Elisa Carrió

Carrió no nació en ese ámbito progresista de la centro izquierda. Siendo joven abogada ocupó funciones en la justicia de Chaco, su provincia natal, durante la dictadura militar-cívica. Cuando se le enrostró ese pasado poco edificante, lo admitió pero hizo su descargo diciendo que en ese tiempo necesitaba la obra social que le proveía la justicia procesista.

Elisa Carrió

Elisa Carrió

Por Emilio Marín (*) Carrió suele ser un serio problema para sus aliados políticos. La diputada del ARI-Coalición Cívica es una denunciadora serial. Hace muchos años que sus denuncias van en la misma dirección de golpear al kirchnerismo y organismos de DD HH. Hoy incluso entra en contradicciones con Mauricio Macri.

Todos los políticos son contradictorias, como diversa es la vida. No hay delito allí, pero se puede dar una opinión sobre si esos giros son positivos o no.
Elisa Carrió es una prueba viva sobre las contradicciones, ahora con una dirección que no tiene retorno a un carril de centroizquierda donde alguna vez transitó.
Ella no nació en ese ámbito progresista. Siendo joven abogada ocupó funciones en la justicia de Chaco, su provincia natal, durante la dictadura militar-cívica. Cuando se le enrostró ese pasado poco edificante, lo admitió pero hizo su descargo diciendo que en ese tiempo necesitaba la obra social que le proveía la justicia procesista.
Después, siempre dentro de la UCR, fue ubicándose en posturas que de palabra podrían calificarse de centro-izquierda. Cuestionó al menemismo y criticó el Pacto de Olivos entre el riojano y el líder de su fuerza, Raúl Alfonsín. Pero, a pesar de esas objeciones, se enorgullece de haber sido constituyente en 1994 y haber introducido cláusulas relativas a los derechos de los consumidores y de defensa de la competencia. O sea que cuestionó el mencionado Pacto pero inmediatamente se introdujo en la Constituyente. Nada que ver con el obispo Jaime de Nevares que renunció a la misma diciendo “no quiero asistir a los funerales de la República”.

La chaqueña vivió a partir de allí y hasta la crisis del 2001 el lapso más interesante de su carrera, cuando se hizo conocida. Fue integrante del Frente Nacional contra la Pobreza (Frenapo) que, alentada por la CTA, juntaba firmabas para una consulta popular. Lo resumía Laura Vales en Página/12 del 17 de diciembre de 2001: “La votación consiste en decir sí o no a la creación de un seguro de empleo y formación de 380 pesos mensuales para cada jefa o jefe de hogar desocupado, una asignación universal de 60 pesos por mes por cada hija o hijo de hasta 18 años y otra de 150 pesos para los mayores de 65 años que no perciban jubilación ni pensión”.
Basado en su participación en ese movimiento, la matrona del ARI reivindicó la maternidad de la Asignación Universal por Hijo (AUH) del kirchnerismo. Lástima que en vez de compartir el logro, su actitud fue de pelea contra el gobierno que convirtió en realidad esa iniciativa del Frenapo. Tener una buena idea es algo excelente, pero es mejor llevarla a la práctica.
Lo que son las vueltas de la vida: años más tarde Lilita compartía alianzas con Ernesto Sanz, que en mayo de 2010 cuestionó a la AUH diciendo que el dinero de la misma “se está yendo por la canaleta de la droga y el juego”. Otro aliado de Carrió en Cambiemos, Miguel del Sel, repitió ese concepto al año siguiente: “si hay más pibitas embarazadas es porque algo ha provocado que se embaracen quizás para tener plata a los tres meses”.

Mi reino por la derrota del kirchnerismo

En las presidenciales de 2007 a Carrió todavía le quedaba nafta como para ser una cierta alternativa al kirchnerismo, al que criticaba por derecha pero a veces con fraseología de centroizquierda. Y no le fue mal porque salió segunda, detrás de Cristina Fernández de Kirchner, con el 23 por ciento de los votos (Cristina y el inefable Julio Cobos triunfaron con más del 45).
Allí se inició una decadencia política y electoral de la chaqueña y en las presidenciales de 2011 sacó el 1,8 por ciento de los votos. Después Carrió mejoró en la Capital Federal, en 2013. Fue en el frente Unen, aliada con Fernando Solanas, quien entró como senador nacional y ella revalidó como diputada. Fue flor de pocos días porque dos años más tarde se fue muy ofendida con Solanas y ese espacio que se negaban a un acuerdo con Mauricio Macri. Éstos le reprochaban que durante muchos años Lilita se había opuesto a juntarse con el jefe del PRO, diciendo que éste era su límite moral. Ahora, en cambio, lo veía como el abanderado de un cambio para terminar con el kirchnerismo.
Pasadas esas internas, ganadas por Macri, la diputada se encolumnó feliz dentro del PRO-Cambiemos y en la noche de la victoria fue muy agasajada por el presidente electo en Costa Salguero. La platinada sonreía, aplaudida por quienes bailaban y soltaban globos amarillos (antes, en el mismo lugar, pero festejando la victoria en balotaje de Horacio Rodríguez Larreta, esa barra se había permitido silbar al mismo Macri cuando dijo que iba a seguir la AUH).
En el abanico del pan radicalismo había salido triunfadora Carrió, quien en 2014 había sido muy dura con Sanz y demás dirigentes que no aceptaban ser segundos de Macri y pedían un lugar privilegiado para el más que centenario partido. Ella insistía en ir al pie de Mauricio. Los popes radicales le recordaban, mordaces, lo del “límite moral”. Al final todos hicieron “la gran Lilita” y fueron al pie del ganador.

Ese no fue el único aporte de la mujer a la victoria macrista de 2015. Sus denuncias mediáticas y judiciales contra Aníbal Fernández, que le costaron la derrota al PJ en Buenos Aires, decisiva en la elección nacional, vinieron de su inventiva y la asociación con Clarín. En su departamento de Barrio Norte se filmó el programa de PPP donde se acusaba al jefe de Gabinete de responsable del narcotráfico en aquella provincia y estar detrás del triple crimen de la efedrina. En la televisión se vio que el lugar donde filmó Jorge Lanata era el mismo living de Carrió, con mismos cuadros, muebles y decoración.
¿Cómo no la iba a felicitar y mimar Macri?¿Cómo no la iba a recibir días atrás María Eugenia Vidal si llegó a gobernadora en buena medida gracias a denuncias sin pruebas contra quien sindicaron como “la morsa”?
La diputada se dedicó a denunciar a Néstor Kirchner “el gran mafioso”, a CFK “una enferma”, a Fernández “capo del narcotráfico” y más recientemente a Daniel Scioli, por enriquecimiento ilícito. Seguramente fue la fuente de la más que dudosa denuncia de “La Cornisa” de Luis Majul, donde se escrachó al ex gobernador por supuestamente haber sacado del Bapro 20.000 millones de pesos en efectivo.
Hace años que la especialidad de la casa es tirar con causas sin sustento contra todo lo que suene a kirchnerismo, su enemigo principal. Incluso llegó a acusar al Papa Francisco de operar a favor de la ex presidenta, tal su enfermedad.

¿Actividad principal? Denunciadora

Carrió ha sido una molesta aliada en muchas organizaciones, a las que rompió por lo general en los momentos más importantes.
Estuvo con la dictadura militar y se alejó. Estuvo con Alfonsín y rompió. Estuvo con el Frenapo y se fue, enemistada con sus integrantes, en particular con Horacio Verbitsky. Estuvo con la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos y fue expulsada de allí en 2009 (único caso junto con el de Carlos Menem por su indulto) a raíz de haber denunciado como “fascismo puro” un proyecto de ley de las Abuelas de Plaza de Mayo para que fuera obligatorio permitir la extracción de una gotita de sangre de los jóvenes que podían tener identidad cambiada por el terrorismo de Estado. Estuvo con Binner y lo dejó por Solanas, pero después se peleó con este para irse con Macri.
No vaya a creerse que el amor con el PRO está exento de infidelidades y denuncias cruzadas, como la que tuvo con la vicepresidenta Gabriela Michetti. La acusó de vender su dignidad al haber nombrado a Ricardo Echegaray en la AGN.

En el gobierno macrista ella no aceptó cargos. Podía ser por modestia, pero tratándose del personaje tal hipótesis es descartable: fue para mantenerse en Diputados, trabajar lo mínimo y amplificar sus denuncias cuando se le cantare. Y empezó por Sanz, al que vapuleó otra vez “por metido” en el tarifazo de abril.
En julio pasado maltrató al jefe de Policía de Buenos Aires, comisario Paulo Bressi, pidiendo su renuncia en carta a la gobernadora: “Bressi tendría que decirnos por qué designó a aquellos jefes de dependencia que se vieron involucrados en hechos vinculados al cobro de coimas al narcotráfico, cuál fue el mérito o justificación para nombrarlos en esos puestos”. Según el ministro de Seguridad, Cristian Ritondo, a Bressi lo impulsaron la DEA y la embajada de Estados Unidos…
Finalmente la diputada tiró tres tiros al pie del gobierno que apoya. Tiro 1: contra Juan J. Aranguren cuando pidió a Macri que diera marcha atrás con el tarifazo y convocara a audiencia pública, dando razón a los jueces que fallaron en tal sentido. Tiro 2: ordenó a su senadora Magdalena Odarda que votara en contra de las designaciones del jefe y subjefa de la Agencia Federal de Inteligencia propuestos por el presidente. Tiro 3: pidió la renuncia del director de Finanzas de la AFI, Juan J. Gallea, ex gerente del grupo Szpolski muy favorecido por la pauta publicitaria K.
Alfonsín hijo defendió la memoria de su padre, acusado por Carrió de pactos con Eduardo Duhalde en favor del PJ bonaerense. “No es corrupta pero es mala persona”, dijo aquél. Pareció un juicio muy benévolo. Corruptos son los López que andan con bolsos con 9 millones de dólares. También quienes cobran como diputadas y faltaron a 96 sesiones de 2012, y las van con bolsos de denuncias poco sustentadas que ametrallan personas en los medios y Tribunales sólo porque lo decidió la ex reina de belleza de Resistencia.

(*) Enviado por el autor para su publicación

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