Juan José Saer caminando alrededor, “en la zona”

En una vitrina, se exhibe el único cuaderno del escritor que no pertenece a la Universidad de Princeton. Es el "cuaderno 0", que Saer le entregó a Jorge Tobías Colombo con unas traducciones manuscritas de artículos de Cahiers du Cinéma y donde se halló también una versión del cuento "Tango del viudo"

Juan José Saer caminando alrededor, “en la zona”

Juan José Saer: “Juani”

Por Daniel Gigena. El Santa Fe de Saer: de vuelta en “la zona”, 80 años después. Una muestra, un coloquio, una ciudad que lo recuerda con un tributo a su obra; Sarlo, Chejfec y Pauls, entre los invitados. “¡Los consiguieron a todos!”, le dijo una amiga porteña a Martín Prieto, coordinador general del Año Saer. Se refería a los invitados especiales al Coloquio Internacional Juan José Saer, que se lleva a cabo en el Museo Provincial de Bellas Artes Rosa Galisteo de Rodríguez.

Más de veinte investigadores y escritores, llegados de distintas ciudades del país y del exterior, se sumaron a otros tantos jóvenes estudiosos de la obra del autor de El limonero real.


Entrevista a Jorge Tobías Colombo, alumno y amigo de Juan José Saer que prestó
el “Manuscrito 0” para que sea exhibido en la muestra “Conexión Saer”.

En verdad no faltaba nadie: María Teresa Gramuglio, una de las primeras críticas en señalar la importancia de la obra del escritor santafecino; Alberto Díaz, editor histórico y amigo personal de “Juani”; Beatriz Sarlo , Noé Jitrik y Julio Premat, que tuvo a su cargo la edición de los cuatro volúmenes de borradores; Perrine Gueguen, Nora Avaro y Diego Peller. Algunos de los invitados al Coloquio Saer son, como el homenajeado, escritores. Martín Kohan, Sergio Chejfec, Alan Pauls y Juan José Becerra figuran entre los participantes del encuentro, que se extenderá hasta el viernes. En parte fueron elegidos porque, de diferentes maneras, continúan, amplían o radicalizan la poética saeriana. Tres de los amigos inseparables del narrador nacido en Serodino en 1937 integraban el auditorio: la poeta Marilyn Contardi, el director Raúl Beceyro y Oscar Meyer. A la tarde se sumaría otro de los amigos de toda la vida de Saer: Roberto Maure, periodista del diario El Litoral.

Hijo de inmigrantes sirios dedicados a un pequeño comercio, Saer se convirtió en un referente de la literatura universal. Cuentos, ensayos, magníficas novelas y poemas completan una obra tan vasta como rigurosa. Como dijo ayer Daniel Balderston, antes de la conferencia inaugural de Jitrik, “Borges, Saer y Piglia, en ese orden, son los escritores más representativos de la literatura argentina en el mundo”. Por ese motivo, pocas semanas antes de que el Año Saer concluya con un festejo a lo grande en la ciudad de Rosario, los organizadores convocaron a los mejores especialistas de su obra.

“Orgullo de la provincia de Santa Fe y de nuestra lengua”, dijo Alberto Díaz en la mesa institucional del encuentro, integrada por él, la ministra de Innovación y Cultura de la provincia, “Chiqui” González y una representante del Ministerio de Educación de Santa Fe. ¿Cuántos gobernadores asisten a jornadas en honor a escritores argentinos? Miguel Lifschitz estaba presente y, si bien confesó que había leído a Saer “recién de grande”, se mostró orgulloso con la edición de 15.000 ejemplares de A medio borrar, una antología que reúne “argumentos”, cuentos y una novela corta de Saer. Ese libro se distribuirá en forma gratuita entre los estudiantes de quinto año de las escuelas públicas de la provincia. Es uno de los tres libros publicados en el marco del Año Saer. El lugar de Saer. Sobre una poética de la narración (1969-2014), de María Teresa Gramuglio, coeditado por la Editorial Municipal de Rosario y Espacio Santafesino, se presentó en la Feria del Libro de Buenos Aires el 1° de mayo pasado. El otro libro reúne una serie de entrevistas compiladas por Prieto y lleva por título Una forma más real que la del mundo (Mansalva).

Una zona propia

Sin nombrarla nunca, Saer rinde tributo a la ciudad de Santa Fe y una zona de influencia que se extiende hasta Colastiné, Paraná, Serodino. El café Tokio, el viejo edificio del diario El Litoral, el hotel Castelar, la vieja terminal de ómnibus, el camino a Rincón (donde Nicolás Sarquís filmó Palo y hueso) trazan las coordenadas del ámbito en que los personajes aman, traducen o escriben libros, se ocultan, comen asados y evocan de manera obsesiva. Ayer a la noche, en el Tokio, espacio intocado por el paso del tiempo, se realizó un agasajo a los invitados al coloquio.

Esa zona “geoverbal” es una pieza central de Conexión Saer, la muestra que se exhibe hasta fin de julio en el Museo Rosa Galisteo. Estuvo al cuidado de María Teresa Constantín y Prieto. En la exposición se entrecruzan “mapas” de obras, personajes, temáticas y técnicas del escritor santafecino con obras de dos artistas muy ligados, afectiva e intelectualmente, a Saer. Uno es Fernando Espino, “pintor mágico” cuya obra integra el patrimonio del museo local, y el otro es Juan Pablo Renzi. Las obras de Renzi aparecen en las portadas de Cicatrices, La Grande, La pesquisa y Glosa.

Juan José Saer caminando alrededor, “en la zona”

Carta y Cuaderno “0” de Juan José Saer en exhibición, en Santa Fe.

Varios invitados al coloquio integran, a la vez, el elenco de Conexión Saer. Sarlo, Jitrik, Gramuglio, Díaz, Contardi, Renzi y otros aparecen en un álbum de fotos de amigos. En una vitrina, se exhibe el único cuaderno del escritor que no pertenece a la Universidad de Princeton. Es el “cuaderno 0”, que Saer le entregó a Jorge Tobías Colombo con unas traducciones manuscritas de artículos de Cahiers du Cinéma y donde se halló también una versión del cuento “Tango del viudo”. Saer, como contó Premat ayer, escribía los relatos primero en la cabeza, luego en los cuadernos y después los pasaba a máquina “de un solo envión”. Otro documento único que se exhibe es el proyecto que envió para concursar por la beca Guggenheim en 1982. Son apenas quince líneas mecanografiadas donde Saer cuenta el argumento de una de sus obras maestras, Glosa. Allí se advierte que estaba más preocupado por problemas de ritmo que por cuestiones de sentido. No recibió la beca, pero, como apuntó Edgardo Dobry ayer, “Saer obtuvo un premio mayor: la posteridad”.

Noé Jitrik – narrador y crítico

“La escritura de Saer es contagiosa. Uno tiene que cuidarse de ella si quiere escribir, porque se corre el riesgo de imitarla. Sus libros son admirables, pero hay que leerlos con esa prevención si uno quiere ser escritor”

Beatriz Sarlo – crítica y ensayista

“Dentro de una década, algún investigador dirá que éste fue el capítulo de la consagración definitiva de Saer como el gran escritor post Borges de la literatura argentina”

Martín Kohan – narrador

“Saer es un escritor muy exigente, y pondero esa exigencia; el hecho de que esa exigencia pueda ser debatida o puesta en cuestión me parece la señal de una pereza intelectual nefasta”

Fuente: La Nación
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