Mientras el pueblo sufre, Macri enriquece a monopolios y banqueros

Macri confesó a los empresarios que el año próximo necesita pagar deuda por 500.000 millones de pesos. Una parte lo cubrirá con más deuda, la otra con más impuestos y más ajustes, y todo se lo hará pagar al pueblo aregentino con padecimientos nunca vistos.

Macri ajusta al pueblo y enriquece a amigos

Macri ajusta al pueblo y enriquece a amigos

Por Emilio Marín. Perdedores y ganadores con el modelo de ajuste neoliberal. Entre desempleados y subempleados, más de 3.5 millones de argentinos sufren el problema de no tener trabajo. En el otro rincón, el modelo de Mauricio Macri fomenta grandes negocios y ganancias para un puñado de monopolios y banqueros.

Aquellas contradicciones se ponen al rojo vivo en zonas como Chubut. En porfiada pelea, de un lado están los mapuches que defienden un territorio ancestral de 1.100 hectáreas, y del otro lado están los Benetton que sólo en su estancia Leleque tienen 90.000 hectáreas.
La disputa es desigual porque los italianos, ruralistas, mineros y petroleros de la región cuentan con el gobernador, el presidente, el grueso de parlamentarios, la policía, la justicia, los medios de comunicación y, último pero no menos importante, la Gendarmería.
Esa es la lucha de clases, que algunos tilingos llamaron grieta, como si de golpe la tierra se hubiera partido en un sismo ocasional. No. Es algo permanente, sistemático y no tiene arreglo. Por ahora vienen ganando los terratenientes, quizás alguna vez haya reforma agraria y les toque ganar a los desheredados.
Mauricio Macri no es ningún árbitro ni bonapartista que busca armonizar esos conflictos, como mintió al decir que venía a unir a los argentinos. Con sus políticas, leyes, decretos y a veces con el dejar hacer, viene asegurando grandes negocios al sector hegemónico del capital.

Un ejemplo concreto son las ganancias que vienen acumulando los bancos mes a mes desde que asumió. En 2016 ganaron 74.560 millones de pesos, según el Banco Central citado por Clarín (15/02/017, Marcela Pagano).
Esa tendencia continuó. El 14 de septiembre de 2017 Federico Kucher publicaba en Página/12 su nota “Ganancias por devaluación”: “Los bancos ganaron 4.660 millones de pesos por la devaluación de julio, gracias a que la autoridad monetaria decidió no intervenir en el mercado cambiario y dejó subir la cotización del dólar en casi dos pesos”.
Semejantes ganancias se explican por las tasas usurarias que fijan para sus créditos, la diferencia entre esos altos intereses y los que pagan a quienes les depositan, entre otras variedades de la bicicleta financiera. También por las devaluaciones, porque parte de sus activos están dolarizados. Y además por ser comisionistas de los títulos de la deuda externa argentina, que ha crecido como alud en 100.000 millones de dólares.

El 14 de julio la agencia Bloomberg informaba que el británico HSBC había superado al Citigroup y a JPMorgan Chase como el principal colocador de emisiones de deuda argentina este año, mientras que Galicia fue el único argentino entre los 10 primeros. El ranking se armó entre los bancos que hasta el 12 de julio de 2017 gestionaron 21.000 millones de dólares en ventas de bonos, según aquella agencia estadounidense.

Siempre los mismos

Varias de esas entidades internacionales también se anotaron en el bono a 100 años emitido por el ministro Luis Caputo en junio de este año. Tomó deuda por 2.475 millones de dólares a pagar con interés del 8 por ciento anual, una operación carísima y ridícula incluso para el mundillo de las finanzas, con reminiscencias del empréstito con la Baring Brothers. Los que hicieron un negocio fenomenal con la emisión y colocación de los títulos caputistas fueron el Citigroup, el HSBC, el Santander y el japonés Nomura.
La acumulación de operaciones de esa índole explica la gratitud con que aquellos inversores tratan de palabra a Macri, tanto en el mini foro de Davos el 6 de abril en Buenos Aires como los piropos del vicepresidente norteamericano Mike Pence y el premier israelí Benjamin Netanyahu de paso por la Casa Rosada, o de Donald Trump cuando lo recibió en la Casa Blanca.
Los mismos aplausos cosechó MM a fines de julio pasado en la Exposición de Palermo, cuando la Sociedad Rural y hasta los terneros lo ovacionaron como el patroncito de la estancia. El titular de la SRA, Luis Etchevehere, habló como estanciero, pero sobre todo como un dirigente del PRO-Cambiemos, tal la cerrada defensa del plan económico y el jefe de Estado. Ese fue un acto del PRO hacia las PASO de agosto…
No hace falta ser detective para darse cuenta que en ese apoyo militante del ruralismo habían intervenido las devaluaciones y la quita de retenciones a las exportaciones del agro.

Los negocios petroleros y gasíferos están fogoneados, como cuando el presidente celebró cambios en los convenios laborales por Vaca Muerta, antes de irse a Houston a recorrer la fábrica de Techint y luego a Washington a verse con Trump.
Por caso, una de las novedades en ese rubro fue el anuncio de un súper monopolio con la unión de Pan American Energy y Axion, que dará lugar a Pan American Energy Group (Paeg). La mitad de la nueva firma será de capitales ingleses, de British Petroleum, y la otra mitad de Bridas (compartida por mitades entre los Bulgheroni y su socia petrolera china estatal Cnooc). Se estima que esa empresa resultante facturará por 7.300 millones de dólares anuales, sólo por debajo de YPF y Techint. Y que en particular va a desplazar a Shell como número 2 del negocio de los combustibles.
¿En qué medida se puede pensar que el gobierno de Macri favorece esos engrosamientos monopólicos? De muchas maneras. Asegurando el pago de un precio en dólares por barril por encima del precio internacional. Comprando el gas a varios dólares por encima del valor de pozo de la unidad BTU. Anunciando en el proyecto de presupuesto nacional 2018 que las tarifas subirán un 30 por ciento, muy por encima de la inflación dibujada, según los números que Nicolás Dujovne llevará a Diputados. Esa continuidad de los tarifazos es una muy buena noticia para Pan American y su sucedánea Paeg, Shell, Tecpetrol-Techint, etc.

Sigue la malaria

“El salario y el empleo se siguen recuperando”, aseguraba Dujovne el 5 de abril pasado, cuando menudeaban las voces oficialistas sobre “brotes verdes” de la economía aún reconociendo que no había habido “lluvia de inversiones” sino algunas lloviznas en sectores puntuales.
Esta semana fueron más cautos para festejar algunas décimas menos de desocupación que surgían de los datos del INDEC sobre el segundo trimestre de 2017. Los que ven el vaso todo lleno quisieron presentar eso como signo de vigorosa recuperación. Sin embargo hasta el columnista de Clarín económico, Ismael Bermúdez, tituló el 14/9 “El empleo sigue sin despegar”. Explicó que “la ‘buena noticia’ del descenso en un año del desempleo del 9,3 al 8,7% se explica porque más personas sin ocupación dejaron de buscar trabajo por la dificultades de encontrar empleo o por desaliento. La tasa de empleo no aumentó sino descendió del 41,7 al 41,5%. En consecuencia, la tasa de actividad – que incluye el total de trabajadores ocupados formales o informales y desocupados que buscan trabajo– bajó del 46 al 45,4%”.

Hasta el Instituto de Jorge Todesca admite el estancamiento porque en 27 de los 31 aglomerados se mantienen sin cambios la actividad, el empleo y la desocupación, “y con relación a un año atrás, los indicadores laborales no presentan diferencias porque están contenidas en el error muestral”.
Los desocupados suman 1,55 millón y los subocupados 1,95 millón, o sea que los argentinos con problemas de empleo son 3,5 millones. La desocupación bajó 0,6 punto con respecto al mismo período de 2016, pero eso fue porque miles de desalentados dejaron de buscar empleo. En el conurbano bonaerense hubo 16.000 personas que bajaron los brazos, momentáneamente.
Lo que se viene después del 22 de octubre, si gana el oficialismo, será peor que lo actual. Pruebas al canto, al menos cuatro.

Una, en la ley de responsabilidad fiscal de las provincias se plantean rígidos topes para contratar empleados, aumentar gastos y tomar créditos. La idea, en línea con el FMI, es bajar el déficit fiscal.
Dos, en la ley de presupuesto 2018 se prevén tarifazos del 30 por ciento anual, con una inflación del 10.
Tres, Marcelo Bonelli, habitualmente bien informado de los planes macristas, contó que Macri confiesa a sus interlocutores empresarios que el año próximo necesita tapar agujeros por 500.000 millones de pesos. Una parte lo cubrirá con deuda, la otra con más impuestos y más ajustes, que bien se sabe quiénes pagarán.
Y cuatro, que se viene una reforma laboral contra los trabajadores es un secreto a voces. Diversos empresarios lo están pidiendo, en sintonía con la reforma antiobrera de Temer en Brasil.

Esto puede confirmarse si se leen las declaraciones de los empresarios vitivinícolas que se reunieron con Macri el jueves 14. Ellos solicitaron impuestos y cargas laborales más bajas para mejorar la rentabilidad. El titular de Coninagro, Carlos Iannizzotto, comentó sobre el encuentro: “acompañamos la inserción del país en el mundo que pretende el Gobierno, pero en este gradualismo, también hay que acompañar al sector privado”. Para ello, planteó lo vinculado al costo laboral: “ver como se puede extender a la reforma laboral que está preparando el Gobierno”. En dos meses se volverán a reunir “con soluciones concretas” sobre estos temas, dijo Ángel Leotta, presidente de la Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar).

Si hoy los trabajadores, capas medias y productores nacionales no monopólicos están de mal a regular, después de los comicios, si el macrismo sale bien parado, estarán al horno con más ajuste y reforma laboral.

Texto enviado por el autor para su publicación

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