André Bazin y el realismo cinematográfico

Para el teórico André Bazin, defensor e ilustrador del neorrealismo italiano, el cine actualiza el deseo, profundamente arraigado, de sustituir el mundo por su doble, combinando la mímesis de la fotografía estática con la reproducción del tiempo.

André Bazin y el realismo en el cine

André Bazin y el realismo en el cine

Por María José Cabeza. Cuando se aborda la cuestión del realismo, es necesario distinguir entre el realismo de los materiales de expresión (imágenes y sonidos) y el de los temas de los films.

Entre todas las artes y los modos de representación, el cine aparece como uno de los más realistas, puesto que puede reproducir el movimiento y la duración, y restituir el ambiente sonoro de una acción o de un lugar. Pero la sola formulación de este principio demuestra que el realismo cinematográfico no se valora más que en relación con otros modos de representación y no en relación con la realidad.

El “realismo” de los materiales de la expresión cinematográfica es el resultado de gran número de convenciones y reglas, que varían según las épocas y culturas. Cuando se habla de realismo cinematográfico, se entiende tanto el de los temas como su tratamiento; por ello se califica de “realismo poético” a un determinado cine francés de antes de la guerra, o de “neorrealismo” a ciertos filmes italianos de la Liberación.

En el mundo del cine, desde 1920 a 1940, se pueden establecer dos tendencias opuestas: los directores que creen en la imagen y los que creen en la realidad. Según el autor italiano Francesco Casetti, la exigencia de medirse directamente con la realidad no nace en los años cuarenta, sino en una etapa anterior. Pero es a partir de dicha década cuando deja de basarse en las razones de estilo o en los motivos de eficacia, para apoyarse en una suerte de necesidad intrínseca [1].

La idea es que el cine debe orientarse hacia lo real, a causa de su “base fotográfica”, que le permite convertirse en testigo y documento, por estar construido para registrar lo que se encuentra frente a la cámara. De ahí su vínculo íntimo, no ocasional, externo con la realidad; y de ahí también una vinculación natural debida al estatus mismo del medio [2].

André Bazin (1918-1958)

Teórico y crítico cinematográfico francés. Nació en Angers (Francia) el 18 de Abril de 1918 y murió en Nogent -sur-Marne (Francia) el 11 de Noviembre de 1958.

Está considerado como el promotor cultural e impulsor de la renovación del cine francés de posguerra.

Bazin comenzó a escribir acerca del cine en el año 1943 y, en 1951 fundó junto a Jacques Doniol-Valcrose, entre otros, la revista cinematográfica Cahiers du Cinéma.

Además de haber editado Cahiers du Cinéma hasta sus últimos días, una colección de cuatro volúmenes (titulada Qu’est-ce que le cinéma?) de sus obras fue publicada entre 1958 y 1962. Dos de estos volúmenes fueron traducidos al inglés a finales de 1960 y se convirtieron en soportes importantes para la cinematografía estadounidense y británica.
Esta nueva propuesta, que tiene en André BazinSiegfried Kracauer y algunos intelectuales que apoyaron el neorrealismo italiano a sus seguidores, se enfrenta a algunas ideas y conceptos que hasta entonces dominaron la discusión en torno al cine: como que no puede ser arte por constituir una aparato meramente reproductor o, precisamente, porque copia la realidad como tal, y porque copia mecánicamente, en vez de pasar a través de la mediación de un director “creador”.

Para el teórico André Bazin [3], defensor e ilustrador del neorrealismo italiano, el cine actualiza el deseo, profundamente arraigado, de sustituir el mundo por su doble, combinando la mímesis de la fotografía estática con la reproducción del tiempo. En una formulación abiertamente verista, luego criticada por los semiólogos del cine, llegó a afirmar que “la imagen fotográfica es el objeto en sí mismo, el objeto liberado de las condiciones de espacio y tiempo que lo rigen”.

Valoró las tramas descarnadas y relativamente carentes de acontecimientos de las primeras películas neorrealistas, las vacilantes motivaciones de sus personajes y la lentitud y el espesor de los ritmos cotidianos. Distinguía entre un naturalismo plano, que busca la similitud superficial, y un realismo profundo, que ahonda en las raíces de lo real.

Para el teórico, el realismo no tenía tanto que ver con la adecuación mimética literal entre representación fílmica y “el mundo de ahí fuera” o con la honestidad testimonial de la puesta en escena. Las nuevas actitudes respecto al montaje y la puesta en escena, especialmente el uso de planos-secuencia y de la profundidad de campo, permitían al cineasta respetar la integridad espacio-temporal del mundo profílmico.

André Bazin explica en “El realismo cinematográfico y la escuela italiana de la Liberación”, en ¿Qué es el cine? (Madrid. Rialp. 2006), que el realismo del cine italiano no encierra en absoluto una regresión estética, por el contrario, es un progreso en la expresión, una evolución conquistadora del lenguaje cinematográfico, una extensión estilística.

También afirma que, desde el fin de la herejía expresionista y sobre todo desde el sonoro, puede decirse que el cine no ha dejado de tender hacia el realismo. Y desea que entendamos que quiere dar al espectador una ilusión lo más perfecta posible de la realidad, compatible con las exigencias lógicas del relato cinematográfico y los límites actuales de la técnica. Por ello, el cine se opone netamente a la poesía, a la pintura, al teatro y se aproxima cada vez más a la novela. Por lo que Bazin está convencido de que el realismo en arte no puede proceder, evidentemente, más que del artificio y resulta inútil oponerse a todo progreso técnico que tenga por objeto aumentar el realismo cinematográfico: sonido, color, etcétera.

Resulta posible clasificar los estilos cinematográficos en función del nivel de realidad que representan. Dicha clasificación llevará al teórico a denominar realista a todo sistema de expresión, a todo procedimiento de relato, que tiende a hacer aparecer un mayor grado de realidad sobre la pantalla. Pero teniendo en cuenta que un mismo suceso, un mismo objeto, es susceptible de muchas representaciones diferentes. Cada una de ellas abandona y salva algunas de las cualidades que hace que reconozcamos al objeto sobre la pantalla.

El teórico francés le da mucha importancia a la técnica del relato, comparando el film con una novela, ya que, es sobre todo a partir de la técnica de la narración es como puede ponerse de manifiesto la estética implícita de la obra cinematográfica. La película se presenta siempre como una sucesión de fragmentos de realidad dados por la imagen, sobre un plano rectangular de dimensiones fijas, de tal manera que el orden y la duración de lo que vemos determinan su “sentido”.

Como se ha podido comprobar, a través de diversos escritos, el concepto de realismo relacionado con el arte cinematográfico ha desatado múltiples debates a lo largo de los años y nos lleva a plantearnos ¿qué es el cine?

Referencias

[1] Teorías del cine 1940-1990, Cátedra. Madrid. 2000.

[2] Casetti: Capítulo II Cine y realidad”. Págs. 31-51. 2000.

[3] Francia, 1918-1958. Uno de los fundadores de la revista cinematográfica “Cahiers du cinéma”, en 1951, junto a Jacques Doniol-Valcroze y Joseph-Marie Lo Duca.

Fuente: El espectador imaginario

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