesa hablaba maravillas de las riquezas del Famatina:
"Podemos afirmar sin hipérbole que contienen las riquezas más grandes del Universo. Voy a probarlo con una simple aserción de la que dan fe miles de testigos: en sus campos el oro brota con las lluvias como en otros la semilla…las pepitas de oro, grandes y pequeñas, aparecen a la vista cuando la lluvia lava el polvo que cubre la superficie…Después de una lluvia algo fuerte, una señora encontró a pocas yardas de su puerta una mole de oro que pesaba veinte onzas; otra, al arrancar unas matas de pasto de su jardín, descubrió en las raíces una pepita de tres o cuatro onzas…Cuando se barren los pisos de las casas, o se limpian los establos, siempre se encuentran más o menos oro confundido en el polvo…Estos casos ocurren tan frecuentemente que exigirá mucho detallarlos", decían los folletos de la llamada "Provinces of Rio Plata Mining Association, en 1824.
El 4 de diciembre de 1824, se formó en Buenos Aires la empresa "The Provinces of Rio Plata Mining Association", hecho que fue comunicado siete días después por la firma Hullett Brothers.
Rivadavia es designado presidente y como tal recibe un bonus de 30 mil libras y la promesa de percibir un sueldo de 1.200 libras anuales. También le entregaron acciones que Don Bernardino vende de forma inmediata.
Días después, el 16 de diciembre quedó inaugurado el Congreso General Representante de las Provincias Unidas en Sudamérica, convocado, obviamente, por el propio Rivadavia.
Y el 7 de febrero de 1825, Inglaterra reconoció la independencia de estas provincias.
De tal forma quien luego sería el primer presidente de los argentinos –a la sazón empleado de las compañías mineras inglesas- recibió acciones que vendió de inmediato; un bonus de 30 mil libras como "fondo de reptiles"; y tenía fijado un sueldo de 1.200 libras que no llegó a cobrar porque el directorio indiano no pudo constituirse a raíz del fracaso de la compañía.
Pero queda claro que Rivadavia trabajaba para los ingleses y sus intereses mineros.
Cuenta José María Rosa en su imprescindible "Rivadavia y el imperialismo financiero", que "…el 20 de febrero de 1825 se sabe en Buenos Aires que Rivadavia acababa de fundar en Londres una compañía de cinco millones de pesos (un millón de libras) para explotar, precisamente, el mineral del cerro de Famatina. Y lo que era más grave, que la Casa Hullet había transferido a esa sociedad una "autorización" sustituida por Rivadavia y proveniente del gobierno provincial de Buenos Aires, que le permitía "disponer de todas las minas de las Provincias Unidas".
Los diarios "Nacional" y "Mensajero" lanzaron entonces una campaña a favor de los capitales ingleses.
El primero de julio llegaron a Buenos Aires ingenieros de minas, obreros mineros y maquinarias para el laboreo.
El Famatina y cualquier mina del territorio debían formar parte de los capitales ingleses.
En San Juan, por ejemplo, el gobernador Salvador María del Carril "había puesto a disposición de la Minning la totalidad de las minas provinciales por decreto", explica José María Rosa en la obra ya citada.
El día de la noche buena de aquel 1825, Arenales, por entonces gobernador de Salta, dictó una ley a imagen y semejanza de aquellos intereses mineros ingleses.
"…Siendo la minería uno de los más importantes ramos de industria, para fomentarlo en la provincia se declaran las minas propiedad particular de cualquiera que las descubra y se dediquen a su elaboración", dice el artículo segundo.
Y en el cuarto agrega: "La explotación de los minerales se declara libere de todo derecho; y libre en el mismo sentido la extracción de metales fuera de la provincia; como también la introducción de las máquinas y azogues necesarios para la elaboración de las minas".
El artículo quinto garantiza el negocio: "Para mayor seguridad de los descubridores y explotadores de las minas se declara irrevocable el anterior artículo por el término de treinta años; y en consecuencia, él tendrá el valor y fuerza de contrata particular".
En Inglaterra, mientras tanto, las cosas no van muy bien, al contrario.
Durante aquel año de 1825, se produjo la quiebra de 70 bancos y de las casas que especulan con el algodón que se ven privadas de la financiación bancaria, explican Ortega Peña y Duhalde.
En estos arrabales del mundo, en cambio, todo se da a pedir de los británicos.
El 6 de febrero de 1826, el presidente de "The Provinces of Rio Plata Mining Association", Bernardino Rivadavia, es designado presidente "permanente" de las Provincias Unidas del Río de la Plata.
El 14 de marzo de 1826, Rivadavia le escribe a su verdadero patrón, Hullet, diciéndole: "Téngase presente que las minas son ya por ley propiedad nacional y están exclusivamente bajo la administración del presidente".
Es decir que se nacionalizaban para que Rivadavia las usara según su propio y particular interés que era el de los ingleses.
Durante el primer semestre de aquel año, el Banco Nacional creado por esos mismos intereses, permite la fuga de 587.874 pesos oro en la "valija diplomática" de Woodbine Parish.
El 18 de setiembre de 1826 el gobierno de La Rioja resuelve no reconocer a Rivadavia como presidente.
Comienza la guerra popular de resistencia, se inician las montoneras de Facundo Quiroga.
El 27 de octubre de 1826, el ejército al mando de Gregorio Aráoz de Lamadrid, quiere invadir La Rioja para imponer los designios de La Minning pero es derrotado en la batalla del Tala.
Lamadrid insistirá, ahora reforzado por las tropas mercenarias colombianas de López Matute, para dominar el Famatina pero volvería a sufrir otra derrota en Rincón el 6 de abril de 1827 a manos de Facundo.
El 27 de junio de 1827, Rivadavia presentó su renuncia como presidente.
-He dado días de gloria a la patria – dirá más tarde.
"Son tan claras las pruebas de cohecho en el asunto de las minas; tan evidentes, tan precisas, tan concordantes las presunciones de cargo; tantas las cartas comprometedoras que se escriben; tan grave que el presidente de la república mantenga cargos ejecutivos en empresas que tratan con su gobierno y cuya concesión se denuncia negociada por dinero, que todo eso produce el paradójico efecto de eximir a Rivadavia de responsabilidad…", sostuvo José María Rosa en 1941.
Casi setenta años después, los negocios mineros que se concretan en el país repiten aquella lógica rivadaviana: funcionarios del sector que participan de las empresas multinacionales, provincias enteras que garantizan la explotación de sus recursos naturales a cambio de casi nada, fuga de capitales, mínimas retenciones a las exportaciones y verdaderos terceros estados custodiados por las fuerzas de seguridad nacionales que defienden los intereses de las compañías.
Rivadavia ha vuelto y se ha multiplicado.
Habrá que ver qué forma adquiere la resistencia que, en aquellos años del siglo diecinueve, encarnó la montonera de Facundo.
 
Los tigres del Famatina
 
“Convocamos a vecinos, agricultores, sectores organizados, asambleas, comunidades religiosas, gremios y sectores sindicales, empresas, sectores políticos y al pueblo en general a adherir y realizar acciones concretas y simultáneas en defensa de la tierra, la vida y el agua  en solidaridad con los pueblos autoconvocados participando activamente de “La Jornada Nacional de lucha” el día Lunes 16 de Enero 2012”, dicen los vecinos de Famatina que se movilizarán a partir de las 10 en el lugar del corte. En la ciudad de La Rioja, en tanto, habrá una radio abierta desde esa misma hora y movilización a las 19 en la Plaza 25 de Mayo bajo la consigna “No a la megamineria. Por agua, tierra, trabajo y justicia”.
Los riojanos, desde principio de año, están protagonizando una pueblada en defensa de la vida, el agua y la tierra, bajo el lema “El Famatina no se toca”.
¿Por qué lo hacen los riojanos?.
Quizás por aquello de las mujeres y los hombres tigres.
Los que están presentes desde el fondo mismo de la historia y la propia geografía de estas tierras hermosas.
Un observador imaginativo podría ver que el caprichoso perfil que adquieren los límites provinciales hace de la La Rioja un tigre que parece estar saltando hacia la Cordillera de los Andes. Las patas sostenidas en la cabeza de San Luis, el cuerpo que vuela sobre el lomo de San Juan y los ojos que apuntan a Chile y más allá las aguas frías del Pacífico. El dibujo cartográfico de La Rioja parece revivir la sombra terrible del Tigre de los Llanos, como rememorando a Facundo Quiroga, por un lado, y Domingo Sarmiento, por otro.
A más de dos mil metros de altura, decenas y decenas de personas, habitantes de los pueblos de Chilecito y Famatina, no dejan pasar un solo vehículo que intente avanzar en el proyecto de instalar una nueva mina a cielo abierto, la empresa Osisko Mining Corporation . Cuarenta grados durante el día, temperaturas bajo cero por la noche.
Los que están allí vienen de distintas clases sociales y diferentes generaciones.
La defensa del Cerro Famatina los une.
Es la pelea en defensa de la identidad regional y cultural contra un negociado más que recicla la larga cadena de saqueos.
-De pibe salía a la calle y miraba las nieves del Famatina. No es una parte del paisaje. Es el pariente más querido que tenemos todo – cuenta Normando Ocampo, dirigente de la CTA y lugareño de toda la vida de Chilecito, uno de los poblados que desde principios de año está movilizado para que nadie toque al cerro, al valle, al agua y lo poco que queda del mineral casi legendario. Aquel que defendió como nadie el Tigre de los Llanos, Juan Facundo Quiroga, cuando logró echar a punta de lanza y pueblo la avanzada del ejército nacional comandado por Gregorio Aráoz de Lamadrid, por orden del gerente de la River Plate Minning Company, Bernardino Rivadavia, por entonces presidente del país nuevo llamado Argentina.
-Esta es la venganza de los ingleses. Eso lo tenemos claro. Porque es la historia que nos contaron nuestros abuelos. Pero acá están todas las generaciones porque desde hace diez años las maestras vienen explicando a las chicas y chicos riojanos lo que significa la minería a través del proceso de lixiviación a partir del cianuro. Ya no es más la minería de pico, pala, barreta y dinamita. Es otra cosa más perversa que, además, se va a quedar con la única fuente de agua que tenemos en la provincia. Porque ese uno de los últimos tesoros del Famatina. Con esa agua los productores viven en el valle y cultivan uva, nueces, oliva y dan de vivir a los pocos animales que tienen – sigue contando el Piojo Ocampo, uno de los que está allá arriba.
Mientras que los funcionarios provinciales de Vialidad Provincial ya iniciaron una causa penal contra los ambientalistas, los acampantes que defienden las tierras del Famatina están convencidos que el rechazo de los ingleses a las medidas de ajuste en la Eurozona se debe, fundamentalmente, al oro acumulado que tienen como consecuencia del saqueo que durante décadas sufrió el querido cerro riojano.
“No hay un solo historiador que haya calculado cuánto representa esa enorme cantidad de oro que sacaron del Famatina. Hasta hicieron el cablecarril más largo del mundo, de más de treinta kilómetros para llevarse lo que necesitaban”, dicen y cuentan a este cronista.
Desde la empresa y el gobierno provincial y otras fuerzas de seguridad nacionales han informado que ya hay listas negras con los nombres de los principales activistas en defensa de la montaña. Espionaje paramilitar a favor de las mineras multinacionales. Algo que también hace la Barrick en San Juan.
La Unión de Asambleas Ciudadanas fue muy clara: “Algunos gobernadores confunden los votos electorales con la licencia social para dinamitar cerros y destruir acuíferos”. Seis mil cuatrocientos riojanos impiden, desde principios de año, el tránsito de los camiones de la minera Osisko. Están allí, en Alto Carrizal, rotándose en el campamento a pesar de las amenazas, los juicios y las persecuciones. Han recibido el apoyo del intendente de Famatina, Ismael Bordagaray y hasta del párroco del pueblo, Omar Quintero.
-Estamos defendiendo lo que nos dijeron nuestros abuelos – remarca el Piojo, mientras sus compañeras y compañeros recuerdan que ya echaron del lugar a los canadienses y los chinos pero que no hay que dormirse en los laureles.
En la provincia con forma de tigre que salta en plena pelea, cientos y cientos de habitantes se preparan para continuar en la defensa del Famatina y en contra del modelo extractivo que concentra y extranjeriza riquezas al mismo tiempo que liquida bienes naturales, bienes comunes.
No les será fácil a los gobernantes traidores ni tampoco a los que desprecian y no entienden esta lucha por la identidad cultural y vital de los pueblos de Famatina y Chilecito.
Allí están ellos, los tigres del Famatina, los que defienden un pedazo vital de la provincia que tiene el perfil de una fiera que está decidida a pelear por sus crías, de un pueblo convencido que está luchando para dejarles un futuro a sus hijos.  
 
La historia de la esperanza
 
-El Famatina es nuestro gran protector…Cómo no lo vamos a defender – dice Yanina Millicay, periodista de FM “El hormiguero”, de Chilecito, que todos los días cumple su turno y después va a pasar la noche en el acampe que ya lleva semanas al pie de la querida montaña enclavada en la geografía riojana.
“Viene mucha gente de todos lados: Córdoba, San Luis, Mendoza, Buenos Aires y llegan donaciones de agua mineral y alimentos para que sigamos haciendo el aguante e impedir que se lleve adelante un nuevo proyecto de minería a cielo abierto en la Argentina. Estamos permanentemente en asamblea en este pedacito de patria, como le decimos”, le dice Yanina a este cronista.
-Para la gente común de Chilecito y Famatina está más que claro que el agua y el cerro valen mucho más que el oro – añade Carlos Camps, otro de los acampantes a más de dos mil metros de altura en el paraje Altos del Carrizal, donde en las próximas horas comenzará una jornada nacional de lucha en defensa del Famatina.
Según Camps, “toda esta solidaridad que llega de todas partes de la punta de iceberg de una lucha que se repetirá en todas las provincias contra los renovados caudillajes que ganan las elecciones y creen que eso les da impunidad para negociar con la naturaleza y con el futuro de las nuevas generaciones. Lo de Famatina será como un reguero de pólvora en contra de esos gobiernos provinciales que se creen dueño de todo porque tuvieron los votos”, le cuenta a la agencia “Pelota de Trapo”.
Los asambleístas, los habitantes de los pueblos Chilecito y Famatina están convencidos que el gobierno de Luis Beder Herrera, titular del ejecutivo riojano, ha perdido la batalla y que, por estas horas, “está buscando una salida adelante para desistir del proyecto de la empresa canadiense Osiska”.
La gente grande de los pueblos vecinos se hace un tiempo para hacer panes caseros y otras comidas que les alcanzan a los tigres del Famatina, a los defensores –una vez más como tantas reces en la historia de siglos- del cerro y sus riquezas,  no solamente minerales, sino también profundamente culturales.
Cuentan también que el cura Quinteros avisó de la presencia de los personeros de la corporación haciendo sonar las campanas de la iglesia de Famatina, rememorando al sacerdote que representaba Enrique Muiño en la inolvidable película “La guerra gaucha”.
Dicen, en forma paralela, que el sacerdote alentó en una reciente misa a seguir poniendo el cuerpo en defensa del Famatina, que el verdadero cristianismo pasa por salir de la casa y defender lo que es de todos. Y que esas palabras conmovieron a los que son creyentes y mucho más a los que no lo son.
Camps agrega que “hay listas negras elaboradas por información proporcionada por la policía de la provincia de La Rioja al servicio de la multinacional. Una verdadera vergüenza de la cual tendrá que responder el actual gobernador. Además ocho de los principales referentes tuvieron que declarar ante la justicia. Pero no importa, la decisión del pueblo está firme. El Famatina no se toca”, dice y se percibe que la consigna no es individual, sino colectiva.
Así se preparan los tigres del Famatina para la jornada nacional de lucha que tendrá lugar este lunes.
Mandatos históricos, familiares y necesidad de dejar un futuro mejor, ajeno a los proyectos de extranjerización de riquezas y saqueos de los bienes naturales impulsados por gobiernos traidores a las necesidades del pueblo.
Mujeres, hombres, abuelas, abuelos, niñas y niños, los tigres del Famatina, escriben, por estas horas, una nueva luminosa página en la historia política de la resistencia, en la historia política de la esperanza de las mayorías argentinas.
 
Fuentes: Entrevistas realizadas por el autor de la nota en distintas radios de Buenos Aires y Rosario.
 
Por el camino de Angelelli
 
-No tengan miedo de meterse en el barro…qué difícil es comprender mirando desde afuera todo lo que encierra cada rostro de nuestro pueblo…para servir, hay que tener un oído atento al Evangelio y el otro en el pueblo – decía el cordobés Enrique “el Pelado” Angelelli, obispo de La Rioja, asesinado el 4 de agosto de 1976 por las fuerzas de tareas del terrorismo de estado al servicio de los grandes señores de las tierras por donde anduvieron las montoneras de Facundo.
Hoy, otro sacerdote diocesano nacido en Cura Brochero, también en la provincia de Córdoba, Omar Quinteros, de cincuenta años, está poniendo el cuerpo en la pueblada de Famatina.
Como hiciera el cura de “La guerra gaucha”, interpretado por Enrique Muiño, Quinteros hizo sonar las campanas de la iglesia de Famatina cuando descubrió la presencia de los empresarios de la megaminera Osisko. Los vecinos llegaron y los funcionarios, en su desesperación, dejaron olvidados sobre la mesa los papeles donde estaban apuntados los principales referentes de la comunidad.
Quinteros es hoy un problema para el gobierno de La Rioja. Luis Beder Herrera, luego de volver de sus vacaciones en Florianópolis, le pidió al obispo actual, Roberto Rodríguez, que le prohibiera tocar las campanas de la parroquia y que lo aparte del pueblo.
-Hay que seguir andando nomás, decía Angelelli. Me hubiera gustado que el obispo viniera a tomar mates junto a los vecinos del pueblo para que pudiera sentir lo que realmente está viviendo la gente de Famatina. Pero no importa. Nosotros vamos a seguir – le dice Quinteros a este cronista.
El obispo Rodríguez tiene una visión distinta: "Yo soy padre, tanto de los pro mineros como de los anti mineros…Debemos buscar los caminos del entendimiento pues el único camino es el diálogo. Hay que profundizar el diálogo, anteponiendo cualquier hecho de violencia que genere enfrentamientos irreconciliables entre vecinos, familias y seres queridos”, dijo en los medios de comunicación riojanos.
Un punto de vista supuestamente equidistante que prioriza la llamada “paz social”, como el mismo obispo sostuvo.
Una posición lejana del compromiso que tuvo aquel revolucionario de Galilea, Enrique Angelelli y el propio Quinteros.
El actual sacerdote de Famatina llegó al pueblo hace cuatro años.
“La maravilla de este cerro es una prueba de los vestigios de la existencia de Dios. Por eso es fundamental no permitir que lo contaminen ni lo destruyan. Cuando elevamos el informe de lo que está sucediendo al obispado, el gobernador lo calificó de impertinente. Pero más allá de lo que dice este señor que ahora está cruzando Los Andes como si quisiera parecerse a San Martín, nada menos; lo que resulta notable es la evolución maravillosa de la conciencia nacional con respecto a la lucha del pueblo de Famatina. Por eso vamos a vencer este empecinamiento político que sufrimos en la provincia”, agrega Quinteros.
Para el pastor, “la resistencia pacífica” continuará todo el tiempo que sea necesario.
Es un conflicto social que continuará más allá de los negocios entre las empresas y los funcionarios, apunta el cura.
Y más allá de lo que suceda en los próximos días, así como los tigres del Famatina multiplican la dignidad de los llanistas del siglo diecinueve, Omar Quinteros quiere seguir el camino del Pelado Angelelli.
Una de las tantas postales existenciales de un pueblo que ya forma parte de la geografía política de la esperanza argentina.
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