Papá, olvidate de la deuda

Como siempre, la civilización se protege de la barbarie con otra barbarie. Reniega de sus principios, reniega de la democracia. Si el mejor indio era el indio muerto, el mejor inmigrante es el inmigrante deportado. Pero ya se sabe, lo reprimido siempre vuelve.

Mauricio y Franco Macri junto al ex presidente Carlos Menem

Mauricio y Franco Macri junto al ex presidente Carlos Menem

Por José Pablo Feinmann. Un gobierno se desliza hacia el autoritarismo cuando los que lo poseen saltan a una concepción del país como propiedad privada. Hegel decía que la propiedad privada es la representación objetiva de la libertad. Aquello que es privativo de uno le pertenece. El Correo, para hablar de uno de los tantos temas actuales aunque posiblemente el más escandaloso, fue propiedad privada de Macri padre.

Se endeudó extremadamente y le quedó ahí una cola larga, miles de millones de pesos. Si es cierto que Macri padre no creía que Macri hijo podía gobernar el país, ahora seguramente cambió de idea. Macri hijo gobierna entre otras cosas para aliviar las deuda de Macri padre. Son negocios de familia. Todo hijo perdona a un padre, todo padre agradece a un hijo que le ahorra tanto dinero. Cuando un gobierno se organiza entre padres e hijos, estamos hablando de “la familia”, eso que Dominic Toretto priorizaba por sobre todo, como Don Vitto Corleone. Supongo que hemos notado esta peculiaridad del escándalo Macri padre e hijo. El gobierno es propiedad privada de la familia. Esto le da una prepotente impunidad. Hago lo que quiero y nadie me podrá frenar. Papá, olvidate de la deuda.

Coherentemente no todos se han olvidado de la deuda. El editor de Clarín publicó una nota de tapa que afirmaba que en estas operaciones había dos puntas y que las dos llevaban a un Macri, padre o hijo. Hasta la señora que almuerza se enojó con un gobierno que está donde está en gran medida gracias a ella, personaje amado por nuestro pueblo. Imagen perfecta de eso que nuestra clase media imagina como una señora.

En medio de estas turbulencias transcurren estos días. Queda claro en principio lo siguiente. El país está en manos de sus dueños. Sus dueños lo gobiernan como quieren. Son impunes porque tienen mucho dinero. La impunidad, el dinero y el poder son buenos amigos. Esta unión de sangre incorpora también a otros amigos. Muchos se acercan a un gobierno generoso con los suyos, despiadado con los otros. El país es la objetivación de la libertad de los Macri. Esta omnipotencia se extiende al círculo más cercano. Los amigos se cotizan en las buenas y en las malas.

Esta apropiación del país necesariamente excluye a la gran mayoría, ¿cómo no habría de excluir a los extranjeros? De aquí que el gobierno de Macri siga la línea Trump en materia de inmigración. Los argentinos tienen ya a quien echar la culpa del narcotráfico. A los peruanos, a los bolivianos, a los paraguayos, a los colombianos y a todos los que quisieron o quieran habitar el suelo argentino.

Donald Trump focalizó su ira anti-inmigratoria en los mexicanos. Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos. ¿Qué es un muro? El más famoso fue el de Berlín. De un lado la democracia, del otro el totalitarismo. Cuando se derribó ese muro se dijo que era la toma de la Bastilla de nuestro tiempo. Los muros se construyen y se deconstruyen. Como los edificios que levantan los arquitectos. Las ciudades se hacen con la ciencia de la arquitectura y se deshacen con las guerras y el terrorismo.

¿Qué significa el muro de Trump? Crease o no el muro sigue siendo interpretable a la luz de la antinomia civilización y barbarie. Para Sarmiento la civilización estaba en las ciudades, la barbarie en la campaña. Esto sigue vigente. La civilización está en el centro de las ciudades, la barbarie en su periferia. Esa periferia es peligrosa porque reacciona barbáricamente. La respuesta también es barbárica. La guerra de Irak es una expresión perfecta de eso que Alberdi llamaba democracia bárbara. También habló de una democracia civilizada pero la democracia civilizada para sostenerse se deslizaba a la barbarie. La respuesta a las torres gemelas fue un acto de retaliación. Incluso se le llamó justicia infinita. Una frase típicamente extremista. Hasta Bush llegó a decir que Dios no era neutral. Dios dirige personalmente el complejo Militar-Industrial. ¿Quién no lo sabe? Sin embargo los muros del neoliberalismo expresan temor. Hace rato que los países civilizados esperan la invasión de los bárbaros.

Hay bárbaros que huyen de la barbarie. Son los inmigrantes indeseados (illegal aliens). El Alien irrumpía en la nave de Sigourney Weaver y era incontrolable. El miedo norteamericano es que los inmigrantes no se sometan al control del Estado. Lo mismo sucede en la Argentina. Los que tienen algo quieren conservarlo. Aunque los hambrientos que vienen sean el producto de su rapiña y enriquecimiento. Ellos que se creen dueños del país los van a rechazar ferozmente. El Alien debe permanecer afuera. Los mexicanos y los inmigrantes de la Argentina también. Esto pasa en Europa. El corazón del neoliberalismo es la expulsión de los bárbaros de la polis. No pueden pertenecer a la cosa pública. Solo pueden contaminarla, deteriorarla. Como siempre, la civilización se protege de la barbarie con otra barbarie. Reniega de sus principios, reniega de la democracia. Si el mejor indio era el indio muerto, el mejor inmigrante es el inmigrante deportado. Pero ya se sabe, lo reprimido siempre vuelve.

Fuente: Página 12

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