Pepsico: Represión al servicio de las corporaciones

PepsiCo Argentina SRL opera en el país desde hace 58 años, cuenta con 15 sucursales de venta mayorista, 5 centros de acopio y una red de distribuidores que cubre 900 rutas que abastecen a 200.000 puntos de comercialización en todo el territorio nacional. 

Pepsico, represión al servicio de las corporaciones

Pepsico, represión al servicio de las corporaciones

Por Carlos A Villalba y Eduardo Halliburton. Fue un día frío, apenas soleado y con amenaza de heladas. Ideal para tortas fritas con mate, en Florida como en cualquier otro barrio humilde de la Argentina. “Día de la Bandera” en homenaje a Manuel Belgrano, el insurrecto que levantó un pabellón nacional, celeste y blanco, antes incluso que la política de los porteños declarase la independencia de España y de toda otra dominación extranjera.

Belgrano falleció en la pobreza extrema el 20 de junio de 1820. Por eso aquel martes era feriado, en  homenaje a un impulsor de la educación popular, de la industria nacional y de la justicia social,  preocupado por el fomento de la agricultura y de la industria y desconfiado de la riqueza fácil que prometía la ganadería, porque daba trabajo a muy poca gente, no desarrollaba la inventiva, desalentaba el crecimiento de la población y concentraba la riqueza en pocas manos. Un patriota que consideraba que “la importación de mercancías que impiden el consumo de las del país o que perjudican al progreso de sus manufacturas, lleva tras sí necesariamente la ruina de una nación”. (1)

Sin embargo, el 20 de junio de 2017, en su país y a través de WhatsApp, una de las tecnologías que dos siglos después reemplazarían al sistema de chasquis que le llevaban noticias hasta su Ejército del Norte, la mayoría de los 600 trabajadores y trabajadoras de la fábrica alimenticia PepsiCo Snacks se enteraron que se quedaban sin trabajo, precisamente por la política del gobierno de Mauricio Macri, contraria a la producción nacional y el mercado interno, inclinada a las importaciones y a la exportación de la producción primaria. Todo al revés del planteo belgraniano.

Un modelo de pesadilla

“Desde el día que cerró la planta empezó mi pesadilla, porque yo no duermo…”, dice Vanina. Seguramente lo mismo le sucede a Sandra, Mar, Katy y a todos los que perdieron su fuente de trabajo en aquel feriado. Los que se encontraron en el amanecer del día siguiente con el cartelito pegado en la puerta de la fábrica que los invitaba a “comunicarse” con el 0800-666-7377 “con motivo del cese de operaciones de Planta Florida y la relocalización de su producción en otro establecimiento”.

Después vendría la decisión presidencial de reprimir, enancado en los tiempos electorales de la gobernadora María Eugenia Vidal que lo empujan a consolidar el núcleo duro de votantes y decidido a intervenir en persona para disolver piquetes o grupos de trabajadores que, a su juicio, “espantan inversiones”, aquellas que supuestamente lloverían desde el 10 de diciembre de 2015 y que nunca llegaron porque, en realidad, su política económica alienta la especulación financiera y no la producción.

El propio Macri llamó el jueves al ministro de Seguridad bonaerense, Cristian Ritondo, en medio de la tensión y las negociaciones entre los trabajadores de Pepsico y las policías desplegadas junto a gendarmería a instancia  de una decisión judicial que hablaba de un supuesto “riesgo de contaminación” y de “usurpación” de los propios puestos de trabajo de operarias y operarios.

Las tapas de los principales diarios de circulación nacional acompañaron el desalojo a palazos y con gases y anunciaron al unísono el “Choque violento” en el desalojo de una planta de PepsiCo, “ordenado por la Justicia”, contra “ocupantes que resistieron despidos con indemnización”, que “dejó 15 policías heridos” y en el que “una sargento sufrió una fractura expuesta”.

Un relato a la medida que, por más datos que agregue o invente, oculta lo esencial.

 

Concentrados y extranjeros

Los grupos económicos toman decisiones destinadas a orientar la actividad económica en beneficio propio y con ganancias extraordinarias, a costa del resto de los sectores de la producción y del trabajo, afectando de modo directo el desarrollo económico autónomo del país, impidiendo avanzar hacia una verdadera democracia con justicia social.

A pesar de las medidas adoptadas por los gobiernos kirchneristas entre 2003 y 2015, con crecimiento del PBI, recuperación de la actividad industrial con fuerte creación de empleo, inclusión social y disminución de la pobreza y la indigencia, el proceso de concentración y extranjerización de la economía se mantuvo durante esos años. (2)

Esa realidad provoca serios perjuicios a los intereses nacionales y, sobre todo, a la economía de bolsillo de los argentinos, facilita la apropiación de la riqueza generada por las argentinos por parte de las empresas, con remisión al exterior de las ganancias, con demanda paralela de divisas por distintos motivos, como la importación de maquinarias, equipos o insumos; generación de monopolios y oligopolios en la producción y los mercados, lo que les facilita la fijación arbitraria de precios con incidencia en los altos niveles de inflación que sufre de manera especial la canasta alimenticia; prácticamente no se registra reinversión y el desarrollo tecnológico local es casi nulo al igual que la generación de trabajo.

Las corporaciones tienen una participación aún más significativa en aquellos sectores de la economía con ventajas comparativas  o situaciones de privilegio, como las que ofrece Macri a las ramas dedicadas al procesamiento de recursos básicos con escaso grado de transformación local como minería, hidrocarburos, agroindustria, comodities industriales y la armaduría automotriz e hidrocarburos. Un sector que logró una alta concentración económica fue la industria alimenticia, vinculada al mercado interno que, a partir del desembarco macrista en el gobierno avanza hacia la sustitución de la elaboración local por productos importados. Como Pepsico.

El coloso de las papitas y la Pepsi

La segunda multinacional de alimentos y bebidas en el mundo, con productos presentes en 200 países y alta participación en cada uno de esos mercados -como el argentino-, describió como “cese de operaciones” a lo que en realidad fue un lockout patronal destinado a forzar retiros voluntarios en su planta de la localidad de Florida, partido de Vicente López, bajo la cobertura de una falsa “crisis”, supuestamente generada por la “la inviabilidad económica derivada de su alta estructura de costos; y las dificultades logísticas de acceso y traslados” y por un “Procedimiento Preventivo de Crisis (PPC)” tramitado fuera de tiempo y con las persianas ya bajas ante el Ministerio de Trabajo de la Nación.

Tan endeble fueron los argumentos de la transnacional que después de la represión contra los operarios, la Justicia ordenó recontratar a un grupo de despedidos.

PepsiCo Argentina SRL opera en el país desde hace 58 años, cuenta con 15 sucursales de venta mayorista, 5 centros de acopio y una red de distribuidores que cubre 900 rutas que abastecen a 200.000 puntos de comercialización en todo el territorio nacional. Además de la sede cerrada compulsivamente en la zona Norte del GBA, tiene establecimientos en Barracas, destinado a la elaboración de productos de la marca Quaker, Munro y La Rioja, especializado en la producción de polvos chocolatados. En marzo de 2017 vendió a Tía Maruca la planta sanjuanina de Dilexis, que fabrica galletitas Toddy. En mayo pasado también se cerró, con el despido de 50 empleados, la planta embotelladora y distribuidora de Pepsi Cola ubicada en Trelew, a cargo de Quilmes. Esta  empresa, con posición dominante en el mercado de las cervezas en Argentina, tiene la franquicia para producir, distribuir y comercializar toda la línea de productos de PepsiCo en el país: Pepsi, Pepsi Max, Pepsi Light, 7Up, 7Up Free, Mirinda, Gatorade, Paso de los Toros, aguas saborizadas H2OH y los jugos Tropicana, además de los alimentos envasados como Lays.

Gracias al trabajo de sus 300 mil empleados en Argentina, Chile, Colombia, Ecuador, España, México, El Salvador, Paraguay, Uruguay, el Caribe, Europa Central y del Este y sus embotelladoras con plantas en 19 estados de EEUU, tuvo una ganancia global anual de u$s 10,3 mil millones en 2016, año en que las ventas de la compañía con casa matriz en la periferia neoyorkina sumaron u$s 63 mil millones, 11% de los cuales los obtuvo en Latinoamérica, en los que se incluyen los $4.800 millones facturados en la Argentina sumando el producido por las divisiones de bebidas y snacks, con un incremento nominal del 26% frente a 2015, de acuerdo a sus datos públicos.

En el mercado argentino de elaboración de panificados, dulces y pastas se destacan tres corporaciones: Arcor (Grupo Pagani – Argentina, asociado a Danone – Francia), Molinos Río De la Plata – (Grupo Pérez Companc – Argentina) y Mondelez International (EEUU). En la producción de productos específicos aparecen otros grupos, como la estadounidense que motiva esta nota que, junto a la canadiense Mc Cain, concentra el 80% del mercado de los “snacks” salados de los que se consume 1,25 kilo por habitante, a través de marcas de papas fritas, maníes, palitos salados o chizitos como Lay’s, Pep, Cheetos, Doritos, Twistos, Pehuamar, 3D’s, Bun, Tostitos, Pop Korn, Quaker, Toddy y Zucoa, entre otras.

 

 

El sector de bebidas no alcohólicas está conformado por casi 2500 empresas, pero sólo tres corporaciones extranjeras controlan aproximadamente el 60% de las ventas totales del sector: Pepsico, Coca Cola (EEUU) y Danone (Francia). En los últimos años se concentró la actividad en embotelladores de alta tecnología y gran capacidad de producción, factores que les permiten mejorar su posición en el mercado y reducir costos, sobre todo en personal, a partir de la instalación de componentes de punta que expulsan trabajadores de las plantas.

Coca-Cola y PepsiCo controlan cerca del 80% de la producción local de gaseosas, expandieron su portafolio hacia las aguas y las gaseosas sin azúcar (light) y facturan aproximadamente el 9% del total de las ventas de las bebidas no alcohólicas y el 19% de las gaseosas. Este negocio fue dado en concesión a Quilmes, que se encarga de fabricar y distribuir la totalidad de productos de las marcas de Pepsi

En conjunto con las aguas saborizadas, donde Danone (Francia) domina ampliamente el sector, las ventas de estas últimas se elevan aproximadamente a un 19% de la facturación de las bebidas no alcohólicas.

El paquete de las “aguas saborizadas” tampoco le es ajeno a la empresa que se presenta en “crisis” y produce despidos. El consumo de esos productos tuvo un crecimiento explosivo en la última década trepando de 0,8 litros a 19 litros, lo que generó un volumen superior a los $ 3000 millones anuales, en un mercado controlado en un 93% por Danone, Coca Cola, Pepsico y la suiza Nestlé.

Hambre y ganas de comer

Lo llaman “clima de época”, sobre todo los “expertos” en marketing, que buscan correlacionar

Cuestiones sociales, culturales, políticas y económicas con decisiones del “aquí y ahora”. En los barrios decían, con más certeza, que “se juntó el hambre con las ganas de comer”. El modelo de las corporaciones y Macri, con las decisiones transnacionales de Pepsico. (3)

Es la conjunción de los intentos de una flexibilización laboral que acelere el recorte del “costo laboral”, apertura a las importaciones, salarios a la baja frente a la inflación y generación de un ejército de reserva laboral en base a desocupación y transferencia de ingresos hacia el capital concentrado, con la reducción de costos, recortes de personal y optimización de las ya colosales ganancias de la empresa estadounidense. Frutilla en el postre: el titular de la Coordinadora de Industrias Alimenticias, Daniel Funes de Rioja, afirmó que para ganar competitividad, el sector debería automatizar la parte del empaquetado, o sea, dejar más empleadas y empleados en la calle.

Los despidos por goteo que suceden cada día, mueven el siniestro contador que ya marca la pérdida de 700.000 puestos de trabajo en ocho meses, , un índice de desempleo del 9,2% en el primer trimestre del año a nivel país y 10,9% en el GBA, con  1.900.000 trabajadores afectados. Completa el escenario el cierre de 3198 empresas entre diciembre de 2015 y marzo de 2017, con las medianas y pequeñas yendo a la quiebra o siendo absorbidas por las más grandes, confirmando la tendencia del capital hacia la concentración en el orden empresarial, con menos empresas y de mayor tamaño.

Camino al cadalso

El máximo jerarca regional de Pepsico, el indio Laxman Narasimhan, es famoso entre los cuadros que lo secundan por hablar “solo de planillas y costos y exige que los números cierren como sea”. Desde su poltrona en Purchase, a 8000 km de distancia, observó que la filial argentina de la transnacional  había relegado parte de su porción en el mercado, a pesar de mantenerse por encima del 70% del mismo.

El ingeniero mecánico, disparó su protocolo de emergencia, alistó una “fuerza de ataque rápido” y despachó hacia Ezeiza a seis ejecutivos, la mayoría mexicanos, a “reestructurar” la factoría local. El trabajo fue rápido, en menos de cinco meses el diagnóstico estaba definido y ejecutada la medida, con el apoyo del gobierno, que conocía la situación desde fines de marzo y, lejos de mediar o acolchonar el drama que se desataría para 600 familias, aceleró el proceso represivo de desalojo y acuerpó “institucionalmente” los hechos desde el Ministerio de Trabajo.

Pepsico Snacks de Vicente López, cerró sus puertas el 21 de junio y el 14 de julio fueron desalojados los trabajadores que permanecían en sus puestos. Horas antes, la segunda alimenticia del mundo presentó los resultados del segundo trimestre en Wall Street, con un balance del primer trimestre del año con ingresos por u$s 15.600 millones y una ganancia superior a los u$s 2.100 millones.

Narasimhan tuvo el camino aceitado, gracias a haber revistado en McKinsey, la misma consultora por la que pasaron Gustavo Lopetegui y Mario Quintana, los coordinadores del gabinete macrista. En septiembre de 2016 tuvo un encuentro en Buenos Aires con la vicepresidenta Gabriela Michetti, durante el foro apodado “Mini Davos”. El señor de la Pepsi, además del sapo de ese premio consuelo en reemplazo del presidente Macri, debió tragarse la situación inoportuna, incluso para el marketing de su propia empresa, que le generó la funcionaria al pedir una lata de Coca-Cola Light para tomar.

Cambiar es flexibilizar

En un país como la Argentina, con más de un siglo de conquistas obtenidas gracias a la lucha de anarquistas, socialistas, comunistas, radicales y peronistas, los trabajadores tienen derechos, laborales y humanos, que los protegen de los abusos patronales con nivel, incluso, constitucional, a partir de la Carta Magna de 1949, que incluyó reformas de Eva y Juan Domingo Perón.

Esa situación, de avanzada en Latinoamérica, es la que las corporaciones quieren revertir y el gobierno de Macri trata de destruir, pretextando que el “costo laboral” nacional es alto, las leyes inflexibles y exageradas, los juicios laborales mafiosos, las intervenciones a sindicatos, una retórica sobre la modernización de los convenios colectivos, defensa de la automatización de las líneas de producción, demanda de aumento de competitividad y productividad, además del rechazo de las protestas callejeras de organizaciones sociales y los  conflictos laborales. El Brasil de Temer ya lo logró con una reforma laboral medieval; Cambiemos espera un triunfo electoral en octubre para avanzar.

Pepsico fue uno de los tantos “casos testigo” de ese formato. Es que la experiencia de las trabajadoras de la planta de Vicente López, junto a sus compañeros, constituye una imagen “peligrosa”, que puede contagiar. Su organización gremial no responde a la conducción nacional del sector encabezada por Rodolfo Daer; la Lista Bordó, liderada por sectores de izquierda, junto a otras organizaciones e independientes y con presencia en las principales fábricas del sector Alimentación es una “manzana podrida”.

La lucha en la planta de Florida, por ejemplo, permitió la reincorporación de empleados cesanteados; el caso de Catalina “Katy” Balaguer, considerada por la justicia “delegada de hecho” a pesar de no tener fueros sindicales, devino en jurisprudencial; con una amplia mayoría de mujeres en la plantilla, consiguieron el reconocimiento como “medio oficial” en la industria del alimento, mejorando sus condiciones  salariales.

Los reclamos laborales, excedieron siempre el tema salarial, para abarcar las condiciones de trabajo, logrando la reducción de la jornada laboral que llegó a las 16 horas, y derechos básicos como las licencias por embarazo. Sin embargo, enfermedades como tendinitis, bursitis, cervicalgia, hernia de disco, escoliosis y rectificación de columna, entre otras, siguen dañando la salud de todos ellos.

El “traslado” a Mar del Plata pretende dar un corte contundente, para generar una situación diferente, con trabajadores sin antigüedad,  experiencia de lucha ni conciencia de sus derechos, contratados a través de agencias de empleo, precarizados. El acuerdo de Vaca Muerta con el secretario general del Sindicato de Petróleo y Gas Privado de Río Negro, Neuquén y La Pampa, Guillermo Pereyra, senador por el Movimiento Popular Neuquino, fue el puntapié inicial del proceso en la Argentina; por esa negociación, la patronal obtuvo una serie de ventajas como la eliminación de las horas que debían pagarse por el tiempo de traslado de los trabajadores desde sus hogares hasta los pozos, la posibilidad de reducir la cantidad de trabajadores por equipo de perforación, la potestad para decidir cuando el viento amerita la suspensión de las actividades y la disponibilidad de los empleados con mayor flexibilidad para su rotación por distintos puestos.

De acuerdo con fuentes del sector, en paralelo a todas las medidas flexibilizadoras, Pepsico incrementó más del 80% de las  importaciones de papas fritas, palitos, chizitos, nachos y otros snacks desde Chile, ocupando ya  un volumen equivalente al 5% de su fabricación mensual en la Argentina. Cualquier consumidor local que se tome la molestia, podrá ver en los paquetes de esos productos su origen trasandino.

Clarín, como siempre

Las consideraciones oficiales sobre la relación entre “estructura de costos” y la “llegada de inversiones” está al tope del temario del gobierno nacional. En el caso de los cambios realizados y por venir en Pepsico, la filial local de la transnacional estadounidense cuenta con asesoramiento del  principal aliado comunicacional de Macri, el Grupo Clarín, perfilado también hacia el asesoramiento de empresas a través de “Gestión Compartida”, que nació en septiembre de 2000 para operar en las áreas del propio multimedios y luego se abrió al mercado.

La compañía, instalada como “líder en tercerización de procesos”, se ofrece a las empresas para “permitirles reducir costos”, con “herramientas de gestión innovadoras” a través de la aplicación de distintas “herramientas de gestión” que, en el caso de Pepsico incluyó la reducción de personal, el recambio etario de sus planteles y el reemplazo de producción por importación.

Es probable que su departamento de Gestión total de Proveedores haya desarrollado la estrategia de “compras internacionales” a Chile para avanzar en su “mayor control, ahorro de costos y gestión eficiente”, además de sugerirle al equipo presidencial una frase para incluir en sus breves dichos del “Día de la Bandera, en Rosario y a la misma hora que llegaron los mensajes de despido a los hogares del personal: “Se han recuperado los puestos de trabajo perdidos el primer año y cada día se generan nuevas oportunidades”.

Referencias:

(1) http://www.elhistoriador.com.ar/articulos/independencia/20_de_junio.php

(2) https://www.slideshare.net/IADERE/radiografa-de-las-corporaciones-econmicas-20032013

(3) http://tiempodecrisis.org/wp-content/uploads/2016/05/MacriCorpo-fin.pdf

(*) Psicólogo y periodista. Investigador argentino asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico

(**) Sociólogo y docente universitario. Investigador argentino asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico

Texto enviado por sus autores para su publicación

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