Cada tanto, un poema: “Griseta”, de José González Castillo

¿Quien recuerda a Margarita Gauthier y a Duval, con los rostros de Greta Garbo y Robert Taylor, o Zully Moreno y Carlos Thompson (en su versión argentina) en La dama de las Camelias de Dumas, o los asocia con La Traviata de Verdi, que le cambió los nombres y descalificó a la pobre tísica?

Cada tanto, un poema: “Griseta”, de José González Castillo

Griseta (castellanización del francés grisette) era el nombre dado a las costureras y obreras, a causa de cierta tela gris, floreada, que vestían.

Por Nestor Adolfo Villa. Recordando la letra pensaba, qué derroche de literatura francesa al pedo. Tres novelas que dieron origen al menos a 6 óperas, una opereta y una zarzuela, pasan por este tango, superando ampliamente la media cultural de los amantes del género allá por 1924 cuando Raúl Laborde lo estrenó, (e inmediatamente lo grabó Gardel).

¿Quiénes de ayer (y de hoy) saben que Museta, Mimí, Rodolfo y Schaunard son personajes del folletín autobiográfico de Henry Murguer, ‘Escenas de la vida Bohemia’, publicado entre 1847 y 1849?. ¿Que después fue teatralizado y de allí salieron dos óperas italianas, la de Puccini(1896), la de Leoncavallo (1897), las dos llamadas ‘La Boheme’, una opereta de Kalman (Das Veilchen vom Montmartre, 1930), una zarzuela de Vives (Bohemios, 1903) y un musical de Broadway (Rent, de Jonathan Larson, 1994)?
¿Quien leyó Manon Lescaut del Abate Prevost de 1753, para saber quien es el desgraciado adolescente Des Grieux, enamorado eternamente de una ramera seductora o supo que esa novela inspiró las óperas de Auber (1853), Massenet (1884) y Puccini (1893)?
¿Quien recuerda a Margarita Gauthier y a Duval, con los rostros de Greta Garbo y Robert Taylor, o Zully Moreno y Carlos Thompson (en su versión argentina) en La dama de las Camelias de Dumas, o los asocia con La Traviata de Verdi, que le cambió los nombres y descalificó a la pobre tísica? (traviata (extraviada), vendría a ser algo así como atorranta.

José (el Pepe) González Castillo escribió esa anacrónica y culturosa letra que ya en aquellos años olía a naftalina, pero estaba impregnada de París, meca de los porteños tangueros.
Que ocurrencia incorporar ‘quartier’ (barrio) para hacerlo rimar con ‘Gauthier’, pero los fans que no entendían ni el franchute ni las citas literarias lo consagraron igual.
Tango para lectores fanáticos de la literatura francesa o para operómanos recalcitrantes, con anti heroínas como protagonistas, minas de la vida, costureritas que dieron el mal paso, todas terminando mal, en la miseria, víctimas de la tisis o el hambre.

Homero Expósito me decía que el tango en sí era misógino, ‘las únicas minas buenas son las santas madrecitas, el resto unas putas’. (sic)
González Castillo, que en 1906 haciendo gala de su anarquismo contumaz insistió en anotar a su hijo como Descanso Dominical, al fallar en el intento, se consoló con Cátulo, (lo que le permitiría al susodicho con los años ser más famoso que el padre y regodearse contando la historia).
El gallego Pepe al que su anarcomoralismo le llevó a escribir en 1914 una obra de teatro infame, Los Invertidos, un derroche de talento homofóbico ultramontano.
Cuando las autoridades le levantaron la obra al estrenarse, su defensa fue esta:
“Según una estadística demográfica del doctor Francisco Latzina, publicada en 1905, a raíz del censo de la Capital, había en esa fecha, y en Buenos Aires solamente, ‘diez mil invertidos’, de todas las condiciones sociales. (…) esa cifra entraña una amenaza gravísima y un peligro constante para la salud moral y física de nuestra sociedad”.

‘Frente al estreno, la Municipalidad reaccionó ante lo que leyó como una clara apología de la “perversión”. Esta reacción, que consistió en retirar de cartel la obra, hace explícita una primera lectura, una primera recepción (la apología de la homosexualidad). Frente a esa lectura, el propio autor, en su apelación ante el Concejo Deliberante, establece su posición muy claramente, argumentando que la obra “es francamente moralizadora y persigue un alto objeto de mejoramiento social, sin atentar contra las buenas costumbres ni contra la moral media de la sociedad”. Su defensa consiste en admitir que la obra no sólo no es apología de la homosexualidad sino que afirma que la obra está al servicio del mejoramiento social, que es pedagógica. Así lo entendió también la prensa del momento. Si se leen las palabras de dicha apelación y las palabras de la noche del estreno es imposible no ver que José González Castillo habla desde una posición tomada, una posición que -en términos contemporáneos- puede ser definida como homofóbica. Por otra parte, y para poner las cosas en su justa medida, ¿quién no era homofóbico en Buenos Aires en 1914?

Lo que es indiscutible y se desprende de los hechos históricos es que desde el primer momento de su estreno, al menos dos lecturas opuestas se hicieron del mismo espectáculo: apología de la perversión versus homofobia. Y, digámoslo de nuevo, más allá del texto, más allá de la obra, está la posición de propio autor, que -en coincidencia con cierto clima de época- sí era moralista y sí era homofóbica.’ (1)

1) Christian Lange – Poiesis

Pese a todo, me quedo con Griseta:

Griseta (o Contradicciones de un anarquista)
Poema de José G Castillo – Música (tango) de Enrique Delfino

Mezcla rara de Museta y de Mimí
con caricias de Rodolfo y de Schaunard,
era la flor de París
que un sueño de novela trajo al arrabal…
Y en el loco divagar del cabaret,
al arrullo de algún tango compadrón,
alentaba una ilusión:
soñaba con Des Grieux,
quería ser Manon.

Francesita,
que trajiste, pizpireta,
sentimental y coqueta
la poesía del quartier,
¿quién diría
que tu poema de griseta
sólo una estrofa tendría:
la silenciosa agonía
de Margarita Gauthier?

Mas la fría sordidez del arrabal.
agostando la pureza de su fe,
sin hallar a su Duval,
secó su corazón lo mismo que un muguet.
Y una noche de champán y de cocó,
al arrullo funeral de un bandoneón,
pobrecita, se durmió,
lo mismo que Mimí,
lo mismo que Manón.

Texto enviado por el autor para su publicación

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