La plata de Potosí, regada con sangre americana, hizo de España un imperio

Cuando la naturaleza era considerada una entidad viviente y dador de vida y no saqueada según los hábitos europeos, existía en el Altiplano andino una montaña llamada Sumaj Orcko, “el cerro magnífico”, que luego, una vez iniciada la explotación sin control de minerales de plata, se le llamó “Potosí”.

Un día de enero de 1538, el indio Diego Huallpa descubrió que las entrañas del Cerro de Potosí encerraban un fabuloso yacimiento argentífero, que los españoles explotaron desde 1545 hasta el final de la colonia

Un día de enero de 1538, el indio Diego Huallpa descubrió que las entrañas del Cerro de Potosí encerraban un fabuloso yacimiento argentífero, que los españoles explotaron desde 1545 hasta el final de la colonia

Por Félix Rodri. Potosí, la montaña de plata que convirtió en imperio a España y en esclavos a los indígenas. Esta es la historia de la mina de plata más grande del mundo desde mediados del siglo XVI hasta mediados del siglo XVII. La montaña que había sido sagrada desde tiempos inmemoriales, en la colonia se convirtió en sinónimo de poder y prestigio para los españoles y en dolor, sufrimiento y muerte para miles de decenas de indígenas. 

Cuando la naturaleza era considerada una entidad viviente y dador de vida y no saqueada según los hábitos europeos, existía en el Altiplano andino una montaña llamada Sumaj Orcko, “el cerro magnífico”, que luego, una vez iniciada la explotación sin control de minerales de plata, se le llamó “Potosí” nombre que posiblemente signifique “que hace mucho ruido” por las continuas explosiones que provocaban los mineros.

Las vetas de plata que afloraban a la superficie habrían sido descubiertas casualmente el 25 de enero de 1545 por Diego Huallpa, un indígena (otros dicen en 1538). La leyenda dice que Diego, extraviado cuando regresaba con su rebaño de llamas, decidió acampar al pie del cerro y encendió una gran fogata para abrigarse.

Cuando despertó por la mañana, se encontró con que, entre las brasas humeantes de la fogata, brillaban hilitos de plata derretida por el fuego, porque el metal afloraba. El hallazgo derivó en el cambio del nombre de Sumaj Orcko, a Cerro Rico y luego a Potosí.

El primero de abril de 1545 los capitanes Diego de Zenteno, Juan de Villarroel, Francisco de Zenteno, Luis Santandia y el maestre de campo Pedro de Cotamito firmaron el documento de descubrimiento y toma de posesión del terreno.

El acta disimula apenas la codicia con el lenguaje ceremonial de entonces, reverencioso de palabra a los reyes y a los dioses:

“Yo, Don Diego de Zenteno, Capitán de S.M.I., Señor D. Carlos V, en estos reinos del Perú, en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y a nombre del muy Augusto Emperador de Alemania, de España y destos Reinos del Perú, señor Don Carlos Quinto y en compañía y a presencia de los capitanes, Don Juan de Villarroel, Don Francisco Centeno, Don Luis de Santandía, del Maestre de Campo Don Pedro de Cotamito y de otros españoles y naturales que aquí en número de sesenta y cinco habemos, tanto señores de basallos como basallos de señores, posesionóme y estaco deste cerro y sus contornos y de todas sus riquezas, nombrado por los naturales este cerro Potosí, faciendo la primera mina, por mí nombrada la Descubridora y faciendo las primeras casas, para nos habitar en servicio de Dios Nuestro Señor, y en provecho de su muy Augusta Magestad Imperial, Señor Don Carlos Quinto. A primero de Abril deste año del señor de mil e quinientos y cuarenta y cinco.

—Capitán Don Diego de Zenteno.- Capitán Don Juan de Villarroel.- Capitán Don Francisco de Centeno.- Capitán Don Luis de Santandía.- Maestre de Campo Don Pedro Cotamito.- Non firman los demás por no saberlo facer, pero lo signan con este signo +.- Pedro de Torres, Licenciado”.

No sabrían firmar, pero sabían lo que era “estacar” el cerro. Sus continuadores estacaron y “alambraron” campos con los mismos fines: apoderarse de todas las riquezas.

El cerro de la plata tiene una legua (5.572 metros) de altura sobre el nivel del mar y poco más de una legua de circunferencia, de modo que es esbelto y su cumbre era un cono perfecto, pero sus laderas son áridas porque están muy por encima de la altura a la que crecen los árboles.

Se formó hace millones de años como resultado de una erupción volcánica que con las rocas ígneas que lo constituyen trajo del interior de la Tierra toda clase de metales: plomo, estaño, cobre, hierro, pero plata sobre todo en grandes cantidades, como cloruros y sulfuros.

Todo el cerro Rico de Potosí era un inmenso depósito de minerales de plata que llegaban a la superficie en varios sitios. En parte esta afloración fue su desgracia, porque fue atacado sin piedad al punto que tuvo hasta 5.000 bocaminas y socavones, casi todos conectados entre ellos con una longitud total de unos 1000 kilómetros.

Al influjo de sus enormes riquezas, las mayores del mundo en ese momento, Potosí (hoy ciudad del sur de Bolivia) se convirtió en una ciudad muy grande para su época: unos 120.000 habitantes, más que Madrid y algunos dicen que también más que Londres o París en el siglo XVII. De ser así hubiera sido entonces la ciudad más grande del mundo, aunque cifras poco seguras dan a las capitales europeas poblaciones mayores.

Potosí nació como ciudad bajo dependencia de Sucre (capital histórica de Bolivia), pero cuando apenas 25 años después tenía ya 50.000 habitantes logró autonomía y el rango de ciudad y derecho a elegir sus autoridades el 21 de noviembre de 1561 con el nombre de Villa Imperial del Potosí.

En 1625 tenía 160.000 habitantes. Miguel de Cervantes no se mantuvo fuera de su influencia porque en su monumental obra Don Quijote de la Mancha acuña la expresión “vale un Potosí”, con el significado de una fortuna incalculable, lo que de paso señala que en general en España estaban al tanto del saqueo.

Si yo te hubiera de pagar, Sancho ―respondió don Quijote―, conforme lo que merece la grandeza y calidad deste remedio, el tesoro de Venecia, las minas del Potosí fueran poco para pagarte; toma tú el tiento a lo que llevas mío, y pon el precio a cada azote. – Miguel de Cervantes Saavedra, Don Quijote de la Mancha

Es imposible calcular la plata extraída del Cerro Rico de Potosí; cálculos aproximados han determinado que durante la colonia el centro minero aportó a la corona española el equivalente a 50.000 millones de dólares. Potosí produjo el 80 por ciento del total de la plata que se extrajo en el Perú y el 50 por ciento de toda la que se obtuvo en el mundo a fines del siglo XVI.

La ancestral ‘mita’ se convirtió en esclavitud

Los historiadores calculan, no obstante, que murieron millares de personas en el proceso. Decenas de miles de indígenas fueron sometidos al sistema de esclavitud que se implantó tras la colonia. Los indios sufrieron gracias a la riqueza de su tierra de manera indecible. Decenas de miles fueron sometidos a la ‘mita’, un sistema incaico que consiste en el trabajo recíproco y que encierra un significado ritual y místico, pero que los españoles adoptaron a su modo y la aplicaron hasta convertirlo en esclavitud, para proporcionar mano de obra para las minas. Los mitayos trabajaban hasta 16 horas diarias cavando túneles o extrayendo el metal con la mano, a pico o con lo que pidieran hallar sus manos, y como consecuencia murió muchísima gente en las minas a causa de las terribles condiciones de trabajo sumadas a la mala alimentación y a enfermedades provocadas de estar largas jornadas allí dentro respirando gases subterráneos y al mercurio, metal pesado muy venenoso, utilizado para obtener plata a través de amalgamas, en este caso la aleación de mercurio y plata. También perecían en los numerosos derrumbes y si se rebelaban, ahí estaban las fuerzas del orden para aplicarles la justicia del trabuco de inmediato. Los españoles ni siquiera retiraban los cadáveres del interior de las minas, para ahorrar costos, y se limitaban a introducir más indios esclavos para que sigan el camino de los anteriores. El resultado fue que los buitres giraban incesantemente en torno de las bocas.

Entre 1545 y 1625 varios millones de indígenas murieron en las minas hasta que los explotadores comenzaron a observar que la mano de obra se les terminaba. La solución que encontraron los españoles no era por supuesto mejorar las condiciones de trabajo, cambiar los métodos ni reducir el régimen de explotación que cargó galeones durante tres siglos con riquezas que iban a engordar la economía europea.

La solución fue pedir al rey que autorizara la importación de 1500 a 2000 esclavos africanos por año. El permiso vino puntual y durante la colonia llegaron unos 30.000 esclavos para trabajar en las minas del cerro Rico. Los esclavos también fueron usados como animales de carga, porque los ibéricos descubrieron que era más económico un negro que una mula.

La separación de clases planteó la construcción de campamentos satélites del centro urbano donde trabajaban los trabajadores indígenas, la población española radicó en el centro urbano.

Diego Mendoza dice:” La villa está fundada al pie del cerro de Potosí, al norte tendrá más de 1500 casas españolas”, y al sur, al pie del cerro rojo, se desparrama la populosa población indígena.

En este laberinto de casuchas se ocultaron miles de indios mitayos que nunca iban a regresar a sus tierras de origen. Según Ocaña:“Son las casas de los indios como pocilgas o zahurdas de puercos”, trabajadas de piedras superpuestas en forma redonda, con barro y techo de paja.

La esperanza de vida menguó de tal manera que era complicado sobrevivir más de siete años seguidos de trabajo. Las cifras oscilan, según algunos, desde los varios miles a los ocho millones de muertos que toma Eduardo Galeano en su estupenda obra“Las venas abiertas de América latina” (muy recomendable para dar respuesta a muchos porqués). Sea como fuere, más cerca o más lejos en las cifras, Potosí es un símbolo de lo sucedido en América y que el mundo debe conocer para que no se vuelva a repetir estos vergonzosos pasajes de nuestra historia.

La montaña que había sido sagrada desde tiempos inmemoriales, antes de los Incas, mereció para los indígenas a partir de 1559 una denominación nueva, que ilustra sobre su nuevo aspecto de raíz europea: “La boca del infierno”.

La plata de Potosí, una moneda internacional

La plata y oro que se extrajo del Cerro Rico en la ciudad de Potosí en el suroeste de lo que hoy es Bolivia, no solo hizo de España un imperio, también dio la vuelta al mundo, activando las economías de Europa y Oriente durante la colonización. Fue el patrón plata de la moneda de la India, la rupia; en China y Turquía servía de moneda. La moneda acuñada con la plata de Potosí y extraída con la sangre, sudor y lágrimas de los esclavos indígenas y africanos, fue como el euro o el dólar en la actualidad.

En los tres siglos que duró el saqueo, según Eduardo Galeano, se extrajo de cerro Rico de Potosí unos 60.000 millones de toneladas de mineral, que serían materia prima suficiente, según el propio Galeano, para construir un puente de oro y plata desde Potosí hasta el palacio de los reyes en Madrid.

Es curioso saber que a España llegó tan solo un 15 por ciento de toda la plata extraída, debido a las siguientes cuestiones:

  • guerras mantenidas en Europa
  • construcción de edificios suntuarios (Archivo de las Indias, Catedral de Cádiz, etc.)
  • tributos cobrados por la Iglesia.
  • fraudes de los azogueros y autoridades.
  • desmedido lujo de los criollos, peninsulares, mestizos y nobles indígenas que mantuvieron su cargo por orden española.
  • Gracias al Real de a 8 muchas de estas monedas se esparcieron por todo el mundo.

España, poseída por la mentalidad mercantilista, no pudo subirse el tren del desarrollo industrial que ya ponía en marcha Inglaterra. No se preocupó por desarrollar sus artesanías, que habían sufrido un colapso con la expulsión de los artesanos árabes en 1492.

Entonces la plata de Potosí fue utilizada para comprar los productos que otros países elaboraban. Al final fueron Inglaterra, Holanda y Francia las que terminaron quedándose con la plata potosina a cambio de vender a España lo que ésta necesitaba pero no producía.

De las inagotables minas de Potosí, las cuales aportaron al Imperio español y a toda Europa durante la época de la conquista de América, se extrajo más cantidad de plata que ningún otro lugar del mundo.

A Nuestra América le quedaron galerías laberínticas, un gigantesco hormiguero donde seguramente pululan las almas de aquellos hombres que fueron condenados a tal suerte y que hoy sirve para el deleite de turistas, un cerro Rico que ahora es pobre y el recuerdo de millones de muertos que fueron hombres traídos atados, a pie a veces desde miles de kilómetros, para ser bajados a la mina. No volvían a sus casas, porque eran enviados como a la puerta del infierno de Dante en la Divina Comedia, en la boca de las minas había un cartel invisible que decía: “dejad toda esperanza, vosotros que entráis”.

Imaginemos pues, cuántos niños se quedaron sin padres, cuántas madres sin hijos, cuántas mujeres sin esposos, cuando estos marchaban a esos socavones que eran el mismo infierno, con la posibilidad de no volver jamás.

Potosí y los lujos inimaginables

A comienzos del siglo XVII, Potosí tenían treinta y seis iglesias, otras tantas casas de juego y catorce escuelas de baile. Habían salones, teatros y tablados para las fiestas que lucían riquísimos tapices, cortinajes, blasones y obras de orfebrería. De los balcones de las casas colgaban damascos coloridos y lamas de oro y plata. ¿Pero quienes gozaban de estos lujos?: los españoles; en las casas de estos ricos circulaban todo tipo de perfumes, joyas, porcelanas y objetos suntuosos, y se dice que hasta las herraduras de sus caballos eran de plata.

Había fiestas inacabables, lujos difíciles de describir hoy en día, necesidades de mercaderías refinadas y costosas incluso para ornamentar las iglesias. Pero no producía nada de eso, porque todo lo compraba la plata.

Cuando después de la revolución del Alto Perú en mayo de 1809 y de la revolución de Mayo de 1810 llegaron al país los ejércitos de Juan José Castelli y Manuel Belgrano, eliminaron la mita, la encomienda y en general la esclavitud pero no pudieron hacer pie en Potosí debido a la fuerte reacción de los españoles, que sabían qué les interesaba más defender, aunque la producción de plata, tras 250 años de explotación, había mermado mucho.

Cornelio Saavedra, una de las figuras más destacadas de Mayo porque puso el peso de las armas a favor de la revolución, era nativo de Potosí, hoy diríamos “boliviano”.

Potosí en tiempo de los Incas

La historia de Potosí no había nacido con los españoles. Tiempo antes de la invasión europea, el inca Huayna Cápac había oído hablar a sus vasallos del Sumaj Orcko, el cerro hermoso, y por fin pudo verlo cuando se hizo llevar, enfermo, a las termas de Tarapaya. Desde las chozas pajizas del pueblo de Cantumarca, los ojos del inca contemplaron por primera vez aquel cono perfecto que se alzaba, orgulloso, por entre las altas cumbres de las serranías. Quedó estupefacto. Las infinitas tonalidades rojizas, la forma esbelta y el tamaño gigantesco del cerro siguieron siendo motivo de admiración y asombro en los tiempos siguientes. Pero el inca había sospechado que en sus entrañas debía albergar piedras preciosas y ricos metales, y había querido sumar nuevos adornos al Templo del Sol en el Cusco.

El oro y la plata que los incas arrancaban de las minas de Colque Porco y Andacaba no salían de los límites del reino: No servían para comerciar sino para adorar a los dioses.

Tiempo antes de la Conquista, el inca Huayna Cápac había oído hablar a sus vasallos del Sumaj Orcko, el cerro hermoso.

Cuenta una leyenda escrita muy convenientemente por algunos cronistas españoles, que cuando los mineros indígenas clavaron sus pedernales en los filones de plata del cerro hermoso, una voz cavernosa los derribó. Era una voz fuerte como el trueno, que salía de las profundidades de aquellas brañas y decía, en quechua: “No es para ustedes, Dios reserva estas riquezas para los que venían del más allá”. Los indios huyeron despavoridos y el inca abandonó el cerro. Antes, le cambió el nombre. El cerro pasó a llamarse Potojsi, que significa: “Truena, revienta, hace explosión”.

La académica boliviana Teresa Gisberti sostiene que la existencia del Cerro Rico de Potosí fue ocultada a los españoles por los indígenas tanto como pudieron porque era el santuario más importante de la región, dedicado a Pachacámac, una deidad del mundo andino.

Gisberti cita un texto antiguo, atribuido al primer cronista de Potosí: “Más había de doce años que los españoles poseían este reino y no tenían noticia de la riqueza de este cerro…, y en su descubrimiento no se halló rastro que los antiguos incas o reyes se hubiesen aprovechado de sus minas, ni se halló señal de labor… ora por alguna vana observancia y ceremonia a que eran inclinados estos indios (adorando los montes señalados y piedras singulares)… dedicándolos a sus Macas o adoraciones, que era el lugar donde el demonio los hablaba y hacían sus sacrificios…”.

Quizá no haya habido explotación, sin duda no como la desenfrenada que siguió, los indígenas no ignoraban la riqueza mineral del cerro, porque siempre había razones suficientes para elegir cierto lugar como santuario, en este caso a las deidades de la tierra. Solo que en lugar de arrasarlas prefirieron respetarla y preservarla.

El cerro y toda su zona fue centro ceremonial, como atestiguan las pinturas rupestres. Actualmente, los estudiosos las contemplan como testimonios mudos de un pasado remoto; dos veces mudos porque son también relatos que no podemos comprender, textos sin palabras que no podemos entender. *

La historia del Potosí se remonta a mediados del siglo XV, cuando estuvo por estas tierras el inca Huayna Capac para combatir a los guaraníes. Parte de la historia nos relata el cronista potosino Bartolomé Arzáns de Orsúa y Vela (1674-1736), en su magnífica obra Historia de la Villa Imperial de Potosí y Anales de la Villa Imperial de Potosí.

Datos

*La inmensa riqueza del Cerro Rico y la intensa explotación a la que lo sometieron los españoles hicieron que la ciudad creciera de manera asombrosa. En 1625 tenía ya una población de 160 000 habitantes, por encima de Sevilla.

*Desde 1776 Potosí, como todo el Alto Perú, pasó a formar parte del virreinato del Río de la Plata, por lo que la plata dejó de embarcarse a España por el puerto de Arica y empezó a embarcarse por el de Buenos Aires, a 55 días a caballo de distancia por las amplias planicies surcadas de grandes ríos navegables por donde se podía llegar a la plata. Esos ríos terminaban en el Río de la Plata, el Mar Dulce de Solís, y cruzaban un país que mereció el nombre de República de la Plata, o Argentina. Gracias a ese gigante derrumbado que es hoy el cerro Potosí y gracias a millones de muertos en sus socavones.

Fuente: www.aimdigital.com.ar

Algunos datos adicionales fueron tomados de:

www.elrincondesele.com / es.wikipedia.org / www.html.rincondelvago.com

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