¿Por qué amamos?

De hecho, una de las características principales del amor romántico es el deseo de contacto sexual… y de exclusividad sexual. Cuando nos acostamos con alguien y no lo amamos, no nos importa realmente si también se acuesta con otros. Pero cuando nos enamoramos, pasamos a ser realmente posesivos. En la comunidad científica lo llamamos ”vigilancia de la pareja”. El amor romántico es muy peligroso.

"Cupido y Psique", escultura de Antonio Canova (1757-1822)

“Cupido y Psique”, escultura de Antonio Canova (1757-1822)

Por Helen Fisher, entrevistada por Eduard Punset. La química del amor. Recientemente, los científicos han comenzado a analizar el amor, algo que había estado reservado para los poetas y literatos. Científicos como Helen Fisher, antropóloga, ahora miran con en el escáner el cerebro de personas locamente enamoradas o deprimidas por la pérdida de un gran amor y han descubierto la importancia fundamental de los factores biológicos y hormonales de las substancias químicas en el proceso de amar. Contrainfo.com

Eduard Punset:
¿Por qué nos gusta una persona en concreto entre todas las demás?

Helen Fisher:

Es una pregunta muy difícil. Nadie sabe la respuesta. Sabemos que interviene un componente cultural muy importante. El momento también es muy importante: hay que estar dispuesto a enamorarse. La gente tiende a enamorarse de alguien que tiene alrededor, próxima; nos enamoramos de personas que resultan misteriosas, que no se conocen bien.

“Los hombres se enamoran más deprisa que las mujeres y ello tiene una
explicación evolutiva”, dice Fisher a Punset.

EP:
Los hombres se enamoran más deprisa que las mujeres. Y esto también tiene una explicación evolutiva.

HF:
Sí. Tres de cada cuatro personas que se suicidan cuando una relación se acaba son hombres. Los hombres son tan apasionados como puedan serlo las mujeres y, en efecto, se enamoran más deprisa. A mí me interesan las semejanzas en el cerebro de hombres y mujeres pero algunos de mis colegas me sugerían analizarlos por separado para ver si existían diferencias. Pensé que era buena idea y, en un experimento que realizamos con diez mujeres y siete hombres, descubrimos algunas diferencias de género, aunque no en el aspecto pasional, porque tienden a sentir lo mismo…

EP:
Los dos son igualmente apasionados.

HF:
Sí, pero en los hombres descubrimos una mayor actividad en una pequeña región cerebral asociada con la integración de los estímulos visuales. Eso tiene sentido: el negocio de la pornografía se apoya en los hombres y las mujeres se pasan la vida intentando agradar con su aspecto a los hombres… Durante millones de años, el hombre ha tenido que mirar bien a la mujer y tomarle la medida para ver si ella le daría un niño saludable.

EP:
Increíble. O sea que las imágenes visuales son más importantes que el olor, por ejemplo.

HF:
No estoy segura. Lo cierto es que somos primates, nuestros antepasados descendieron de los árboles, y si te caías del árbol morías. Así que somos un animal que tiene un sentido del olfato reducido. Por eso lo llaman amor a primera vista, no amor a primera olida.

EP:
Es cierto…

En el caso de las mujeres, el enamoramiento se asocia con una mayor actividad con áreas cerebrales relacionadas con la capacidad de rememorar.

HF:
Pero hemos hallado algo entre las mujeres que me sorprendió muchísimo. Descubrimos en ellas una mayor actividad en unas tres áreas diferentes, asociadas con la memoria y la rememoración, no simplemente con la capacidad de recordar. Y al principio lo no entendí, pero luego pensé que, durante millones de años, una mujer no podía mirar a un hombre y saber si podía ser un buen padre y un buen marido. Para saberlo, tenía que recordar. Tenía que recordar lo que había dicho el último día de San Valentín, cómo se había comportado con anterioridad.

EP:
Y es verdad que se acuerdan.

HF:
…y nos acordamos. Y esperamos que se cumpla lo dicho. Y nos llamamos las unas a las otras por teléfono, y lo recitamos, para estar seguras de que nos acordaremos. Es un mecanismo de adaptación que las mujeres probablemente han poseído durante cuatro millones de años, para conseguir al hombre adecuado.

EP:
¿Y qué le sucede al cerebro de los mamíferos cuando están realmente locos de amor?

HF:
Hallamos actividad en muchas partes del cerebro, pero las dos cosas más importantes fueron la actividad en una pequeñísima fábrica que hay cerca de la base del cerebro, llamada el área ventral tegmental. Y lo que hace esa fábrica es producir dopamina, un estimulante natural: un estimulante que proporciona sensaciones de plenitud, euforia y cambios de humor.

EP:
Pero, realmente, ¿es todo química?

HF:
Yo tengo que decirles que sí, que todo es química. Cada vez que producimos un pensamiento, o tenemos una motivación, o experimentamos una emoción, siempre se trata de química. Sin embargo, se pueden conocer todos y cada uno de los ingredientes de un pastel de chocolate, pero todavía nos gusta sentarnos y comerlo. De la misma manera, podemos conocer toda la química que hay detrás del amor romántico –todavía no la conocemos toda, pero estamos empezando a conocerla en parte- y todavía ser capaces de captar toda su enorme magia.

EP:
Has mencionado el chocolate. Parece ser que el chocolate activa los mismos tipos de neuronas que el amor romántico, y es por eso que ambos son adictivos. ¿Es así?

HF:
Sí, el amor romántico es adictivo.

EP:
Helen, hay algo en lo que todo el mundo estaría de acuerdo: es lo que tu llamas el impulso sexual, el impulso sexual general. Sin él no habría niños y los genes no se perpetuarían.

HF:
El impulso sexual es diferente del amor romántico y es diferente del afecto. También creo que han evolucionado por razones diferentes. El impulso sexual evolucionó para que saliéramos a buscar a nuestras parejas. Creo que el amor romántico es el impulso verdadero, porque emana de este cerebro primitivo y es más fuerte que el impulso sexual. Cuando estamos locamente enamorados, queremos irnos a la cama con nuestra pareja, pero lo que realmente queremos es que nos llame por teléfono, que nos invite a cenar, y se crea una unión emocional. De hecho, una de las características principales del amor romántico es el deseo de contacto sexual… y de exclusividad sexual. Cuando nos acostamos con alguien y no lo amamos, no nos importa realmente si también se acuesta con otros. Pero cuando nos enamoramos, pasamos a ser realmente posesivos. En la comunidad científica lo llamamos ”vigilancia de la pareja”. El amor romántico es muy peligroso. Lleva consigo una gran felicidad y una gran tristeza. Cuando se nos rechaza estando enamorados, hay personas que pueden matarse, o matar a otra persona.

EP:
Algo de lo que os habéis dado cuenta es que, en el cerebro, el amor y el odio se parecen mucho. De hecho, si se analizan los ciclos cardíacos de una persona, no se puede apreciar la diferencia entre si una persona acaba de matar a otra o ha tenido un orgasmo.

HF:
El amor y el odio son muy parecidos. La indiferencia es su contrario. Y hacemos las dos cosas: amamos a la persona y la odiamos al mismo tiempo. Y aquello por lo que suspiramos es la indiferencia. De hecho, el amor y el odio tienen mucho en común. Cuando odiamos, concentramos nuestra atención tanto como cuando amamos. Cuando amamos o cuando odiamos, nos obsesiona pensar en ello. Tenemos una gran cantidad de energía, nos cuesta comer y nos cuesta dormir. El amor y el odio tienen mucho en común.

EP:
Y luego, o al final, casi siempre llega la ruptura y la desesperación. Todo salta por los aires, y aparecen la tristeza y la depresión.

HF:
Una tristeza enorme.

Helen Fisher es investigadora del Departamento de Antropología de la Universidad de Rutgers, EE.UU. Ha conducido un extenso estudio sobre la evolución, la expresión y la ciencia del amor. Es autora de varios libros como ¿Por qué amamos? que describe cada aspecto de la experiencia de enamorarse desde un punto de vista científico.

Fecha de la entrevista: 2007-05-30
Lugar de la entrevista: Barcelona
Web oficial de Helen Fisher.
The science of love, and the future of women, vídeo de la charla de Helen Fisher en los TED Talks.
Entrevista a Helen Fisher en el Magazine de El Mundo.

Fuente: Eduard Punset 

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